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Tambores de guerra contra Ir√°n. Pero, ¬Ņqui√©n los hace sonar?
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Ediciòn 283

Tambores de guerra contra Ir√°n.
Pero, ¬Ņqui√©n los hace sonar?

por TERRY JONES


PARA TERRY JONES, EL COMPLEJO MILITARO-INDUSTRIAL no es ajeno a las actuales campa√Īas contra Ir√°n. Seg√ļn este artista brit√°nico, nos hallamos exactamente en la misma situaci√≥n que los contribuyentes de las ciudades italianas del medioevo y estamos viendo desaparecer nuestro dinero en beneficio de un aparato militar insaciable.


Iran

 

DOS GRANDES EPIDEMIAS marcaron el siglo XIV. Una de ellas fue la peste negra. La otra fue la comercializaci√≥n de la guerra. Aunque siempre hubo mercenarios, bajo el reinado de Eduardo III de Inglaterra estos se convirtieron en la fuerza fundamental del ej√©rcito ingl√©s, precisamente durante los primeros 20 a√Īos de lo que iba a convertirse en la Guerra de los Cien A√Īos. Cuando Eduardo III firm√≥ el Tratado de Bretigny, en 1360, y orden√≥ a sus soldados cesar la lucha y regresar a sus casas, la mayor√≠a no ten√≠an adonde regresar. Se hab√≠an acostumbrado a la guerra y s√≥lo as√≠ sab√≠an ganarse la vida. As√≠ que se unieron en ej√©rcitos independientes, muy justamente llamados ¬ęcompa√Ī√≠as libres¬Ľ, y empezaron a recorrer Francia saqueando, matando y violando.

Uno de aquellos ej√©rcitos era conocido como ¬ęLa Gran Compa√Ī√≠a¬Ľ. Se estima que contaba 16,000 soldados y era de hecho una fuerza mucho m√°s numerosa que cualquier otro ej√©rcito nacional de la √©poca. Atac√≥ la sede papal de Avi√Ī√≥n e hizo prisionero al Papa, quien cometi√≥ entonces el error de pagar grandes sumas de dinero a los mercenarios, lo cual los incentiv√≥ a√ļn m√°s a seguir dedic√°ndose al saqueo. El Papa les sugiri√≥ entonces que se fueran a Italia, donde los m√°s enconados enemigos del propio Papa, los Visconti, dirig√≠an Mil√°n. Los mercenarios siguieron la proposici√≥n del Papa bajo la bandera del marqu√©s de Monferrato, tambi√©n a sueldo del Papa.

 

Terry1

 

As√≠ empez√≥ la pesadilla. S√≥lo la peste result√≥ m√°s catastr√≥fica que aquellos enormes ej√©rcitos de bandidos que asolaron toda Europa. Era como si el Genio hubiese salido de la botella y fuese imposible volver a meterlo en ella. ‚Ä®La guerra se hab√≠a convertido en un negocio rentable. Las ciudades-Estados italianas se empobrecieron a medida que el dinero de los contribuyentes serv√≠a para pagar las ¬ęcompa√Ī√≠a libres¬Ľ. Y como los que viv√≠an de la guerra quer√≠an, por supuesto, seguir haci√©ndolo, la cosa parec√≠a no tener fin.

 

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Regresemos ahora lo que estamos viviendo 650 a√Īos m√°s tarde. Bajo la presidencia de George W. Bush, Estados Unidos decidi√≥ privatizar la invasi√≥n de Irak recurriendo a los servicios de ¬ęempresarios¬Ľ privados como Blackwater, hoy rebautizada con el nombre Xe Services. ‚Ä®En 2004, Blackwater obtuvo, sin licitaci√≥n alguna, un contrato de 27 millones de d√≥lares para garantizar la protecci√≥n de Paul Bremen, por entonces a la cabeza de la Autoridad Provisional de la coalici√≥n en Irak. Por garantizar la protecci√≥n de los funcionarios en las zonas de conflicto a partir de 2004, Blackwater recibi√≥ m√°s de 320 millones de d√≥lares. Y este mismo a√Īo, en 2012, la administraci√≥n Obama se ha comprometido a pagar a Xe Services 250 millones de d√≥lares para que garantice la protecci√≥n en Afganist√°n. No se trata, por lo tanto, de una empresa m√°s entre las muchas que se est√°n beneficiando con la guerra.

