joomla visitor
AuditorŪa
Ahora, ¬Ņqu√© har√° el mont√≥n de generales? Finalizan 30 a√Īos de autocracia tras 18 d√≠as de protestas
Buscar Autor o Artículo
ÔĽŅ
PULSE LA TECLA ENTER
Voces Diario
Banner
425
Banner
Posada del Periodista
Banner
432
Banner
431
Banner
430
Banner
429
Banner
428
Banner
427
Banner
ÔĽŅ

Ver Otros Artículos de Este Autor

Edición 252

{vozmestart}

Estalla j√ļbilo por la renuncia de Mubarak

Ahora, ¬Ņqu√© har√° el mont√≥n

de generales?

 

ROBERT FISK*


Finalizan 30 a√Īos de autocracia tras 18 d√≠as de protestas


El Cairo, febrero. De pronto todos se pusieron a cantar. Y a re√≠r, a gritar y orar, arrodill√°ndose en el suelo y besando el sucio pavimento frente a m√≠, danzando y alabando a Dios por librarlos de Hosni Mubarak -un rapto de generosidad, porque fue m√°s su valor que la intervenci√≥n divina lo que derroc√≥ al dictador-, y derramando l√°grimas que salpicaban sus ropas. Fue como si todo hombre y mujer acabara de contraer matrimonio, como si el j√ļbilo pudiese ahogar las d√©cadas de tiran√≠a, dolor, represi√≥n, humillaci√≥n y sangre. √Čsta ser√° conocida para siempre como la revoluci√≥n egipcia del 25 de enero -el d√≠a que comenz√≥- y ser√° para siempre la historia de un pueblo en pie de lucha.

El anciano se había ido por fin, entregando el poder no al vicepresidente -signo ominoso, aunque esta noche los millones de revolucionarios no violentos no estaban de ánimo para apreciarlo-, sino al consejo del ejército egipcio, a un mariscal de campo y un montón de generales, garantes por ahora de todo aquello por lo cual los manifestantes y por lo que algunos dieron la vida.

 

FieldMarshalMohamedHusseinTantawi2002

General Mohamed Hussein Tantawi

Hasta los soldados estaban felices. En el momento mismo en que la noticia de la partida de Mubarak cundió como el fuego entre los manifestantes fuera de la sede de la televisión estatal, a orillas del Nilo, resguardada por el ejército, el rostro de un joven oficial estalló en regocijo. Todo el día los manifestantes habían estado diciendo a los soldados que son hermanos. Bueno, ya veremos.

Decir que fue un d√≠a hist√≥rico es restar magnitud a lo que esta victoria en verdad significa para los egipcios. Mediante la mera fuerza de voluntad y el valor frente a la odiada polic√≠a de seguridad de Mubarak; mediante la conciencia ‚Äďs√≠- de que a veces hay que combatir con m√°s que palabras y redes sociales para derrocar a un dictador; mediante el solo acto de luchar con pu√Īos y piedras contra polic√≠as provistos de pistolas aturdidoras, gas lacrim√≥geno y balas de verdad, lograron lo imposible: poner fin -deben rogar a su Dios que sea permanente- a casi 60 a√Īos de autocracia y represi√≥n, 30 de ellos con Mubarak.

Los denostados √°rabes, maldecidos, sujetos a abuso racial en Occidente, tratados como retrasados e ignorantes por muchos de los israel√≠es que deseaban mantener el imperio despiadado de Mubarak, se pusieron en pie, abandonaron el miedo y echaron al hombre a quien Occidente amaba como un l√≠der ‚Äúmoderado‚ÄĚ que har√≠a lo que ellos mandaran al precio de mil 500 millones de d√≥lares al a√Īo. No s√≥lo los europeos del este pueden alzarse contra la brutalidad.

