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CON LA GEOPOL√ćTICA DE LA GUERRA FR√ćA, JOE BIDEN IR√Ā AL FRACASO
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Edición 416

 41611

CON LA GEOPOL√ćTICA DE LA GUERRA FR√ćA,

JOE BIDEN IR√Ā AL FRACASO

Salvador Gonz√°lez Brice√Īo

Ninguna nación está mejor posicionada para navegar este futuro que Estados Unidos: Joe Biden.

O Estados Unidos o el caos global (para otro tiempo, no de ahora):

Zbigniew Brzezinski.

Pa√≠s hegem√≥nico por ser potencia capitalista e imperialista global desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos consigui√≥ la supremac√≠a con sus empresas multinacionales al cobijo siempre del complejo militar-industrial, el brazo armado convertido en el millonario negocio de la guerra ‚ÄĒcomo los imperios del pasado‚ÄĒ, para imponerse mediante la violencia, asesinando y armando complots para controlar gobiernos y arrebatar bienes materiales de otros.

ESA HA SIDO la Pax Americana durante el periodo de la guerra fr√≠a, no solo en el continente Latinoamericano donde ensay√≥ primero los golpes de Estado para el derrocamiento de gobiernos ‚Äúcomunistas‚ÄĚ primero y ‚Äúpopulistas‚ÄĚ despu√©s, pero no para afines apoderarse de sus recursos naturales ‚ÄĒterritoriales primero como de M√©xico‚ÄĒ, bajo los preceptos de la ‚ÄúDoctrina Monroe‚ÄĚ de viejo cu√Īo y luego invadiendo y usando ‚Äúoperaciones encubiertas‚ÄĚ por el mundo ‚ÄĒCIA, Departamento de Estado, y sus respectivos presidentes: de Franklin Roosevelt a Joe Biden‚ÄĒ, siempre con fines geoecon√≥micos y geopol√≠ticos.

Porque el mundo es otro, el nuevo presidente y la geopolítica global se quedan cortos ante la nueva realidad.

A escala mundial, las pol√≠ticas econ√≥micas de libre mercado y espec√≠ficamente el neoliberalismo dieron sustento a la llamada globalizaci√≥n. Ya desde la guerra fr√≠a EE.UU. se hab√≠a convertido en el pa√≠s hegem√≥nico ‚ÄĒel gran hegem√≥n‚ÄĒ, baluarte de tal globalizaci√≥n de la mano de Gran Breta√Īa. Solo que las cosas se complicaron para al poder√≠o anglosaj√≥n, desde que China fue admitida en la Organizaci√≥n Mundial del Comercio (OMC) en 2001 y arremeti√≥ con todo.

Fue la ca√≠da del bloque sovi√©tico lo que hizo creer que el reinado del ‚Äúmundo libre‚ÄĚ al servicio de EE.UU. era el para√≠so, el ‚Äúfin de la historia‚ÄĚ. Pero tanto el repunte de China como el resurgir de Rusia a la palestra mundial en las √ļltimas dos d√©cadas ‚ÄĒaqu√©l como potencia econ√≥mica y √©ste poder geopol√≠tico‚ÄĒ en pleno siglo XXI, fue como la factura que el ‚Äúcomunismo‚ÄĚ le cobr√≥ al imperialismo estadounidense, a un poder√≠o pretendidamente √ļnico.

 

La pandemia y el principio del fin

Pero ahora esa supremac√≠a est√° al punto del derrumbe, de la mano de la crisis econ√≥mica que no tarda en descomponer desde las entra√Īas al imperio m√°s reciente de la historia, el estadounidense. El a√Īo 2020, de la pandemia generalizada por el Covid-19, ser√° reconocido como el principio del fin, porque a la econom√≠a especulativa m√°s vol√°til del sistema financiero global le est√° llegando su t√©rmino. Y arrasar√° con todo. La pandemia ser√° el detonante, porque tampoco el origen de los males econ√≥micos.

