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Edición 296

MÉXICO SA
CARLOS FERNÁNDEZ-VEGA*

 

FC: desastre laboral

Poder adquisitivo: -45%

Peor balance que Fox


DE LA ALEGRE CUAN FÁTUA PERORATA CALDERONISTA sobre lo bien que se hicieron las cosas en materia laboral, el nuevo gobierno ha pasado a reconocer que la situación no es nada grata y que se requiere impulsar la creación de plazas formales para mejorar la delicada situación económica y social del grueso de los trabajadores y ofrecer resultados tangibles. Un pequeño giro en el discurso que algunos consideran saludable, pero que a todas luces es insuficiente dada la dimensión del problema.

 

Fdezvega

 

En este contexto, el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM), de la Facultad de Economía de la UNAM, ofrece un balance (corte de caja en el calderonato… se acaba el cash), del que se toman los siguientes elementos: En la gestión de Felipe Calderón podemos afirmar que en nada mejoró la situación de los trabajadores; al contrario. El calderonato se caracterizó por mantener los aumentos salariales en el orden de 4 por ciento anual durante los seis años, lo que se vio reflejado en una disminución en el poder de compra de los trabajadores. Durante ese periodo se registró una caída acumulada del poder adquisitivo de 45.11 por ciento; el salario mínimo nominal en este periodo aumentó 28.06 por ciento, mientras el precio ponderado diario de la canasta alimenticia recomendable (CAR) aumentó 133.81 por ciento, para ser claramente insuficientes los aumentos al salario mínimo, que de manera acumulada en los seis años fueron de 13.66 pesos, mientras el precio de la CAR aumentó 108.16 pesos.

Al término de la gestión de Felipe Calderón quedó más que evidenciado que la política instrumentada en torno al precio de la fuerza de trabajo jamás buscó mejorar el nivel de vida de los trabajadores; por el contrario, su gobierno entregó cuentas peores que las del mismo Vicente Fox, y siempre benefició a los patrones. Podemos afirmar, categóricamente, que el salario mínimo diario sólo durante el calderonato acumuló un rezago de 47 años.

¿Qué quiere decir esto para los trabajadores?, pregunta el CAM. Como ya es sabido, el gobierno federal, año tras año, aumenta el salario mínimo diario en alrededor de 4 por ciento, que en pesos mexicanos implica un incremento de entre 2 y 2.5 pesos diarios, y muy seguramente esa será la tendencia para los próximos seis años con el desgobierno de Enrique Peña Nieto, por lo que podemos adelantar que para el año entrante el salario mínimo diario en la zona geografía A estará entre 64.82 y 65.45 pesos. Entonces, si en este momento se congelaran los precios y solamente aumentara el salario mínimo, ¿qué pasaría?

La respuesta es que para que el poder adquisitivo recuperara la pérdida de 45.11 por ciento registrada sólo con Calderón y si se mantuviera su mismo incremento salarial promedio de cada año se tendrían que congelar los precios de los productos que comprenden la CAR durante 49 años y aumentar año tras año sólo el salario mínimo diario entre 4 y 5 por ciento. De esa forma, para el año 2061 el salario mínimo sería de 189.62 pesos y el precio de la CAR debería ser de 188.99. En resumen, tendrían que pasar prácticamente 10 generaciones de trabajadores mexicanos para que con un salario mínimo y sin incremento en los precios de la canasta alimenticia recomendable cualquier trabajador pudiera adquirir la CAR (sólo 40 alimentos)”.

El nivel de despojo hacia los trabajadores que ha prevalecido durante los últimos 30 años, las crisis recurrentes, como la de diciembre de 1994, la de 2000 y la de 2009, han repercutido de forma fundamental para sepultar las pocas esperanzas para mejorar el nivel de vida de la clase trabajadora en el país. El Estado mexicano no titubeó cuando tuvo que decidir entre apoyar la inversión de capital o el bienestar de la población. Optó firmemente por la primera, y sólo hay que tener un poco de memoria histórica y recordar el Fobaproa.

Así se ancló el nivel de vida con los topes salariales. Se abandonó la política de los precios de garantía en los alimentos básicos para arrojarlos a las bondades de la oferta y la demanda del Dios mercado; se liquidó la soberanía alimentaria, a tal punto hoy somos una potencia en importación de maíz; el precio del huevo, por primera vez en la historia, se ubicó por encima del monto del salario mínimo; ahora, con la legalización de la reforma laboral, se abaratará aún más el precio de la fuerza de trabajo y se aprobaron mayores y mejores ventajas a los grandes capitales mediante la mayor instrumentación del outsourcing (subcontratación), entre otras modalidades en contra de los derechos y prestaciones de los trabajadores.

Es sólo reflejo del cúmulo de políticas económicas que en el marco del neoliberalismo han rezagado el nivel de ingresos de la clase trabajadora en México por más de 49 años. A las familias mexicanas en 1987 les bastaba sólo con el ingreso de uno de sus integrantes para comprar los alimentos contemplados en la CAR; en 2000 la tendencia para aminorar las carencias cada vez mayores radicó básicamente en que los jefes de familia tenían que optar por tener dos empleos o bien que trabajaran dos miembros de la familia. La situación empeoró en 2012, pues hoy se requiere que tres miembros de cada familia trabajen para colaborar con un ingreso que apenas alcanza para comprar alimentos.

Aunado a lo anterior, hoy el fenómeno de la migración es completamente normal en las familias mexicanas, ya que implica un posible ingreso económico adicional para subsanar el nivel de vida cada vez más deteriorado. Así, las remesas se han convertido en el ingreso emergente prioritario e indispensable para millones de mexicanos, fenómeno que, junto con el ingreso petrolero, ha logrado mantener a flote la economía durante el llamado modelo neoliberal.

Otra vía por la que han optado muchas familias en México ante la cada vez más precaria y aguda situación del empleo y ante la imposibilidad de encontrarlo es ingresar a las filas de la economía informal o economía subterránea, tan vituperada por la clase político-empresarial en nuestro país. Resulta evidente que los criterios de política económica que impone el gobierno en turno no considera para nada la problemática que genera la caída en el nivel de vida de la clase trabajadora y en aras de atraer inversión, sobre todo extranjera que fomente el empleo, se impone vía la reforma laboral el malbaratar el valor y precio de la fuerza de trabajo mexicana.

Las rebanadas del pastel

Mientras los mexicanos esperan ya no tan pacientemente los resultados tangibles que en el corto plazo prometió el nuevo inquilino de Los Pinos, va un abrazo con los mejores deseos de este tecleador. ¡Salud!

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*La Jornada

 



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