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Edición 337 | ||||
Escrito por Hernán Rodríguez Klaustermann | ||||
Miércoles, 30 de Septiembre de 2015 16:03 | ||||
Desde la fuga del Chapo se ha repetido hasta el cansancio que tal ‘hazaña’ es única en su tipo y se le ha dado una importancia exagerada, pero el Chapo no ha sido el único reo que se ha fugado en forma sensacional, a lo largo de la historia y en muchos países —incluido México—, se han producido fugas sensacionales y audaces: Von Werra, Charrière, Morris, Casanova, Dengler… entre muchos otros, demuestran que por más perfectas que sean las cadenas, siempre habrá alguien con la suficiente audacia para romperlas.
Fuga del Correccional de Clinton (2015)
Más de 200 agentes intentaron encontrar a quienes se considera un peligro para la población. Richard estaba condenado a 25 años por secuestro, descuartizamiento y asesinato de su jefe. Mientras que David cumplía cadena perpetua por el asesinato de un sheriff. Las autoridades instalaron retenes y echaron mano de helicópteros y perros adiestrados. Hay centenares de agentes fueron desplegados alrededor de la prisión, ubicada a unos 32 kilómetros de la frontera con Canadá, y se recibieron una decena de avisos.
Fuga de John Gerard de la Torre de Londres (1597) Gerard era un sacerdote jesuita nacido en 1564 que fue llevado a prisión en 1594 y torturado después de escribir a simpatizantes católicos y de insertar pistas secretas en cada carta, escondidas con una tinta invisible de su propia invención. La noche del 4 de octubre de 1597 logró escapar a través de las piedras alrededor de la puerta de su celda. Tras abrir un boquete, se escabulló sorteando a los guardias del corredor, y alcanzó un alto muro que daba al foso de la Torre de Londres. Abajo, un bote de remos lo esperaba en la oscuridad. El barquero le lanzó una cuerda, que ató a un cañón cercano y, se deslizó hacia la libertad. Nunca fue capturado. Falleció en Roma en 1637 a la edad de 73 años. La fuga de Casanova (1756)
Casanova tuvo éxito en su empeño por fugarse en el segundo intento, entre la noche del 31 de octubre y el 1 de noviembre de 1756. Fabricó una herramienta con un barrote de hierro y después de introducir un pico de metal en su celda, Casanova y un sacerdote renegado confinados cerca uno del otro, pasaron meses cavando un túnel en el rincón de su calabozo a través del techo de sus celdas. Cuando lo cambiaron a otra, Casanova temió estar siendo observado, por lo que le pidió al monje de la celda junto a la suya que cavase por él. Ambos lograron escapar usando la misma herramienta para abrir las puertas que bloqueaban su paso. Una vez pasadas, abrieron las placas de plomo en el techo y llegaron a otra habitación a través de una buhardilla. Usando una combinación de escaleras y cuerdas, el dúo logró llegar a la planta baja, y después de romper un candado y furtivamente escabullirse a través de los pasillos de la cárcel, se escaparon en góndola a la ciudad a través de la red de ríos. Casanova, más tarde escribió la fuga en una memoria popular, y aunque muchos han especulado que la historia pudo haber sido embellecida, evidencias de la escena de la fuga de la cárcel parecen acreditar su historia. Fuga de la Prisión de Libby (1864) Fue la más famosa (y exitosa) fuga de presos durante la Guerra Civil Americana. Esta prisión se decía Un grupo de 15 soldados de la Unión, dirigidos por el Coronel Thomas E. Rose y el Mayor A. G. Hamilton, construyeron un túnel desde el sótano de la prisión hasta un terreno situado fuera de la cárcel. Esto no fue una tarea fácil, ya que el sótano de esta misión era muy oscuro e infestado de bichos, conocido por los reclusos como el “infierno de las ratas”. Diecisiete días después de empezar a construir el túnel, en la noche del 9 de febrero vieron la luz y 109 soldados consiguieron huir a la ciudad de Richmond; 48 fueron recapturados, pero 59 llegaron a la seguridad de sus líneas. Fuga de John Dillinger (1934)
