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Edición 230 | ||||
Escrito por RAMÍREZ HERNÁNDEZ | ||||
Martes, 23 de Marzo de 2010 14:26 | ||||
Narcotráfico: la derrota
CARLOS RAMÍREZ HERNÁNDEZ
En las campañas en el DF de julio del 2009, varios candidatos se percataron, con sorpresa, que las prioridades sociales habían tenido un cambio estructural. Esos candidatos llegaron a las zonas populares con un compromiso concreto: instalar módulos de “Faros del Saber”, especie de pequeños centros culturales para promover la educación. Pero las peticiones-exigencias de los padres de familia fueron otras: centros de rehabilitación para jóvenes dañados permanentemente por el consumo de drogas.
Así, México pasó, ante la distracción, apatía, complicidad y desprecio de gobernantes y partidos y sociedad, de país de tránsito a país de alto consumo de drogas. La semana pasada el subsecretario de Seguridad Pública Federal, Monte Alejandro Rubido García, reveló que en México se consumían 13 mil millones de dólares en drogas. A un precio promedio de 25 pesos por dosis, entonces había un consumo promedio diario de casi 1.5 millones de dosis diarias de droga.
No era para menos. El problema del narcotráfico comenzó hacia mediados de los setenta. Por tanto, han corrido alrededor de 35 años en los que el narcotráfico creció, se consolidó y creo zonas francas de dominio. La disputa territorial en varias entidades de la república -alrededor de la mitad- tiene que ver con la consolidación de las mafias y la lucha por la hegemonía de los capos pero también por el dominio territorial para el consumo. En Ciudad Juárez, por ejemplo, existen centenas de picaderos, tienditas donde se vende droga y donde se la inyectan. Lo grave de todo fue que esos picaderos pagaban una media de 100 dólares a la quincena a los policías municipales para operar sin restricciones.
¿Dónde se perdió la batalla? ¿Quiénes han sido los responsables de que el problema del narco haya pasado del trasiego al consumo doméstico? Las respuestas están a la vista: el narcotráfico creció por la complicidad de políticos, funcionarios y policías. Así de simple.
Ahora el problema es peor: la droga la consumen los jóvenes mexicanos. ¿Qué sigue? La legalización como aceptación de la derrota final.
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