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Edición 412

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VOCES DEL DIRECTOR

El nacionalismo democrático, un reto nada imposible

Mouris Salloum George

ANTE UN NUEVO ENTORNO INTERNACIONAL, es necesario redefinir qué entendemos por un modelo nacionalista de desarrollo; hay un reposicionamiento de fuerzas con enclave en Europa, Asia menor y Oriente, hasta hace unos años impensable.

Hoy, el pensamiento de los oprimidos está llamado a influir sobre las corrientes progresistas; hoy recobra su exacta dimensión original el nacionalismo mexicano. Sin aislacionismos ni reduccionismos primitivos.

Se trata ahora de buscar para México un modelo de desarrollo nacionalista, que sustituya la ancestral función aglutinadora que cumplió con creces el viejo presidencialismo autoritario en la etapa anterior, acompañada de decisiones parecidas, pero más sensatas.

Renovar la estrategia de crecimiento

Hoy requerimos un modelo nacionalista que corresponsabilice a los factores de la producción, sectores y clases, en la elevación de la producida competitividad para insertarse en una estrategia renovada de crecimiento hacia afuera, modernización de las plantas productivas y establecimiento claro de las funciones del Estado para asegurar los grandes equilibrios políticos y sociales del mercado, defina los techos, pisos y procedimientos para elevar la eficiencia.

Ninguna ideología política tiene un fundamento constitucional en algún país que el nacionalismo en México.

Aquí representa el resumen de las luchas del pueblo ante la codicia extranjera, por la protección de sus recursos naturales.

También representa la defensa de la libertad, la independencia, las raíces ancestrales y nuestras convicciones colectivas.

Nacionalismo con dignidad

La dignidad de la persona, la integridad de la familia, el interés general de la sociedad en la preservación de la igualdad de derechos y obligaciones, rechazando los privilegios de clases, razas, sectas, grupos de presión e individuos con intereses particulares.

Nuestro nacionalismo es radicalmente distinto del que ha sido exaltado a lo largo del siglo pasado, por minorías raciales y étnicas, con pruritos de superioridad antropomórfica y opuesto al decadente nacional socialismo de los fascistas.

Es también distinto del que sustentaron las luchas de los movimientos de liberación nacional en África y Asia, después de la Gran Depresión, para lograr la independencia de las comunidades monoexportadoras y dominadas por élites que adoraban cultos sincréticos o cuyos líderes habían sido educadas en los centros de poder metropolitano.

Por una convivencia civilizada

El actual nacionalismo mexicano debe encontrar, en los estrechos espacios de la coyuntura actual, un tipo de organización política que responda a la nueva realidad social, que subsane los defectos del rebasado paternalismo que impulse el proceso democrático y garantice la paz social.

Pero esto no se logrará a base de aldeanismos, caprichitos ni autoritarismos de todo cuño; nadie puede enarbolar las banderas nacionalistas si al interior practica modalidades de feudalismo trasnochado.

Para salir al mundo, primero debemos salir del cascarón, de conductas anquilosadas que están incapacitadas para convocar a la unidad nacional, conciliar los intereses de los factores de la producción, impulsar el empleo y respetar los elementales principios de la convivencia civilizada.

Para eso se necesitan gobiernos legítimos, asumidos y aceptados por las grandes mayorías de la población. Un reto de ese tamaño, es necesario para los actuales momentos políticos.



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