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VOCES DEL DIRECTOR El reto de una encrucijada histórica
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Edición 378

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                               VOCES DEL DIRECTOR     

El reto de una encrucijada histórica

Mouris Salloum George

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MIENTRAS NO se perfeccione la democracia mexicana, todo lo que tenemos en uso en campañas, en las elecciones y aun en el conteo de votos y su declaración de validez, son cuentas de vidrio que se hacen pasar como abalorios.

Hacer política de la realidad corresponde al estadista una vez que el proceso constitucional ha sido cumplido en tiempo y forma, y su titulo ha sido revestido de legitimidad.

A partir del 1 de diciembre, Andrés Manuel López Obrador posee un atributo legal irrenunciable e intransferible: La Constitución deposita en él -únicamente en él- el ejercicio del Poder Ejecutivo de la Unión.

Así lo impone el ciclo político mexicano iniciado hace 101 años en que, el 1 de diciembre de 1917, Venustiano Carranza protestó el cargo de presidente de la República. A ese precepto se acogió Enrique Peña Nieto, quien concluyó su periodo el 30 de noviembre pasado.

Bajo la sombra de la presidencia transexenal

El mandato constitucional, sin embargo, sólo blinda la formalidad de la investidura, no así la función presidencial. El propio Carranza sucumbió abatido violentamente por sus antiguos aliados revolucionarios.

Uno de los conjurados contra El varón de Cuatro Ciénegas, Plutarco Elías Calles, una vez alcanzado el poder, pretendió perpetuarlo sobre la dignidad de sus sucesores.

Hacia la década de los setenta, se denunció la pretensión de implantar un minimaximato. Fue abortado. A partir de 1994, no obstante, ha creado estado el supuesto de una presidencia transexenal. La nostalgia por el poder parece incurable.

Bajo esas amenazantes sombras se inicia la cuarta transformación política de México. Si hasta 2000 la lucha de los contrarios se dio en los cauces establecidos por la Constitución, a partir de 2006 las formas democráticas han sido violentadas por los poderes fácticos.

A expensas del Nuevo Orden Feudal Internacional

La nueva superestructura orgánica de la resistencia la encarnan los grupos de poder real domésticos, articulados con las potencias supranacionales que ejercen de facto el nuevo orden feudal internacional, a remolque del capital financiero-especulativo.

Ese es el equilibrio catastrófico sobre el que giran las promisorias expectativas del nuevo gobierno mexicano, expuesto a la fatalidad histórica.

Desde su gestión como jefe del Ejército Constitucionalista, el propio Carranza —frente a las acechanzas foráneas— acometió audaces ejercicios diplomáticos para que potencias extranjeras reconocieran y respetaran nuestra soberanía nacional y la libre autodeterminación.

El mismo Calles, Álvaro Obregón, Lázaro Cárdenas, Adolfo López Mateos y Miguel de la Madrid —sólo para citar cinco tensos periodos críticos en el ámbito externo- apostaron a una diplomacia soberana para defender el derecho de México a existir como nación independiente.

Ceñidos al proyecto revolucionario de desarrollo con justicia social, aquellos mandatarios tuvieron como visión e imperativo el crecimiento económico de México hacia adentro.

La fractura histórica del modelo nacional en los ochenta impuso crecer hacia afuera. Peor aún: Se aceptó el mandato imperial de crecer para pagar.

Camisas de fuerza para continuar por el “camino correcto”

Resulta más que evidente que al presidente López Obrador se le han tejido aceradas camisas de fuerza para que continúe el llamado por los tecnócratas neoliberales camino correcto.

Sólo citaremos, a manera de ilustración, el arreglo comercial identificado con las siglas T-MEC -suscrito el pasado día 30, en representación de México, por el secretario de Economía saliente- que sustituye el extinguido TLCAN.

Campanas al vuelo: Se habla ahora de beneficios en los sectores agroindustrial, automotriz y aeroespacial. Se hace abstracción de los derechos de la mano de obra mexicana, centro neurálgico del fenómeno migratorio.

En la celebración de ese arreglo leonino se remiten a la noche de los tiempos los resultados del anterior tratado, vigente durante un cuarto de siglo en que se pretendió el crecimiento hacia afuera.

México, pariente pobre entre sus socios

Contra las exportaciones desde México a partir de 1993, las importaciones totales crecieron de 65 mil millones de dólares a más de 343 mil millones de dólares en lo que va de 2018, con un saldo deficitario para este año de más de 10 mil millones de dólares.

En el periodo, el valor de la economía de los Estados Unidos creció tres veces; la de Canadá, en el mismo orden. La de México sólo creció de 500 mil millones de dólares a un billón 149 mil millones de dólares.

El producto per cápita en los Estados Unidos creció de 26 mil a más de 50 mil dólares al año; el de Canadá, de 20 mil a 45 mil dólares. El de México, de cinco mil 527 a 8,900 dólares. Es decir, en los países socios el reparto de la renta nacional creció al doble. En México un tercio.

La inflación no es un dato de poca monta porque castiga la economía popular: En EU bajó de 2.8 por ciento en 1993 a 2.5 en 2018. En Canadá se incrementó de 1.7 por ciento a 2.4. En México está ahora mismo en 4.9 por ciento: El doble de sus “pares”.

El hoyo negro de la deuda pública mexicana

Aun con el error de diciembre de 1994, la deuda externa estaba situada en 1995 en 180 mil millones de dólares; en 2018, en 437 mil millones de dólares.

En 2018 la deuda pública total monta más de 10 billones de pesos. Al servicio del débito se reserva para el ejercicio fiscal de 2019 una partida de 800 mil millones de pesos.

¿De qué beneficios, pues, se habla con el nuevo arreglo comercial? El crecimiento “hacia a fuera” se ha quedado, efectivamente, para los de afuera.

La Espada de Damocles: Un gran crack maquinado

Al segundo día de la cuarta transformación, nos topamos con una medida de contingencia que explica las ataduras de México con el exterior: Se ha matizado el tratamiento a la suspensión del Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Se tratan con pinzas los papeles de inversión privada colocados en fideicomiso: Se garantizará el rembolso del valor de los bonos.

No puede ser de otra manera: Dejar colgados de la brocha a los inversionistas —así solo se trate de nacionales—, daría pie a que las certificadoras neoyorkinas impongan calificaciones negativas a la deuda mexicana. El efecto dominó haría estallar el gran crack sobre la cuarta transformación.

¿Cómo administrar los costos sin fallar a los mexicanos?

Realpolitik, la bautizaron los clásicos alemanes: Dejar la teoría y los discursos de campaña electoral en las vitrinas. Actuar en función de intereses prácticos y acciones concretas, lo mismo en política interna que en diplomacia.

¿Cómo administrar los costos de la política de la realidad sin fallar a los mexicanos? El presidente López Obrador está en una encrucijada histórica.

La respuesta está en saber hacia qué lado movilizará el tabasqueño la energía social para conservar los rendimientos del bono democrático que el 1 de julio le endosó la mayoría de los votantes. Grave reto, si lo hay.

   



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