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Los pecados de Haití
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Edición 228

Los pecados de Haití

EDUARDO GALEANO


 

 

La democracia haitiana naci√≥ hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido m√°s que bofetadas. Estaba reci√©n nacida, en los d√≠as de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres a√Īos m√°s tarde, resucit√≥.

Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto .


para eduardo


El voto y el veto


Para borrar las huellas de la participaci√≥n estadounidense en la dictadura carnicera del general Cedras, los infantes de marina se llevaron 160 mil p√°ginas de los archivos secretos. Aristide regres√≥ encadenado. Le dieron permiso para recuperar el gobierno, pero le prohibieron el poder. Su sucesor, Ren√© Pr√©val, obtuvo casi el 90 por ciento de los votos, pero m√°s poder que Pr√©val tiene cualquier mand√≥n de cuarta categor√≠a del Fondo Monetario o del Banco Mundial, aunque el pueblo haitiano no lo haya elegido ni con un voto siquiera. M√°s que el voto, puede el veto. Veto a las reformas: cada vez que Pr√©val, o alguno de sus ministros, pide cr√©ditos internacionales para dar pan a los hambrientos, letras a los analfabetos o tierra a los campesinos, no recibe respuesta, o le contestan orden√°ndole:- Recite la lecci√≥n. Y como el gobierno haitiano no termina de aprender que hay que desmantelar los pocos servicios p√ļblicos que quedan, √ļltimos pobres amparos para uno de los pueblos m√°s desamparados del mundo, los profesores dan por perdido el examen.

3 para eduardo


La coartada demogr√°fica


A fines del a√Īo pasado cuatro diputados alemanes visitaron Hait√≠. No bien llegaron, la miseria del pueblo les golpe√≥ los ojos. Entonces el embajador de Alemania les explic√≥, en Port-au-Prince, cu√°l es el problema:- Este es un pa√≠s superpoblado -dijo-. La mujer haitiana siempre quiere, y el hombre haitiano siempre puede. Y se ri√≥. Los diputados callaron. Esa noche, uno de ellos, Winfried Wolf, consult√≥ las cifras. Y comprob√≥ que Hait√≠ es, con El Salvador, el pa√≠s m√°s superpoblado de las Am√©ricas, pero est√° tan superpoblado como Alemania: tiene casi la misma cantidad de habitantes por quil√≥metro cuadrado. En sus d√≠as en Hait√≠, el diputado Wolf no s√≥lo fue golpeado por la miseria: tambi√©n fue deslumbrado por la capacidad de belleza de los pintores populares. Y lleg√≥ a la conclusi√≥n de que Hait√≠ est√° superpoblado‚Ķ de artistas. En realidad, la coartada demogr√°fica es m√°s o menos reciente. Hasta hace algunos a√Īos, las potencias occidentales hablaban m√°s claro.


La tradición racista


Estados Unidos invadi√≥ Hait√≠ en 1915 y gobern√≥ el pa√≠s hasta 1934. Se retir√≥ cuando logr√≥ sus dos objetivos: cobrar las deudas del City Bank y derogar el art√≠culo constitucional que prohib√≠a vender plantaciones a los extranjeros. Entonces Robert Lansing, secretario de Estado, justific√≥ la larga y feroz ocupaci√≥n militar explicando que la raza negra es incapaz de gobernarse a s√≠ misma, que tiene ‚Äúuna tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad f√≠sica de civilizaci√≥n‚ÄĚ. Uno de los responsables de la invasi√≥n, William Philips, hab√≠a incubado tiempo antes la sagaz idea: ‚ÄúEste es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilizaci√≥n que hab√≠an dejado los franceses‚ÄĚ. Hait√≠ hab√≠a sido la perla de la corona, la colonia m√°s rica de Francia: una gran plantaci√≥n de az√ļcar, con mano de obra esclava. En El esp√≠ritu de las leyes, Montesquieu lo hab√≠a explicado sin pelos en la lengua: ‚ÄúEl az√ļcar ser√≠a demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producci√≥n. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles l√°stima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro‚ÄĚ.