Que este hombre, menos de 24 horas antes, hubiera anunciado en un momento de delirio que a√ļn quer√≠a proteger a sus ‚Äúhijos‚ÄĚ del ‚Äúterrorismo‚ÄĚ y que se mantendr√≠a en el poder hizo a√ļn m√°s preciada la victoria de este viernes. La noche del jueves, hombres y mujeres hab√≠an alzado sus zapatos en el aire para mostrar su desprecio al l√≠der decr√©pito que los trataba como ni√Īos incapaces de tener dignidad pol√≠tica y moral. Luego este viernes √©l parti√≥ como si tal cosa para Sharm el-Sheikh, centro vacacional de estilo occidental en el Mar Rojo, un lugar que tiene tanto en com√ļn con Egipto como Marbella o Bali.

As√≠ pues, para la noche del jueves la revoluci√≥n egipcia qued√≥ en manos del ej√©rcito, cuando una serie de confusas y contradictorias declaraciones de los militares indicaba que mariscales de campo, generales y brigadieres se disputaban el poder en las ruinas del r√©gimen de Mubarak. Israel, seg√ļn varias prominentes familias castrenses cairotas, trataba de persuadir a Washington de promover a su egipcio favorito -el ex capo de la inteligencia y vicepresidente Omar Suleiman- a la presidencia, en tanto el mariscal Tantawi, ministro de Defensa, quer√≠a que su jefe del estado mayor, el general Sami Anan, gobernara el pa√≠s.

Cuando Mubarak y su familia fueron llevados a Sharm el-Sheikh la tarde del viernes, ello s√≥lo confirm√≥ la impresi√≥n de que su presencia era m√°s irrelevante que provocadora. Los cientos de miles de manifestantes en la plaza Tahrir ol√≠an la misma descomposici√≥n del poder y hasta Mohamed El Baradei, el ex inspector de armas de la ONU y ambicioso premio Nobel, anunci√≥ que ‚ÄúEgipto estallar√°‚ÄĚ y ‚Äúdebe ser salvado por el ej√©rcito‚ÄĚ.

 

0205Tahrirfull600

Los analistas hablan de una ‚Äúred‚ÄĚ de generales dentro del r√©gimen, aunque es m√°s como una telara√Īa, un amasijo de altos oficiales en competencia que ganaron su riqueza personal y sus celosamente guardados privilegios sirviendo al r√©gimen, cuyo l√≠der parece hoy tan demente como senil. La salud del presidente y las actividades de los millones de manifestantes por la democracia en todo Egipto son ahora menos importantes que el encarnizado combate dentro del ej√©rcito.

Sin embargo, si bien han descartado al rais -el presidente-, los altos mandos militares son de la misma vieja guardia. De hecho, la mayor√≠a fueron absorbidos hace mucho en el entramado de poder del r√©gimen. En el √ļltimo gobierno de Mubarak el vicepresidente era un general, al igual que el primer ministro, el viceprimer ministro, el ministro de la Defensa y el de Interior. El propio Mubarak era comandante de la fuerza a√©rea. El ej√©rcito llev√≥ a Nasser al poder. Apoy√≥ al general Anwar Sadat. Apoy√≥ al general Mubarak. Introdujo la dictadura en 1952 y ahora los manifestantes creen que se convertir√° en el agente de la democracia. Vaya esperanza.

Toma de plazas

Por tanto ‚Äďtristemente-, Egipto es el ej√©rcito y el ej√©rcito es Egipto. O al menos, ay, eso le gusta pensar. Por tanto, quiere controlar -o ‚Äúproteger‚ÄĚ, como constantemente reiteran sus comunicados- a los manifestantes que exigen la partida final de Mubarak. Pero los cientos de miles de revolucionarios democr√°ticos -enfurecidos por la negativa de Mubarak a abandonar la presidencia el jueves por la noche- comenzaron este viernes su propia toma de El Cairo, desbordando la plaza Tahrir, no s√≥lo alrededor del edificio del parlamento, sino tambi√©n frente a la sede de la radio y televisi√≥n estatal, en la ribera del Nilo, en las avenidas principales que llevan a la lujosa residencia de Mubarak y en el suburbio residencial de Heli√≥polis. Miles de manifestantes en Alejandr√≠a llegaron a las puertas de uno de los palacios de Mubarak, donde la guardia presidencial reparti√≥ agua y comida en un tibio gesto de ‚Äúamistad‚ÄĚ. Los activistas tambi√©n tomaron la plaza Talaat Haab, en el centro comercial de El Cairo, mientras cientos de acad√©micos de las tres principales universidades de la ciudad marchaban hacia Tahrir a media ma√Īana.