En ese contexto, y tras el breve cuatrienio del irreverente presidente de EE.UU., Donald Trump, con el ahora presidente Joe Biden y su gabinete del pasado reciente es que, el decadente imperio estadounidense tratará de resurgir de las cenizas, pero no como Ave Fénix sino desde el tiradero dejado como estela de muerte y polvo, gracia de la destrucción sembrada en muchos países donde ha reinado la geopolítica de la guerra.

S√≥lo que ya desde sus primeras acciones de gobierno, el presidente dem√≥crata Biden parece no atinar a encontrar c√≥mo lograr ese resurgir de la otrora potencia imperial. No queda claro c√≥mo es que ‚Äúreconstruir√°‚ÄĚ a EE.UU., toda vez que comenz√≥ a empe√Īarse m√°s en revertir las pol√≠ticas de su antecesor, que en fincar las bases de la ‚Äúnueva pol√≠tica‚ÄĚ que el pa√≠s requiere. Grande el reto que tiene al frente la administraci√≥n Biden y pronto se ver√°n sus logros por incapacidad.

Eso s√≠, Biden se ha propuesto salvar a su pa√≠s. Primero plantea un ‚ÄúEstados Unidos de regreso‚ÄĚ, pero no dice c√≥mo impulsar√° la econom√≠a sacudi√©ndose al sistema financiero especulativo, y recuperar la p√©rdida de peso del d√≥lar como moneda internacional de cambio y reserva. Eso no es sencillo, como Trump igual se propuso romper con los poderes dominantes del Estado profundo, y eso le cost√≥ la reelecci√≥n.

Adem√°s, Biden tampoco dice c√≥mo competir√° con China, o si lo convierte en aliado geoestrat√©gico ‚ÄĒpor virar desde el ‚Äúsocialismo‚ÄĚ al ‚Äúcapitalismo de Estado‚ÄĚ‚ÄĒ. Porque para invertir en las nuevas tecnolog√≠as, como lo dice, al grado de alcanzar a las empresas chinas se requiere m√°s que los apoyos billonarios de la Reserva Federal y los presupuestos de millones avalados por el Congreso, para presuntamente impulsar una econom√≠a que carece de proyecto. Se requiere impulsar la econom√≠a nacional, como se lo plante√≥ Trump, pero no lo dejaron. Porque lo contrario es meter reversa.

En otras palabras, no se ve por d√≥nde o c√≥mo Biden y su gabinete tendr√°n √©xito en sus planes para que el pa√≠s siga siendo la potencia dominante, sin superar la crisis vigente del 2008 a la fecha, menos cuando est√° a punto de estallar. O cu√°ndo el EE.UU., que ahora se propone ‚Äúamigable‚ÄĚ con sus socios, ha propagado siempre la guerra, m√°s desde las invasiones a pa√≠ses so pretexto del ‚Äúterrorismo‚ÄĚ isl√°mico que en 2001 perpetr√≥ los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York.

Viene la era postpandémica donde todo es diferente; imposible atender con el viejo esquema de postguerra

Cu√°l es el nuevo enfoque

Es decir, una administraci√≥n lista para seguir con la guerra fr√≠a o ‚Äúneoguerra fr√≠a‚ÄĚ, para perseguir sus metas. Cabe preguntar: ¬ŅHay congruencia entre los planes de gobierno de Biden y los m√©todos para conseguir el retorno de EE.UU. ‚Äúa la cabeza de las mesas de negociaci√≥n‚ÄĚ de los asuntos globales?

Claro que como pol√≠tico del pasado reciente e integrante de las administraciones de George W. Bush y Barack Obama, Biden pronto form√≥ su gabinete con ex funcionarios de aquellas administraciones, el m√°s diverso de la historia. El mismo presidente, con credenciales a√Īejas habiendo sido copart√≠cipe del ejercicio del poder de un imperio cuyos fines los ha conseguido oliendo a p√≥lvora, no sabe de qu√© otra manera relanzar a EE.UU. al mundo como poder hegem√≥nico.

Por ejemplo, Biden destaca que entre sus prioridades hacia el interior est√° el ‚Äúpromover nuestros intereses con un nuevo enfoque actualizado para los desaf√≠os de nuestro tiempo‚ÄĚ, pero sin aclarar cu√°l es el ‚Äúenfoque‚ÄĚ.

