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Edición 374

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VOCES DEL DIRECTOR


La obra por venir:

Construir una nueva ética

Mouris Salloum George

EN UN TEXTO RELATIVAMENTE reciente hemos leído, a propósito de un cambio de época, que su signo es la toma de conciencia sobre el valor de la persona. Toda renovación social y política, es la idea, tiene que pasar por un proceso de liberación y una nueva ética.

Se anuncia en México con entusiasmo el arribo a una nueva era, como resultado de las elecciones presidenciales, que ha modificado radicalmente la correlación de fuerzas políticas en el poder público.

El dictado de la Voluntad General

Obviamente, el desenlace de la sucesión presidencial de 2018 es expresión de la Voluntad General, en cuyo caso nuestra Constitución establece que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo, y se instituye para beneficio del pueblo.

Se sueltan los demonios de la intolerancia

Lo natural, en un régimen democrático, es que en la contienda electoral resulten vencedores y vencidos. Para los vencidos, el sistema político ofrece cauces institucionales a fin de que la lucha de los contrarios se conduzca bajo el imperativo de la civilidad.

También es normal, que a todo cambio se enfrenten resistencias de toda naturaleza y conforme de los intereses parciales que tienen su campo de beligerancia en la arena electoral.

Las dos alternancias presidenciales que se han dado en México desde 2000 se han superado porque los partidos políticos entraron en razón y pusieron por encima el interés superior de la Nación sobre sus legítimos pero particulares intereses grupales; lo mismo ideológicos, que económicos y sociales.

Lo lógico -deseable además-, es que la alternancia avalada por más de 44 millones de compatriotas el pasado 1 de julio, siguiera el mismo curso pacífico por el que transitaron las dos anteriores. Para eso sirven las instituciones, cuyos mecanismos pasaron la prueba en un ambiente de exacerbada violencia.

Lo que está presente en el periodo poselectoral, es la iniciativa de una cuarta transformación de la República. Con solo exponerse a la sociedad los enunciados de ese nuevo proyecto, las reacciones no se han hecho esperar.

El signo anticlimático, sin embargo, está marcando el debate público con un desenfrenado desahogo de fobias individuales, en el que la polémica es asfixiada por el rechazo a las ideas. El llamado a la reconciliación naufraga en ese océano de intolerancia.

No ha habido casualidad: Es el voto de castigo

Desde 1988, de sucesión presidencial, quienes con sentido crítico analizaron los resultados coincidieron en que la voluntad del elector se manifestó como voto de castigoal grupo dominante. En 2012, el diagnóstico fue el mismo. No podía ser diferente en 2018.

Una aproximación a las causas que condujeron al hartazgo de la sociedad en ese periodo, pone de manifiesto que la mayoría de los mexicanos se pronunció contra el modelo económico neoliberal mexicano, atado por añadidura a una globalización dictada y operada bajo los designios de una rapaz plutocracia internacional.

Si en México existen 80 millones de compatriotas que fluctúan entre la pobreza moderada y la miseria, tal es la brutal consecuencia de que los del grupo en turno en el poder perdieron toda noción de humanidad y orientaron las políticas públicas a favorecer a los más ricos entre los ricos de México: Aquellos que comparten ya la nómina de los más acaudalados del mundo. No pasan de 16.

Exigencia vital: Restituir la dignidad humana

En ese proceso de depredación neoliberal se puso en el centro de la atención gubernamental al individuo, que devino ser despersonalizado, movido instintivamente por el apetito económico, viendo “al otro” como mero consumidor.

Los millones de pobres históricos, a los que se agregaron legiones de nuevos parias, desarraigados de los lugares de origen donde han sido despojados violentamente de su patrimonio cultural y material, no han tenido más opción que emigrar a insalubres y peligrosos suburbios metropolitanos y, en el peor de los casos, a los Estados Unidos.

Si es cierto que la violencia es la partera de la historia, en México se dieron las condiciones para que estallara la barbarie. Los mexicanos, los más, han optado por la vía pacífica: La de las urnas electorales.

Ahí donde hablamos del imperativo de una nueva ética, lo que queremos decir es que no se puede ejercer un gobierno democrático, si no pone como prioridad en la agenda programática el principio de dignidad de la persona.

Entra la sociedad mexicana a un periodo de gestación, cuyo primer poderoso latido se dio el 1 de julio. No siempre, sin embargo, el primer latido asegura un parto saludable.

Hacemos sinceros votos porque la gran esperanza del cambio no se vea frustrada y abortada por la contumacia y la pugnacidad de los intereses creados.

No hay segundas oportunidades

En el desarrollo de las sociedades, no suelen presentarse segundas oportunidades. Para los regímenes políticos menos. Lo repetiremos hasta el cansancio: Cuando un partido o un gobierno muere, no se precisa la autopsia: Murió por suicidio.

                    

 



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