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Edición 363

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Kaan Ac:

En algún lugar más allá del bien y del mal, hay un jardín…

Celeste Salloum y Sáenz de Miera

RECIENTEMENTE, la congregación del Club de Periodistas de México visitó al representante del mismo en Cancún, Quintana Roo, el licenciado Gastón Alegre López, quien recibió con brazos abiertos a los allegados; en medio de una inmensa ola de turistas inmersos en las bellas playas del México que fue, surgió –junto con un rayo de esperanza- una nueva vista al lugar que apenas deslumbraba en los años sesentas. Cancún, como bien se da a conocer, es la primera y más importante de los destinos turísticos en el estado; es reconocida mayormente por la “Zona Hotelera”, en la cual, según la Jornada, en un 65% se le da servicio a extranjeros. Aquí mismo es donde se concentra la mayor parte de las playas y actividades recreativas por las que es reconocido este destino. En dicha parte de la famosa playa, se recorre un mar de hostales enormes, llenos de vanguardia pero carentes de lo más importante en el ser humano: la esencia, sobre todo del México que tanto hace llamada de auxilio. La nombrada chispa dio lugar en la excepción de la isla, el Hotel Casa Turquesa Boutique, hogar del Lic. Gastón desde hace más de 20 años.

Si nos situamos por medio de la imaginación, se da a destacar que el Hotel Casa Turquesa está lo suficientemente lejos para permitir un ambiente íntimo y aislado, pero aún así, cerca de lugares de interés en ésa parte de Cancún. La magnificencia del Hostal se desarrolla al contar con 30 suites bellamente decoradas que ofrecen majestuosas vistas del océano o el terreno inmaculado. Cada suite tiene generosos metros cuadrados, camas para que los sueños descansen con plenitud y decoraciones que pueden despertar sus instintos artísticos, ya que es considerado –del mismo  modo- como un museo, donde se exponen murales originales de distintos artistas que dan a notar la riqueza de México en los aposentos . Aparte de los estándares de entretenimiento, algunas de las suites tienen acceso directo a la bella piscina y la playa. La guía del personal multilingüe es exquisita al sabor humano, donde también se puede disfrutar de los preciosos restaurantes, en los cuales, se recuperan los sabores de distintas partes del mundo, así como los huéspedes del mismo Hotel, donde se cuenta también con el fluir de las manos del masajista experto y donde las experiencias no se reducen a un solo lugar por su excelente servicio de transporte.

Ahora que se desarrolló el concepto del lugar paradisiaco, nos enfocamos en la apasionante historia del mismo con el apoyo de Francisco Verdayes Ortiz en el Informativo Turquesa. Cuenta que el Hotel Casa Turquesa es el recinto artístico más importante en Cancún por sus más de 700 obras artísticas, con piezas de José Luis Cuevas, Juan Soriano, Silvia Pardo, Rafael Guerrero, entre muchos otros. El Licenciado Gastón Alegre comienza éste proyecto al imaginar una galería de arte en su hotel, la cual se abre terminada en el 2010, pero de lo más asombroso de la Galería es que está abierta completa y totalmente gratuita para cualquier tipo de público.

El precursor de la vida

Si el puntero de la computadora o tu dedo se introduce a una búsqueda de uno de los personajes más importantes de Cancún, Quintana Roo, nos encontramos con los datos que citaremos a continuación: “Gastón Alegre López es un abogado, empresario, hotelero y propietario de la cadena radiofónica “Turquesa”. En 1998 fue candidato a la gubernatura de Quintana Roo por el PRD. En diciembre del 2008 es nombrado asesor jurídico del gobierno del estado. Creador de la frase “Soy orgullosamente cancunense, y dignamente quintanarroense”. Fue diputado en la XI Legislatura e impulsó la creación de Tulum como municipio promotor de la lengua maya”. 

Si estos datos te impresionan, querido lector, cabe decir que –quienes conocemos al Licenciado Gastón Alegre López y estamos al tanto de su labor- nos quedamos incómodos, inconformes, sentados en la tierra que tanto se abraza y haciendo círculos con el pie, ya que la trayectoria de éste va más allá de las palabras, al menos en el latino que conocemos, ya que ha sido el mayor impulsor de la lengua maya en la república, logrando que se le reconozca ahora como materia obligatoria en la escolarización de Quintana Roo. También, cabe destacar que en su trayectoria entra el abrir un programa que se transmite completamente en la misma lengua  en su estación Radio Turquesa.

Protector de la lengua y defensor de la eterna historia narrada por las estrellas, apoya a su estado en la reconstrucción, rehabilitación y restauración de distintos lugares narrados por el olvido hasta su llegada a ellos, por mencionar algunas de las obras, encontramos la de los viajes en el tiempo en toda la península, ya que sus abrazos iluminan hasta Yucatán, donde ubicamos su obra fundamental: La restauración de un castillo de vida, un palacio de imprevisión y nostalgia: Kaan Ac, hacienda ubicada en Valladolid y construida en 1560; fue rescatada por Don Gastón y habilitada, la cual actualmente es un recinto histórico obligatorio para la materia en Valladolid y un espléndido  hotel de 172,000 m2. 

El amor y el florecimiento de vida: La tragedia en El Olimpo

En medio de bellos jardines y una plena naturaleza, al llegar a la ansiada hacienda se narra una historia que acompaña de por vida a muchos de nosotros, digna al destacar en anécdotas y eternas pláticas en el desayuno del restaurante, pero fuera de las conversaciones de las tradiciones que llevamos en nuestra lengua para narrar a los colores del viento, se tiene como fuente principal al libro que se centra en ésta aventura: “El Filibustero”, novela escrita por Eligio Ancona e impulsada por Don Gastón Alegre para el conocimiento del público. Si bien no es muy conocido el libro, el autor mestizo lo es, y logró rescatar gran parte de la vida de uno de sus personajes, en donde nos centraremos ahora básicamente. La  historia es, nada más y nada menos, que la de la hacienda y de cómo el amor marcó su nombre de por vida.