Se propone ‚Äú‚Ķfortalecer los pilares fundacionales de nuestra democracia, para abordar verdaderamente el racismo sist√©mico y cumplir con nuestra promesa como naci√≥n de inmigrantes. Nuestro √©xito ser√° un faro para otras democracias, cuya libertad est√° entrelazada con nuestra propia seguridad, prosperidad y forma de vida.‚ÄĚ (del Informe Anual de Evaluaci√≥n de Amenazas de 2021. Ideas de la comunidad de inteligencia de EE.UU.).

Es imperativo, aclara el presidente: ‚ÄúUna econom√≠a en recuperaci√≥n basada en un crecimiento equitativo e inclusivo, as√≠ como inversiones para fomentar innovaci√≥n, fortalecer la competitividad nacional, producir empleos bien remunerados, reconstruir cadenas de suministro de productos cr√≠ticos y ampliar las oportunidades para todos los estadounidenses. Y debemos seguir comprometidos con la realizaci√≥n y defensa de los valores democr√°ticos en el coraz√≥n del Estilo de vida americano.‚ÄĚ

Sin decir c√≥mo, pero hablando de los ‚Äúintereses nacionales vitales‚ÄĚ, el presidente Biden declara: ‚ÄúEs nuestra obligaci√≥n m√°s solemne proteger la seguridad del pueblo estadounidense. Esto requiere que enfrentemos desaf√≠os no solo de las grandes potencias y adversarios regionales, sino tambi√©n de los extremistas y actores no estatales violentos y criminales, y de amenazas como el clima, enfermedades infecciosas, ciberataques y desinformaci√≥n que no respetan fronteras nacionales.‚ÄĚ

‚ÄúRevertir estas tendencias es esencial para nuestra seguridad nacional‚ÄĚ, afirma el presidente. Pero sin aclarar cu√°l ‚Äúenfoque‚ÄĚ, para la recuperaci√≥n econ√≥mica que demanda recursos billonarios por el atraso generado desde los propios poderes establecidos por sus pol√≠ticas fallidas, como tampoco por d√≥nde enfrentar√° los ‚Äúdesaf√≠os‚ÄĚ de ‚Äúlas grandes potencias‚ÄĚ sin recurrir a la tan vetusta como repudiada guerra fr√≠a, ahora bajo la forma m√°s bien ser√≠a, de neoguerra fr√≠a. Los objetivos s√≠, pero las metas cu√°ndo.

Adem√°s, lo que no se logre internamente mucho menos se alcanzar√° en el exterior. Por lo que Biden tiene ante s√≠ un escenario con grandes desaf√≠os, complicado para los pocos a√Īos de gobierno para los que fue ‚Äúelecto‚ÄĚ. Ni lo conseguir√° siquiera con la guerra, porque ya no est√° la relativa estabilidad anterior ‚ÄĒcuando exist√≠a la URSS‚ÄĒ donde la atenci√≥n de los asuntos mundiales se alcanzaba bajo el precepto de corresponsabilidad en pugna, o acuerdos previos. Eso no se tiene ahora.

 

Hacia la multipolaridad con Rusia y China

Porque ahora el tira y afloja es entre potencias cada vez más equidistantes, inclusive en materia del equilibrio atómico. Hoy EE.UU. tiene frente a sí, como lo ha construido siempre, a Rusia y a China, países con objetivos distintos a los suyos. Pero porque los EE.UU. así se lo han propuesto. Por eso Rusia y China buscan sus propios espacios en el poder global como cabezas de playa, y no simples arietes de Washington.

Por algo ambos países son ahora los principales agentes promotores de la multipolaridad. Por eso le teme EE.UU. a su poderío global, de ambos, que además no están solos en estos nuevos planes geopolíticos y contrapeso al dominio imperial estadounidense.

