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Edición 240

2012: Dos bloques

JOSÉ ANTONIO CRESPO

 

Las dos últimas elecciones presidenciales han sido, en lo esencial, un plebiscito sobre algún tema toral; en 2000, el tema fue cambio o continuidad del régimen; el voto útil de la izquierda favoreció a Vicente Fox para provocar una alternancia y con ella -se esperaba- un cambio profundo del régimen político. La elección de 2006 también fue plebiscitaria; dado el potencial electoral de Andrés Manuel López Obrador, y su propuesta de cambio económico, los ciudadanos y actores que vieron con temor esa propuesta (y también, la personalidad de AMLO) unieron fuerzas para frustrarla; el voto útil de muchos priístas y ciudadanos independientes favoreció a Felipe Calderón, al que se le vio como muro de contención del riesgo obradorista. ¿Volverá a haber un plebiscito en 2012? Todo indica que sí. La cuestión a decidir será si PRI retorna al poder o no. A partir de lo cual se van formando dos grandes bloques, con sus propias razones, expectativas y temores.

1) El bloque a favor del PRI, compuesto no sólo por el voto duro de ese partido, sino por ciudadanos que sufragaron contra el PRI en 2000, pero ahora tienen toda la intención de regresar su voto al tricolor en 2012. Las encuestas y las elecciones federales del año pasado no permiten pensar otra cosa (el PAN y la coalición de izquierda perdieron cerca de 10 millones de votos, una tercera parte de los cuales se transfirió a la alianza PRI-PVEM). Para ese bloque de electores, ni el PAN ni el PRD estuvieron a la altura de las circunstancias, no cumplieron con sus promesas democráticas, no atacaron a fondo la corrupción. En el caso del PRD prevalece la división interna, falta de respeto democrático en sus primarias, discurso estridente y actitudes extra-institucionales, además de manejos oscuros de los recursos públicos. En cuanto al PAN, desde el gobierno federal mantuvo la impunidad, se incurrió en corrupción, se dejó de lado la rendición de cuentas, se aprovechó del corporativismo autoritario en lugar de proceder a su desmantelamiento. Otros ven igualmente en la inexperiencia y falta de habilidad política de los gobiernos panistas, la razón de la crisis de seguridad, el incremento de la violencia, los brotes de ingobernabilidad, el debilitamiento del Estado y sus instituciones.

Quienes sin ser priístas desean el retorno al PRI, quizá lo hagan con resignación más que con entusiasmo, considerando que si ese partido no representa una opción democrática, los otros partidos tampoco. El tricolor -piensan- al menos tiene experiencia de gobierno, colmillo político (la virtú de la que hablaba Maquiavelo), y la capacidad de mantener un mínimo de gobernabilidad, lo que -a sus ojos-, otros partidos no garantizan en absoluto. Habrá quien crea que el retorno del PRI implicará la reconstitución del régimen autoritario - lo cual les parece preferible que la frágil e impotente “democracia” actual -, dada su capacidad de control político y preservación de la estabilidad que lo caracterizó. Otros votantes por el PRI pensarán que su retorno al poder no se traducirá en una regresión autoritaria, dada la actual descentralización del poder, y gracias a los contrapesos institucionales que antes no había. Ambas corrientes están, como sea, en disposición a votar nuevamente por el PRI.

 

 

PARACRESPO

 

2) El bloque antipriista está formado por electores que no se arrepienten en absoluto de haber votado contra el PRI en 2000, así los gobiernos de la alternancia hayan resultado un gran fiasco. Consideran que si bien ni el PAN ni el PRD se mostraron cabalmente democráticos, el PRI lo es aún menos; que desde el poder intentará revertir lo que se ha ganado, sobre todo porque para ello se sentirá respaldado por la mayoría ciudadana (en caso de ganar). Piensan que hará lo conducente para ya no devolver la presidencia en varias décadas, que atentará contra las instituciones democráticas para ponerlas nuevamente bajo su control. Que su retorno significará el cierre de un breve y fallido paréntesis democrático, para emprender la regresión autoritaria, en lo que el PRI podría tener éxito. Creen que, por tanto, es indispensable cerrar filas para evitar el temido retorno del PRI, por más que, dentro del juego democrático, la alternancia a favor del PRI esté contemplada como una posibilidad legítima. Falta por ver quién o quiénes se pondrán frente al candidato del PRI (sea quien sea) y si alguno logra aglutinar a este bloque antipriista, que no parece pequeño (como tampoco lo es, evidentemente, el bloque a favor de que regrese del PRI).

 

 

 



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