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Promesas rotas de los presidentes de los EE.UU.
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Edición 352

26 petras

 En los √ļltimos tiempos, y probablemente desde el establecimiento del sufragio universal, los presidentes electos han violado o roto sistem√°ticamente sus promesas al electorado.

Este art√≠culo empieza recordando las promesas del presidente saliente, Barack Obama y del presidente electo, Donald Trump. Luego examinaremos las razones por las cuales la ret√≥rica populista y las promesas de paz y democracia que siempre se escuchan en las campa√Īas se abandonan en cuanto el ganador nombra los miembros de su gabinete, comprometidos con pol√≠ticas dictadas por las √©lites, militaristas y autoritarias, muy lejos de las expectativas de los electores.

26 wall-street-2Obama: Estilo y sustancia

Barack Obama, como todos los demagogos, prometió a los votantes estadounidenses que pondría fin a la ocupación militar de Irak, cerraría el campo de concentración de Guantánamo, acabaría con la tortura y el secreto oficial, defendería las libertades civiles, protegería a los poseedores de hipotecas estafados por los banqueros de Wall Street, aprobaría una verdadera reforma de la sanidad y elaboraría un procedimiento para que los trabajadores inmigrantes indocumentados y sus familias pudieran acceder a la ciudadanía.

Por encima de todo, Obama promocion√≥ la idea de que era ‚Äúel hist√≥rico presidente afroamericano‚ÄĚ encargado de la tarea de cumplir las promesas de la revoluci√≥n de los derechos civiles. Obama se dirigi√≥ a los activistas de los derechos humanos y civiles y les prometi√≥ poner fin a la violencia racial y la desigualdad. Prometi√≥ acabar con las violaciones de las libertades individuales por parte del Estado.

El ‚Äúhist√≥rico presidente negro‚ÄĚ: Una cantidad de promesas rotas sin precedente

26 1764904Todos los presidentes, en mayor o menor grado, han quebrado sus compromisos electorales. Pero Barack Obama ha roto en sus dos mandatos más promesas y de mayor calado que cualquiera de sus predecesores. Su administración tenía por costumbre realizar promesas a sus seguidores para luego revisarlas inmediatamente y dar marcha atrás. Cada una de sus promesas de reforma social, atención sanitaria y política exterior basada en la diplomacia y el respeto solo sirvieron de preludio a la imposición de nuevas políticas más regresivas y nuevas guerras.

Su record es evidente: durante los ocho a√Īos de su presidencia, Obama rebaj√≥ las expectativas de todas las circunscripciones populares a las que cortej√≥ y sedujo durante las campa√Īas. ¬°Nueve de cada diez estadounidenses negros votaron por Obama en ambas campa√Īas! A pesar del abrumador apoyo de los afroamericanos, aument√≥ la desigualdad de ingresos entre trabajadores blancos y negros, aument√≥ la violencia policial letal contra afroamericanos y se multiplicaron los ataques de paramilitares blancos, incluyendo la quema de iglesias afroamericanas. Los afroamericanos acusados de delitos no violentos relacionados con las drogas (traficantes y consumidores) han sido encarcelados a un ritmo mucho mayor que sus hom√≥nimos blancos, mientras las gigantescas √©lites farmac√©uticas y los m√©dicos que prescriben narc√≥ticos que estimulan la adicci√≥n a los opi√°ceos recaudaban unos beneficios cada vez mayores con total impunidad.

Obama continuó o comenzó siete guerras y docenas de operaciones violentas clandestinas, superando a su predecesor, el presidente George Bush hijo. Sus guerras provocaron la mayor cifra conjunta de africanos, árabes, asiáticos meridionales y europeos orientales desposeídos, heridos y asesinados de la historia mundial.

Obama transfiri√≥ 2 billones de d√≥lares del Tesoro estadounidense para rescatar dos docenas de bancos de Wall Street, que a continuaci√≥n siguieron ejecutando las hipotecas de 3 millones de viviendas de la clase trabajadora, en oposici√≥n a su ret√≥rica de campa√Īa.

Las principales corporaciones multinacionales consiguieron ocultar m√°s de dos billones de d√≥lares de beneficios en para√≠sos fiscales del extranjero. El presidente articul√≥ en alguna ocasi√≥n una ‚Äúcr√≠tica ret√≥rica edulcorada‚ÄĚ contra los evasores de impuestos de las grandes corporaciones mientras segu√≠a fiscalizando a los sobrecargados trabajadores, cuyos niveles de vida no paraban de caer.