En el a√Īo 2000, el Project for the New American Century public√≥ el informe Rebuilding America‚Äôs Defenses, cuyo objetivo confeso era elevar los gastos de defensa del 3% al 3,5 o el 3,8% del Producto Interno Bruto estadounidense. En realidad, esos gastos representan actualmente el 4,7% del PIB. En el Reino Unido, nosotros gastamos al a√Īo 57,000 millones de d√≥lares en el sector de la defensa, el 2,5% del PIB.

Al igual que los contribuyentes de las ciudades-Estados de la Italia medieval, nuestro dinero est√° siendo desviado hacia el negocio de la guerra. Toda empresa tiene que reportar dividendos a sus accionistas. En el siglo XIV, los accionistas de las ¬ęcompa√Ī√≠as libres¬Ľ eran los propios soldados. Si no hab√≠a quien contratara la compa√Ī√≠a para entrar en guerra con alguien, los soldados no ganaban dinero, as√≠ que ten√≠an que buscar la manera de crear mercados por sus propios medios.

 

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La ¬ęWhite Company¬Ľ de Sir John Hawkwood ofrec√≠a sus servicios al Papa o a la ciudad de Florencia. Si ambas partes declinaban su oferta, Hawkwood simplemente ofrec√≠a sus servicios a los enemigos de ambas. Como escribe Francis Stonor Saunders en su importante libro ‚ÄúHawkwood ‚Äď Diabolical Englishman‚ÄĚ: ¬ęEl valor de aquellas compa√Ī√≠as era puramente negativo, y resid√≠a √ļnicamente en su capacidad para mantener el equilibrio de fuerzas militares entre las ciudades¬Ľ, exactamente lo mismo que sucedi√≥ durante la guerra fr√≠a.

Hace dos decenios pude ver casualmente una revista interna de la industria del armamento. El editorial se titulaba ¬ęGracias a Dios por Sadam¬Ľ. Y explicaba que desde la ca√≠da del comunismo y el final de la guerra fr√≠a, las listas de pedidos a la industria del armamento se manten√≠an vac√≠as. Pero que la industria pod√≠a alegrarse ahora que hab√≠a un nuevo enemigo. La invasi√≥n de Irak se bas√≥ en una mentira. Sadam no ten√≠a armas de destrucci√≥n masiva, pero la industria de la defensa necesitaba un enemigo y los pol√≠ticos le consiguieron uno.

Y en este momento, los mismos tambores de guerra, estimulados por el asalto de la semana pasada contra la embajada brit√°nica, resuenan clamando por un ataque contra Ir√°n. Seymour Hersh escribe en la revista New Yorker: ‚Ä®¬ęSe lleva ahora la contabilidad exacta de todo el uranio pobremente enriquecido producido en Ir√°n¬Ľ. El reciente informe del OIEA, que suscit√≥ tanto esc√°ndalo contra las ambiciones nucleares de Ir√°n, prosigue Seymour Hersh, ¬ęno contiene nada que demuestre que Ir√°n est√© tratando de desarrollar armas nucleares¬Ľ.

 

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En el siglo XIV era la Iglesia la que viv√≠a en simbiosis con lo militar. Hoy en d√≠a, son los pol√≠ticos. El gobierno estadounidense gast√≥ en 2010 la astron√≥mica suma de 687,000 millones de d√≥lares en cuestiones de ¬ęDefensa¬Ľ. Imag√≠nense ustedes todo lo que pudiera hacerse con ese dinero si se invirtiese en hospitales, escuelas o en rembolsar los pr√©stamos hipotecarios y as√≠ evitar los desalojos.

En su famoso discurso de adi√≥s a la naci√≥n, pronunciado en 1961, el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower aprovech√≥ la ocasi√≥n para poner a sus conciudadanos en guardia contra el peligro de permitir relaciones demasiado estrechas entre los pol√≠ticos y la industria de la defensa. ‚Ä®¬ęEsta conjunci√≥n de una inmensa instituci√≥n militar y de una enorme industria del armamento es un hecho nuevo en Am√©rica¬Ľ, dec√≠a Eisenhower. ¬ęEn el seno de los consejos gubernamentales, tenemos por lo tanto que cuidarnos de toda influencia injustificada, solicitada o no, que pueda ejercer el complejo militaro-industrial. El riesgo potencial de un desastroso ascenso de un poder ileg√≠timo existe y persistir√°.¬Ľ

Y a√ļn existe. El Genio ha salido de la botella‚Ķ otra vez.

Terry Jones



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