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Edición 328 | ||||
Escrito por Thierry Meyssan | ||||
Martes, 09 de Diciembre de 2014 00:12 | ||||
Mientras Francia y el Reino Unido descubren con horror que personas normales pueden ser súbitamente transformadas en asesinos sanguinarios, Thierry Meyssan analiza ese fenómeno, que él mismo ya venía denunciando desde hace 13 años. Algunos yihadistas no son takfiristas ni mercenarios sino que han sido manipulados para convertirlos en asesinos.
Antes de retomar esa cuestión, que modifica profundamente la percepción que los europeos podían tener sobre la «guerra contra el terrorismo», me gustaría recordar la hipocresía de los líderes europeos que fingen descubrir ahora los crímenes que desde hace tiempo han estado apoyando y financiando de manera totalmente consciente. El apoyo de Francois Hollande a las decapitaciones Resulta imposible comprender la ineficacia de los dirigentes europeos ante el reclutamiento de terroristas entre sus propios conciudadanos sin interrogarnos sobre la responsabilidad personal de esos mismos dirigentes. Las decapitaciones no son un fenómeno nuevo. Son, por el contrario, una práctica que comenzó ocasionalmente en Irak –en 2003– bajo la ocupación militar estadounidense y que se extendió durante las guerras desatadas contra la Yamahiria Árabe Libia y contra la República Árabe Siria. La “primavera árabe” libia comenzó con una manifestación en Bengazi, en la noche del 16 de febrero de 2011 y al mismo tiempo, de manera coordinada, con acciones armadas contra los cuarteles Hussein Al-Jwaifi y Shahaat y contra la base aérea Al-Abrag, atacados por miembros del Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL), o sea al-Qaeda en Libia. En la mañana del 17 de febrero, los yihadistas atacaron cuarteles en Zawiya y Misurata y las sedes de la policía en Zwara, Sabratha, Ajdabiya, Derna y Zentan. En varios casos hay testimonios de que los atacantes colgaron a varios soldados y de que otros uniformados fueron decapitados. La “primavera árabe” siria comenzó, por su parte, en Deraa. A la salida de la plegaria del viernes, unas 15 personas desplegaron banderolas contra el estado de sitio y contra la República. Inmediatamente después, yihadistas atacaron un edificio de la inteligencia militar, situado fuera de la ciudad, que se utilizaba para el trabajo de vigilancia del Golán ocupado por Israel. Víctimas del factor sorpresa, los militares sufrieron gran número de bajas y al menos uno de ellos fue decapitado. Sin embargo, lejos de denunciar esas decapitaciones, los países de la OTAN aplaudieron a los yihadistas y denunciaron a los Estados atacados por esos elementos. Las decapitaciones se convirtieron después en una forma de sembrar el terror. Se generalizaron primeramente en Libia y más tarde, después de la caída de la Yamahiria y del envío de los yihadistas del GICL a Siria, también se hicieron corrientes en este otro país. Pero las decapitaciones no son la única manera de sembrar el pánico. Los yihadistas también acostumbran a desmembrar los cadáveres de sus víctimas y arrojar los pedazos en las plazas públicas.
Pero los países de la OTAN no se limitaron a abstenerse de condenar a aquellos asesinos. El presidente francés Francois Hollande recibió con todos los honores a Abou Saleh, e incluso reclamó para él un aplauso de las delegaciones de 120 países y organizaciones internacionales reunidas en París el 6 de julio de 2012. Resulta que, para la OTAN, el Ejército Sirio Libre se componía de “moderados”. Parece que existe una forma “moderada” de degollar al prójimo. Nada, ni siquiera la escena de canibalismo protagonizada por Abu Sakkar, ex comandante del Emirato Islámico de Baba Amro, y mundialmente difundida a través de YouTube ha podido cambiar esa visión de las cosas. Parece que también existe una manera “moderada” de comerse el hígado y el corazón del prójimo. En cualquier democracia del mundo, un presidente que aporte abiertamente su respaldo a tales comportamientos criminales sería destituido. Pero no sucede así en Francia, donde los parlamentarios fingen considerar esos crímenes como parte de las “prerrogativas” del presidente de la República. ¿Quién recluta a los yihadistas europeos? Dirigentes políticos europeos han llamado públicamente a asesinar al presidente sirio Bachar al-Assad y han expresado públicamente su “Estoy consciente de la fuerza de lo que estoy diciendo: el señor Bachar al-Assad no merece estar sobre la tierra”. El 12 de diciembre de 2012, el mismo Laurent Fabius asumía personalmente la defensa de al-Qaeda y protestaba contra la inclusión de su rama siria en la lista de organizaciones terroristas declarando que; “en el terreno están haciendo un buen trabajo”. O sea que no habría que considerar a los yihadistas europeos como simples criminales ya que no han hecho otra cosa que obedecer las órdenes de sus dirigentes. Sin embargo, algunos de ellos han sido inculpados mientras que los políticos que antes aplaudían sus crímenes siguen en sus cargos. Es importante señalar que al principio los yihadistas europeos eran delincuentes, reclutados en la cárcel, que pensaban que podían hacer en Siria todo lo que las leyes les prohíben hacer en sus propios países (violar, saquear, asesinar). Pero ahora son individuos corrientes reclutados a través de internet. Manipulación hábil Manipular a individuos jóvenes únicamente conversando con ellos en fórums o a través de las redes sociales, utilizando a veces su lengua natal, su cultura e incluso su historia personal hasta convertirlos en asesinos es algo que exige gran habilidad y capacidad de manipulación. ¿Podemos creer realmente que los mercenarios del Emirato Islámico son capaces de lograrlo? Ese tipo de manipulación exige equipos capaces de informarse sobre el perfil de los individuos escogidos como blanco, capaces de identificar sus debilidades y de encontrar las palabras adecuadas para convencerlos. Ese tipo de trabajo es para grupos de especialistas, no para grupos de campesinos iraquíes.