Los militaristas corrompieron la administración Obama al completo hasta un punto no visto desde que los belicistas Harry Truman y Winston Churchill iniciaron cínicamente la Guerra Fría.

Obama practicó la política de rodear a Rusia de bases militares de EE.UU. y la OTAN asentadas por doquier, de los nuevos satélites bálticos estadounidenses a los Balcanes, del Mediterráneo al Cáucaso.

El r√©gimen Obama financi√≥ los golpes de Estado violentos y las iniciativas sangrientas de ‚Äúcambio de r√©gimen‚ÄĚ en Ucrania, Siria, Somalia, Libia, Honduras y Yemen, con resultados devastadores para millones de personas desplazadas y destituidas. Ning√ļn otro se√Īor de la guerra, pasado o presente, puede igualar la miseria y el caos sembrados por el r√©gimen de Obama.

26 Winston ChurchillEl don de lenguas de Obama

Obama, siempre camale√≥nico, hablaba con diferentes acentos y cadencias a las diferentes audiencias: a los j√≥venes les hablaba en la jerga juvenil, se comunicaba con raperos, estrellas del baloncesto y del b√©isbol y famosos del cine. Con las damas negras que asisten a la iglesia, este graduado de la elitista academia Panahou y la Escuela de Derecho de Harvard, nacido y criado en Honolulu, adoptaba un acento baptista sure√Īo, completamente ajeno a la forma de hablar de su madre y su abuela. Cuando se dirig√≠a a los sofisticados peluqueros de perros de Chicago y a sus seguidores del sector de las finanzas, volv√≠a a hablar con una seriedad profunda bien modulada.

Su lenguaje estaba lleno de eufemismos: el famoso pivote hacia Asia suponía un agresivo y peligroso cerco marítimo y aéreo a China, con la intención de paralizar la mayor economía asiática.

Mientras hablaba de protección al medio ambiente y derechos de los trabajadores, presionaba para lograr el Acuerdo Transpacífico de libre comercio que otorga a las corporaciones multinacionales el poder de devorar los derechos laborales o las regulaciones ambientales.

También había prometido con tono firme proteger el acceso de los nativos americanos a sus tierras tradicionales, sus fuentes de agua y sus lugares culturales, comunitarios y religiosos. En la práctica, protegió los grandes proyectos de gasoductos y oleoductos que invadieron las tierras indígenas con una brutal policía militarizada y guardias de seguridad privados, que golpearon y encarcelaban a los activistas por la justicia social y amenazaron a los periodistas.

Obama ha reforzado los existentes operativos de vigilancia de la polic√≠a estatal a pesar de que violaban derechos constitucionales y ha impuesto una ampliaci√≥n del control policial, especialmente contra los denunciantes de abusos (wistleblowers). Al mando de una de las administraciones m√°s herm√©ticas de la historia, es el presidente que ha perseguido, destruido y encarcelado m√°s funcionarios heroicos, por el ‚Äúdelito‚ÄĚ de sacar a la luz delitos del Estado contra la ciudadan√≠a. Ha hecho ostentaci√≥n de las leyes federales que garantizan la protecci√≥n de dichos denunciantes mientras aterrorizaba al sector p√ļblico, desmoralizando a lo mejor de nuestros funcionarios.

26 gnogo3hDonald Trump: Promesas electorales y traiciones poselectorales

Decidido a superar las promesas rotas del presidente Obama, el presidente electo Trump r√°pidamente renunci√≥ a su campa√Īa ret√≥rica de ‚Äúdrenar la ci√©naga‚ÄĚ de Washington y abraz√≥ a sus ‚Äúac√©rrimos enemigos‚ÄĚ con el fervor de una cortesana experta. Los pol√≠ticos republicanos tradicionales, empresarios y ocupantes de Wall Street, inicialmente opuestos a ‚ÄúDonald‚ÄĚ, se han subido al carro y se han lanzado a sus brazos.

Trump ya ha roto las principales promesas que realiz√≥ en campa√Īa a sus electores. Al tiempo que anunciaba que no ‚Äúencarcelar√°‚ÄĚ a Hillary Clinton por sus actividades relacionadas con la Fundaci√≥n Clinton cuando estaba en el poder, ha alabado su valor e integridad. Despu√©s de ser elegido, incluso ha condescendido con el antiguo presidente Bill Clinton, el del ‚Äúesc√°ndalo sexual del despacho oval‚ÄĚ. Puede que Trump haya cambiado de opini√≥n respecto a la corrupci√≥n y los delitos de los Clinton, pero su masa de seguidores no lo ha hecho.