Pero la fuga más famosa de Dillinger llegó en el año 1934, después de que tras una serie de atracos, fue llevado a la cárcel del condado de Lake, en Crown Point, Indiana, a prueba de fugas, custodiada por gran cantidad de policías y militares del ejército americano. Dillinger talló con una pastilla de jabón un arma falsa. Iba a ser juzgado por el asesinato de un policía. La jornada del 3 de marzo de 1934, Dillinger logró escapar con un ‘arma’ hecha con jabón y ennegrecida con betún. Con su arma jabonosa fue capaz de engañar a un guardia para la apertura de su celda y pudo huir, después de encerrar a sus guardianes. Se han hecho varias películas recreando a la vida y la fuga de este ladrón. La huida más multitudinaria de una cárcel en Europa (1938) Ocurrió en Pamplona, España, el 22 de mayo de 1938 y en plena Guerra Civil. A la hora de la cena, una docena de reclusos desarmó a los guardias y tomó el control de diversas dependencias del penal, hasta abrir las puertas para facilitar la fuga de los 2.487 presos republicanos, aunque la mayoría no se atrevió a salir por temor a los castigos. De entre ellos, 795 prisioneros intentaron fugarse pero solamente tres lograron llegar con éxito a Francia. Los demás murieron en el intento o fueron apresados de nuevo y otros 14 fueron juzgados como promotores de la fuga y ejecutados. La fuga de Franz von Werra (1941) Franz von Werra fue el único aviador alemán, durante la II Guerra Mundial, que tras ser derribado en El 3 de noviembre de 1940, el piloto de 26 años fue enviado a otro campo de prisioneros de guerra en Swanwick. Allí se unió a un grupo de presos que planeaba una fuga, cavando un túnel. El 20 de diciembre consiguieron escapar por el túnel de 15 metros de largo. Pero de todos los evadidos, el único que consiguió no ser capturado de inmediato fue Von Werra. Con audacia se dirigió hacia el campo de aviación militar de Hucknall, argumentando ser un piloto holandés de la RAF y que pretendía volver al continente, a la batalla. A pesar de que estuvo a punto de conseguir un avión, al final su falsa identidad fue descubierta y de nuevo se le detuvo cuando estaba en un hangar sentado en un avión Hurricane probando la bomba inyectora de combustible. Afortunadamente para él, en un campamento cercano encontró una canoa que estaba pegada al suelo por el hielo y consiguió despegarla a golpes, la arrastró hasta el río y con ella llegó a la orilla estadounidense arrastrado por la corriente. A pocos minutos encontró un caserío, paró un coche que iba conducido por una enfermera a la que le preguntó si estaba en la orilla estadounidense, y tras confirmarle que así era, Von Werra se identificó como oficial de la fuerza aérea alemana, añadiendo: “soy prisionero de guerra”. Se entregó a las autoridades que empezaron a preparar su extradición de vuelta a Canadá.
En principio von Werra fue acusado de entrada ilegal en el país y fue encarcelado en Ogdensburg, pero los reporteros comenzaron a interesarse por su increíble historia y todas sus declaraciones hicieron que su huida tuviera una repercusión internacional. El cónsul alemán pagó una fianza de 15,000 dólares y se lo llevó a Nueva York bajo libertad condicional. En Canadá para reforzar los argumentos para su extradición le acusaron del robo de la canoa. El gran escape (1944)
A las 22.30 horas de la noche del 24 al 25 de marzo de 1944 empezó la huida a través del túnel “Harry”. Este medía 102 metros de largo, 0,70 m x 0,70 m, tenía tres estaciones intermedias y transcurría a unos 8,5 m bajo la superficie. Sin embargo, el principio real de la fuga, es decir, la salida del campo, se retrasó porque el suelo en esa época del año estaba helado y se tardó cuatro horas más de lo planeado en perforar la superficie. El túnel resultó unos 10 metros demasiado corto, así que la salida no se encontraba en el bosque, sino algo antes. Esto conllevó que se tuviese que sincronizar la salida del túnel con las patrullas de vigilancia y eso alteró el desarrollo de la huida y pronto resultó evidente que no huirían 220 prisioneros como se había planeado, sino unos 100. La fuga fue detectada a las 4:55 horas. En ese momento habían cruzado el túnel 87 personas, de las que 11 se entregaron en el bosque adyacente, y no contaron por tanto como huidos. Esto deja un cómputo de 76 fugados, 50 de ellos terminarán muertos y el resto capturados por tierras de Alemania y Francia. El 29 de marzo fue muerto Roger Bushell, el cerebro de la operación. De los fugados sólo tres evitaron ser capturados. La fuga de Papillon de la Isla del Diablo (1941) El francés Henri Charrière, conocido como Papillon (nacido en 1906), acusado por un crimen que según él La primera fuga le costó a Charrière dos años en aislamiento en la isla de Saint-Joseph tétricamente apodada por los convictos “la devoradora de hombres”. Sus amigos Clousiot y Maturette corrieron con la misma suerte, que concluyó con la trágica muerte de Clousiot pocos días después de