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Edición 279

¬ŅDe verdad ha enloquecido la derecha?
RICK PERLSTEIN

 

PARECE DE PRONTO que el conservadurismo se hubiera vuelto m√°s delirante que nunca: El p√ļblico de los debates republicanos vitorea las ejecuciones y abuchea a un soldado en servicio activo por ser gay. Los pol√≠ticos juran lealtad a Rush Limbaugh, un lun√°tico tragap√≠ldoras (influyente presentador radiof√≥nico ultra adicto a los calmantes) que ofrec√≠a recientemente un trato a las "feminazis": "Si vamos a pagar sus anticonceptivos, queremos que sub√°is los videos a la red para que podemos verlos todos".


MILES DE "OATH KEEPERS" ("Fieles al Juramento ") -Policía y Militares Contra el Nuevo Orden Mundial- se juramentan para desobedecer las órdenes ilegales que con seguridad se impartirán una vez instituya Barack Obama la ley marcial. Un candidato presidencial republicano de importancia habla de servidumbre por contrato… y otro propone convertir a los escolares en porteros. Sólo un 12 por ciento de los republicanos de Mississippi cree que Obama sea cristiano. Los republicanos de Arizona impulsan una ley que permite a los patronos despedir a sus empleadas por recurrir al control de natalidad. Y así suma y sigue, metiéndose en cualquier estrambótico delirio político que aparezca en las ondas hoy mismo.

Rick1

Pero, ¬Ņdan m√°s miedo hoy los derechistas que en el pasado? Desde luego parecen m√°s extra√Īos y feroces. Arg√ľir√≠a, sin embargo, que llevan as√≠ de locos mucho tiempo. En los √ļltimos sesenta a√Īos, m√°s o menos, veo bastante m√°s continuidades en lo que cree del mundo el 20 o 30 por ciento de norteamericanos que se escora a la derecha. Las locuras que cre√≠an y quer√≠an quedaban obscurecidas por su falta de poder, pero siempre estaban ah√≠‚Ķ si sab√≠as d√≥nde hab√≠a que mirar. Lo que ha cambiado es que los conservadores chalados constituyen ahora la corriente principal republicana, la fuerza dominante del GOP (Grand Old Party, su denominaci√≥n tradicional.)

Estoy en una posici√≥n √ļnica para poder juzgarlo. Obsesionado por los a√Īos sesenta desde la ni√Īez, desperdici√© mis a√Īos de adolescencia merodeando por un destartalado almac√©n de cinco pisos de libros usados que consegu√≠a, hasta octubre pasado, ir un paso por delante de la inspecci√≥n de edificios de Milwaukee, estado de Wisconsin. All√≠ consegu√≠a libros de una d√©cada que enloqueci√≥: textos de los Panteras Negras en los que se condenaba a "AmeriKKKa", o de la Nueva Izquierda, que proclamaba que "el futuro de nuestra lucha es el futuro de la delincuencia en las calles", y de derechistas como el predicador David Noebel, que denunciaba la "subversi√≥n comunista de la m√ļsica" mediante la cual el espionaje ruso aplicaba t√©cnicas pavlovianas para que se pudriera la mente de la juventud norteamericana gracias a sus agentes a sueldo: los Beatles. La gente que pensaba como los Panteras Negras y la Nueva Izquierda demostr√≥, por supuesto, ser flor de un d√≠a. Gente como Noebel, empero, han probado que son una constante en la historia norteamericana. De hecho, el mismo Noebel contin√ļa con nosotros. En la d√©cada de 1970, se convirti√≥ en fuente preferida de James Dobson, psic√≥logo radiof√≥nico de la Derecha Cristiana de enorme popularidad todav√≠a y mandam√°s de los republicanos. Muy recientemente, la reputaci√≥n de Noebel se dispar√≥ gracias a su admirador Glenn Beck en Fox News [importante comentarista televisivo de esta cadena ultraconservadora], y ahora es uno de los favoritos del Tea Party.

