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La futura dirección de la revolución egipcia
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Ediciòn 285

LA FUTURA DIRECCI√ďN DE LA REVOLUCI√ďN EGIPCIA


Enfrentando
a los generales

ESAM AL AMIN*


CONTRA TODAS LAS PROBABILIDADES, el candidato de los Hermanos Musulmanes (HHMM), el doctor Muhammad Mursi gan√≥ las primeras elecciones presidenciales celebradas en Egipto tras el derrocamiento del dictador Hosni Mubarak‚Ķ. pero por muy poco. Aunque los resultados oficiales no se anunciar√°n hasta el jueves [*], el recuento final muestra que Mursi recibi√≥ 13,3 millones de votos (el 52 por ciento), mientras el √ļltimo Primer Ministro de Mubarak y candidato del ej√©rcito y de los residuos del r√©gimen, el general Ahmad Shafiq, recog√≠a 12,4 millones de votos (el 48 por ciento.)


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Nunca deber√≠an haber estado tan igualados los resultados. Un sinf√≠n de personas se pregunta c√≥mo una revoluci√≥n que uni√≥ a millones de seres contra un r√©gimen corrupto gan√°ndose la admiraci√≥n del mundo entero, puede haber acabado con ese mismo detestado r√©gimen al punto de reclamar el poder despu√©s de poco m√°s de un a√Īo. Desde luego, la respuesta directa a esta pregunta es el siniestro papel jugado por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA), que se apoder√≥ del pa√≠s tras la ca√≠da de Mubarak, as√≠ como por las instituciones del estado profundo de la seguridad de Egipto.

SuAhmad Shafiq
Ahmad Shafiq

Sus tácticas incluyeron la manipulación directa del proceso electoral, las inexplicablemente favorables decisiones adoptadas por la Comisión Electoral para las Elecciones Presidenciales, de la era Mubarak, el uso hecho de los medios de comunicación estatales y de las cadenas privadas controladas por los corruptos empresarios del régimen de Mubarak, que se dedicaron a aterrorizar a la gente amenazando con el espectro de una inminente teocracia, la habilidad para lanzar a los grupos por la revolución unos contra otros y el caos deliberado auspiciado por el CSFA en la vida diaria de los egipcios de a pie a través de la restricción de productos básicos fundamentales y de la falta de seguridad en las calles. La gente empezó pronto a asociar revolución con inestabilidad, carencias y caos. Desalentados, muchos anhelaban los días del viejo régimen.

A lo largo del pasado a√Īo, el CSFA, ayudado por los pasos en falso dados por los HHMM y sus devaneos tras las bambalinas con los generales pudo crear una aguda alienaci√≥n y sembrar desconfianza entre el movimiento islamista, que es el movimiento mejor organizado del pa√≠s, y el resto de los grupos de j√≥venes y a favor de la revoluci√≥n. A finales de marzo de 2012, el CSFA se sinti√≥ tan envalentonado por el √©xito de su plan que empez√≥ a desafiar y a amenazar abiertamente a los ahora alienados HHMM, a pesar del hecho de que el grupo ten√≠a aquellos momentos en sus manos el control de ambas c√°maras del parlamento.

Al final de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el CSFA consigui√≥ impulsar a su candidato favorito al segundo puesto por detr√°s del candidato de los HHMM. Ir√≥nicamente, ambas partes calcularon que sus oportunidades de capturar la presidencia se ver√≠an muy reforzadas si se enfrentaban el uno al otro. El candidato del ej√©rcito cre√≠a que podr√≠a reinventarse as√≠ al viejo r√©gimen presentando al confundido y aterrorizado pueblo unas opciones muy diferenciadas entre el estado civil representado por √©l mismo y un amenazante estado religioso personificado en su oponente. Por otra parte, los HHMM creyeron que tendr√≠an mejores oportunidades enfrent√°ndose a un candidato de la detestada era Mubarak, lo cual forzar√≠a a los grupos por la revoluci√≥n a apoyar a su candidato a pesar de la animosidad generada hacia el grupo isl√°mico (sobre todo cuando abandon√≥ a los grupos de j√≥venes en sus enfrentamientos con el CSFA durante gran parte del pasado a√Īo).