cumplir su pena. A su salida, Charrière fue transferido a la isla de Royale, donde un informante hizo fracasar un nuevo intento de fuga. Luego, fingió locura (mostrando algunos típicos síntomas mostrados por locos reales), en un intento de fuga de la isla manicomio, que era muy poco resguardada. Fue un momento ideal para el escape del manicomio, pues después de iniciada la Segunda Guerra Mundial el castigo por intento de escape fue elevado a la pena de muerte, porque se consideró que existían cargos de traición a la patria. Un loco estaba visto como alguien sin control de sus propias acciones, de ese modo hacía imposible castigarlo por algo incluido el escape. Pero el intento de escape falló, Charrière y su compañero estuvieron cerca de estrellarse contra los acantilados y ahogarse. Después de “recobrar la cordura”, Charrière pidió ser transferido a la Isla del Diablo (en francés “Île du Diable”) la más pequeña de las tres Islas de la Salvación donde había estado preso Dreyfus. Las autoridades estuvieron felices de hacerlo porque de aquella isla rodeada por fuertes corrientes se decía era imposible escapar. Durante su permanencia en la Isla del Diablo, decidió que todos sus intentos de fuga fueron muy complicados. Su nuevo y simple plan sería arrojarse al mar desde los riscos usando una bolsa con cocos como balsa.
En los preparativos iniciales del escape, Papillon observó que las olas tenían una particular sucesión. Cada séptima ola parecía más grande y fuerte que las otras y que ésta sería lo suficiente para empujarlo muy lejos de la isla a alta mar. Después de muchos experimentos con sacos de su peso en cocos, nombró a la séptima ola Lissette, como la niña por la que arriesgó su vida. Charrière convenció a Sylvain, un compañero convicto, de acompañarlo en el escape. En 1941 en su noveno intento de fuga, él y Sylvain pasaron cuatro días y tres noches a la deriva en el mar, flotando en sus bolsas llenas de cocos y sobreviviendo gracias a la pulpa de coco. Por desgracia, Sylvain dejó prematuramente la balsa a menos de doscientos setenta y cinco metros de la tierra y se hundió en las fangosas arenas movedizas, desapareciendo cuando las olas mojaron su trampa. Charrière esperó hasta que las olas pusieron su balsa en la costa. Habiendo alcanzado tierra firme, Charrière se puso en contacto con un chino de nombre Cuic Cuic, Papillon le hizo saber que su hermano llamado Chang lo ayudó a escapar de la Isla del Diablo. Charrière alcanzó finalmente su libertad el 18 de octubre de 1945. Se asentó en Caracas, contrajo nupcias con Rita Alcover y se naturalizó como ciudadano venezolano en 1956. Siguió siendo un fugitivo de la justicia francesa, hasta que su causa prescribió en 1967 pudiendo entonces retomar sus lazos familiares, volver a su Francia natal y conocer a muchos miembros más de su familia, ahora orgullosos del tío aventurero que todos los periodistas querían entrevistar.
La fuga de Alcatraz (1962) Se decía de Alcatraz, construida para albergar a los criminales más violentos de Estados Unidos en una isla en la bahía de San Francisco, que era a prueba de fugas. En Alcatraz rodeada de piedras y mar se alojaban los prisioneros más peligrosos, entre ellos Al Capone, y ninguno había conseguido escapar. Hasta que en 1962, Frank Morris y los hermanos John y Clarence Anglin lo lograron. Durante dos años realizaron un túnel a través de las paredes desgastadas, con cucharas y un taladro manual, que los conducía al techo. Durante ese tiempo usaron lo que encontraron para romper poco a poco la pared alrededor de los huecos de ventilación de sus celdas. Del techo de la cárcel descendieron por una tubería hasta el patio, saltaron unas rejas y llegaron a la playa. Inflaron la balsa que construyeron con trozos de impermeables y huyeron. Se los dio por muertos, pero nunca encontraron sus cuerpos. El FBI llevó a cabo una de las más grandes búsquedas de su historia por los alrededores de la prisión y en especial en la bahía de San Francisco. Las autoridades concluyeron que los reclusos murieron ahogados, aunque sus cuerpos nunca fueron hallados. A raíz del escape y menos de un año después, la prisión de Alcatraz fue cerrada. Estos hechos fueron recogidos en la película titulada La fuga de Alcatraz rodada el año 1979, con guion de Richard Tuggle, dirigida por Don Siegel y protagonizada por Clint Eastwood, en el papel de Frank Morris, Jack Thibeau, interpretando el papel de Clarence Anglin y Fred Ward como John Anglin.
