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Edición 314

El periodista Martí

LUIS SEXTO*


 

Solitaria y arriscada, Playita de Cajobabo servía de caja de resonancia cuando el agua se echaba un tanto airadamente contra las rocas. El golpe de las olas acentuaba la sensación de soledad, como de espacio sagrado, donde el pecho de Martí se le hinchaba por la dicha íntima de estar pisando el polvo arenoso de la estrella que lo había guiado hasta Cuba.



Puede uno imaginarlo en aquella noche tormentosa, mientras recog√≠a, junto a sus cinco compa√Īeros, armas y jolongos antes de adentrarse en el monte inmediato para seguir su destino b√©lico‚Ķ Luego, trepar√° laderas, pisar√° rocas, rozar√° espinas, truncar√° bejucos, apartar√° ramas con sus manos finas‚Ķ

En ese itinerario, el genio de Mart√≠ se desdoblar√° en numerosas facetas. Es la hora en que la acci√≥n y el riesgo extremos van a exaltar aquel hombre de cuya palabra hab√≠a que cuidarse, porque lo acompa√Īaba el don taumat√ļrgico de ‚Äúenredar‚ÄĚ a los hombres y transformarlos en h√©roes, o m√°rtires.

Posiblemente, Jos√© Mart√≠ no reparara en la nueva fase de su deber ag√≥nico y no pretendiese gozarse en su virilidad, o tal vez no tendr√≠a en cuenta cu√°nto de inconsciente menosprecio pudo notar en aquel t√≠tulo de ‚Äúdoctor Mart√≠‚ÄĚ pronunciado en otros momentos por veteranos de la manigua. Supongamos con certidumbre que actuaba en el monte con la misma indisoluble integridad e integralidad que en su despacho de Front Street.

Apóstol del Evangelio civil

Qu√© habr√≠a preguntado o qu√© habr√≠a escrito de haber sido testigo de esta epifan√≠a patri√≥tica, el periodista que soy y ahora se atreve a escribir sobre el Ap√≥stol del evangelio civil cubano. Perm√≠tanme, pues, continuar en las claves de la imaginaci√≥n. El periodista se aproxima y camina al lado de los seis expedicionarios. Y pregunta... El Delegado, con la delicadeza como de miel que humedece su voz, responde que √©l tambi√©n es periodista y ahora redacta su m√°s √ļtil cr√≥nica. El reci√©n aparecido mira hacia la chaqueta de su entrevistado y ve la pluma y el cuaderno de notas en el bolsillo. Sobre sus espaldas, la mochila abultada, y de su hombro izquierdo cuelga un fusil, casi del tama√Īo f√≠sico del Ap√≥stol.

M√°ximo G√≥mez advierte que las palabras ahora no hacen falta. Ni siquiera el Delegado las necesita, √©l, tan se√Īor del verbo. Hoy Mart√≠ supera su grandeza: Nunca antes -escribir√° G√≥mez el 19 de mayo de 1902, en El Mundo- lo he visto tan grande como cuando se dobla bajo un peso que le excede el cuerpo fr√°gil.

En el primer descanso con menos angustias, Mart√≠ se sienta, tal vez sobre las ra√≠ces de cualquier √°rbol copudo, y abre su cuaderno de apuntes. ¬ŅQui√©n escribir√° las primeras notas en Cuba: el memorialista, el organizador, el pol√≠tico, el poeta? Posiblemente, todos a la vez, aunque ahora predomine la √≠ndole del periodista encargado de rescatar los pormenores de su desembarco y la ruta hacia los tiros insurrectos junto a ‚Äúuna mano de valientes‚ÄĚ, para hacer combativamente visible el liderazgo de la revoluci√≥n reiniciada el 24 de febrero √ļltimo.

Diario de campa√Īa

Las frases se adaptan al salto de mata de las circunstancias de los perseguidos. El Diario de campa√Īa. De Cabo Haitiano a Dos R√≠os se articula sobre la rector√≠a de la frase breve, unimembre, r√°pida, nominal, variante estil√≠stica contrapuesta a su prosa sint√©tica, de largos per√≠odos -barroca y opulenta como la calific√≥ Manuel Pedro Gonz√°lez - y parecida a la otra variante concentrada y afor√≠stica se√Īalada tambi√©n por el mismo cr√≠tico, aunque las tres se mezclasen en el oleaje estil√≠stico que se abalanza sobre el lector acarici√°ndolo o desgarr√°ndolo en un misterio irresistible.