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Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, los grupos a favor de la revolución recogieron casi 15 millones de votos (con Mursi recibiendo 5,8 millones). Por otra parte, los candidatos de la era Mubarak recibieron 8 millones de votos (con Shafiq al frente con 5,5 millones). Pero los dos principales candidatos apoyados por los grupos pro revolución en la primera vuelta fueron Hamdein Sabahi y el doctor Abdel Moneim Abul Futuh, que recibieron 4,8 y 4,1 millones de votos, respectivamente.

Aunque Abul Futuh apoy√≥ r√°pidamente a Mursi, citando la amenaza que para la revoluci√≥n supon√≠a que ganara el candidato de los militares, Sabahi pidi√≥ a sus partidarios que invalidaran sus votos o boicotearan las elecciones, confiando en crear una din√°mica donde ambos candidatos pudieran perder de alguna forma ante el tribunal de la opini√≥n p√ļblica. Esto preparar√≠a el camino para su vuelta como candidato de la revoluci√≥n y del estado civil. Silenciosamente, el candidato del CSFA confi√≥ en que bastantes de los partidarios de Sabahi boicotearan las elecciones o invalidaran sus votos para que la ventaja num√©rica de los grupos por la revoluci√≥n quedara neutralizada.

Mientras el esquema del ej√©rcito utilizaba con toda su fuerza la ofensiva de los medios de comunicaci√≥n, los sobornos y diversas t√°cticas para asustar a la gente, varias encuestas dirigidas por las instituciones patrocinadas por el estado confirmaron al CSFA que era el momento de Shafiq. El apoyo del ej√©rcito y de las instituciones del estado profundo se hizo m√°s audaz a√ļn, tanto que muchos analistas pol√≠ticos pensaron que las elecciones estaban pr√°cticamente liquidadas. Para incrementar ese sentimiento de inevitabilidad, el CSFA dej√≥ de lado toda precauci√≥n y cometi√≥ un importante error de juicio. En realidad, a Shafiq le pod√≠a haber costado la elecci√≥n.

A partir de la confrontación entre el CSFA y los HHMM en marzo, era bien conocido que el CSFA iba a tratar de disolver el parlamento electo en cualquier momento para frenar el ascenso al poder de los HHMM. El argumento avanzado por muchos de los grupos a favor la revolución en el sentido de que tenían reservas a la hora de apoyar a Mursi fue que no querían que los HHMM tuvieran un control sin restricciones sobre las dos ramas de gobierno, el legislativo y el ejecutivo. Por tanto, cuando el Tribunal Supremo Constitucional disolvió el Parlamento dos días antes de las elecciones, este descarado acto de desprecio hacia la voluntad electoral del pueblo egipcio les salió mal. Un importante segmento del electorado, que tenía intención de boicotear o invalidar su voto, se sintió tan indignado que decidió votar por Mursi aunque inicialmente no pensaba acudir a votar (en el recuento final, menos del 1 por ciento del electorado invalidó su voto al meter en la urna los nombres de ambos candidatos). Si medio millón de personas, de entre los 25 millones de votos emitidos, le hubiera dado la vuelta a su voto, el candidato del ejército habría ganado.

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El pasado invierno, en un momento de candor, el presidente Jimmy Carter dijo tras una reuni√≥n con la c√ļpula del CSFA, que el ej√©rcito no ten√≠a intenci√≥n de renunciar al poder. En las √ļltimas semanas, qued√≥ muy claro lo que esa observaci√≥n significaba. Primero, el CSFA iba a utilizar todos los instrumentos de poder del Estado profundo para instalar a su candidato. Si ese esquema no llegaba a materializarse, el CSFA ten√≠a un plan en reserva. En ese caso, no s√≥lo emprender√≠a varias acciones que despojar√≠an de poderes reales al presidente electo (si proced√≠a del campo revolucionario), sino que tambi√©n iba a usurpar todos los poderes legislativos y ejecutivos de los grupos reci√©n llegados al poder.

