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El sistema de sufrimiento que EU asesta a los pueblos del mundo (1965-2014)
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Edición 297

EL SISTEMA DE SUFRIMIENTO QUE EU

ASESTA A LOS PUEBLOS DEL MUNDO (1965-2014)

‚ÄúHa muerto tanta gente‚Ķ‚ÄĚ
NICK TURSE

 

 

PHAM TO TENIA UNA SPECTO ESTUPENDO para sus 78 a√Īos de edad (al menos, esa era la edad que √©l pensaba que ten√≠a). Su cabello era fino, canoso, y le raleaba en las sienes, pero sus ojos eran vivaces y su f√≠sico robusto, todo ello resultaba notable teniendo en cuenta por todo lo que hab√≠a pasado. Le escuch√© atentamente, como hice siempre tantas veces ante tantas historias similares, pero lo que me relataba estaba m√°s all√° de mi capacidad de comprensi√≥n. Es probable que tambi√©n de la de ustedes.

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PHAN TO ME DIJO que los aviones empezaron sus series de bombardeos en 1965 y que los lanzamientos peri√≥dicos de artiller√≠a se iniciaron tambi√©n en esa √©poca. Nadie sabr√° nunca cu√°ntos civiles murieron en los a√Īos que siguieron. ‚ÄúEl n√ļmero es incalculable‚ÄĚ, me dijo un d√≠a de primavera de hace pocos a√Īos en un pueblo situado en las monta√Īas del centro del Vietnam rural. ‚ÄúMuri√≥ tanta gente‚ÄĚ.

Y eso s√≥lo fue a peor. Lo que sobrevino a continuaci√≥n fueron los defoliantes qu√≠micos, que arrasaban la tierra. Tambi√©n empezaron a ametrallar a los civiles desde los helic√≥pteros. En 1969, las bombas y la artiller√≠a no descansaban ni de d√≠a ni de noche. Muchos campesinos huyeron. Algunos se dirigieron hacia las zonas profundas de la monta√Īa, cambiando el terror de una muerte inminente por una lucha diaria de miseria y privaci√≥n; otros se vieron obligados a dirigirse hacia m√≠seras zonas donde se intentaba reasentar a los refugiados. Los que se quedaban en sus pueblos sufr√≠an a√ļn m√°s cuando aparec√≠an los soldados. Siempre les quemaban las casas. Golpeaban y pateaban a la gente. Disparaban a los hombres cuando corr√≠an presos del miedo. Violaban a las mujeres. Una ma√Īana, los soldados estadounidenses masacraron y liquidaron a veintiuno de sus vecinos. Todo esto represent√≥ la Guerra de Vietnam para Pham To, lo mismo que para muchos vietnamitas de las zonas rurales.

Uno, dos‚Ķ ¬Ņcu√°ntos Vietnam?

Al principio de la Guerra de Irak, y durante los a√Īos que siguieron, expertos, veteranos, pol√≠ticos y estadounidenses de a pie se preguntaron si la debacle de EEUU en el Sureste Asi√°tico se estaba repitiendo. ¬ŅHabr√≠a ‚Äúotro Vietnam ‚ÄĚ? ¬ŅSe convertir√≠a en otro ‚Äú atolladero ‚ÄĚ?

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Lo mismo puede decirse de Afganist√°n. A√Īos despu√©s del 11-S y como esa guerra tambi√©n se ha ido a pique, las preguntas sobre el ‚ÄúVietnam de Obama ‚ÄĚ empezaron a plantearse cada vez con mayor frecuencia. De hecho, en octubre de 2009, una mayor√≠a de estadounidenses hab√≠a llegado a creer que estaba ‚Äúconvirti√©ndose en otro Vietnam‚ÄĚ.

En aquellos a√Īos, incluso ‚ÄúVietnam‚ÄĚ mostraba una sorprendente doble analog√≠a , al menos despu√©s de que los generales empezaran a leer y citar textos revisionistas sobre esa guerra. Afirmaban, a pesar de todas las apariencias, que el ej√©rcito estadounidense hab√≠a ganado realmente en Vietnam (antes de que los pol√≠ticos, los medios y el movimiento antibelicista les arrebataran tal triunfo). Esa misma f√≥rmula de √©xito, insist√≠an, podr√≠a utilizarse para triunfar de nuevo. Y as√≠ fue como sacaron a relucir una soluci√≥n fallida de aquella fracasada guerra: La contrainsurgencia, o COIN (por sus siglas en ingl√©s), como la panacea militar del desastre inminente.