En el año de 1560, la colonia florecía en toda deidad posible, como la que ofrece la flora y fauna de Valladolid; se cuenta que una familia acaudalada compra esas tierras para levantar el casco de una hacienda y un castillo, un fuerte que sirviera como el refugio que reconocían necesitar los recién llegados al Nuevo Mundo. Don Gonzalo y Doña Blanca de Villagómez florecen –junto con su hacienda- en este bello pueblo, bautizada como “Kaan Ac” (palabra que en la lengua maya significa “un lugar en el cielo”). La pareja levantó parroquias, caballerizas y todo lo que se requería para traer lo máximo posible de Europa a México, razón por la cual, Don Gonzalo hacía constantes viajes a España  y dejaba a Doña Blanca abandonada por meses, inclusive por años.

*Contenido no apto para menores de doce años, personas devotas a la conquista española por fuertes declaraciones o que no estén al tanto del lenguaje floreado. La autora del actual artículo se desvincula de cualquier tipo de interpretación o sugerencia narrado por la imaginación del lector. Se recomienda discreción.

Querido lector: no soy una fanática de la cultura del albur, pero como buena parte de nuestro patrimonio, soltaré ésta frase advirtiendo la peculiaridad de su naturaleza: Doña Blanca iba a la parroquia “más de lo que debía” (oración  no recomendada para utilizarse con personas que –como su servidora y narradora- no sepan la intención del “doble sentido”). Tras meses de pasión y confesiones que tal vez no iban precisamente al creador –y que quién sabe qué haría de haberlo visto- Doña Blanca recibe en sus entrañas a la consecuencia del amorío con el sacerdote, pero oculta su embarazo de todo modo posible, aunque bien sabemos que, de haberlo hecho correctamente, no tendríamos el lujo de detalles al que nos estamos permitiendo.  

Un día lejano al de su partida (debemos suponer que fue mayor a la de 9 meses), Don Gonzalo huele aromas familiares al regresar a su hacienda, donde –misteriosamente- se le cuenta que un bebé fue dejado en las afueras del castillo y, gentilmente, el sacerdote acogió a la pobre alma de tan corta edad –un hombre demasiado devoto a sus pasiones, las cuales incluían a Dios y Doña Blanca (el orden no es relevante). El niño fue bautizado como Leonel, quien presenció la llegada del vástago de los dueños de aquellas hectáreas: una niña, bautizada como Berenguela. Ambos crecen juntos y Leonel le instruye poesía y la cultura que se le heredó al crecer en un ambiente donde se le permitía conocimiento al hombre, pero no del todo a la mujer; tras estas largas pláticas y tertulias con ambiente coloquial e íntimo, se enamoran (¡Cómo no!) y el amor prohibido –como la canción- no sólo se murmuraba por las calles ni era porque eran de distintas sociedades, sino porque ambos compartían los lazos sanguíneos por parte materna. La hacienda toma un nuevo nombre: “El Olimpo”, ya que “Kaan Ac” no era del agrado de Berenguela.

En El Olimpo comienza la tragedia cuando Doña Blanca cae severamente enferma y –en su lecho de muerte- le entrega a su hija un guardapelo con algún truco para lograr abrirse. Doña Blanca descansó en paz, pero no Don Gonzalo, quien separó a los trágicos amantes retando a Leonel a volver con fortuna por su hija para mostrar que era digno de ella.  Motivado a incursionar en la piratería bajo el sobrenombre de “Barbillas”, personaje histórico de la Península de Yucatán, Leonel fue un pirata lleno de romance, el cual no cayó en excesos; sirve como crítica social a la sociedad yucateca de la colonia y a sus instituciones vanagloriadas por la iglesia, gobierno y encomienda.

Después de habérsele comprometido, Berenguela es recluida en un convento hasta la fatídica llegada del amante, quien intenta sacarla por la ventana del aposento; al bajar, el guardapelo se atora y abre, dejando caer la verdad: eran hermanos consanguíneos y el párroco era el verdadero padre de Barbillas, escondiendo todo ése tiempo la verdad; no se trataba de falta de medios económicos, sino el evitar una unión trágica para la conciencia. Berenguela –al leer esto- regresa a la cima de la escalera para dejarse morir delante de su amor. En lo que parece un acto de amor verdadero o de ansiedad extrema, muere Berenguela delante de los ojos de Leonel, quien, tras leer el mensaje, mata al párroco y se le encierra.

Don Gonzalo vende la hacienda y sepulta a ambos juntos, sin especificar el lugar exacto, haciendo jurar que no se les exhumaría. Desde entonces, la historia de los amantes de éste pintoresco recinto se cuenta de boca en boca, de tiempo en tiempo.

En honor a Don Gastón Alegre López, periodista, empresario, abogado y dador de vida y palabras a todos, sin diferenciar. Al orgullo que trae el pronunciar nuestras raíces y su nombre con la sonrisa generosa que ilumina a diario la voz de los que creían no tenerla. Don Gastón cuenta y se enorgullece de ésta historia, de la cual, fui una de las afortunadas de oírla de su boca, sencillez y bondad; en honor a ella, sólo se conoce que los dos cuerpos se encuentran en un lugar lleno de flores a doscientos metros del laurel.

“En algún lugar más allá del bien y del mal, hay un jardín; ahí te veré, ahí nos encontraremos de nuevo”. –Jalaluddin Rumi.



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