Cuando esos jóvenes –muchachos o muchachas– ya están convencidos de que pertenecen a una comunidad y de que tienen que defenderla con las armas, se van a Turquía. Allí, quien se encarga de ellos es el Emirato Islámico, que se mueve en toda Turquía bajo la protección del MIT (los servicios secretos turcos). Posteriormente son enviados a Siria o Irak, donde pasan un periodo de espera durante el cual se les somete al consumo de drogas y reciben diversas enseñanzas y entrenamientos hasta que llegan a estar mentalmente acondicionados para matar. Las investigaciones de la CIA y el Mossad sobre el acondicionamiento mental Las principales investigaciones sobre las posibilidades de convertir personas normales en asesinos fueron realizadas por la CIA y las fuerzas armadas de Estados Unidos bajo denominaciones codificadas como Projet Chatter (1947 a 1953), Project Bluebird (1951 a 1953), Project Artichoke (1951 a 1953) y Project MKultra(1953 a 1973).
Esos programas, desarrollados bajo la dirección de científicos nazis ex filtrados de Europa por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, exploraron las posibilidades que ofrecían la hipnosis, la privación sensorial, los abusos sexuales, numerosas drogas así como diversas formas de tortura. El objetivo era responder a la siguiente pregunta: “¿Podemos controlar a una persona al extremo de que haga lo que le pidamos, incluso en contra de su propia voluntad y hasta yendo en contra de las leyes fundamentales de la naturaleza, como el instinto de auto preservación?”
En 1973, Estados Unidos dejó de hacer aquellos experimentos… o más bien los trasladó a Israel. Pero los retomó en 2001 y para ello organizó el campo de concentración llamado X-Ray, en la base naval estadounidense de Guantánamo, bajo la dirección del profesor Martin Seligman. El objetivo era usar la tortura, pero no para obtener confesiones sino para inculcarle a los prisioneros toda una serie de confesiones imaginarias de manera que las hiciesen por sí solos y estando incluso orgullosos de hacerlas. La publicación de la investigación del Congreso de Estados Unidos sobre esos crímenes ha sido pospuesta en múltiples ocasiones. La serie "Crisis", recientemente transmitida por la NBC, muestra el trabajo de acondicionamiento de soldados estadounidenses realizado por químicos de la CIA. Esos hechos han sido ampliamente documentados. Incluso se han visto reflejados en la cultura popular y han dado lugar a numerosas obras de ficción, hasta en la televisión y el cine de Estados Unidos. Si se admite que todos esos experimentos han podido arrojar al menos algunos resultados, también hay que reconocer que Estados Unidos e Israel cuentan con posibilidades de acondicionar personas normales para llevarlas a cometer crímenes e incluso a actuar como kamikazes en atentados suicidas. Lo anterior modifica totalmente la percepción que se tiene de una organización como al-Qaeda, especializada en los atentados suicidas. Marketing ideológico
El hecho es que la mayoría de los yihadistas ignoraban en qué consiste el wahabismo cuando entraron en contacto con al-Qaeda o con el Emirato Islámico. Sin embargo, si desde 1979 Arabia Saudita, Qatar y el Emirato de Sharjah han logrado implantar el wahabismo en toda Europa y extenderlo un poco en el mundo árabe a tal punto que se le considera como una rama integrista del islam, esa corriente se define a sí misma como el único islam verdadero y condena como heréticas todas las demás escuelas teológicas, tanto el chiismo como las otras cuatro escuelas sunnitas tradicionales. El lector curioso puede consultar los escritos del fundador, Mohammed ben Abdelwahhab. En ellos descubrirá que para el fundador del wahabismo los sunnitas no son musulmanes. Jean-Michel Vernochet mostraba recientemente cómo los británicos utilizaron simultáneamente el mito de la nación árabe y la secta wahabita para combatir el califato turco y derrocar el imperio otomano. Con toda lógica, si el Emirato Islámico restaura hoy el califato, no lo hace como sucesor de los Fatimidas, de los Abasidas ni de los Omeyas, a los que considera herejes, sino en lugar de todos ellos. ¿Qué hacer? En primer lugar, poner fin a toda forma de respaldo a los yihadistas, incluso cuando se trata de derrocar regímenes que resisten ante los designios del imperialismo. Y también habría que destituir a los políticos que apoyan públicamente los desmanes de los yihadistas. En segundo lugar, poner fin a toda forma de apoyo a la ideología wahabita, incluso cuando quienes la citan son el rey de Arabia Saudita o los emires de Qatar y de Sharjah. Y reclamar de inmediato la igualdad de derechos para las mujeres de esas monarquías y la autorización de practicar libre y públicamente su religión. Y además poner bajo vigilancia a los imanes wahabitas en Europa y arrestarlos cuando incitan al crimen o elogian a quienes los cometen. Para terminar, también habría que respaldar al presidente estadounidense Barack Obama frente a aquellos que, como el senador John McCain, e incluso dentro de su propia administración, organizan y financian la manipulación de las mentes de los yihadistas. Esas medidas permitirían frenar en seco el reclutamiento de yihadistas. Pero no resolverán el problema de los yihadistas que regresan de Siria o de Irak. Es cierto que estos últimos son casos que caen en el marco de acción de la justicia, pero deben ser reconocidos como personas sin responsabilidad penal, como en el programa de reconciliación nacional que está aplicando la República Árabe Siria.
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