En cambio, Dios hab√≠a puesto un l√°tigo en la mano del mayoral. Los esclavos no se distingu√≠an por su voluntad de trabajo. Los negros eran esclavos por naturaleza y vagos tambi√©n por naturaleza, y la naturaleza, c√≥mplice del orden social, era obra de Dios: el esclavo deb√≠a servir al amo y el amo deb√≠a castigar al esclavo, que no mostraba el menor entusiasmo a la hora de cumplir con el designio divino. Karl von Linneo, contempor√°neo de Montesquieu, hab√≠a retratado al negro con precisi√≥n cient√≠fica: ‚ÄúVagabundo, perezoso, negligente, indolente y de costumbres disolutas‚ÄĚ. M√°s generosamente, otro contempor√°neo, David Hume, hab√≠a comprobado que el negro ‚Äúpuede desarrollar ciertas habilidades humanas, como el loro que habla algunas palabras‚ÄĚ.


La humillación imperdonable


En 1803, los negros de Hait√≠ propinaron tremenda paliza a las tropas de Napole√≥n Bonaparte, y Europa no perdon√≥ jam√°s esta humillaci√≥n infligida a la raza blanca. Hait√≠ fue el primer pa√≠s libre de las Am√©ricas. Estados Unidos hab√≠a conquistado antes su independencia, pero ten√≠a medio mill√≥n de esclavos trabajando en las plantaciones de algod√≥n y de tabaco. Jefferson, que era due√Īo de esclavos, dec√≠a que todos los hombres son iguales, pero tambi√©n dec√≠a que los negros han sido, son y ser√°n inferiores. La bandera de los libres se alz√≥ sobre las ruinas. La tierra haitiana hab√≠a sido devastada por el monocultivo del az√ļcar y arrasada por las calamidades de la guerra contra Francia, y una tercera parte de la poblaci√≥n hab√≠a ca√≠do en el combate. Entonces empez√≥ el bloqueo. La naci√≥n reci√©n nacida fue condenada a la soledad. Nadie le compraba, nadie le vend√≠a, nadie la reconoc√≠a.

6 para eduardo


El delito de la dignidad


Ni siquiera Sim√≥n Bol√≠var, que tan valiente supo ser, tuvo el coraje de firmar el reconocimiento diplom√°tico del pa√≠s negro. Bol√≠var hab√≠a podido reiniciar su lucha por la independencia americana, cuando ya Espa√Īa lo hab√≠a derrotado, gracias al apoyo de Hait√≠. El gobierno haitiano le hab√≠a entregado siete naves y muchas armas y soldados, con la √ļnica condici√≥n de que Bol√≠var liberara a los esclavos, una idea que al Libertador no se le hab√≠a ocurrido. Bol√≠var cumpli√≥ con este compromiso, pero despu√©s de su victoria, cuando ya gobernaba la Gran Colombia, dio la espalda al pa√≠s que lo hab√≠a salvado. Y cuando convoc√≥ a las naciones americanas a la reuni√≥n de Panam√°, no invit√≥ a Hait√≠ pero invit√≥ a Inglaterra.


Estados Unidos reconoci√≥ a Hait√≠ reci√©n sesenta a√Īos despu√©s del fin de la guerra de independencia, mientras Etienne Serres, un genio franc√©s de la anatom√≠a, descubr√≠a en Par√≠s que los negros son primitivos porque tienen poca distancia entre el ombligo y el pene. Para entonces, Hait√≠ ya estaba en manos de carniceras dictaduras militares, que destinaban los fam√©licos recursos del pa√≠s al pago de la deuda francesa: Europa hab√≠a impuesto a Hait√≠ la obligaci√≥n de pagar a Francia una indemnizaci√≥n gigantesca, a modo de perd√≥n por haber cometido el delito de la dignidad. La historia del acoso contra Hait√≠, que en nuestros d√≠as tiene dimensiones de tragedia, es tambi√©n una historia del racismo en la civilizaci√≥n occidental.

 



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