Rush Limbaugh
Rush Limbaugh

Tras quince a√Īos de estudiar profesionalmente la derecha norteamericana -sobre todo en sus comunicaciones de unos con otros, en sus propios memoranda y medios de comunicaci√≥n desde la d√©cada de 1950, todav√≠a tengo yo que encontrar un cambio verdaderamente novedoso, una innovaci√≥n real en el "pensamiento" de la derecha. ¬ŅPresentadores de radio que apuntan con el dedo a multimillonarios liberales como George Soros, que utilizan sus ingentes fortunas -adquiridas gracias a la empresa privada consagrada por la Constituci√≥n- con la intenci√≥n de "socializar" los Estados Unidos? 1954: Hete aqu√≠ a un presentador de radio, Pat Manion, que apunta con el dedo a "fortunas gigantescas, construidas gracias a la empresa privada consagrada por la Constituci√≥n... que se utilizan para 'socializar' los Estados Unidos". ¬ŅEl candidato presidencial Newt Gingrich, "harto de jueces elitistas" que en su arrogancia imponen sus "puntos de vista radicalmente antinorteamericanos" -incluyendo a los jueces del Tribunal Supremo cuyos dict√°menes se ha juramentado desafiar? 1958: Nine Men Against America: The Supreme Court and its Attack on American Liberties, (Nueve hombres contra Norteam√©rica: el Tribunal Supremo y su ataque a las libertades norteamericanas], de Rosalie M. Gordon, todav√≠a a la venta en sovereignstates.org .

S√≥lo han cambiado los nombres de los ogros‚Ķ aunque a veces ni siquiera ha cambiado eso. El ultimo proyecto del doctor Noebel consiste en reeditar un volumen que al parecer encuentra novedosamente pertinente: You Can Trust the Communists: To be Communists, (Puedes confiar en que los comunistas sean comunistas) del doctor Fred Schwarz. Schwarz, un medico australiano que muri√≥ hace tres a√Īos, tuvo su momento de gloria a principios de los 60, cuando llenaba auditorios municipales predicando su evangelio preferido: que el Kremlin dominaba a sus s√ļbditos aplicando "t√©cnicas de ganader√≠a animal", y albergaba "planes para hacer ondear una bandera de URSS en cada una de las ciudades norteamericanas para 1973". La nueva versi√≥n, puesta al d√≠a por Noebel -viene con viv√≠simos elogios de agradecidas rese√Īas en Amazon.com como √©stos: "Igual de importante que hace cincuenta a√Īos"; y esto: "Deber√≠a ser lectura obligada para cualquier norteamericano", y "Este libro me hizo conservador" -se titula You Can Still Trust the Communists: To be Communists, Socialists, Statists, and Progressives Too. (Puedes confiar en que los comunistas sean comunistas, socialistas, estatistas y tambi√©n progresistas.)

Rick3

¬ŅPor qu√© tiene importancia todo esto? Pues porque la noci√≥n de que el conservadurismo ha dado un nuevo giro, m√°s chiflado, tiene adeptos cuyas distorsiones desbaratan nuestra capacidad de comprenderlo y contenerlo. En una rese√Īa reciente de The Reactionary Mind: Conservatism from Edmund Burke to Sarah Palin, [La mente reaccionaria: el conservadurismo, de Edmund Burke a Sarah Palin], el rompedor libro de Corey Robin, publicado en la New York Review of Books, que traza las continuidades del pensamiento derechista hasta el siglo XVII, el distinguido te√≥rico politico Mark Lilla dictaminaba que "la mayor parte de la reciente turbulencia de la pol√≠tica norteamericana es resultado de los cambios en la estructura de clanes de la derecha con el declive de conservadores apegados a la realidad como William F. Buckley". As√≠ pues, ¬Ņqu√© hizo un "conservador apegado a la realidad" como Buckley con Fred Schwarz? Pues, lector, le escribi√≥ la nota publicitaria para la portada del libro, alabando al buen doctor por "instruir a la gente sobre aquello que sus l√≠deres tan claramente ignoran". Lo mismo hizo, de hecho, Ronald Reagan, que en 1990 alab√≥ la "incansable dedicaci√≥n" del charlatan "a intentar garantizar la protecci√≥n de la libertad y los derechos humanos". Y he aqu√≠ lo que dice el difunto Jack Kemp, peso pesado del GOP, que escribi√≥ elogiosamente alabando las memorias de 1996 de Schwarz (Reagan aparece retratado con Schwarz en la solapa): "Cu√°nto aprecio el hecho de que tanto como cualquier otro, incluyendo al presidente Reagan, el presidente Bush, y el Papa Juan Pablo‚Ķ [el Dr. Schwarz] haya tenido la oportunidad de educar literalmente a miles de j√≥venes, hombres y mujeres, de todo el mundo en la lucha por la democracia y la libertad y la lucha contra la tiran√≠a del comunismo". Los "conservadores del establishment", Reagan y Kemp, y el "chiflado", el Dr. Fred Schwarz, nunca estuvieron tan separados, al fin y al cabo.