Pero ese que hoy llamamos estilo analítico o cortado no resulta ahora usual sólo por la prisa con que la manigua insurrecta reclama del que resume su diario andar en circunstancias de excepción. Más bien, responde a un oficio sabedor del inviolable ajuste entre el concepto, incluso las circunstancias, y la forma. Martí cumplía la regla tonal que impone que el escritor o el orador alzan la voz si el discurso pretende enardecer, pero si convoca, o intenta persuadir la palabra ha enternecerse como si se echaran flores a los pies de una mujer.

Lo antes dicho es una idea martiana que ahora esclarezco con esta otra cita: ‚ÄúLa dote suprema en el arte de escribir‚ÄĚ es ‚Äúla de ajustar la forma al pensamiento‚ÄĚ. Actualmente, ello en significa lo mismo la teor√≠a del estilo: adecuar el lenguaje al tema. Y as√≠ esos apuntes asm√°ticos, como esculpidos a tajos jadeantes, se adecuan estil√≠sticamente en su Diario al tono del que anda acuciado por los quebrantos de la guerra.

Entre las variantes martianas, el periodismo, particularmente en cr√≥nicas y reportajes, suele adscribirse a la barroca, de matiz crom√°tico, de arquitectura imponente. Hoy, sea recordado, ning√ļn especialista recomendar√≠a escribir como Mart√≠, ni siquiera en su esp√≠ritu literario, para un medio impreso.

Escribir para todos; escribir para nadie

Ciertos editores y te√≥ricos exigen cumplir la norma de escribir ‚Äúpara todos‚ÄĚ, que por el descr√©dito de su elemental composici√≥n implica un escribir ‚Äúpara nadie‚ÄĚ. Por ello, el periodismo ha derivado, entre nosotros, y fuera de nosotros los cubanos, en un caldo ligero, sin sabor, ni sustancia. Hay, sin embargo, otra raz√≥n: Mart√≠ es inimitable por √ļnico. Quien intente copiarle el ritmo, la m√ļsica y el caudal tropol√≥gico, pondr√° en solfa el origen de su presunta originalidad, como el rey desnudo de la f√°bula ridiculiz√≥ la propia majestad.



José Martí.


Gabriela Mistral confes√≥ que ‚Äúsolamente en Mart√≠ no me fatiga el per√≠odo, a fuerza de estar vivo desde la cabeza hasta los pies‚ÄĚ. Es exacta esa mujer hecha √°ngel y viento. En la vitalidad, el vigor, est√° la esencial definici√≥n del estilo martiano, tachado de impropio para el periodismo por algunos incapaces de entenderlo o de tomarle el impulso febril. Dice la chilena: est√° ‚Äúvivo desde la cabeza hasta los pies‚ÄĚ; es decir, desde arriba hasta abajo, como roca que se despe√Īa y nada la detiene ni la despedaza, sino arrastra consigo a otras piedras. Pero advertimos, para prever equ√≠vocos, que el periodismo martiano, su estilo, en fin, no se abroquela en lo deslumbrante; no es ampuloso, ni se enjaeza como caballo versallesco, aunque s√≠ como potro de paso fino, pl√°stico, seguro, envuelto en el sudor que destaca el color de su piel y su crin cuando fluye como en un galopar hipn√≥tico.

La prosa de Martí habrá de ser para hoy, como lo fue para ayer, una invitación a levantar el periodismo a la función profética y literaria. Alianza entre idea y arte, entre pasión y letra. Por ello lo viste con la clámide del fecundo y culto decir de quien no puede escribir de manera opuesta, porque cree en la misión socializadora y humanamente transformadora de un periódico.

Estilo que no extravía en poses

En esos tiempos renovadores de fines del XIX, ya los tratadistas hablaban del gancho periodístico en el primer párrafo, y de la estructura interesante al ordenar y distribuir el contenido. Pero en Martí el primer atractivo será la servicial reciedumbre de un estilo que no se extravía en poses, oropeles, y vaciedades parnasianas, en un decir por decir.

