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SOBERANÍA NACIONAL La herencia maltrecha del Neoliberalismo
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Edición 410

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SOBERANÍA NACIONAL

LA HERENCIA MALTRECHA

DEL NEOLIBERALISMO

IMPACTO EN LA SEGURIDAD NACIONAL, O LA FILTRACIÓN DE INTERESES EXTRANJEROS

Salvador González Briceño

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LA VIOLACIÓN FLAGRANTE A LA SOBERANÍA DE MÉXICO —todo lo que es ajeno a los intereses nacionales—, los mexicanos se la deben, hablando en términos juaristas de individuos y naciones, principalmente a dos presidentes: a Felipe Calderón Hinojosa (2006-2012) y a Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).

EL PRIMERO, ilegítimo desde su llegada al poder y por lo cual declaró la “guerra al narcotráfico”; el segundo —primero en el tiempo—, desde que promovió y suscribió (1992-1994) con Estados Unidos y Canadá, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Calderón militarizó al país, y con ello descompuso la vida nacional porque lanzó piedras al avispero de las bandas criminales. Claro que el antecedente, en materia de injerencismo —que con el tiempo igual devino en abierta violación a la soberanía nacional—, México se lo debe al también ilegítimo Salinas (en esta última etapa, porque EE.UU. interviene los intereses nacionales desde la guerra contra España).

4104b

Salinas asumió el poder tras el fraude electoral de 1988 —mejor conocido como “caída del sistema”, con quema de boletas en bodegas de Cámara de Diputados, avalada por Diego Cevallos del PAN—, pero en términos económicos amarró al país con el TLCAN afianzando los inequitativos lazos de la economía mexicana a la norteamericana y canadiense, sobre todo a la primera. Un sometimiento de México a la órbita imperial estadounidense.

Desde luego que, entre Salinas y Calderón —hasta Enrique Peña Nieto, el último del período neoliberal—, los demás presidentes igual hicieron lo propio; es decir, abandonar, descuidar y permitir el atropello de la soberanía de la nación.

Todos los presidentes (hay que agregar a Ernesto Zedillo y a Vicente Fox) siguieron a pie juntillas los preceptos del acuerdo comercial con EE.UU. y Canadá, aplicando las políticas neoliberales tanto afines como dirigidas desde Washington, entregándolo a los intereses foráneos. De igual modo, el último presidente del periodo neoliberal, Peña Nieto, igual aplicó la estrategia de militarizar la seguridad pública y olvidar y descuidar la seguridad nacional.

Violación de la soberanía

El llamado modelo neoliberal, cuyas privatizaciones, apertura y libre comercio (entre otros lineamientos: liberalización, desregulación y achicamiento del Estado), generalizaron la apropiación de las riquezas nacionales en beneficio de unos pocos: la venta generalizada de las paraestatales, empresas bajo control del Estado para su administración, más no del gobierno para su remate, se aplicó hasta el final con la “política energética” enfocada en privatizar a Pemex.

En pocas palabras, todo ello derivó en violación a la soberanía del país, por lo menos en los siguientes términos:

1) ECONÓMICOS, con la aplicación de políticas contrarias o ajenas a los intereses nacionales, por el saldo dañino al patrimonio de México y para beneficiar a unos cuantos empresarios y políticos “nacionales” y “extranjeros”;

2) LA PRETENDIDA contención de un fenómeno no local sino de carácter trasnacional, como es el fenómeno del narcotráfico, ese fructífero negocio —de una globalización liberal en picada— ni siquiera de los “grandes capos” sino de la banca trasnacional en particular o del sistema financiero internacional en general. Ganancias para unos cuantos concentradores de las riquezas del mundo.

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Sobre este segundo punto, queda claro que las políticas de presunto control del narcotráfico, no son otra cosa que la “militarización” de los países. Es decir, que lanzar a los militares a las calles en México trajo a la par la descomposición de la vida social, por la respuesta violenta de los carteles de las drogas y las disputas de las rutas hacia el mercado del norte.

Internamente, la “guerra contra el narcotráfico” no logró el objetivo de “combatir” a las organizaciones criminales; lo contrario, terminó fortaleciéndolas y ampliando las disputas por el control de estados y municipios.

Con el neoliberalismo el Estado resultó menos que apto para satisfacer o responder a los intereses nacionales en general y específicamente de la población. El gobierno perdió legitimidad frente a una sociedad que padece las secuelas del sometimiento —a las políticas económicas, políticas y sociales contrarias— y por la violencia.

Las secuelas del neoliberalismo y de la “guerra contra el narcotráfico”, como políticas de Estado, derivaron en rompimiento social sin parangón en la historia de México. Descomposición generalizada y sometimiento del país al rigor estadounidense; es decir, la “órbita imperial” de José Luis Ceceña es de orden geopolítico: de dominación y de control vía la economía y la “guerra”.

Políticas que, ante gobiernos cada vez mayormente ilegítimos, generaron un ambiente propicio para la corrupción y la impunidad; la descomposición de las instituciones de por medio. Herencia que bien se pudo definir como de rompimiento de la vida nacional.

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Recuperación de la SN

EN FIN, que neoliberalismo y “guerra contra el narcotráfico” terminaron por impactar la vida nacional, debilitar al Estado, destruir la política social e impactando los núcleos familiares.

Políticas que, a la postre, resultaron atentatorias/violatorias de la soberanía y la Seguridad Nacional. Políticas que, en el fondo, destruyen la integridad de los pueblos, como enemigas de todo nacionalismo y contrarias al interés nacional.

Sin embargo, ¿quién es el garante de dicha soberanía, cuando las políticas de los gobiernos derivan en descomposición económica, política y social como sucedió durante el periodo neoliberal? El pueblo. El único depositario de la soberanía, tal y como lo determina la Constitución política de México.

Porque es al pueblo es a quien le corresponde rescatar la soberanía, no a los grupúsculos —grupos de presión— ni a los partidos —se supone que éstos deben representar los intereses de las mayorías—; y al gobierno, como respuesta a los fines nacionales, le compete la aplicación de las mejores políticas para salvaguardar la Seguridad Nacional.

El pueblo, el único garante de la soberanía, en términos constitucionales

El gobierno actual, del presidente Andrés Manuel López Obrador, tiene mucho qué hacer al respecto, tal y como se lo propuso de ir a contracorriente del pasado neoliberal.

Por lo mismo, uno de los retos de hoy radica en esclarecer la política pública de Seguridad Nacional, no solo atender la seguridad pública. Un país cuya soberanía pende de un hilo en términos principalmente respecto a los EE.UU. La

*) Director de geopolítica.com, @sal_briceo.



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