Por ello mismo es que Biden reconoce: ‚ÄúEnfrentar la realidad de la distribuci√≥n del poder en todo el mundo (que) est√° cambiando, creando nuevas amenazas. China, en particular, se ha vuelto r√°pidamente m√°s asertiva. Es el √ļnico competidor potencialmente capaz de combinar sus actividades econ√≥micas, diplom√°ticas, militares, y el poder tecnol√≥gico para montar un desaf√≠o sostenido al sistema internacional estable‚Ķ (de ahora, de EE.UU.)‚ÄĚ. Reconocimiento expl√≠cito de que la geopol√≠tica del poder se inclina por China.

Sobre Rusia el presidente asegura: ‚ÄúSigue determinada a mejorar su influencia global y jugar un papel disruptivo papel en el escenario mundial. Tanto Beijing como Mosc√ļ han invertido mucho en esfuerzos destinados a comprobar las fortalezas de EE UU. y evitar que defendamos nuestros intereses y aliados en todo el mundo.‚ÄĚ Otros actores ‚Äúregionales, como Ir√°n y Corea del Norte‚ÄĚ, que buscan innovaci√≥n y tecnolog√≠as, igual amenazan a los aliados y socios de EE.UU. y desaf√≠a la estabilidad regional.

Aparte los retos globales creados muchos de ellos al un√≠sono. Dice: ‚ÄúPandemias y otras enfermedades biol√≥gicas de riesgo, la escalada de la crisis clim√°tica, las amenazas cibern√©ticas y digitales, perturbaciones de la econom√≠a internacional, crisis humanitarias prolongadas, extremismo violento y terrorismo, y la proliferaci√≥n de armas nucleares y otras armas de destrucci√≥n masiva, que plantean profundos retos como peligros existenciales‚ÄĚ.

El extremismo tanto nacional como internacional, sigue siendo una amenaza importante, pero casi todos atizados por ellos como país irresponsable y actor que atropella en todos lados mediante la guerra.

¬ŅA qu√© apunta todo esto que propone la nueva administraci√≥n encabezada por Joe Biden? Al rescate del pasado para tratar de alcanzar el presente y el futuro tambi√©n. Solo que ni los planes ni el tiempo le alcanzar√°n. Mucho menos bajo el enfoque de la ya superada y repudiada guerra fr√≠a.

M√©xico, ¬Ņen la mira de la administraci√≥n de Joe Biden? NO. Y el ‚Äúnarcoterrorismo‚ÄĚ carece de sustento.

Sobre el ‚Äúgran hermano‚ÄĚ

Tampoco con sus asistentes estrella, hoy rebasados, como Henry Kissinger o el mism√≠simo superasesor Zbigniew Brzezinski. Este √ļltimo, de pretendida actualidad cuando fue el geopol√≠tico estadounidense por excelencia de la guerra fr√≠a.

Porque el mundo plantea nuevos retos para el poder global a partir del 2020, a√Īo de la pandemia. Cierto que por un lado EE.UU. pretende imponer el Nuevo Orden Mundial, el del Gran Hermano que vigila y apuesta por una seguridad individual acotada y bajo control total del Estado; pero muy por delante van pa√≠ses como China, con el desarrollo de las nuevas tecnolog√≠as: el G5, la rob√≥tica, la computaci√≥n cu√°ntica y las telecomunicaciones, superando el desarrollo tecnol√≥gico estadounidense, vigilancia incluida.

Ni siquiera a pensadores como Brzezinski les alcanz√≥ el esquema anal√≠tico para proyectar esta nueva realidad, donde el mundo pronto se convirti√≥ en otro y la hegemon√≠a no se apostar√° m√°s en las guerras tradicionales. En todo caso ser√°n las guerras cibern√©ticas, rob√≥ticas, de cuarta y hasta de quinta generaci√≥n o ‚Äúguerras sin l√≠mites‚ÄĚ: de EEUU-OTAN-2009, de manipulaci√≥n neurol√≥gica y para romper la fuerza intelectual del ‚Äúenemigo‚ÄĚ.

Sobre la guerra tecnol√≥gica naciente, Brzezinski dijo que la clave era el ataque emocional de un pa√≠s, para la desintegraci√≥n de la sociedad y evitar ‚Äúmodelos colectivos‚ÄĚ de identidad. Acaso permanecer√°n todav√≠a, antes de migrar a lo tecnol√≥gicamente m√°s avanzado, las guerras indirectas o ‚Äúguerras h√≠bridas‚ÄĚ. Con todo y el potencial nuclear disuasivo.