 

055

Luego de las expresiones de ira durante toda la noche ante el paternalista e insultante discurso de Mubarak -se extendió hablando de sí mismo y de sus servicios en la guerra de 1973, haciendo sólo vagas referencias a los deberes que supuestamente iba a reasignar a su vicepresidente Omar Suleiman-, las manifestaciones de este viernes comenzaron entre muestras de buen humor y extraordinaria civilidad. Si los esbirros de Mubarak esperaban que su casi suicida decisión del jueves induciría a la violencia a los millones de manifestantes, se equivocaban: por todo El Cairo, los jóvenes hombres y mujeres que son el fundamento de la revolución egipcia se comportaron con la prudencia que el presidente Obama pidió este viernes con tan escasa convicción. En muchos países habrían quemado edificios de gobierno luego de un mensaje presidencial tan pleno de soberbia; en la plaza Tahrir organizaron recitales de poesía, y luego oyeron que el odiado antagonista se había ido.

Pero los versos en √°rabe no ganan revoluciones, y todo egipcio sab√≠a este viernes que la iniciativa ya no estaba con los manifestantes ni con la remota y levemente demencial figura del ex dictador de 83 a√Īos. El futuro cuerpo pol√≠tico del pa√≠s reside en unos 100 militares cuya vieja fidelidad a Mubarak -puesta a dura prueba por el espantoso discurso del jueves por la noche, para no hablar de la revoluci√≥n en las calles- ha sido abandonada del todo. La ma√Īana del viernes, un comunicado militar -le√≠do, cosa por dem√°s extra√Īa, por un anunciador civil de la televisi√≥n estatal- llam√≥ a realizar ‚Äúelecciones libres y justas‚ÄĚ y a√Īadi√≥ que las fuerzas armadas est√°n ‚Äúcomprometidas con las demandas del pueblo‚ÄĚ, el cual debe ‚Äúreasumir un modo normal de vida‚ÄĚ. Trasladado al lenguaje civil, esto significa que los revolucionarios deben empacar sus cosas mientras una camarilla de generales se divide los ministerios de un nuevo gobierno. En algunos pa√≠ses a esto se llama golpe de Estado.

En torno del abandonado palacio de Mubarak en El Cairo, la ma√Īana de este viernes, miembros de la guardia personal, poderosa fuerza paramilitar separada del ej√©rcito -sus miembros visten una extra√Īa mezcla de boinas rojas y cascos verdes de acero con ribetes plateados- tendieron alambre de p√ļas en todo el per√≠metro, instalaron enormes parapetos de arena y pusieron detr√°s soldados armados con ametralladoras. Tanques y veh√≠culos blindados fueron emplazados en torno a la alambrada. Era un gesto vac√≠o, digno del mismo Mubarak, porque ya hab√≠a huido.

Con todo, las instrucciones impartidas a los soldados de cuidar a los manifestantes parecen haber sido seguidas al pie de la letra en las horas anteriores a la victoria. Un teniente primero del tercer ej√©rcito, joven de 25 a√Īos con altos estudios y dominio del ingl√©s, ayudaba a los manifestantes a revisar las identificaciones de los que ingresaban a las cercan√≠as del Ministerio del Interior, aunque reconoc√≠a de buen talante que no estaba seguro de que las protestas en la capital fueran la mejor forma de lograr la democracia. No hab√≠a dicho a sus padres -su padre es ingeniero- que estaba en el centro de El Cairo para que su madre no se preocupara; les dijo que estaba de servicio en el cuartel.

