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Edición 275

 

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Los peligros de 2012

JOSEPH E. STIGLITZ

 

El a√Īo 2011 se recordar√° como el momento en el que muchos ciudadanos estadounidenses, siempre optimistas, comenzaron a abandonar toda esperanza. El presidente John F. Kennedy dijo una vez que una marea ascendiente hace subir todos los botes.

Pero ahora, en la marea descendiente, los que est√°n en EE.UU. comienzan a ver no s√≥lo que los que tienen m√°stiles m√°s altos han subido m√°s todav√≠a, sino tambi√©n que despu√©s muchos de los botes peque√Īos han resultado despedazados.

En ese breve momento, cuando la marea ascendiente todav√≠a iba creciendo, millones de personas creyeron que tendr√≠an una buena probabilidad de realizar el ‚Äúsue√Īo estadounidense‚ÄĚ. Ahora esos sue√Īos siguen disminuyendo. En 2011, los ahorros de los que hab√≠an perdido sus empleos en 2008 o 2009 se gastaron. Los cheques del desempleo se acabaron. Los titulares que anunciaban nuevos empleos -todav√≠a insuficientes para corresponder a la cantidad de los que normalmente se hubieran sumado a la fuerza laboral- ten√≠an poco significado para los de 50 a√Īos, con pocas esperanzas de volver a encontrar un puesto de trabajo.

Por cierto, las personas de mediana edad que pensaban que sólo estarían desempleados unos meses ahora se dan cuenta de que en realidad los jubilaron a la fuerza. Los jóvenes que se graduaron en las universidades gracias a miles de dólares de deuda educacional no pueden encontrar empleo. La gente que se había mudado a casas de amigos y parientes ahora carece de vivienda. Las casas compradas durante el auge de la propiedad todavía están en el mercado o se han vendido con pérdidas. Más de siete millones de familias en EE.UU. han perdido sus casas.

RAJOSEPCH

Las l√≥bregas entra√Īas del auge financiero de la d√©cada anterior tambi√©n ha salido plenamente sacado a la luz en Europa. El entramado de Grecia y la devoci√≥n por la austeridad de los gobiernos nacionales empez√≥ a cobrarse muchas v√≠ctimas el a√Īo pasado. El contagio se propag√≥ a Italia. El desempleo en Espa√Īa, que hab√≠a sido de cerca de un 20% desde el comienzo de la recesi√≥n, aument√≥ a√ļn m√°s. Lo impensable -el fin del euro- comenz√≥ a parecer una posibilidad real.

El a√Īo 2012 ser√° todav√≠a peor. Es posible, claro est√°, que EE.UU. solucione sus problemas pol√≠ticos y termine adoptando las medidas de est√≠mulo que necesita para reducir el desempleo al 6-7% (la tasa anterior a la crisis del 4-5% es demasiado baja para esperarla.)

Pero esto es tan poco probable como que Europa descubra que la austeridad por sí sola resuelva sus problemas. Al contrario, la austeridad solo exacerbará la ralentización económica. Sin crecimiento, la crisis de la deuda -y la crisis del euro- sólo empeorarán. Y la prolongada crisis que comenzó con el colapso de la burbuja de la vivienda en 2007 y la consecuente recesión continuarán.

Además, es posible que los principales países emergentes, que navegaron exitosamente a través de las tormentas de 2008 y 2009, no logren capear con el mismo éxito los problemas que amenazan en el horizonte. El crecimiento de Brasil ya se ha atascado, dando alas a la ansiedad entre sus vecinos de Latinoamérica.

Mientras tanto, los problemas a largo plazo -incluidos el cambio climático y otras amenazas medioambientales y la creciente desigualdad en la mayoría de los países de todo el mundo- no han desaparecido. Algunos han empeorado. Por ejemplo, el alto desempleo ha llevado a la reducción de salarios y al aumento de la pobreza.

La buena noticia es que el enfrentamiento de esos problemas a largo plazo podr√≠a ayudar realmente a solucionar los problemas a corto plazo. El aumento de la inversi√≥n para acondicionar a la econom√≠a al calentamiento global ayudar√≠a a estimular la actividad econ√≥mica, el crecimiento y la creaci√≥n de empleo. Una tributaci√≥n m√°s progresiva, redistribuyendo efectivamente los ingresos de arriba al medio y hacia abajo, reducir√≠a simult√°neamente la desigualdad y aumentar√≠a el empleo al estimular la demanda total. Los impuestos m√°s altos en la cumbre podr√≠an generar ingresos necesarios para la inversi√≥n p√ļblica y para suministrar una cierta protecci√≥n social a los de abajo, incluidos los desocupados.

Incluso sin aumentar el d√©ficit fiscal, semejantes aumentos de impuestos y gastos en un ‚Äúpresupuesto equilibrado‚ÄĚ reducir√≠an el desempleo y aumentar√≠an la producci√≥n. La preocupaci√≥n, sin embargo, es que la pol√≠tica y la ideolog√≠a a ambos lados del Atl√°ntico, pero especialmente en EE.UU., no permiten que nada de esto ocurra. La fijaci√≥n en el d√©ficit inducir√° a recortes de los gastos sociales, empeorando la desigualdad. De la misma manera, la continua atracci√≥n de la econom√≠a basada en la oferta, a pesar de toda la evidencia en contra (especialmente en un per√≠odo de alto desempleo), impedir√° el aumento de impuestos en la cumbre.

Incluso antes de la crisis hubo un reajuste del poder econ√≥mico, de hecho la correcci√≥n de una anomal√≠a hist√≥rica de 200 a√Īos, en la cual la parte de Asia en el PIB global cay√≥ en un momento de casi el 50% a menos de un 10%. El pragm√°tico compromiso con el crecimiento que se ve en Asia y en otros mercados emergentes est√° actualmente en contraste con las pol√≠ticas descaminadas de Occidente que, impulsadas por una combinaci√≥n de ideolog√≠a y de intereses creados, casi parece reflejar un compromiso para no crecer.

Como resultado, es probable que el reajuste económico global se acelere, ocasionando casi inevitablemente tensiones políticas. Con todos los problemas que enfrenta la economía global, tendremos suerte si esas tensiones no comienzan a manifestarse en los próximos doce meses.

Joseph E. Stiglitz es profesor de la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía, y autor de Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy.

 

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