Se oye hablar mucho de Ronald Reagan por parte de la multitud que se refiere a los conservadores-est√°n-m√°s-locos-que-nunca: le alaban como hombre de compromiso y apuntan, correctamente, que subi√≥ los impuestos siete de sus ocho a√Īos como presidente, en llamativa contraposici√≥n con los republicanos de hoy, que se niegan por completo a subirlos. He aqu√≠ la cosa, tal como escrib√≠ entre los hosannas que se le dedicaron a su muerte en 2004, durante el espantoso reinado de Bush: "Constituye una peculiaridad de la cultura norteamericana que cada generaci√≥n de no conservadores contemple a los derechistas de su propia generaci√≥n como los que dan miedo, y luego prefiera recordar a los derechistas de la √ļltima generaci√≥n como adorables. En 1964, los observadores, horrorizados por Barry Goldwater, suspiraban por el sensato Robert Taft, el dirigente conservador de los 50. Cuando Reagan era presidente, los liberales hablaban con indulgencia del bueno y viejo Goldwater".

Beatles

Y as√≠ seguimos: a Reagan se le juzga hoy uno de esos conservadores apegados a la realidad cuya desaparici√≥n hoy lamentamos. Falso. Hondamente configurado por la extrema derecha m√°s locuela, a Reagan le encantaba en momentos anteriores de su Carrera citar su evangelio: que de acuerdo con los proyectos comunistas "para 1970 el mundo ser√° o todo esclavo o todo libre"; que, tal como dijo en una entrevista de 1975 ‚Äď rehabilitando una cita supuestamente de Vladimir Lenin, pero, de hecho, elaborada por el fundador de la John Birch Society [asociaci√≥n de extrema derecha norteamericana de principios de la Guerra Fr√≠a] ‚Äď una vez que Lenin y sus camaradas hubieran organizado a las "hordas de Asia", conquistar√≠an despu√©s Am√©rica Latina, "los Estados Unidos, postrer basti√≥n del capitalismo, cae[r√≠an] en sus manos abiertas como fruta madura". Pero tambi√©n √©l era un buen pol√≠tico, y como tal aprendi√≥ a evitar decir cosas que le perjudicaban pol√≠ticamente. La raz√≥n por la que no combati√≥ de modo efectivo las subidas de impuestos fue que, con un Congreso dem√≥crata, no ten√≠a capacidad para ello. Cada vez que ten√≠a en efecto que poner su firma a una subida, dejaba perfectamente claras sus preferencias, culpando a los malvados liberales por forzarle a ello y a√Īadiendo que esta era la raz√≥n por la que hab√≠a que derrotar al liberalismo‚Ķpara no tener que volver a firmar una.

Esto estaba "apegado a la realidad". Pero tambi√©n lo est√°, pol√≠ticamente al menos, el obstruccionismo de los conservadores no apegados a la realidad: si bloquean todas las subidas de impuestos es porque pueden. Y ha funcionado, ¬Ņno? Si as√≠ sucede es porque a medida que se ha incrementado el poder conservador desde los a√Īos 60, una parte cada vez mayor de lo que los conservadores creen en realidad -y siempre han cre√≠do realmente- ha venido a configurar la sociedad norteamericana y sus instituciones.