Pero, en una confrontaci√≥n, ¬Ņabrir√≠a fuego contra los manifestantes?, le preguntamos. ‚ÄúMuchas personas me preguntan eso ‚Äďcontest√≥-. Yo les digo: ‚Äėno puedo disparar a mi padre, a mi familia‚Ķ ustedes son como mi padre y mi familia‚Äô. Y tengo muchos amigos aqu√≠.‚ÄĚ ¬ŅY si llegaran √≥rdenes de disparar a los manifestantes? ‚ÄúEstoy seguro de que no ocurrir√° ‚Äďrespondi√≥-. Todas las dem√°s revoluciones (en Egipto) han sido sangrientas. Yo no quiero sangre aqu√≠.‚ÄĚ

Su memoria hist√≥rica es correcta. Los cairotas se levantaron en armas contra el ej√©rcito de Napole√≥n en 1798, combatieron a la monarqu√≠a en 1881 y 1882, lanzaron insurrecciones contra los brit√°nicos en 1919 y 1952 y se rebelaron contra Sadat en los disturbios por hambre de 1977 y contra Mubarak en 1986, cuando hasta la polic√≠a abandon√≥ al gobierno. Por lo menos cuatro soldados se unieron a los manifestantes en Tahrir el jueves. Un coronel me dijo hace una semana que ‚Äúuno de nuestros camaradas trat√≥ de suicidarse‚ÄĚ en la plaza. As√≠ pues, los generales que hoy pelean como buitres sobre los restos del r√©gimen de Mubarak deben tener cuidado de que sus soldados no hayan sido infectados por la revoluci√≥n.

 

robert

En cuanto a Omar Suleiman, su propio discurso posterior al de Mubarak, el jueves por la noche, fue casi tan infantil como el del presidente. Dijo a los manifestantes que se fueran a casa -trat√°ndolos, en palabras de uno de ellos, como ovejas- y culp√≥ como de costumbre a las ‚Äúestaciones de radio y televisi√≥n‚ÄĚ por la violencia en las calles, idea tan rid√≠cula como la en√©sima afirmaci√≥n de Mubarak de que hay ‚Äúmanos extranjeras‚ÄĚ detr√°s de la revoluci√≥n. Tal vez las ambiciones de Suleiman de ser presidente tambi√©n han terminado: otro anciano que cre√≠a poder liquidar la revoluci√≥n con falsas promesas.

Tal vez la sombra del ej√©rcito es una imagen demasiado oscura para invocarla despu√©s de una revoluci√≥n tan monumental en Egipto. La alegr√≠a de Siegfried Sassoon el d√≠a del armisticio de 1918, que puso fin a la Primera Guerra Mundial -cuando tambi√©n todo el mundo de pronto se puso a cantar-, era genuina y merecida. Sin embargo, esa paz condujo a un sufrimiento m√°s intenso. Y los egipcios que han luchado por su futuro en las calles de la naci√≥n en las tres semanas pasadas tendr√°n que cuidar su revoluci√≥n de enemigos tanto internos como externos, si quieren lograr una verdadera democracia. El ej√©rcito ha decidido proteger al pueblo, pero, ¬Ņqui√©n acotar√° el poder del ej√©rcito?

* The Independt/ La Jornada

Traducción: Jorge Anaya

 


{vozmeend}



More articles by this author

¬°Bombas fuera! EU al rescate...¬°Bombas fuera! EU al rescate...
¬°Bombas fuera! EU al rescate...S√≥lo de ciertas minor√≠as no musulmanas   Robert...
Comentarios (0)Add Comment
Escribir comentario
 
 
corto | largo
 

busy
¬ŅQui√©n est√° en l√≠nea?
Tenemos 407 invitados conectado(s)
Noticias
224
Banner
273 Suplemento
Banner
Convocatoria 2022
Banner
426
Banner
424
Banner
423
Banner
422
Banner
421
Banner