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EDITORIAL Triunf√≥ el PRI, ¬Ņy qu√©?
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Edición 214

 

 

¬†¬† HACIA 2000, cuando el PRI perdi√≥ la presidencia de M√©xico, los publicistas de la ‚Äútransici√≥n democr√°tica‚ÄĚ se entusiasmaron tanto que algunos de ellos empezaron a hablar de metapol√≠tica; esto es, despu√©s o m√°s all√° de la pol√≠tica, suponemos que para significar la Rep√ļblica ideal, de la que el ciudadano idealizado fuera la figura se√Īera.

¬†¬† De acuerdo con el sentido de esa desmesurada proposici√≥n, la nueva era se hab√≠a iniciado en 1997 en que el PRI -que para entonces hab√≠a entregado ya porciones territoriales en los estados al dominio de la oposici√≥n, especialmente al PAN- perdi√≥ el Distrito Federal y en el Congreso de la Uni√≥n qued√≥ en equilibrio catastr√≥fico. En 2000, con la derrota presidencial del PRI ‚Äúen elecciones legales, competidas y libres‚ÄĚ, seg√ļn aquellos te√≥ricos, se habr√≠a producido la ruptura hist√≥rica con el viejo r√©gimen y se confirmar√≠a la etapa de gobiernos divididos en los que, por fin, operar√≠an los contrapesos al poder autoritario. La democracia brillar√≠a en M√©xico con todo su esplendor, pues no ser√≠a posible gobernar sin consensos, ese neologismo incorporado al c√≥digo sociopol√≠tico mexicano.

¬†¬† Son, precisamente, algunos de aquellos postulantes de la transici√≥n democr√°tica y de la metapol√≠tica -a la saz√≥n convertidos en los analistas de cada proceso electoral en los medios electr√≥nicos de preferencia- los que ahora se exhiben no s√≥lo asombrados, sino francamente irritados por el retorno del PRI a la C√°mara de Diputados federal y a varias gobernaciones estatales. Para el ciego, dir√≠a el cl√°sico, ‚Äútodas las cosas son s√ļbitas‚ÄĚ.

   Lo que ocurre, en estricto rigor, es que ciertos arraigados prejuicios les impidieron, a esos llamados politólogos, distinguir entre lo que ha sido el priismo histórico -el de las bases sociales y clientelares- y la burocracia centralista del PRI, y dejaron de lado el hecho de que, aun con la presidencia y la mayoría automática en el Poder Legislativo perdidas, el partido conservaba sus estructuras y su hegemonía en la mayoría de las entidades federativas.

¬†¬† Del ‚Äúretorno de los brujos‚ÄĚ hablan ahora esos sedicentes y¬† desconcertados analistas. Retorna quien se ha ido y no es el caso para el proceso culminante el pasado 5 de julio. Si uno analiza los directorios del PRI, caer√° en cuenta de que los altos mandos de este instituto iniciaron su trayectoria pol√≠tica en el mismo desde los a√Īos setenta; en la actual bancada priista del Senado y en la lista de candidatos triunfantes a la C√°mara de Diputados de la pr√≥xima LI Legislatura federal se observan las mismas biograf√≠as. Todav√≠a, en la elecci√≥n de la dirigencia nacional del partido a principios de este siglo, una ex presidenta del CEN y actual senadora denunci√≥ que el triunfo de la planilla victoriosa fue producto ‚Äúde la delincuencia organizada‚ÄĚ.

¬†¬† La hostil reacci√≥n antipriista de estos d√≠as nos recuerda a la de 1991 cuando, despu√©s del fraude electoral de 1988 y el surgimiento de una oposici√≥n parlamentaria que se cre√≠a consolidada de una vez y para siempre -lo que incit√≥ a cantar responsos al PRI-, ‚Äúsorpresivamente‚ÄĚ el partido recuper√≥ el terreno perdido, tendencia que conserv√≥ su curva en 1994, a√Īo del ‚Äúvoto del miedo‚ÄĚ. No pocos de los miembros de las tres c√°maras de diputados que se formaron en esa etapa, atrapados en un obsceno pragmatismo siguieron en el Congreso de la Uni√≥n o transitaron hacia puestos de dirigencia partidista, en las legislaturas o gobiernos estatales y municipales,¬†¬† y acaban de pasar la nueva prueba el 5 de julio. No ha habido, pues, circulaci√≥n de las √©lites en ese circuito cerrado de la oligarqu√≠a partidista.

¬†¬† Si hacemos referencia al periodo abierto en 1988, la hacemos para subrayar que en el Poder Legislativo federal han venido actuando los mismos que dieron sus votos para validar las (contra) ‚Äúreformas estructurales‚ÄĚ que, con la revisi√≥n de la Constituci√≥n y la aprobaci√≥n de leyes aleatorias, consagraron los dogmas neoliberales y, con el desmantelamiento del Estado, postraron a la sociedad mexicana al grado de transformarla en una generaci√≥n de parias que, excluidos y desesperanzados, viven en la actual reproducci√≥n de un r√©gimen semifeudal continuado por el PAN.

¬†¬† ‚ÄúNos dieron un nuevo chance‚ÄĚ, dicen que dijo, euf√≥rica, la actual dirigente nacional del PRI, que en no pocos casos el 5 de julio asisti√≥ a las urnas de la mano del populismo de derechas (pena de muerte, vales ‚Äúpatito‚ÄĚ al portador para supuestamente cobrar servicios obligatorios del Estado, etc√©tera) encarnado por el Partido Verde Ecologista de M√©xico, o de la cacique sindical del magisterio que nominalmente fue echada del partido hace apenas unos a√Īos.

¬†¬† ¬ŅUn nuevo chance para qu√©? Para decirlo coloquialmente, √°rbol que nace torcido, jam√°s su tronco endereza. A no ser que la nueva oportunidad sea para cobrar las descomunales dietas legislativas, no hay otra explicaci√≥n al regocijo priista. Lo dem√°s son vueltas a la noria.



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