Muchas personalidades pol√≠ticas, incluido el ex candidato presidencial Abul Futuh denominaron los descarados actos del CSFA ‚Äúgolpe de Estado suave del ej√©rcito‚ÄĚ. Aqu√≠ expongo unos cuantos ejemplos de las medidas adoptadas por el CSFA para usurpar el poder en cuesti√≥n de d√≠as:

1) El 14 de junio, el CSFA envió al ejército a tomar el edificio del Parlamento anticipándose a la disolución del mismo por el Tribunal Supremo. Días después emitió su propio decreto disolviendo el Parlamento y reclamó para sí todos los poderes legislativos. Como suele ser habitual cuando se disuelve el parlamento, al presidente se le conceden temporalmente poderes legislativos, que posteriormente son revisados por el Parlamento cuando éste se constituye de nuevo.

2) Ese mismo d√≠a, el Ministro de Justicia hizo una parodia de las revocadas leyes marciales restaurando de hecho las leyes de emergencia y otorgando autoridades al ej√©rcito y a las agencias de seguridad para arrestar y detener a cualquier persona de modo indefinido, as√≠ como a juzgar en tribunales militares a quien representara una amenaza para el orden p√ļblico.

3) El 17 de junio, dos horas después de haberse cerrado las urnas, el CSFA, de forma unilateral, emitió una amplia declaración constitucional revisada transfiriéndose de hecho gran parte de los poderes presidenciales. Por ejemplo, despojó al Presidente de su rol como comandante en jefe de las fuerzas armadas y se lo entregó al general de más categoría del CSFA, el Almirante de Campo Hussein Tantawi. Se impedía también que el Presidente pudiera promover o cesar a cualquier militar.

Tambi√©n se conced√≠a a s√≠ mismo el poder de veto sobre cualquier decisi√≥n del Presidente que tuviera que ver con un asunto militar, incluida la declaraci√≥n de guerra o cualquier utilizaci√≥n de las fuerzas armadas a nivel interno. Ahora, en lugar de tener al ej√©rcito trabajando bajo las √≥rdenes del Presidente del pa√≠s, la nueva declaraci√≥n sit√ļa al Presidente democr√°ticamente elegido bajo el pu√Īo del ej√©rcito. Debe indicarse que estas incre√≠bles medidas se parecen bastante al infame y desastroso golpe militar del ej√©rcito turco de 1997 contra el difunto Primer Ministro Necmttin Erbakan.

4) El CSFA despojó también al Presidente y a la rama del ejecutivo de cualquier competencia relacionada con el presupuesto estatal. Incluso declaró que su propio presupuesto era materia secreta y no estaba sujeto a responsabilidad alguna, imbuyéndose una total inmunidad.

5) Además, el CSFA impuso su voluntad sobre el nuevo Presidente reteniendo de hecho para él la capacidad para nombrar los puestos más importantes del gabinete, como el de los ministros de defensa, interior, exteriores, policía, hacienda, justicia y los altos puestos de la inteligencia.

6) El CSFA empezó también un proceso para disolver el comité de redacción de la constitución, compuesto por cien miembros, que el parlamento había nombrado cuidadosamente la pasada semana de entre todo un espectro de la sociedad civil y la política egipcia. En la nueva declaración constitucional, el CSFA se daba a sí mismo el derecho a volver a designar a ese comité de cien miembros en directa violación de las enmiendas constitucionales aprobadas por el pueblo en el referéndum de marzo de 2011.

