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Edición 226

MANUEL CAMACHO SOLIS

El pasado presente 

MIGUEL √ĀNGEL GRANADOS CHAPA

Hace diecis√©is a√Īos que Manuel Camacho dej√≥ el gabinete del presidente Carlos Salinas para convertirse en comisionado para la paz en Chiapas, √ļltimo cargo en el gobierno priista en que hab√≠a hecho una carrera fulgurante durante los doce a√Īos recientes.

GranadosAquel 10 de enero de 1994 no s√≥lo ocurri√≥ esa mudanza del destino de un pol√≠tico que meses atr√°s estaba en la antesala de la presidencia de la rep√ļblica, sino que comenz√≥ el fin de las hostilidades en el alzamiento zapatista iniciado diez d√≠as antes.

Hoy, como parte de un amplio movimiento de renovación política desde la oposición, Camacho encabeza el esfuerzo para reorganizar el casi extinto Frente amplio progresista.

Economista y politólogo, durante un breve lapso de su vida pareció que Camacho se consagraría a la investigación y la docencia en el Colegio de México, donde se posgraduó.

Pero su cercan√≠a con Carlos Salinas de Gortari lo aproxim√≥ a la pol√≠tica, notoriamente cuando el hijo del ex secretario de industria y comercio fue designado director del Instituto de estudios pol√≠ticos, econ√≥micos y sociales (Iepes) del PRI durante la campa√Īa electoral de Miguel de la Madrid. Como otros subdirectores de ese organismo priista, Camacho fue designado subsecretario y luego ascendi√≥ al gabinete de De la Madrid como secretario de desarrollo urbano y ecolog√≠a, Sedue.

Desde all√≠ fue un poderoso impulsor de la candidatura de Salinas de Gortari, que al llegar a la Presidencia de la rep√ļblica lo hizo jefe del Departamento del Distrito Federal. La suya fue una designaci√≥n peculiar, pues adem√°s de las funciones propias de la administraci√≥n capitalina el Ejecutivo, su amigo de juventud le encarg√≥ responsabilidades que hubieran correspondido a la Secretar√≠a de Gobernaci√≥n.

Salinas había nombrado titular de ese ministerio a Fernando Gutiérrez Barrios, al que para ese efecto llevó de Jalapa a la ciudad de México, para lo cual se ausentó con licencia de la gubernatura de Veracruz, en la que, digámoslo de paso, quedó en calidad de interino Dante Delgado, que en breve intentará una vez más ser elegido para el mismo cargo.

Colocar all√≠ a Guti√©rrez Barrios era se√Īal del compromiso de Salinas con la vieja guardia priista, resentida por el ascenso de una nueva generaci√≥n al poder, marcada adem√°s por el sello de la tecnocracia y, en el caso del Presidente mismo, de extra√Īas afecciones ideol√≥gicas que, soterradas, fueron reapareciendo en la forma de un mao√≠smo institucional, a trav√©s del Programa nacional de solidaridad.

Como antiguo jefe de los servicios de seguridad nacional, la presencia de Gutiérrez Barrios en el ministerio donde había director y subsecretario durante tres sexenios era también garantía de que la policía política, necesaria tras la precariedad del triunfo en las elecciones, aseguraría de cualquier modo la gobernabilidad.

Pero como al fin y al cabo el gobernador veracruzano era ajeno al grupo cercano a Salinas, su función en Bucareli quedó acotada mediante la asignación de responsabilidades y proyectos específicos a Camacho.

Tal fue el caso, por ejemplo, de la exclusión de Carlos Jonguitud del mando político en el sindicato magisterial y su reemplazo por Elba Ester Gordillo.

Tal diversidad de tareas, que expresaban el grado de confianza y proximidad entre el presidente y el jefe del gobierno capitalino pareci√≥ anticipar la preferencia que ejercer√≠a Salinas por Camacho a la hora de la sucesi√≥n presidencial. Camacho mismo se desplazaba en el escenario pol√≠tico con la certidumbre de que ser√≠a el candidato presidencial. Su amigo, sin embargo, lo enga√Ī√≥.

En vez de optar por un sucesor de su propia talla, prefiri√≥ uno de menor tama√Īo, hechura suya, que no cayera en la tentaci√≥n de pretender la autonom√≠a que temi√≥ en Camacho.

Cuando por ello mismo seleccionó a Luis Donaldo Colosio para sucederlo, Camacho se sintió traicionado. Durante unas horas rehusó aceptar la decisión presidencial y pareció dispuesto a romper con su amigo aquel 27 de noviembre de 1993.

No se inclin√≥ ante el nuevo Sol, como hizo conforme a la costumbre todo el aparato pol√≠tico oficial, y acept√≥ a rega√Īadientes ser secretario de relaciones exteriores, apenas entre diciembre de ese a√Īo y enero siguiente. Tuvo a su lado como subsecretario en ese breve trecho a Marcelo Ebrard.

Cuando brotó la rebelión armada, Camacho halló la oportunidad de hacer política propia. Salió del gabinete, como hemos dicho, en un día como hoy, con la encomienda de entablar un diálogo con los alzados. Al mismo tiempo, con su renuncia a la cancillería quedaba en posición constitucional de ser candidato a la Presidencia.

Tal vez el propio Salinas imaginó esa posibilidad, para sustituir a Colosio. Y quizá lo pensó el propio Camacho, a partir de otra opción partidaria. Pero ni siquiera después del asesinato de Colosio, en que injustamente se le involucró políticamente, se consumó esa posibilidad.


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