Fue a veces incomprendido ayer, como hoy. En el vespertino caraque√Īo La opini√≥n Nacional, Mart√≠ escribi√≥ una columna eminentemente informativa, cuyo t√≠tulo indicaba su periodicidad y su alcance: Secci√≥n Constante. Los Aldrey, padre e hijo, se consideraron afortunados al contar con ese periodista tan culto, audaz, imaginativo, hondo que una vez en Venezuela y ahora desde Nueva York les entregaba sus colaboraciones, aunque a veces le mutilaban o le correg√≠an lo estimado inconveniente, demostrando que en todo tiempo los medios se ha sometido a los intereses cremat√≠sticos y a los compromisos pol√≠ticos y clasistas de propietarios y directores.

No obstante cualquier disgusto previo, los Aldrey lo hab√≠an elegido para la Secci√≥n Constante. Mart√≠ cumpl√≠a a gusto haci√©ndose degustable en una columna breve, arm√≥nica, cargada de informaci√≥n y de las opiniones de quien, m√°s que ver y o√≠r como un reportero de cuerpo presente, ve y oye mediante la acumulaci√≥n de lecturas y vivencias que le favorecen reconstruir hechos y personajes de Francia o de Espa√Īa. Mart√≠ se adelantaba a lo que M√°ximo Gorki propondr√° a principios del siglo XX: la intuici√≥n del escritor cubre el vac√≠o de alg√ļn detalle secundario desconocido mediante la funci√≥n asociativa de la cultura.

Y de ese modo lo posible adoptaba la capacidad de lo verosímil: Si no resulta verdadero el día nublado, puede serlo a causa de la estación climática del instante informativo. Mas, por momentos, la tendencia a perfilar culturalmente la conciencia de los lectores, o los repetidos juicios sobre las fuerzas destructivas que se recalentaban en los sótanos de la sociedad estadounidense, evitaban que la Sección Constante diera constancia de sí durante toda la semana. Por momentos, el pulgar de los directores apuntaba hacia abajo.

Y ahí empezó la censura

Como podr√≠a entonces parecer previsible, los due√Īos de La Opini√≥n Nacional comenzaron a quejarse de que ciertos juicios, ciertas met√°foras de su colaborador -al que pidieron firmara con el seud√≥nimo de M de Z para no inquietar al gobierno, que hab√≠a expulsado a Mart√≠ de Venezuela - entorpec√≠an tambi√©n las relaciones del peri√≥dico con el presidente Guzm√°n Blanco, y de este con la Casa Blanca. Mart√≠ fue presionado, porque profundizaba, porque instru√≠a y escrib√≠a demasiado bien, y demasiado bien significa en el lenguaje de los mercaderes o curanderos de la prensa, rehuir la superficialidad del periodismo de cascabeles y abanico.



Máximo Gómez.


Lo sabemos: cuando queremos desprendernos de alguien que nos desborda, acudimos a la técnica de perturbarlo, zaherirlo, negarlo. Y no hubo necesidad de cesantearlo, aunque de hecho lo botaron. El corresponsal inoportuno, pero digno, renunció. Y ese episodio ubica a Martí entre los periodistas de antes y de ahora en el largo trecho de la incomprensión formal y de la hostilidad contra la independencia de criterio y la superioridad del intelecto.

Hemos dicho: Mart√≠ ejerci√≥ el magisterio, la diplomacia, la poes√≠a, la narrativa; pens√≥ en econom√≠a, en filosof√≠a, en √©tica, en pol√≠tica. Y se expres√≥ fundamentalmente en periodismo. Sus libros escritos y publicados como libros, son escasos. Sin embargo, los textos de la prensa le colman varios tomos de sus obras completas, y componen el alegato martiano a favor de un periodismo que se niegue a aceptar como ‚Äúcosa mala‚ÄĚ el halago de la forma. Nunca estuvo dispuesto a echar en el rinc√≥n menos visitado de las redacciones, el esmero que tiene en cuenta la sencillez, sin que haya que obligarla ‚Äúa excluir del traje un elegante adorno‚ÄĚ.

Y en el vocabulario martiano, ni el adjetivo elegante, ni el sustantivo adorno significan banalidad o baratija. Significan asumir el periodismo como una formación estilística pragmática que necesita igualmente del dato informativo actual, jerarquizado por importancia e interés, y de la apropiación desde la estética, desde un espíritu de creación aun dentro de lo práctico. Citemos a El Terremoto de Charleston.