Esa din√°mica se ha visto siempre acompa√Īada de otra: a medida que el extremismo conservador encubierto -v√©ase: la mujeres que recurren al control de natalidad son unas zorras, deber√≠an privatizarse todos los bienes p√ļblicos- encuentra el modo de deslizarse en los debates de alto nivel de las c√°maras del Congreso, en las decisiones de una judicatura federal crecientemente inclinada a la derecha, en las campa√Īas presidenciales y las secciones principales de los peri√≥dicos m√°s importantes de las metr√≥polis, los entendidos m√°s relevantes declaran que el conservadurismo est√° en retirada. Cuando Barry Goldwater perdi√≥ las elecciones presidenciales abrumadoramente, Tom Wicker, columnista del New York Times, proclam√≥ que "con tr√°gica inevitabilidad" el conservadurismo se hab√≠a "fracturado como un panel de vidrio". Sin embargo, de alg√ļn modo, los conservadores lograron sobrevivir y prosperar, eligiendo a Ronald Reagan durante dos mandatos como gobernador de California, a partir de 1966. Despu√©s de que el sucesor escogido por Reagan perdiera la nominaci√≥n en 1974, Joseph Kraft, del Washington Post, dictamin√≥ que "la desbandada del reaganismo en este estado anuncia lo que parece ser una posibilidad nacional, la posibilidad de cerrar el par√©ntesis de la era de la pol√≠tica del contragolpe, que tan contundente ha resultado desde que Ronald Reagan dejara de hacer pel√≠culas para la tele en 1966". En vena similar, en su libro sobre la generaci√≥n de activistas que estaban detr√°s de la Revoluci√≥n Republicana de 1994 de Newt Gingrich, Nina Easton manten√≠a que la insistencia por parte de dirigentes como Ralph Reed, fundador de la Christian Coalition, de que el liberalismo era "una pendiente resbaladiza que llevaba al socialismo y comunismo" destruir√≠a "el apoyo p√ļblico que necesitaba para lograr su visi√≥n de un movimiento de masas".

No lo destruy√≥. Y sin embargo, como un reloj, el profeta de hoy del desastre conservador, el periodista Jonathan Chait , concluye que el conservadurismo se hace trizas como un panel de vidrio ahora que, enfrentado a la bomba de tiempo demogr√°fica de un electorado cada vez m√°s joven y moreno que hace, seg√ļn dice, completamente inevitable el triunfo del liberalismo ilustrado, su extremismo latente est√° saliendo por fin a la superficie , abriendo "nuevas tierras en el reino de la temeridad", tal como √©l lo expresa.

Obama

He aqu√≠ el problema: para este modo de pensar, el triunfo del liberalismo ilustrado es siempre inevitable. Ahora es la demograf√≠a la que constituye una fuerza inexorable (desmonto ese argumento en "Why Democrats Have a Problem with Young Voters" [Por qu√© los dem√≥cratas tienen un problema con los votantes j√≥venes], Rolling Stones, 28 de febrero de 2012); en la d√©cada de los 60, fue la certidumbre de que los norteamericanos nunca abandonar√≠an las ventajas que para ellos ten√≠a el gran gobierno. Y con todo, de alg√ļn modo, a lo largo del hilv√°n corriente de la preferencia pol√≠tica norteamericana entre dem√≥cratas y republicanos, el conservadurismo contin√ļa prosperando. Se debe a que el poder engendra poder: se puede dar por hecho con que los dem√≥cratas encontrar√°n un compromiso con el delirio conservador, y puede darse por hecho que los medios de informaci√≥n lo normalizar√°n. Y eso se debe a que siempre habr√° millones de norteamericanos a los que aterra el progreso social y verse despose√≠dos de cualquier ligera ganancia de seguridad psicol√≥gica que hayan podido mantener en un mundo aterrador. Y debido a que siempre habr√° poderosos agentes econ√≥micos a los que compensa explotar ese temor, incertidumbre y duda (y compensa, compensa).

El conservadurismo no está aumentando su locura, y tampoco está desapareciendo. Está, simplemente, haciéndose más poderoso. Se trata de un hecho que un liberal apegado a la realidad no tiene más que aceptar, y a partir de ahí, reunir fuerzas para la lucha.

Rick Perlstein es autor de Before the Storm: Barry Goldwater and the Unmaking of the American Consensus y [Antes de la tormenta: Barry Goldwater y la destrucción del consenso norteamericano] y Nixonland: The Rise of a President and the Fracturing of America. [Tierra de Nixon: el ascenso de un presidente y la fractura de Norteamérica.

*Sin Permiso



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