Las comparaciones objeto de debate entre las dos guerras en curso y la guerra que de alguna forma nunca se fue, llenaron de basura los peri√≥dicos, revistas e Internet, hasta que David Petraeus, un alto general COINdinista que hab√≠a escrito su tesis doctoral sobre las ‚Äúlecciones‚ÄĚ de la Guerra de Vietnam, fue llamado para resolver el asunto poniendo a trabajar esas lecciones a fin de ganar las otras dos guerras. Al final, como cab√≠a esperar, las tropas estadounidenses fueron expulsadas de Irak mientras que la guerra en Afganist√°n prosigue su marcha hasta este mismo d√≠a, aunque sombr√≠amente estancada y complicada ahora con los ataques de ‚Äúverde sobre azul ‚ÄĚ o ‚Äúdesde dentro‚ÄĚ contra las fuerzas estadounidenses, mientras que el mismo general, que volvi√≥ a Washington como director de la CIA para ejecutar guerras clandestinas en Pakist√°n y Yemen, tuvo que retirarse en desgracia tras un esc√°ndalo sexual.

Sin embargo, a pesar de toda la tinta vertida acerca de las ‚Äúanalog√≠as con Vietnam‚ÄĚ, pr√°cticamente ninguno de los expertos, historiadores, generales, pol√≠ticos u otros miembros de las clases intelectualoides se refiri√≥ nunca a la Guerra de Vietnam de la misma forma en que lo hizo Pham To. As√≠ fue como se las arreglaron para perder el √ļnico paralelismo constante entre las tres guerras desencadenadas por EEUU en los tres lugares: el sufrimiento de los civiles.

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En cuanto a todas las diferencias, analog√≠as chapuceras y comparaciones tortuosas, ha habido un hilo conductor en las guerras exteriores de Washington del √ļltimo medio siglo por el que, al menos en a√Īos recientes, los estadounidenses no han mostrado ni el menor inter√©s: la miseria de los nacionales locales. El sufrimiento de los civiles es, de hecho, la caracter√≠stica que define en general las guerras modernas, aunque apenas se mencione en las altas esferas del poder o en los medios dominantes.

Un da√Īo incalculable

Pham To fue afortunado. √Čl y Pham Thang, otra v√≠ctima y vecino suyo, me dijeron que de las dos mil personas que viv√≠an en su pueblo antes de la guerra, solo trescientas lograron sobrevivir. Los bombardeos, los ametrallamientos, las masacres, las enfermedades y el hambre estuvieron a punto de exterminar todo su asentamiento. ‚ÄúHab√≠a tantas personas hambrientas‚ÄĚ, dijo Pham Thang. ‚ÄúSin comida, muchos murieron. Otros enfermaron y al no disponer de medicamentos ni atenci√≥n sanitaria, tambi√©n murieron. Despu√©s estaban los bombardeos y los proyectiles, que se llevaron a√ļn m√°s vidas. Todos ellos murieron como consecuencia de la guerra‚ÄĚ.

Dejando a un lado a los que perecieron de enfermedades, hambre o falta de atenci√≥n sanitaria, al menos 3,8 millones de vietnamitas murieron de forma violenta durante la guerra, seg√ļn los investigadores del Harvard Medical School y de la Universidad de Washington. La estimaci√≥n m√°s aproximada que tenemos es que dos millones de ellos eran civiles. Utilizando una extrapolaci√≥n muy conservadora, esto sugiere que 5,3 millones de civiles resultaron heridos durante la guerra, de un total global de 7,3 millones de v√≠ctimas civiles vietnamitas. A esas cifras podr√≠an a√Īadirse aproximadamente 11,7 millones ¬†de vietnamitas obligados a huir de sus hogares y convertirse en refugiados, m√°s 4,8 millones rociados con herbicidas t√≥xicos como el Agente Naranja, aproximadamente entre 800.000 y 1,3 millones de hu√©rfanos de guerra y un mill√≥n de viudas de guerra.

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Las cifras son aterradoras, el sufrimiento incalculable, la miseria casi incomprensible para la mayor√≠a de los estadounidenses, aunque quiz√° no para un iraqu√≠. Nadie sabr√° nunca cu√°ntos iraqu√≠es murieron a ra√≠z de la invasi√≥n estadounidense en 2003. En un pa√≠s con una poblaci√≥n aproximada de unos 25 millones en aquel momento, una muy debatida investigaci√≥n -cuyos resultados fueron publicados en la revista m√©dica brit√°nica The Lancet suger√≠a que hasta el a√Īo 2006 hab√≠a habido un ‚Äúexceso de muertes‚ÄĚ violentas de m√°s de 601.000.

