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El coste humano de la guerra contra el terrorismo Los recuentos de víctimas
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Ediciòn 285

El coste humano
de la guerra
contra el terrorismo

Los recuentos de víctimas

M. REZA PIRBHAI*


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EN LOS PRIMEROS D√ćAS de la ‚Äúguerra contra el terrorismo‚ÄĚ el general estadounidense Tommy Franks declar√≥: ‚ÄúNosotros no hacemos recuento de v√≠ctimas‚ÄĚ. Por supuesto, se refer√≠a a las muertes de los afganos. El hecho de que los nombres de las v√≠ctimas del 11 de septiembre se hayan grabado convenientemente en una piedra hace que sea a√ļn m√°s sorprendente que la guerra emprendida en su nombre genere poco inter√©s por los muertos que no sean estadounidenses ni de la OTAN.

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DE HECHO, UNA GUERRA que en estos momentos se encuentra en su und√©cimo a√Īo y que comprende tanto la invasi√≥n y ocupaci√≥n de dos pa√≠ses como el bombardeo actual de al menos otros tres no ha producido ning√ļn estudio exhaustivo sobre sus v√≠ctimas directas e indirectas

El hecho de que una guerra global pueda causar estragos durante tanto tiempo sin que haya voluntad oficial de determinar la cantidad de las ‚Äúotras‚ÄĚ personas muertas es indicativo de la manera que tienen de calcular el coste de la guerra de los Estados que la llevan a cabo. Los muertos, lisiados, desaparecidos o desplazados que no son estadounidenses ni de la OTAN no pueden formar parte de la ecuaci√≥n si la pol√≠tica oficial es no contabilizarlos. El hecho de que no parezca que haya mucha voluntad por parte de la opini√≥n p√ļblica de cambiar esta pol√≠tica dice mucho de una mucho m√°s preocupante actitud hacia los ‚Äúotros‚ÄĚ, en particular hacia los musulmanes. Con todo, la ONU y algunas ONG est√°n tratando de hacer este recuento de v√≠ctimas en la variedad de contextos locales sumidos en el conflicto. A pesar de los obst√°culos que suponen la ofuscaci√≥n oficial y la indiferencia p√ļblica, ha empezado a salir a la luz una serie de consecuencias mort√≠feras.

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Empezando por Afganist√°n, los estudios m√°s com√ļnmente citados sobre la invasi√≥n de 2001 concluyen que aproximadamente entre cuatro mil¬† y ocho mil civiles afganos han muerto a consecuencia directa de operaciones militares. No hay datos para los a√Īos entre 2003 y 2005, pero en 2006 Human Rights Watch registr√≥ un poco menos de mil civiles muertos en los combates. Desde 2007 a julio de 2011 la Misi√≥n de Asistencia de la ONU en Afganist√°n (UNAMA, por sus siglas en ingl√©s) contabiliza al menos 10 mil 292 no combatientes muertos.

Habr√≠a que poner de relieve que estas cifras incluyen muertes indirectas o heridos. Podemos hacernos una idea de la cantidad de muertes indirectas gracias a un art√≠culo de The Guardian (el reportaje m√°s completo sobre el tema) que calculaba que al menos 20 mil personas m√°s hab√≠an muerto s√≥lo en el primer a√Īo de guerra a consecuencia del desplazamiento y del hambre a causa de la interrupci√≥n del suministro de comida. Igualmente, seg√ļn Amnist√≠a Internacional, aproximadamente 250 mil personas huyeron a otros pa√≠ses en 2001 y al menos 500 mil personas m√°s son desplazadas internas desde entonces.

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Si vamos a Irak, el proyecto Iraq Body Count [Recuento de V√≠ctimas en Irak] registra aproximadamente 115 mil civiles muertos en el fuego cruzado desde 2003 a agosto de 2011. Sin embargo, el Estudio sobre salud familiar en Irak de la Organizaci√≥n Mundial de la Salud ofrece la cifra de aproximadamente 150 mil [civiles muertos] s√≥lo en los tres primeros a√Īos de la ocupaci√≥n. A√Īadiendo los muertos indirectos, el estudio de la revista The Lancet calculaba en aproximadamente 600 mil [civiles muertos] en el mismo periodo. Adem√°s, un estudio de Opinion Research Business calculaba que desde mediados de 2007 se han producido un mill√≥n de muertes violentas. A esto se a√Īade que el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados inform√≥ de aproximadamente dos millones¬† de iraqu√≠es desplazados a otros pa√≠ses y otros dos millones m√°s desplazados internos a fecha de 2007. No existe una informaci√≥n rigurosa acerca de los √≠ndices de muertes indirectas o de heridos, pero el documentado hundimiento del sistema sanitario de Irak y de forma m√°s general de sus infraestructuras (que antes de 1991 eran los mejores de la zona) no siguiere sino otra atrocidad.

