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Edición 226 | |||
Martes, 02 de Febrero de 2010 19:42 | |||
“Pacificación” presidencial
en América Latina
NOAM CHOMSKY
BARACK OBAMA ES EL CUARTO PRESIDENTE estadunidense en ganar el Premio Nobel de
Theodore Roosevelt Por lo tanto, era “inevitable y en gran medida deseable para la humanidad en general, que el pueblo estadunidense terminara por ser mayoría sobre los mexicanos” al conquistar la mitad de México”, además de que “estaba fuera de toda discusión esperar que los (texanos) se sometieran a la supremacía de una raza inferior”. Utilizar la diplomacia de los barcos artillados para robarle Panamá a Colombia y construir un canal también fue un regalo para la humanidad. Woodrow Wilson Para demostrar su amor a la democracia, Wilson ordenó a sus marines desintegrar el Parlamento haitiano a punta de pistola en represalia por no aprobar una legislación “progresista” que permitía a corporaciones estadunidenses comprar el país caribeño. El problema se remedió cuando los haitianos adoptaron una Constitución dictada por Estados Unidos, redactada bajo las armas de los marines. Se trataba de un esfuerzo que resultaría “benéfico para Haití”, aseguró el Departamento de Estado a sus cautivos. Wilson también invadió República Dominicana para garantizar su bienestar. Esta nación y Haití quedaron bajo el mando de violentos guardias civiles. Décadas de tortura, violencia y miseria en ambos países fueron el legado del “idealismo wilsoniano”, que se convirtió en un principio de la política exterior estadunidense. Jimmy Carter Para Pastor, la razón es elemental: “Estados Unidos no quería controlar Nicaragua ni ningún otro país de la región, pero tampoco que los acontecimientos se salieran de control. Quería que los nicaragüenses actuaran de forma independiente, excepto cuando esto podía afectar los intereses de Estados Unidos”. Barack Obama La asonada reflejó “abismales y crecientes divisiones políticas y socioeconómicas”, según el New York Times. Para la “reducida clase social alta”, el presidente hondureño Manuel Zelaya se había convertido en una amenaza para lo que esa clase llama “democracia”, pero que en realidad es el gobierno de “las fuerzas empresariales y políticas más fuertes del país”. Zelaya adoptó medidas tan peligrosas como el incremento del salario mínimo en un país en que 60 por ciento de la población vive en la pobreza. Tenía que irse. Prácticamente solo, Estados Unidos reconoció las elecciones de noviembre (en las que resultó victorioso Pepe Lobo); las que se celebraron bajo un gobierno militar y que fueron “una gran celebración de la democracia”, según el embajador de Obama en Honduras, Hugo Llorens. El apoyo a los comicios también garantiza para Estados Unidos el uso de la base aérea de Palmerola, en territorio hondureño, cuyo valor para el ejército estadunidense se incrementa medida de que está siendo expulsado de la mayor parte de América Latina. Después de las elecciones, Lewis Anselem, representante de Obama ante Obama abrió brecha al apoyar un golpe militar. El gobierno estadunidense financia al Instituto Internacional Republicano (IRI, por sus siglas en inglés) y al Instituto Nacional Democrático (NDI, por sus siglas en inglés) que, se supone, promueven la democracia. El IRI regularmente apoya golpes militares para derrocar a gobiernos electos como ocurrió en Venezuela, en 2002, y en Haití, en 2004. El NDI se ha contenido. En Honduras, por primera vez, éste instituto acordó observar las elecciones celebradas bajo un gobierno militar de facto, a diferencia de Debido a la estrecha relación entre el Pentágono y el ejército de Honduras, así como la enorme influencia económica estadunidense en el país centroamericano, hubiera sido muy sencillo para Obama unirse a los esfuerzos de latinoamericanos y europeos para defender la democracia en Honduras. Pero Barack Obama optó por la política tradicional.
Una democracia funcional puede responder a las preocupaciones del pueblo, mientras “Estados Unidos está más preocupado en coadyuvar las condiciones más favorables para sus inversiones privadas en el extranjero”. Se requiere una gran dosis de lo que a veces se conoce como “ignorancia intencional” para no ver estos hechos. Una ceguera así debe ser celosamente guardada si es que se desea que la violencia de Estado siga su curso y cumpla su función. Siempre en favor de la humanidad, como nos recordó Obama otra vez en su discurso al recibir el Premio Nobel.
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