Fuga de Dieter Dengler (1966) Dengler fue el único soldado que logró escapar de un campo de prisioneros durante la Guerra de Vietnam. Fue como Von Werra un piloto nacido en Alemania, el 22 de mayo de 1938. Con la ayuda de un amigo de la familia consiguió reunir el dinero y viajar desde Hamburgo a Nueva York. Allí se enrola en la Fuerza Aérea en 1957, siendo enviado a la Base Aérea de Lackland en San Antonio, Texas. Tras eso, viaja a San Francisco, donde conseguiría la plaza de piloto, en la US Navy, recibiendo entrenamiento como aviador de ataque y siendo asignado al VA-122. En 1965, es transferido al portaaviones USS Ranger y en diciembre, enviado a las costas de Vietnam. El 1 de Febrero de 1966 se encontraba volando un A-1 Skyraider sobre la región de Laos, donde fue derribado por una batería antiaérea. Fue llevado a un campo de prisioneros junto a otros seis. Cuando vio el lamentable estado en el que estaban sus compañeros de cautiverio, tuvo la resolución de escapar de allí. El plan inicial era sencillo, aprovechar el descuido de los guardias que comían desarmados para tomar el campamento y hacer señales a un C-130 que solía patrullar por la zona ocasionalmente. El 29 de junio de 1966, mientras los guardias comían, Dengler con varios de sus compañeros, salió a través de unas tablas aflojadas de la cabaña donde les retenían; Dengler y dos tailandeses se arrastraron hasta las armas. Los guardias se dieron cuenta demasiado tarde y cuando intentaron reducir a los presos, fueron tiroteados. Esa misma noche, consiguieron hacer señales a un C-130 que sobrevoló la zona, agitando dos antorchas a modo de SOS, el avión sobrevoló la aldea y dejo caer varias bengalas. Sin embargo, a la mañana siguiente no había rastro de equipo de rescate. El 20 de julio de 1966, el Lt. Col. Eugene Deatrick volaba en una misión de reconocimiento armado junto al Mayor Anderson, cuando vio una señal en tierra. Al acercarse vio a un hombre agitando lo que parecía un paracaídas, con la inscripción SOS en unas rocas junto a él. A pesar de que se le dijo que ignorase a quien estaba haciendo señales desde tierra con aquel paracaídas (no había constancia de pilotos derribados en la zona), Deatrick solicitó la asistencia de helicópteros de rescate para Dengler. Habían pasado 23 días desde su evasión del campo de prisioneros y cinco meses desde que fue derribado. Su hazaña fue llevada al cine por Werner Herzog en el filme de 1997 Little Dieter Needs to Fly y luego en el 2006 en la película de acción titulada en español Rescate al amanecer con Christian Bale como Dieter Dengler. Fuga en helicóptero de un penal de México (1971) La prensa mexicana la recuerda como la fuga más espectacular. La del judeo-estadounidense Joel David Kaplan, quien logró escapar del penal de Santa Martha el 18 de agosto de 1971, cuando un helicóptero aterrizó a las 18.30 horas en uno de los patios de la cárcel. En la aeronave estaba un cómplice de Kaplan, Roger Guy Hersner, ex combatiente de Vietnam enviado por la hermana del preso Judy Kaplan que compró el helicóptero Bell 47 que aterrizó en el patio de la prisión pintado de azul, lo que confundió a los guardias que pensaron se trataba de una nave policial. Kaplan trepó en menos de medio minuto al helicóptero junto a otro recluso, el venezolano Carlos Contreras Castro. Kaplan purgaba desde 1962 una sentencia de 28 años por homicidio de su socio en la Ciudad de México. El helicóptero llevó a los reos al aeropuerto de Actopan, en Hidalgo donde a bordo de una avioneta Cessna los esperaba el piloto Víctor E. Stadter, un mercenario y contrabandista que lo llevó hasta los Estados Unidos. Kaplan residió luego en California. En 1975 se hizo una película sobre su fuga, Breakout con Charles Bronson y Robert Duvall. Fuga de Billy Hayes (1975) Sentenciado a 30 años en una cárcel