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La lucha de clases, en plena vigencia
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Ediciòn 287

DOMENICO LOSURDO:

La lucha de clases,
en plena vigencia

ENRIC LLOPIS*

 

PARA EL FIL√ďSOFO ITALIANO DOM√ČNICO LOSURDO, la categor√≠a ‚Äúlucha de clases‚ÄĚ conserva hoy todo su vigor en el mundo, por mucho que el neoliberalismo y las filosof√≠as asociadas -sobre todo, el relativismo postmoderno- hayan pretendido arrumbarla.


Domenico Losurdo
Domenico Losurdo.

 

A REFLEXIONAR SOBRE Ideología y lucha de clases en el siglo XXI ha dedicado Losurdo la sesión inaugural de la Universidad de Verano de Socialismo 21 y El Viejo Topo, que en su primera edición lleva por título Poder, ideología y medios de comunicación.

Losurdo ha recordado c√≥mo, con ojos de hoy, ‚Äúpodemos sonre√≠r‚ÄĚ al leer los argumentos con los que fil√≥sofos como Dahrendorf o Habermas refutaban la idea marxista de lucha de clases. As√≠, J√ľrgen Habermas se√Īalaba que conservadores y laboristas (o liberales y socialdem√≥cratas) coincid√≠an en su momento en la defensa del estado social. No hab√≠a contradicci√≥n ideol√≥gica ni, por tanto, lucha de clases. ‚ÄúCon todos mis respetos, este argumento es una tonter√≠a‚ÄĚ, responde Losurdo. Y se pregunta: ‚Äú¬ŅC√≥mo nace en Europa occidental (en Estados Unidos nunca existi√≥) el Estado social? Sin duda, es un producto de la lucha de clases; en ning√ļn caso una concesi√≥n graciosa de las clases dominantes‚ÄĚ.

‚Äú¬°C√≥mo han envejecido estos discursos sobre el final de la lucha de clases!‚ÄĚ, ha exclamado el fil√≥sofo italiano, quien recuerda adem√°s c√≥mo Habermas reconoc√≠a a√Īos despu√©s en un art√≠culo que el capitalismo, al dejar de tener competidor, ya no se preocupa por ocultar su rostro real. El fil√≥sofo alem√°n, as√≠ pues, se desment√≠a. Las reflexiones de Friedrich Von Hayek -uno de los grandes patrones del neoliberalismo y gu√≠a econ√≥mico de la administraci√≥n Reagan- tambi√©n reconocen impl√≠citamente la existencia de la lucha de clases.

Y esto es as√≠ al vincular los derechos econ√≥micos y sociales incluidos en la Carta de los Derechos Humanos de 1948 (trabajo, instrucci√≥n y salud, entre otros) a la Revoluci√≥n Sovi√©tica. Es decir, seg√ļn Hayek no se trata de derechos cuya existencia deba reconocerse, sino una creaci√≥n de la revoluci√≥n de 1917. ‚ÄúImpl√≠citamente Hayek nos est√° diciendo que la lucha de clases desarrollada en Rusia permiti√≥ la conquista de estos derechos socioecon√≥micos‚ÄĚ, explica Domenico Losurdo. Adem√°s, ‚Äúcuando nos dice que estos derechos han de erradicarse, no es por falta de recursos para garantizarlos, sino simplemente porque piensa que no existen. Y es esto precisamente lo que est√° pasando hoy: asistimos al fin del Estado social‚ÄĚ.

Profesor de Filosofía de la Historia en la Universidad de Urbina, Losurdo ha escrito dos obras fundamentales: Contrahistoria del Liberalismo (“El Viejo Topo, 2007) y Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra (El Viejo Topo, 2011). Su principal ámbito de investigación es la filosofía política clásica alemana (de Kant a Marx). También ha estudiado con hondura a Nietzsche y las ideas de Heidegger en relación con la guerra.

