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Edición 278 | ||||
Escrito por Guillermo Fárber | ||||
Sábado, 17 de Marzo de 2012 21:57 | ||||
BUHEDERA
Ciudades caras
UN REPORTE bianual de The Economist’s analiza el costo de vida en 140 ciudades de 93 países. Compara costos de comida, ropa, bebida, rentas, transporte, escuelas y servicio doméstico. Aquí la diez ciudades más caras hoy: 1. Zurich, Suiza. 2. Tokio, Japón. 3. Ginebra, Suiza. 4. Osaka Kobe, Japón. 5. Oslo, Noruega. 6. París, Francia. 7. Sydney, Australia. 8. Melbourne, Australia. 9. Singapur, Singapur. 10. Frankfurt, Alemania. Precavida UN CABALLERO de 80 años se levanta de pronto de su sillón y parsimoniosamente se pone su abrigo. Su mujer le pregunta: “¿Se puede saber a dónde vas, Rigoberto?” Él contesta: “Voy al médico.” Intrigada, ella le dice: “¿Por qué, estás enfermo?” “No,” replica él, “voy a que me recete una de esas nuevas pastillas de Viagra.” Entonces la mujer se levanta de la mecedora y se pone también su abrigo. El marido se extraña y le pregunta: “Y tú, ¿a dónde vas?” “También voy al médico”, contesta ella. “Y por qué?” “Si tú vas a empezar a usar otra vez esa vaina oxidada, voy a que me pongan una antitetánica.” Nuevo programa medicare
¿Crecer al infinito? SOBRE MI ANTIGUO jaloneo con los tecnócratas que dicen que el único medio para el bienestar de la población es el “crecimiento” de la economía (engatusando a las masas con la promesa siempre pospuesta de que “algún día” se va a repartir ese pastel en perpetua expansión), me dice un queridolector ecologista: “¿Podemos tener el convencimiento de que la economía puede crecer indefinidamente? No hay nada en el universo que nos rodea y nos determina que indique que así es. Nuestro propio cuerpo crece hasta un cierto punto y luego decrece.” Confusión en el funeral ERAN DOS PESCADORES, hermanos gemelos, uno soltero y el otro casado. El soltero tenía una lancha de pesca, ya vieja, que era la herramienta con la que lograba su sustento. Un día muere la esposa del hermano casado y, como las desgracias no vienen solas, la lancha del hermano soltero se fue al fondo del mar. Una viejecita del pueblo, curiosa y metiche, fue a darle el pésame al viudo, pero la despistada confundió a los gemelos y se dirigió al que había perdido la lancha. “¡Ay, recién me enteré! Qué pérdida tan grande. Debe de ser terrible para ti.” “Pues sí, estoy destrozado, pero es preciso enfrentar la realidad. Debo reconocer que estaba ya vieja y maltrecha. La rajadura de adelante estaba tan grande que ya no había con qué llenarla y el agujero de atrás se agrandaba más cada vez que yo la usaba. Además estaba deformada al medio y no había manera de quitarle el olor a pescado. La parte de atrás estaba bastante caída y las curvas de adelante casi habían desaparecido por el desgaste del tiempo. Pero de todos modos me siento hoy muy culpable, porque se la presté varias veces a cuatro amigos para que se divirtieran. Aunque les pedí que la usaran con cuidado, se le montaron los cuatro a la vez y ella no aguantó.” A la viejita, muerta de un infarto fulminante, la enterraron al otro día.
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