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M√°s all√° de estos dos Estados que todav√≠a se encuentran bajo la ocupaci√≥n, la ‚Äúguerra contra el terrorismo‚ÄĚ se extiende a varios pa√≠ses vecinos entre los que se incluyen Pakist√°n, Yemen y Somalia. Las principales armas desplegadas en estos escenarios han sido los drones estadounidenses, los grupos de operaciones especiales, los agentes de inteligencia y las fuerzas gubernamentales/armadas de los pa√≠ses implicados. Dada la naturaleza extrajudicial y encubierta de estos escenarios, la pr√°cticamente total ausencia de datos independientes dificulta el c√°lculo de v√≠ctimas. De hecho, esto tambi√©n es un problema en Afganist√°n, Pakist√°n, Yemen y Somalia, es un hecho aceptado que la cantidad de ataques de drones ha aumentado. Hasta la fecha, la Oficina del Periodismo de Investigaci√≥n informa de que al menos se han producido 357 ataques en Pakist√°n entre 2004 y junio de 2012 (m√°s de 300 bajo el gobierno Obama). Han sido asesinadas al menos dos mil 464 personas, incluyendo un m√≠nimo de 484 civiles (168 de ellos, ni√Īos). The Washington Post a√Īade 38 ataques que han provocado 241 muertes (56 de ellos, civiles) en Yemen. No hay cifras para Somalia, pero The New York Times confirma que se han estado llevando a cabo estas operaciones al menos desde 2007.

 

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Los defensores de la guerra tanto oficiales como p√ļblicos se apresurar√°n a replicar que la mayor√≠a de las cifras citadas de este art√≠culo se refieren a v√≠ctimas civiles que son obra de combatientes enemigos. Pero, ¬Ņc√≥mo se es posible saber esto cuando se basan en estudios tan escasos? Y como se ha puesto de relieve durante la campa√Īa de los drones, ¬Ņc√≥mo se puede distinguir claramente entre civiles y combatientes cuando los asesinos de estos √ļltimos tambi√©n son sus jueces? De hecho, incluso aceptando estas reservas, estos ataques convierten al gobierno de Estados Unidos en uno de los m√°s prol√≠ficos ‚Äúasesinos selectivos‚ÄĚ (seg√ļn su propia denominaci√≥n) de la historia. Adem√°s, como comentaba en su estudio un representante de la UNAMA, ‚Äúsi hay dudas acerca del estatus de no combatiente de una o m√°s v√≠ctimas, estas muertes no se incluyen en la cantidad total de v√≠ctimas civiles. As√≠, hay muchas posibilidades de que UNAMA est√© contabilizando a la baja las v√≠ctimas civiles‚ÄĚ. De hecho, los autores de cada uno de los estudios admiten este mismo problema.

Uniendo todos estos datos dispersos, la cifra m√≠nima de civiles no estadounidenses ni de la OTAN muertos supera las 140 mil personas. La m√°xima llega f√°cilmente a un mill√≥n 100 mil personas. Esto significa de 14 mil¬† a 110 mil muertes al a√Īo. Para situar estas cifras en un contexto, merece la pena recordar que 40 mil civiles fueron asesinados por el Blitz nazi sobre Gran Breta√Īa durante la Segunda Guerra Mundial. Igualmente habr√≠a que recordar que en este arco de c√°lculos que va del m√≠nimo al m√°ximo no se dispone de las cifras de muertes directas en Afganist√°n para los a√Īos de 2003 a 2005 ni de las indirectas desde 2003 hasta el presente. Adem√°s, las muertes civiles causadas por medios diferentes de los drones, como las detenciones secretas y las desapariciones, no se cuentan en ninguna parte, y tampoco se han registrado las v√≠ctimas provocadas por las campa√Īas militares de aliados (como los gobiernos de Pakist√°n o Yemen). Tampoco existen registros de la cantidad de personas que est√°n vivas, pero enfermas, hu√©rfanas o privadas de sus derechos, por no hablar de aquellas torturadas en c√°rceles p√ļblicas y privadas de todo el mundo. Y, por √ļltimo, sigue siendo incalculable el sufrimiento de los millones de personas desplazadas de Afganist√°n, Iraq, Pakist√°n y de otras partes.

 

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Aunque las cifras que hemos presentado aqu√≠ sean tr√°gicamente incompletas, explican por qu√© Estados Unidos y la OTAN son tan reticentes a hacer lo mismo p√ļblicamente. Tener en cuenta el incre√≠ble coste humano de la ‚Äúguerra contra el terrorismo‚ÄĚ significar√≠a admitir que el ‚Äúterrorismo‚ÄĚ es de doble sentido y que los Estados, y no las milicias, son quienes poseen las armas m√°s mort√≠feras. El hecho de que el general Franks prefiera no contabilizar los cad√°veres es aberrante pero no sorprendente. El hecho de que las esferas p√ļblicas de Estados Unidos y de los pa√≠ses de la OTAN se hagan eco de esta falta de inter√©s demuestra la existencia del m√°s sorprendente de los consensos (fabricado o no) entre la poblaci√≥n en general, al menos en el caso de las v√≠ctimas musulmanas. Solo esta indiferencia p√ļblica y oficial explica la ausencia de cualquier estudio exhaustivo sobre las v√≠ctimas civiles, en especial mientras se continua llorando a los casi 3.000 civiles muertos en los ataques del 11 de septiembre en cuyo nombre se sigue emprendiendo la ‚Äúguerra contra el terrorismo‚ÄĚ.

M. Reza Pirbhai es profesor de Historia del sur de Asia en la Universidad
del Estado de Louisiana. Se puede contactar con
él en Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

*CounterPunch



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