S√≠ntomas de la vigencia de la lucha de clases en el siglo XXI. Losurdo subraya que ha retornado la figura del ‚Äúworking poor‚ÄĚ (trabajador pobre), habitual en el siglo XVIII y principios del XIX. Se trata de personas que, a pesar de contar con un puesto de trabajo, no disponen de recursos suficientes para vivir. A ellos hay que agregar los parados y los excluidos.

Pero tambi√©n en el √°mbito de la pol√≠tica puede advertirse la lucha de clases. ‚ÄúPor ejemplo, en la competencia electoral‚ÄĚ, apunta el fil√≥sofo italiano. ‚ÄúEl peso de la riqueza es tal hoy en d√≠a, que asistimos a situaciones similares a las del siglo XIX, donde exist√≠a la discriminaci√≥n censitaria, es decir, s√≥lo se ten√≠an derechos pol√≠ticos si se alcanzaba un nivel de renta determinado‚ÄĚ. Adem√°s, hace una d√©cada Losurdo ya hablaba de un ‚Äúmonopartidismo competitivo‚ÄĚ, con formaciones pol√≠ticas que representaban a la misma burgues√≠a y exhib√≠an la misma ideolog√≠a neoliberal.

Pero Domenico Losurdo insiste en que constituye un serio error reducir la lucha de clases (y otras categor√≠as tradicionales del marxismo, como el imperialismo y el colonialismo) a los problemas de la Europa occidental. ‚ÄúHay que entender la lucha de clases a nivel mundial‚ÄĚ, sentencia. Por ejemplo, en Palestina, ‚Äúdonde contin√ļa el colonialismo en su formulaci√≥n m√°s cl√°sica, es decir, la colonizaci√≥n de un territorio y sus habitantes; se da en Palestina un proceso parecido al que Marx subrayaba en Irlanda: la expropiaci√≥n de tierras por parte de los colonos ingleses (en el caso palestino, de los israel√≠es); adem√°s, igual que en Irlanda, la cuesti√≥n social se presenta en Palestina como una lucha de liberaci√≥n nacional‚ÄĚ.

Losurdo recurre habitualmente a los paralelismos hist√≥ricos, aunque con las salvedades y los matices que imponen los saltos en el tiempo. Por ejemplo, al abordar la lucha de clases en Am√©rica Latina se retrotrae a la Doctrina Monroe y a los designios del presidente norteamericano, Theodore Roosevelt, que en 1904 ya plante√≥ que Estados Unidos deb√≠a ejercer de polic√≠a internacional en Am√©rica Latina. ‚ÄúEl objetivo, hoy, es tambi√©n quitarse de encima la bota norteamericana‚ÄĚ, subraya el profesor de Filosof√≠a de la Historia. Y para ello resulta capital la independencia econ√≥mica.

El vicepresidente de Bolivia, √Ālvaro Garc√≠a Linera, lanz√≥ en 2006 la proclama ‚Äúindustrializaci√≥n o muerte‚ÄĚ, igual que Mao advirti√≥ poco antes del triunfo de la revoluci√≥n en 1949 de los riesgos de que China se convirtiera en una colonia de Estados Unidos. El Che Guevara y Fidel Castro en los 60 alertaron asimismo de la necesidad de liberarse de la opresi√≥n econ√≥mica del imperialismo, y Frantz Fanon, en Argelia, subrayaba que tras el triunfo de la revoluci√≥n anticolonial se impon√≠a el desarrollo econ√≥mico.

Trasladado al siglo XXI, ‚Äúlos pa√≠ses que se han quedado atrasados en el desarrollo econ√≥mico, tecnol√≥gico y militar corren el riesgo de una agresi√≥n directa por parte del imperialismo; este desarrollo es el precio de su independencia‚ÄĚ, explica Domenico Losurdo. Tambi√©n es esto lucha de clases. ‚ÄúYa ha ocurrido en Libia, y ahora puede pasar en Ir√°n y Siria‚ÄĚ, a√Īade.

