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Edición 279

PUTIN: MAS DEL 60 POR CIENTO

Presidente hay,
Rusia a√ļn no

ASTRIT DAKLI
*

 

CUATRO A√ĎOS DESPUES todav√≠a Putin alcanza un triunfo anunciado que complace a los ‚Äúmercados‚ÄĚ. Pero a su alrededor el pa√≠s ha cambiado, el partido est√° en ruinas y el candidato promete demasiado. Traducido para Rebeli√≥n por Susana Merino

 

COMO ESTABA PREVISTO y descontado, Vladimir Putin gan√≥ las elecciones presidenciales rusas y por lo tanto volver√° al Kremlin, luego de cuatro a√Īos de ausencia sin siquiera tener que enfrentarse al balotaje. Las ‚Äúexit poll‚ÄĚ difundidas al anochecer del d√≠a de los comicios informaban que Putin habr√≠a obtenido entre el 58 y el 59 por ciento de los votos emitidos,¬†los primeros datos reales lo hac√≠an ascender al 60 por ciento. Mucho menos que en las elecciones de 2004 cuando alcanz√≥ el 72 por ciento, pero lo suficiente para triunfar en primera vuelta.

Elecciones

Pero más interesantes son los datos referidos a sus adversarios que ven un crecimiento del candidato comunista Zyuganov (que andaría en un 18 por ciento) y un resultado muy bueno del oligarca liberal Prokhorov (entre el 9 y el 10 por ciento). Mientras que los porcentajes más bajos de lo previsto serían para el populista de derecha Zhirinovskij (7-8 por ciento) y el socialdemócrata Mironov (algo más del 4 por ciento).

Ha habido muchas denuncias de irregularidades (aunque a veces no demasiado significativas) en las mesas de votación: Para el bloguero Aleksej Navalny, convertido de facto en uno de los cabecillas de la protesta contra el régimen, está demostrado que los fraudes condicionan los resultados de manera determinante.

Kremlin

Los significados que cada uno atribuye a este triunfo son profundamente diferentes. Para muchos opositores que en los tres √ļltimos meses han sido noticia saliendo a las calles por decenas de miles exigiendo ‚Äúelecciones limpias‚ÄĚ y luego expl√≠citamente ‚ÄúRusia sin Putin‚ÄĚ ser√° la confirmaci√≥n definitiva de imposibilidad de reformar el sistema y de tener que trasladar la lucha a otro plano diferente y m√°s eficaz, sin que por otra parte se haya esbozado nada en ese sentido. No hay caso, se reservaron espacios para las manifestaciones de protesta contra lo que consideran ‚Äúa priori‚ÄĚ una victoria falseada (se trata de una nueva cadena humana alrededor de la capital) pero¬†parece que ninguno de los muchos l√≠deres reunidos en estos meses por el entusiasmo de los ‚Äúcintas blancas‚ÄĚ indignados sabe bien c√≥mo seguir, salvo seguir protestando gen√©ricamente.

Para la mayor√≠a de los rusos, al contrario, es un resultado tranquilizador despu√©s de muchos meses de¬†incertidumbre y confusi√≥n, una base firme para volver a¬†trabajar con orden y estabilidad, que mal o bien, han caracterizado a estos √ļltimos doce a√Īos luego del terrible decenio de Yeltsin.

Los sondeos, incluso los m√°s indepedientes, concuerdan en se√Īalar que el consenso con respecto a Putin ha ido creciendo en estos meses en gran parte del pa√≠s, en paralelo con la protesta en Mosc√ļ, San Petersburgo y algunas¬†otras grandes ciudades. Sin embargo las pac√≠ficas y ordenadas protestas de la juventud de clase media urbana podr√≠an acabar restando votos a los dem√°s candidatos, el comunista Zyuganov, el populista Zhirinovskij, el socialdem√≥crata Mironov y el liberal Prokhorov, impulsando a muchos ciudadanos a volcar sus preferencias en Putin.

Vladimir Putin

El descontado triunfo de la elecci√≥n satisface tambi√©n al mundo del los negocios, interior e internacional, que prefiere siempre la continuidad y teme los saltos al vac√≠o: Tanto m√°s en este caso, dado que los a√Īos del t√°ndem Putin-Medvedev han sido fabulosamente propicios para los negocios. Los mercados, en resumen, votan a Putin a despecho de los gobiernos occidentales con EE.UU. a la cabeza.

Quien deber√≠a estar m√°s preocupado a partir de la noche electoral deber√≠a ser Putin, que a√ļn siendo vencedor se encontrar√° con una Rusia que no es ya la misma, tambi√©n √©l ha cambiado y deber√° enfrentar grandes dificultades. Por primera vez en su larga carrera pol√≠tica Putin debi√≥ embarcarse en una verdadera campa√Īa electoral, no tanto contra sus adversarios en liza como contra la tumultuosa oposici√≥n que lo acusa de destruir la democracia. Ha debido asumir in√©ditos compromisos de transparencia y de limpieza en las elecciones y en la gesti√≥n de la cosa p√ļblica; consentir grandes manifestaciones contra √©l, instalar en todas las sedes electorales rusas un sistema de videoc√°maras que te√≥ricamente deber√≠a permitirle a cada ciudadano monitorear la regularidad de la operaci√≥n de votar en cada sede (un sistema que no resolver√° nada pero que invitar√° a centenares de millares de ciudadanos a intentar controlar las votaciones). Ha debido aceptar la idea de realizar reformas institucionales, como la elecci√≥n directa de los gobernadores regionales.

Pero mucho m√°s importante a√ļn, el candidato Putin ha debido prometer mares y monta√Īas, yendo probablemente mucho m√°s all√° de lo que son las posibilidades del Estado ruso. Aumento de los salarios y de las jubilaciones, mantenimiento de las edades de jubilaci√≥n de 55 y 60 a√Īos, mejoras decisivas en el sistema educativo y sanitario, en el transporte, en la vivienda y a√ļn m√°s empleos laborales y progreso en las industrias estatales, especialmente en la militar, ulterior apertura a las inversiones externas‚Ķ Es decir en todo. Sus propios hombres admiten que no ser√° f√°cil mantener las promesas realizadas calculando un precio alt√≠simo del petr√≥leo (la base, junto al gas, de los ingresos estatales) por encima de 150 d√≥lares el barril, en los pr√≥ximos tres o cuatro a√Īos.

¬ŅY si no lo logra? No s√≥lo ya no bastan para triunfar los trucos y los ‚Äúrecursos administrativos‚ÄĚ sino que adem√°s se arriesgan a que el pa√≠s explote en bronca. El partido Rusia Unida, luego del desastre electoral de diciembre, p√©simamente tapado con fraudes y maniobras, est√° ya en ruinas y muy probablemente despu√©s de las elecciones ser√° borrado por la tentativa de crear algo ‚Äúex novo‚ÄĚ. Los aliados, a partir del presidente saliente Medvedev, est√°n tomando distancia y haci√©ndose a un lado a la espera de ver c√≥mo siguen las cosas. Vladimir Vladimirovic, esta vez, corre el riesgo de ver su capacidad, por grande que fuere, expuesta a dura prueba.

Fuente: http://www.ilmanifesto.it/attualita/notizie/mricN/6689/

Il Manifesto



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