Otro estudio indicaba que en 2007 hab√≠an muerto m√°s de 1,2 millones de civiles iraqu√≠es a causa de la guerra (y de los diversos conflictos internos provocados por la misma). Associated Press registr√≥ 110 mil 600 muertes a principios de 2009. Una investigaci√≥n realizada con familias iraqu√≠es fijaba en junio de 2006 la cifra de muertes violentas en 151 mil. Documentos oficiales hechos p√ļblicos por WikiLeaks contaban hasta 109 mil muertes, incluyendo las de 66.081 civiles, entre 2004 y 2009. Irak Body Count ha recogido hasta 121 mil 220 casos documentados s√≥lo de muertes violentas de civiles.

Y tenemos tambi√©n los 3,2 millones de iraqu√≠es internamente desplazados o que tuvieron que huir hacia otras tierras para encontrar solo incertidumbre y privaciones en lugares como Jordania, Ir√°n y Siria, tan asolada ahora por la guerra. En 2011, el 9% o m√°s de las mujeres iraqu√≠es, hasta alcanzar un mill√≥n , eran viudas (una cifra que se dispar√≥ en los a√Īos de la invasi√≥n estadounidense). Una investigaci√≥n reciente hall√≥ que entre 800 mil y un mill√≥n de ni√Īos iraqu√≠es hab√≠a perdido a uno o a ambos padres, una cifra que no deja de crecer con la continuada violencia que EEUU desat√≥ y nunca erradic√≥.

En la actualidad, el pa√≠s que experiment√≥ una inmensa fuga de cerebros de sus mejores profesionales, tiene tan s√≥lo un total de 200 trabajadores sociales y psiquiatras para ayudar a todos los que, armados y desarmados, sufrieron todo tipo de horrores y traumas. (En comparaci√≥n, en s√≥lo los √ļltimos siete a√Īos, la Administraci√≥n de Veteranos de EEUU ha contratado a siete mil nuevos profesionales de la salud mental para que traten a los estadounidenses afectados psicol√≥gicamente por la guerra).

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Seguramente que tambi√©n muchos afganos podr√≠an relatar lo que Pham To y millones de v√≠ctimas vietnamitas de la guerra soportaron. Desde hace m√°s de treinta a√Īos, Afganist√°n, excepto alg√ļn raro per√≠odo, ha estado en guerra. Todo empez√≥ con la invasi√≥n sovi√©tica en 1979 y con el apoyo de Washington a algunos de los militantes isl√°micos m√°s extremistas que se opon√≠an a la invasi√≥n rusa del pa√≠s.

La √ļltima reiteraci√≥n de la guerra all√≠ empez√≥ en 2001 con la invasi√≥n estadounidense y de las fuerzas aliadas, y desde entonces se ha llevado las vidas de muchos miles de civiles en bombardeos a√©reos y en bombas que estallan junto a las carreteras ¬†en ataques suicidas y ataques de helic√≥pteros , en asaltos nocturnos y odiosas masacres.

Innumerables afganos han muerto tambi√©n al carecer de acceso a los cuidados sanitarios (hay s√≥lo dos doctores ¬†por cada 10.000 afganos), ¬†incluyendo impactantes noticias de ni√Īos congel√°ndose hasta morir en los campos de refugiados el pasado invierno y de nuevo este a√Īo. Formaban parte de los cientos de miles de afganos que han sido desplazados internamente durante la guerra. Varios millones m√°s viven como refugiados fuera del pa√≠s, la mayor√≠a en Ir√°n y Pakist√°n.

De las mujeres que permanecen en el pa√≠s, la cifra de viudas alcanza los dos millones. Adem√°s, se estima que hay ya dos millones de hu√©rfanos afganos. No es de extra√Īar que el sondeo de Gallup del pasado verano hallara que el 96 por ciento de los afganos afirman que est√°n ‚Äúsufriendo‚ÄĚ o ‚Äúluchando‚ÄĚ y s√≥lo el 4 por ciento sent√≠an que estaban en situaci√≥n ‚Äúboyante‚ÄĚ.

¬ŅRefugiados estadounidenses en M√©xico?