Trump alab√≥ p√ļblicamente a Hillary Clinton a cambio de su decisi√≥n inicial de no enfrentarse a su victoria y ‚Äútransici√≥n‚ÄĚ electoral. Sin embargo, su utilizaci√≥n de la candidata del Partido Verde Jill Stein para oponerse al conteo electoral y las acusaciones de la CIA y el Partido dem√≥crata de la conspiraci√≥n Rusia-Trump-FBI para influir en la campa√Īa puede forzarle a revisar su decisi√≥n cuando de la ci√©naga parecen surgir maniobras para dar un golpe de Estado palaciego.

Ha continuado con sus negocios privados, a los que prometió renunciar, para consternación de sus leales activistas de base.

Con la elecci√≥n de los principales miembros de su gabinete, Trump ha lanzado se√Īales contrapuestas: rompi√≥ sus promesas respecto a sus pol√≠ticas econ√≥mica, diplom√°tica y exterior al nombrar o considerar el nombramiento de varios pol√≠ticos representativos del ala republicana m√°s convencional para ocupar puestos importantes, incluyendo a un vocal cr√≠tico como representante ante la ONU. El ala mayoritaria de los republicanos despreciaba a la masa electoral que apoyaba a Trump. Pero tambi√©n se ha rodeado de consejeros delegados del sector empresarial m√°s orientados al mercado y menos militaristas que los t√≠picos pol√≠ticos del establishment dem√≥crata y republicano.

También ha mantenido su promesa electoral de proteger el comercio y la industria estadounidenses, favoreciendo una política comercial con Rusia y pretendiendo negociar acuerdos de comercio más ventajosos con el presidente chino. Ha anunciado el nombramiento del consejero delegado de Exxon, Rex Tillerson, como secretario de Estado, una decisión claramente encaminada a finalizar las sanciones contra Rusia, que habrían cerrado las puertas de ese enorme mercado a las empresas y los gigantes de la energía estadounidenses.

Ha apelado directamente a la masa claramente partidaria de Israel, prometiendo ‚Äúhacer pedazos‚ÄĚ el acuerdo nuclear con Ir√°n, muy impopular entre los jud√≠os estadounidenses e israel√≠es militantes. A pesar de decir que era ‚Äúel peor acuerdo de la historia de EE.UU.‚ÄĚ, parece haber dado el ‚Äúvisto bueno‚ÄĚ a los intereses de las grandes compa√Ī√≠as de gas y petr√≥leo, encantadas de firmar contratos multimillonarios con Teher√°n, y al gigante aeroespacial Boeing para que venda una nueva flota de aviones de pasajeros a Ir√°n.

La demagogia electoral no es solo el triste patrimonio de Obama. La quiebra de las promesas es ‚Äúla t√≥nica dominante‚ÄĚ de todos los presidentes dem√≥cratas y republicanos. El enga√Īo y el lenguaje populista falso son moneda corriente porque es lo que exige la democracia capitalista a sus representantes pol√≠ticos.

26 Ocupación militarLas bases estructurales de la democracia capitalista

En las democracias capitalistas, los presidentes simulan dirigirse al ‚Äúverdadero pueblo‚ÄĚ mientras trabajan h√°bilmente a favor de los intereses de los grandes capitalistas y banqueros.

Cuando la ‚Äúdemocracia capitalista‚ÄĚ se ve amenazada y desacreditada, entra en acci√≥n la b√ļsqueda de demagogos populistas. Cuando los activistas por la paz y la justicia social organizaban manifestaciones masivas contra los bancos lideradas por el movimiento ‚ÄúOccupy Wall Street‚ÄĚ, los banqueros echaron mano del ‚Äúprimer presidente negro de EE.UU‚ÄĚ para desviar la indignaci√≥n de los propietarios de viviendas desahuciados, enga√Īar a los estudiantes blancos, tomar el pelo a los votantes latinos, cautivar a las devotas negras y conducir a todos ellos a los brazos corrompidos del partido dem√≥crata.