turca por contrabando de drogas (hachís) en 1970, el estadounidense Billy Hayes, de 22 años, pasó un año brutal en la prisión de Sagmalicar, en Estambul, antes de ser trasladado a una isla-prisión cerca del mar. Después de seis meses de planear la fuga, robó un uniforme y tomando los dos mil dólares que su padre había logrado pasarle en un álbum de fotos, robó un bote y remó toda la noche, a través de una furiosa tormenta hasta la costa. Allí se tiñó de negro su cabello rubio, caminó a través de media Turquía y, finalmente, en tierra subió a un tren que entraba a Grecia. El tren pasaba a las 00 horas y era conocido como expreso de la medianoche. Llegó sano y salvo a Grecia y luego fue hasta la embajada norteamericana. Su experiencia la trasladó a un libro, El expreso de Medianoche, que después fue adaptado al cine en 1978 con gran éxito dirigida por Alan Parker, con Brad Davis como Hayes. La huida de Hayes le valió a Oliver Stone un Oscar al mejor guión tomado de la autobiografía de Hayes. La fuga más grande de la historia mundial en Irán (1979) Los cerrajeros de Sudáfrica (1979) Una de las fugas más increíble de la historia la protagonizaron tres presos políticos en Sudáfrica durante el Apartheid. Para lograr escapar de la cárcel de Pretoria atravesaron diez puertas cerradas con llave sin ser descubiertos. Tim Jenkin, Stephen Lee y Alex Moumbaris fabricaron la ganzúa correspondiente para cada una de las puertas durante varios meses. Si bien la cárcel donde se encontraban detenidos no era considerada de máxima seguridad, la fuga quedó en la historia por su perfecta y exitosa planificación. Se fugaron a los 18 meses de convertirse en convictos, el 11 de diciembre de 1979. Aunque no se debe quitar ningún mérito a su proeza, la lectura de su historia revela que las condiciones para la fuga eran idílicas. La cárcel apenas tenía un par de docenas de presos. Las condiciones de vida eran bastante buenas y los presos tenían un trato muy humano y mucha libertad respecto de los guardas. La seguridad no era tan elevada como pudiera esperarse. Sólo hubo que superar el reto de las puertas. Otro preso de Sudáfrica, ya más actualmente, Ananias Mathe, detenido en 2006 y que esperaba ser juzgado por 51 crímenes, incluyendo homicidio, violación y robo, se deslizó en noviembre de 2006 por la ventana de 20 cm X 60 cm de su celda de la prisión C-Max de Pretoria. Este ex soldado mozambiqueño de 28 años, que podría haber recibido un entrenamiento militar de alto nivel, es el primer prisionero que consigue escapar de esta prisión de alta seguridad en 40 años. Según el diario The Pretoria News, el preso, que tenía los pies y las manos encadenados, se untó de vaselina antes de romper dos barras de hierro de su cama que utilizó para deslizarse entre los barrotes de la ventana. Utilizando otra barra torcida hasta formar un gancho, bajó de la muralla del penal utilizando ropas y sábanas como una cuerda. Seis guardias fueron despedidos por no detectar su fuga. Fugas de Pascal Payet (2001, 2003 y 2007) Payet cumplía 30 años por asesinato en la cárcel de Luynes cuando escapó con un helicóptero por primera vez en 2001. Estuvo prófugo seis años, durante los cuales organizó la fuga de tres de sus ex compañeros de cárcel, todas vía helicóptero en 2003. Eventualmente fue capturado y encarcelado en Grasse, una cárcel de alta seguridad en el sur de Francia. Payet escapó a la libertad nuevamente en julio de 2007, en un helicóptero Squirrel secuestrado junto con su piloto en Cannes, media hora antes. La nave aterrizó en el techo de la penitenciaría. Sorprendentemente, ha habido diez fugas en helicóptero exitosas de las cárceles francesas en los últimos 20 años, de las cuales Pascal Payet ha estado implicado en cinco. More articles by this author
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