Para la mayor√≠a de los estadounidenses, este tipo de implacable miseria relacionada con la guerra es incomprensible. Muy pocos han experimentado nunca a nivel personal nada parecido a lo que sus d√≥lares en impuestos han causado en el Sureste Asi√°tico, en el Oriente Medio, en el Suroeste Asi√°tico en los √ļltimos cincuenta a√Īos. Y aunque s√≠ que disponemos ya de cifras sorprendentes de pobreza y privaciones, muy pocos son conscientes de lo que es tener que vivir un a√Īo de guerra -y no digamos diez, como le ocurri√≥ a Pham To- bajo la constante amenaza de ataques a√©reos, fuego artillero y violencia perpetrados por tropas de tierra extranjeras.

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No obstante, aunque sea como mero experimento mental, consideremos por un momento cómo podría ser esa situación en términos estadounidenses. Imagínense que EEUU ha vivido una ocupación de una fuerza militar extranjera. Imagínense que hay millones o incluso decenas de millones de civiles estadounidenses muertos o heridos como consecuencia de una invasión y de los enfrentamientos civiles resultantes.

Imag√≠nense un pa√≠s en el cual unos j√≥venes extranjero s, armados hasta los dientes, con uniformes extra√Īos, cascos en la cabeza e imponentes armaduras puedan tirar de una patada la puerta de tu casa en la oscuridad de la noche, gritando cosas en un lenguaje que no puedes comprender. Imag√≠nenselos rebuscando en los cajones, volcando los muebles, manteni√©ndoles a punta de pistola, amenazando a su marido o a su hijo o a su hermano, y march√°ndose con √©l en medio de la noche. Imag√≠nense, asimismo, un pa√≠s en el que esos extranjeros maten a los ‚Äúinsurgentes‚ÄĚ estadounidenses y despu√©s les desnuden de forma rutinaria; en el que esas tropas ocupantes se orinen ¬†sobre los cad√°veres estadounidenses (y graben videos de tal acci√≥n); o tomen fotos de las ‚Äúpiezas cobradas ‚ÄĚ; o les mutilen; o posen con partes del cuerpo de los estadounidenses muertos; o de vez en cuando -por razones que escapan a su comprensi√≥n- se dediquen a matar y violar a sus amigos y vecinos.

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Imaginen por un momento una violencia tan extrema que ustedes y millones como ustedes tienen que escapar de sus hogares e instalarse en m√≠seros campos de refugiados o en los anillos de barrios de chabolas que rodean las ciudades m√°s cercanas. Imaginen que tienen que cambiar su hogar por otro donde no hay electricidad ni calor, que muy posiblemente estar√° hecho de residuos con un tejado de metal corrugado que produce un estruendo cada vez que llueve. Despu√©s imaginen que tienen que vivir all√≠ durante meses, cuando no a√Īos.

Imaginen que las cosas van tan mal que decide n cruzar andando la frontera mexicana para vivir una existencia plena de incertidumbre, planteándose siempre si habrá más violencia y más pobreza en la nación anfitriona que hará que les expulsen de ahí de nuevo y si podrán volver a su hogar en EEUU. Imaginen vivir todas esas realidades día tras día durante más de una década.

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Después de desastres naturales como el de los huracanes Katrina o Sandy, cifras reducidas de estadounidenses experimentaron brevemente algo de lo que millones de víctimas de la guerra -vietnamitas, iraquíes, afganos y otros- han tenido a menudo que soportar durante una parte significativa de sus vidas. Pero para todos los que se hallan en las zonas de las guerras de EEUU, no habrá telemaratones  ni conciertos benéficos ni recogida de fondos vía mensajes de texto.

Pham To y Pham Thang tuvieron que enterrar los cuerpos de sus familiares, amigos y vecinos después de que las tropas estadounidenses les masacraran al pasar de patrulla por sus pueblos. Tuvieron que reconstruir sus hogares y sus vidas tras la guerra con muy, muy escasa ayuda. Una cosa fue tan cierta para ellos como lo ha sido para los iraquíes y afganos traumatizados por la guerra de nuestros días: ninguna luminaria de Hollywood hizo cola para ayudar a recoger fondos para ellos o su pueblo. Y nunca lo harán.

‚ÄúPerdimos tanta gente, tantas cosas. Y esta tierra se vio tambi√©n afectada por el Agente Naranja. Has venido a escribir sobre la guerra, pero nunca podr√°s conocer toda la historia‚ÄĚ, me dijo Pham Thang. Despu√©s se volvi√≥ cauteloso. ‚ÄúAhora, nuestros dos gobiernos, nuestros dos pa√≠ses, viven en paz y armon√≠a. Y nosotros s√≥lo queremos recuperar la vida que ten√≠amos aqu√≠. Sufrimos grandes p√©rdidas. El gobierno estadounidense deber√≠a ofrecer ayuda para que aumentara el nivel de vida local, proporcionar mejor asistencia sanitaria y construir infraestructuras, como mejores carreteras‚ÄĚ.