Cuando la econom√≠a oblig√≥ a millones de personas a aceptar trabajos mal pagados y sin futuro y a disminuir su nivel de vida, cuando la globalizaci√≥n empobreci√≥ a peque√Īos y medianos empresarios y tenderos locales, apareci√≥ en escena un multimillonario bocazas rey de los casinos para ladrar su hip√≥crita ret√≥rica populista denunciando a la Sra. secretaria Hillary Clinton por sus lazos carnales con Wall Street. ¬°Y result√≥ elegido presidente de los Estados Unidos!

En otras palabras, cuando el capitalismo entra en crisis, los demagogos salen de debajo de las piedras.

Extravagantes capitalistas demagogos reemplazan a los típicos mentirosos transmisores de políticas electorales corruptas. La demagogia de Obama y de Trump ganó a los discursos aburridos de Hillary Clinton y Mitt Romney. Independientemente de lo estrafalarias que sean sus mentiras, Hillary y Mitt no fueron capaces de atrapar la imaginación de los votantes. Las democracias capitalistas se han hecho más frágiles cuando las crisis económicas han arraigado y las recuperaciones son breves y débiles. El ascenso creciente de demagogos presidenciales, de Obama a Trump, refleja el rechazo de las élites capitalistas a compartir cualquier ganancia de productividad con los trabajadores o a pagar impuestos sobre los beneficios que les reportan sus empresas en el extranjero para así aliviar la carga fiscal sobre los asalariados, o de invertir en una economía productiva que proporcione empleo a trabajadores bien pagados en lugar de participar en la especulación.

26 Campo de concentraci√≥nLa ‚Äúdemocracia capitalista‚ÄĚ ya no puede enga√Īar a los votantes. La mitad de ellos se abstienen de un proceso que no refleja sus intereses. Y la mitad de los votantes reales rechazan a los pol√≠ticos tradicionales. Para retener una m√≠nima apariencia de legitimidad electoral y permitir que los capitalistas contin√ļen su gobierno, los demagogos tienen que reemplazar a los pol√≠ticos ‚Äúaveriados‚ÄĚ que se han prostituido demasiado abiertamente y con demasiada frecuencia.

M√°s del 80 por ciento de los votantes saben que sus votos no tienen ning√ļn impacto en las decisiones pol√≠ticas relacionadas con la guerra y la paz, las desigualdades internas y la distribuci√≥n de la renta: los asuntos que realmente importan.

El capitalismo ya no es capaz de seguir reproduci√©ndose mediante una maquinaria electoral falsa. Si no fuera por la predecible aparici√≥n de novedades, como el ‚Äúprimer presidente negro‚ÄĚ Obama o el ‚Äúfamoso presentador‚ÄĚ Trump para ocupar la Casa Blanca gracias a un voto de protesta masivo, decenas de millones de abstencionistas y votantes descontentos podr√≠an llenar las calles, echar a patadas a los l√≠deres sindicales impostores que ‚Äúhablan‚ÄĚ solo por el siete por ciento de los asalariados y rechazar de plano a los dos partidos pol√≠ticos unidos como u√Īa y carne al servicio de la √©lite del 1 por ciento.

Conclusión

Imaginemos que los demagogos capitalistas finalmente pierden su atractivo para las masas por causa de sus repetidas promesas incumplidas. Supongamos que se produce un regreso temporal a los charlatanes pol√≠ticos insulsos, responsables y cotidianos, cuando se agote este llamado ‚Äúciclo de outsiders‚ÄĚ. El descontento de las masas no desaparecer√°. A medida que crezcan la crisis econ√≥mica y las desigualdades, ser√° inevitable que se produzcan estallidos p√ļblicos extra-parlamentarios. Estas explosiones instalar√°n el miedo y la incertidumbre entre los banqueros, los especuladores y los fabricantes multimillonarios de dispositivos electr√≥nicos. La tan cacareada ‚Äúarquitectura de Silicon Valley‚ÄĚ se derrumbar√° como castillos de arena.

Puede que la clase capitalista tenga que cambiar las urnas por las balas. ¬ŅPodr√°n confiar su riqueza y su estatus en las manos de miles de soldados y polic√≠as a quienes se les ordene rodear y disparar a millones de sus compatriotas trabajadores? ¬ŅO ya est√°n so√Īando con robots‚Ķ?

Rebelión.

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Traducido para Rebeli√≥n por Paco Mu√Īoz de Bustillo.


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