Además, si ese comité se negaba a conceder al ejército su codiciado estatus especial en la nueva constitución, el CSFA reclamaba un poder de veto sobre cualquier artículo recogido en el borrador. Si ocurría que el comité hacía caso omiso del veto del CSFA, la declaración concedía poderes a los jueces designados por Mubarak en el Tribunal Supremo para decidir sobre la disputa entre las dos partes, en un increíble intento por imponer sobre el país los dictados del ejército.

 

Muhammad Mursi.
Muhammad Mursi.

7) Un d√≠a despu√©s de las elecciones, cuando parec√≠a que estaba claro que el candidato del CSFA iba a salir derrotado, el CSFA emiti√≥ otro decreto que resucitaba el Consejo Nacional de Defensa (CND), un √≥rgano que llevaba inactivo desde los √ļltimos a√Īos de los ochenta. La funci√≥n de este consejo es tomar decisiones en todas las materias estrat√©gicas, de defensa y de seguridad nacional. En otra afrenta al primer Presidente civil (por no mencionar democr√°ticamente electo), el CND se compone de once generales (todos del CSFA) y solo cinco civiles, incluido el Presidente. Decide en todas las materias por mayor√≠a de votos, at√°ndole as√≠ las manos al Presidente sin que importe su posici√≥n en cada materia en particular.

8) No contento con todo este amplio saqueo del poder, el jefe del CSFA, Tantawi, emiti√≥ despu√©s otro decreto nombrando a uno de sus asistentes, otro general del ej√©rcito, como jefe de gabinete del nuevo presidente electo para que act√ļe como los ojos y o√≠dos del CSFA sobre el nuevo Presidente antes incluso de que tome posesi√≥n de su cargo. A los ojos del ej√©rcito, el nuevo Presidente (l√©ase t√≠tere) ni siquiera puede nombrar a su jefe de gabinete.

Como era de esperar, esta absoluta usurpaci√≥n del poder por parte del ej√©rcito fue universalmente condenada no s√≥o por el presidente reci√©n elegido, los HHMM y el resto de los grupos revolucionarios sino tambi√©n por la mayor parte de los grupos de la sociedad civil y personalidades p√ļblicas. Mientras tanto, calculando que, como siempre, iban a poder llegar a un trato con los HHMM, el CSFA inici√≥ calladamente otra t√°ctica para someterles. Resucit√≥ un proceso judicial que persegu√≠a la disoluci√≥n de los HHMM, les declaraba como grupo ilegal y confiscaba sus activos. Se espera pronto una decisi√≥n en tal sentido.

Una de las razones por las que el CSFA conf√≠a en salirse esta vez con la suya es porque conf√≠a en su experiencia durante el pasado a√Īo a la hora de llegar a acuerdos entre bambalinas con los HHMM. De hecho, solo una semana antes de las elecciones, el jefe adjunto y hombre fuerte de los HHMM, Jairat El-Shater, se reuni√≥ con la c√ļpula del CSFA, ofreci√©ndoles un trato en virtud del cual se les conceder√≠an a los generales muchas (aunque no todas) de sus demandas a cambio de aceptaran al candidato de los HHMM. La respuesta del CSFA fue fr√≠a y distante, en la creencia de que su candidato ten√≠a pr√°cticamente ganadas las elecciones sin necesidad de compromiso alguno. Poco se imaginaba El-Shater que estaban de hecho prepar√°ndose no solo para derrotar al candidato isl√°mico sino tambi√©n para disolver el Parlamento de los HHMM.

Una vez disuelto el Parlamento y con la anticipada desbandada del comité de redacción de la constitución, así como la usurpación por el CSFA de los poderes legislativo y ejecutivo, los HHMM decidieron volverse a unir a los grupos revolucionarios y de la sociedad civil para desafiar el asfixiante control del ejército sobre el país, echándose a las calles de forma masiva durante toda esta semana.