Contrariamente a ex√©getas y marti√≥latras que recurren al t√©rmino cr√≥nica, un tanto acomodaticio, para encasillar los textos que no caben en un molde m√°s preciso, yo lo clasifico de reportaje siguiendo a Jos√© Antonio Ben√≠tez en su T√©cnica period√≠stica, manual donde muchos cubanos hemos aprendido los resortes del oficio. El terremoto de Charleston compone todav√≠a, como tantas p√°ginas, una muestra antol√≥gica de la narrativa period√≠stica, en cuya estructura las descripciones se anticipan, por su exactitud, ritmo y secuencia, a la c√°mara noticiosa del cine. Desde la entrada, el corresponsal acusa el empe√Īo de contar en clave period√≠stico literaria una historia de actualidad informativa: ‚ÄúUn terremoto ha destrozado a Charleston. Ruina es hoy lo que ayer era flor‚ÄĚ.

En Mart√≠, el ap√≥stol, Jorge Ma√Īach reconoce que ‚ÄúMart√≠ escribe de todo con un color y riqueza de datos cual si lo hiciera desde un mentidero madrile√Īo‚ÄĚ. Ese escribir de todo lo aproxima a la concepci√≥n renacentista de un genio como Leonardo: pensar y hacer de todo. Y no me parece un s√≠mil estrujado. Porque ensanchar el conocimiento, macerarlo de modo que se asimile a la ductilidad, resulta todav√≠a un rasgo de los periodistas m√°s aptos e influyentes.

Saben de Homero, ‚Äúno de ardillas‚ÄĚ

La especializaci√≥n, tan recomendada, debe de ajustarse a la aparente paradoja de que la visi√≥n parcial ha de tributar a la totalidad. El propio Maestro lo escribi√≥ en uno de sus apuntes: ‚ÄúMuchos hombres saben de Homero, y no de ardillas‚ÄĚ. S√≥lo con uno de los dos extremos, los ojos de la cultura ser√°n impedidos de dar la vuelta completa.

El periodismo le vali√≥ de impulso vocacional desde la adolescencia. Su primer art√≠culo apareci√≥ en El diablo cojuelo, dirigidas por Ferm√≠n Vald√©s Dom√≠nguez, y en cuyo √ļnico n√ļmero Mart√≠, casi con 16 a√Īos, redact√≥ el editorial con un t√≠tulo que propon√≠a la disyuntiva del pa√≠s en guerra: Yara o Madrid. Desde entonces la prensa integr√≥ la concepci√≥n martiana de la sociedad democr√°tica, sin que aquella fuese √ļnicamente difusora de noticias, o palenque de pol√©micas balad√≠es, o catapulta de intereses injustos, sino tambi√©n alternativa de opini√≥n, variedad de propuestas, acicate de √©tica solidaria.

Proyectó periódicos y revistas. Y algunos cristalizaron, al menos brevemente, como la Revista venezolana, y Patria, periódico fundado para liberar a la par que soldaba las articulaciones de Cuba independiente, esto es, Cuba en sí y para sí, unida en la guerra que, como envión para trascender la colonia, mereció la purificación mediante el atributo de necesaria.

Resumiendo, al principio de estas l√≠neas me refer√≠ a la multiplicidad de facetas de Mart√≠. Y aunque el periodismo sobresali√≥ como expresi√≥n recurrente de su ideario y sus prop√≥sitos, no acertar√≠amos si lo prestigi√°ramos como el medio intelectual b√°sico de su ejecutoria. Desde luego, lo esencial en la cultura y la conducta martianas fue la palabra, que seg√ļn Fina Garc√≠a Marruz coincide con los actos del Unificador de la naci√≥n.

Coincidencia milagrosa, asegura la sutil ensayista: ‚ÄúLa palabra, llena de la majestad del acto; el acto de la palabra‚ÄĚ. Y la palabra, la palabra responsable es, a mi parecer, el instrumento que conducido por una voluntad de estilo de ardiente efusividad y compromiso prof√©tico, convirti√≥ tambi√©n el ejercicio del periodismo en una propuesta para acrecentar el intelecto y la sensibilidad de los lectores.


Luis Sexto es Premio Nacional de Periodismo cubano.

*Conferencia dictada en la C√°tedra parroquial de historia y cultura,
Varadero, 7 de enero de 2014



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