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Edición 411

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APUNTE     

NO TIENEN LLENADERA

Jorge Guillermo Cano

POR SUPUESTO,no faltaba más, la Asociación de Bancos de México (ABM) rechazó sacrificar siquiera una parte de sus utilidades y ni pensar en que haría “quitas” a las deudas de usuarios (cautivos, por cierto, a causa de una “bancarización” que solo beneficia a los banqueros) seriamente afectados por la crisis económica que ya estaba, pero que se ha agudizado con la llevada y traída pandemia del Covid-19.

La “quita” fue planteada por la Secretaría de Hacienda, a falta de otras acciones que el gobierno no se atreve a tomar y que bien se podrían implementar para paliar la crisis de millones de familias.

Que “no se trata de sacrificar las utilidades de los bancos”, sino de “mantener la solvencia de las instituciones bancarias”, dijo hace poco, sin rubor, Luis Niño de Rivera, presidente de la ABM.

Entre el agio y la usura

En agosto pasado, se informó de una “caída” de 36.4% en las utilidades de los 50 bancos que operan en el país, pues “solo ganaron” 54 mil millones de pesos en el primer semestre de este año.

Según los banqueros, esa descomunal ganancia debió ser mucho mayor, pues es 36.4 por ciento menos comparada con la que obtuvieron en el mismo periodo de 2019.

¿Se les hace poco 54 mil millones de pesos de ganancias, mientras la gran mayoría de la población sufre la peor crisis económica de la historia reciente?

Y que viva México

Y como sea, los bancos que operan en México (que mexicanos, en su gran mayoría y proporción, no lo son), siguen ganando más que en sus matrices europeas o estadounidenses; cobran comisiones hasta dos veces más altas y no hay autoridad que les obligue, al menos, a respetar los estándares internacionales.

Esos son asuntos de fondo y AMLO tiene que actuar y cumplir con lo que muchas veces prometió en su campaña; terminar con los privilegios del capital que ha sumido en la miseria a la mayor parte de la población mexicana.

El colmo: nomás ganaron 54 mil millones de pesos…

Como diría AMLO, los banqueros “no tienen llenadera” ¿Y nada qué hacer?

¿Para qué los impuestos?

Los impuestos, que ciertamente reducen el nivel de ingresos de las personas y aumentan los precios de los bienes y servicios, se justifican porque el Estado requiere de recursos para la administración gubernamental, la seguridad, la educación pública, los servicios y la impartición de justicia.

         La necesidad de la carga impositiva se deriva del Pacto Social, con base en el interés general de una población, lo que, en los últimos tiempos, no se atiende o se atiende relativamente.

         En todo caso, y siempre con base en el interés general, cada más difuminado en la práctica, los gobiernos deben administrar con honestidad, inteligencia, eficacia y eficiencia, los recursos, buscando siempre que la merma del ingreso del contribuyente no sea excesiva para no afectar la economía.

         La administración, la burocracia, debe estar al servicio de la ciudadanía; los gobernantes son servidores y están bajo el mando de la población, no al revés, como está sucediendo en casi todo el mundo.

         Los recursos que administran no son del gobierno, sino del pueblo, que lo hagan de manera correcta y eficiente es una obligación; de ahí que dar las “gracias” a un gobernante por tal o cuál gasto público es una tontería.

¿Progresivo o regresivo?

La carga impositiva, además, debe ser equitativa, para no perjudicar a los que menos tienen, y proporcional, de acuerdo a la capacidad económica del contribuyente, dando lugar a un sistema progresivo para la captación de los recursos: debe contribuir más quien más gana.

A diferencia del “sistema impositivo progresivo”, en el sistema que se denomina “regresivo” no opera la equidad, se imponen tasas de manera indiferenciada al ingreso; se opera con porcentajes estándar, independientemente del ingreso de cada quien, y, aún con algunas salvedades en nuestro país, que no resuelven la cuestión de fondo, la igualdad se difumina.

¿Molinos de viento?

La derecha mexicana (que está en todas partes, incluido el actual gobierno, así sea en evidente minoría comparado con los anteriores) tiene al mejor aliado en los despropósitos del movimiento morenista y su líder indiscutido (lo demás son puestas en escena).

         Se abren frentes gratuitos y se robustecen “oposiciones” por el solo prurito de “ganar el pleito”. De esa manera, le dan presencia y dimensión a “movimientos” y “figuras” que de otro modo no tuvieran, al menos en la proporción que prácticamente se les regala.

         Y no es que los conservadores y neoliberales hayan perdido sus privilegios, pues ahí siguen, viento en popa, dígase lo que se diga (ahí están los banqueros y las Afores, con sus prácticas leoninas que el gobierno tolera) sino que quieren regresar a las garantías de impunidad que creen tener en riesgo.

Entender y corregir

Es el caso de movimientos (que reciben apoyo ciertamente sospechoso) como el del Frente Nacional Anti AMLO (FRENAAA y otros) que hicieron plantón en el Zócalo capitalino pidiendo la renuncia del presidente (y para ello rezaban cuatro veces al día).

         El hecho es que carecen de la base social que presumen, mientras el obradorismo sigue teniendo el apoyo de la mayoría de la población mexicana.

         Por lo demás, los propósitos de AMLO, particularmente su lucha contra la corrupción y el apoyo a la población históricamente desprotegida, son sin duda encomiables y merecen todo el apoyo, pero es hora de que corrijan lo conducente.



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