No hay duda de que muchos iraqu√≠es y afganos expresar√≠an sentimientos parecidos, a pesar de la √ļltima d√©cada de debacles estadounidenses construyendo naci√≥n en sus zonas de guerra. Quiz√° incluso le digan el mismo tipo de cosas a un periodista estadounidense dentro de varias d√©cadas.

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A lo largo de estos √ļltimos a√Īos he entrevistado a cientos de v√≠ctimas de la guerra como Pham Thang y creo que tiene mucha raz√≥n: Probablemente, nunca conocer√© bien qu√© ocurri√≥ con la vida en esos mundos que se vieron arrasados por las guerras exteriores de EEUU. Y no s√≥lo yo. La mayor√≠a de los estadounidenses nunca se acercan a una zona de guerra e incluso el personal militar de EEUU llega s√≥lo para pasar un tiempo limitado de servicio, y para los corresponsales de guerra y los trabajadores de la ayuda queda siempre abierta por lo general una puerta de salida. Sin embargo, los civiles como Pham To tienen que permanecer all√≠ para los restos.

En los a√Īos de Vietnam, hubo al menos un movimiento antib√©licista en este pa√≠s que incluy√≥ a muchos que hicieron sinceros esfuerzos para poner de relieve el sufrimiento que sab√≠an estaban soportando los civiles a niveles casi inimaginables. En cambio, en los m√°s de diez a√Īos desde el 11-S, con muy raras excepciones los estadounidenses han permanecido escandalosamente indiferentes ante sus distantes guerras, ignorando por completo todo lo que deb√≠a conocerse acerca del sufrimiento causado en su nombre.

Cuando estaba poniendo fin a mi entrevista, Pham Thang me pregunt√≥ por el prop√≥sito de la √ļltima hora y media de pregun tas que le hab√≠a hecho. A trav√©s de mi int√©rprete, le expliqu√© que la mayor√≠a de los estadounidenses no sab√≠an pr√°cticamente nada del sufrimiento soportado por los vietnamitas durante la guerra y que la mayor parte de los libros escritos sobre esa guerra en mi pa√≠s tambi√©n lo hab√≠an pasado por alto. Quer√≠a, le dije, ofrecer por vez primera a los estadounidenses la oportunidad de o√≠r las experiencias de los vietnamitas normales y corrientes.

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‚ÄúSi el pueblo estadounidense conociera esos hechos, si supieran del sufrimiento que la guerra caus√≥ al pueblo de Vietnam, ¬Ņcree Vd. que se compadecer√≠an de nosotros?‚ÄĚ. Muy pronto iba a conocer la respuesta a esa pregunta.

* Nick Turse es editor asociado de TomDispatch.com . Laureado periodista, sus trabajos se publican en Los Angeles Times, The Nation y, con regularidad, en TomDispatch . Es autor de varios libros, el m√°s reciente de los cuales es Kill Anything that Moves: The Real American War in Vietnam ‚ÄĚ (The American Empire Project, Metropolitan Books). Es tambi√©n autor de The Changing Face of Empire: Special Ops, Drones, Spies, Proxy Fighters, Secret Bases, and Cyberwarfare (Haymarket Books).

*TomDispatch.com



Atentado deja 82 muertos y

160 heridos en la Universidad de Alepo

Alepo1

El saldo del atentado terrorista en la Universidad de Alepo en Siria perpetrado por islamistas de Al Qaeda apoyado por la OTAN y países asociados a este organismo, el martes pasado, se eleva a 82 muertos y más de 160 heridos.

Alepo2

 

‚ÄúEra el primer d√≠a de los ex√°menes trimestrales, y por ello hay tantas v√≠ctimas entre los estudiantes y los refugiados‚ÄĚ, precisaron Agencias de Noticias Internacionales.

Alepo3


Las explosiones da√Īaron las facultades de Bellas Artes y de Arquitectura. A pesar de los combates, la Universidad de Alepo reabri√≥ sus puertas a mediados de octubre pasado.

Alepo4

El campus est√° situado en un sector de la ciudad controlado por el ej√©rcito regular, y por ello numerosos refugiados se instalaron en el lugar, considerado seguro. El acto criminal, que dej√≥ da√Īos materiales, ha sido condenado por la poblaci√≥n civil y las autoridades sirias.

Alepo5



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