Este enfrentamiento entre el CSFA y el Estado profundo por un lado y, por otro, las fuerzas a favor de la revolución (nuevamente potenciadas por la derrota del candidato del ejército) engullirá al país en los días y semanas próximos. Si los partidos islámicos dirigidos por los HHMM y los otros partidarios de la revolución con los grupos de jóvenes al frente, así como una serie de jueces respetados por todo el país, como el juez Husam El-Gheryani (presidente del Consejo Supremo Judicial, así como presidente del comité de redacción de la constitución), se unen y adoptan una posición firme contra el ejército, puede que al CSFA le resulte entonces bastante difícil salirse con la suya.

Las demandas de los grupos revolucionarios deberían ser claras: La vuelta del ejército a sus cuarteles sin ninguna interferencia más en los asuntos políticos o civiles del estado. El CSFA debe rescindir de inmediato su inconstitucional declaración usurpando los poderes legislativo y ejecutivo de un parlamento y un presidente democráticamente elegidos. Deberían también cesar todos los esfuerzos por disolver el comité de redacción de la constitución y permitir que el proceso político negociado por varios partidos políticos pueda ponerse en marcha. Finalmente, deberían cortarse de raíz todas las manipulaciones entre bambalinas del poder judicial tratando de interferir en asuntos políticos.

Las fuerzas revolucionarias han esquivado afortunadamente la bala al derrotar al candidato del ej√©rcito. Pero la lucha reclamando su revoluci√≥n debe continuar y persistir. Esta vez todos los grupos a favor de la revoluci√≥n y de la democracia deben darse cuenta que tendr√°n que nadar o ahogarse juntos al enfrentarse a la √ļltima batalla para desmantelar el ej√©rcito y el estado de seguridad. No m√°s tratos por detr√°s ni permitir el beneficio de la duda de acuerdos t√°citos entre el ej√©rcito y algunos grupos pol√≠ticos. Los HHMM tienen que darse cuenta de que ganaron m√°s de 7,5 millones de votos (de un total de 13,3 millones) provenientes de las fuerzas revolucionarias en la segunda vuelta, despu√©s de alcanzar su pico en la primera con 5,8 millones de votos. Deben mostrar respeto y ofrecer una asociaci√≥n aut√©ntica a esos grupos.

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El famoso jugador de beisbol-sala Yogi Berra dijo una vez: ‚ÄúEn teor√≠a, no hay diferencia entre la teor√≠a y la pr√°ctica. Pero en la pr√°ctica s√≠ la hay‚ÄĚ. En teor√≠a, los partidarios de la revoluci√≥n deber√≠an poner todos sus desacuerdos a un lado y unirse hasta que su notable revoluci√≥n prevalezca, purgando a todos los elementos contrarrevolucionarios que queden en el Estado y erradicando todos los obst√°culos para conseguir el √©xito final. Es por tanto prudente pensar que todos esos grupos dejar√°n a un lado sus diferencias (ya sean percibidas o reales) una vez que comprendan hasta qu√© punto y alcance sus oponentes est√°n dispuestos a destrozar sus anhelos de un cambio real.

En √ļltima instancia, las revoluciones son el acto simult√°neo de gran n√ļmero de personas que deciden levantarse en bien de la sociedad por encima de sus propios intereses. Esa generosa conducta va a menudo acompa√Īada de la voluntad de sacrificar cuanto sea necesario para alcanzar el verdadero deseo del bienestar com√ļn y progreso humano.

N. de la T.: [*] El presidente de la Comisión Electoral Presidencial de Egipto, Faruk Sultan, ha declarado que los resultados definitivos de las elecciones presidenciales podrían anunciarse con posterioridad al jueves 21 de junio, fecha en la que estaba previsto que se hicieran oficiales.

Esam Al-Amin es un escritor independiente
colaborador de numerosas p
√°ginas en Internet.
Puede contactarse con
él en: alamin1919@gmail.
*
CounterPunch



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