Sin embargo, ‚Äúpara destruir un pa√≠s no hace falta agredirlo militarmente, pues el imperialismo cuenta con otra arma decisiva, el embargo econ√≥mico; Cuba lleva padeci√©ndolo m√°s de 50 a√Īos; en Irak, antes de la guerra de 2003, el embargo produjo centenares de miles de muertos: eso si que result√≥ un arma de destrucci√≥n masiva; si las agresiones mediante el embargo han perdido fuerza en algunos casos, como en Cuba, es por la presencia de China, que garantiza determinados intercambios comerciales‚ÄĚ.

En resumen, a juicio de Domenico Losurdo, la lucha de clases tiene lugar hoy en tres frentes, ‚Äúy hay que entenderlos de manera unitaria‚ÄĚ. En primer lugar, los movimientos de masas que en occidente (Estados Unidos, Grecia o Espa√Īa) protestan en el contexto de un capitalismo en crisis; Adem√°s, las naciones, como Palestina, que sufren una dominaci√≥n -el colonialismo cl√°sico- pol√≠tica y econ√≥mica; por √ļltimo, los pa√≠ses (por ejemplo, los latinoamericanos) que cuentan con independencia pol√≠tica pero han de conquistar la econ√≥mica.

A la actual Europa en crisis, fracturada por luchas desgarradoras entre el centro y la periferia, ¬ŅCu√°l es la principal cr√≠tica que cabr√≠a formularle? Seg√ļn Domenico Losurdo, ‚Äúla subordinaci√≥n a los intereses de Estados Unidos y la participaci√≥n en todas las aventuras imperiales promovidas por los norteamericanos; si pretendemos luchar contra el imperialismo, Europa ha de plantear su autonom√≠a y, en consecuencia, no participar en el embargo a Cuba, Ir√°n, ni colaborar con Estados Unidos en su objetivo de impedir que China acceda a la tecnolog√≠a‚ÄĚ.

En medio de una crisis global a la que no se advierte salida y con una izquierda mortecina, el recurso a los cl√°sicos permite alumbrar el camino. Para calibrar las perspectivas de cambio, Losurdo recurre a las categor√≠as de Marx ‚Äúclase en s√≠‚ÄĚ (clase que a√ļn no ha tomado conciencia de su situaci√≥n) y ‚Äúclase para s√≠‚ÄĚ (con plena conciencia de clase). ‚ÄúEl camino que nos queda por recorrer para pasar del primer estadio al segundo es muy largo‚ÄĚ, explica el fil√≥sofo. ¬ŅPor qu√©? ‚ÄúLa izquierda en occidente viene de sufrir una derrota hist√≥rica, la destrucci√≥n del campo socialista y lo que ello implic√≥; por eso ahora cuesta tanto responder a la ofensiva ideol√≥gica del neoliberalismo‚ÄĚ, responde.

Pero una cosa es importante: ‚ÄúNo confundir la autocr√≠tica con el autoodio para avanzar; con todas las cr√≠ticas que puedan formularse a la revoluci√≥n de octubre, antes de 1917 las potencias occidentales eran las due√Īas del planeta. La revoluci√≥n rusa rompi√≥ este escenario y favoreci√≥ los procesos de independencia colonial; adem√°s, entre febrero y octubre de 1917, Rusia fue el primer gran pa√≠s donde las mujeres lograron la emancipaci√≥n pol√≠tica; y otra cuesti√≥n, ¬Ņpuede entenderse la generalizaci√≥n del sufragio universal sin la contribuci√≥n del movimiento comunista? Pienso que no. En Inglaterra (cuna del parlamentarismo), antes de la revoluci√≥n de octubre la fracci√≥n m√°s pobre del proletariado no ten√≠a derecho al voto‚ÄĚ. ‚ÄúSon cosas que no deben olvidarse‚ÄĚ, concluye Domenico Losurdo.

*Rebelión



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