No obstante ser un geoestratega, tan antirruso como estadounidense, a Brzezinski, quien se gan√≥ el calificativo de hawkish, halc√≥n de l√≠nea dura, se le acusa de apoyar a Al Qaeda, ‚Äú‚Ķcon miles de millones en ayuda militar a militares isl√°micos que luchan contra las tropas sovi√©ticas invasoras en Afganist√°n‚ÄĚ; as√≠ como respaldar al yihadismo militante y denigrar a Rusia como adversario, para quien la paz le estaba ‚Äúnegada‚ÄĚ.

Brzezinski heredó ideas geopolíticas como las siguientes. En primera instancia que Eurasia era y seguiría siendo el escenario de las guerras, la manzana de la discordia desde los postulados del geógrafo John Mackinder.

De igual manera, que si en la disputa el espacio medio (entre Eurasia y Rusia) es atraído cada vez más hacia la órbita en expansión de Occidente, donde hay preponderancia estadounidense, y si la región sur no está sujeta a la dominación de un solo jugador, y si el Oriente (Medio) no está unificado de una manera que incite a la expulsión de EEUU de sus bases militares en alta mar, entonces se puede decir que América prevalecerá. Pero si el espacio medio rechaza a Occidente… entonces la geopolítica cambia.

Ideas que pueden simplificarse as√≠: 1) Que Occidente debe atraer a las ex rep√ļblicas sovi√©ticas; 2) El sur de Eurasia o desde los Balcanes a Turqu√≠a deber√° estar desestabilizado; 3) El desorden geopol√≠tico de los pa√≠ses de Oriente Medio impedir√° la expulsi√≥n de ‚ÄúAm√©rica‚ÄĚ con sus bases militares. Salvo que el ‚Äúespacio medio‚ÄĚ rechace a Occidente. Si eso ocurre entonces EE.UU. se ir√°.

Propuestas como estas siguen orientando las acciones geopol√≠ticas de Washington. Por ejemplo: Ucrania es el ‚Äúpivote geopol√≠tico‚ÄĚ clave en el tablero euroasi√°tico donde su sola existencia independiente impide a Rusia ser un ‚Äúimperio euroasi√°tico‚ÄĚ. Por lo mismo EE.UU. no quiere perder el control y apoya a Ucrania. El sur de Eurasia est√° permanentemente desestabilizado e Israel presta un gran servicio como aliado. El caos generado por invasiones y las guerras en pa√≠ses como Iraq o Afganist√°n y Siria son parte de dicho ‚Äúdesorden geopol√≠tico‚ÄĚ.

Proyecciones tan √ļtiles ahora para Biden y su gabinete, como antes lo fueron para el Nobel de la Paz Barack Obama. Por eso el plan de un ‚ÄúEstados Unidos de regreso‚ÄĚ. Sin embargo, la log√≠stica o movimiento de las piezas del ajedrez global pertenecen ya al siglo XX, a la l√≥gica superada durante la guerra fr√≠a. El siglo XXI ya presenta otra din√°mica, la era postcovid-19, o de ‚Äúpostguerra bacteriol√≥gica‚ÄĚ. Pero Biden ni su gabinete parecen comprender eso y le apuestan a lo mismo, a esa suerte de neoguerra fr√≠a.

Y apuestan por dejarse llevar de la mano de Brzezinski, as√≠ como retomar y proyectarse en el mundo empleando la ‚Äúpol√≠tica del terror‚ÄĚ bajo la modalidad de guerra h√≠brida de Bush y Obama. Pero van a la derrota con eso. La geopol√≠tica del siglo XXI es la era postcovid-19. Con todos los adelantos chinos que se entrecruzan por todo el mundo. Porque si antes todos los caminos conduc√≠an a Roma y reci√©n a EE.UU., en lo sucesivo conducir√°n a China.

En pocas palabras, que los planteamientos de Brzezinski conducen por lo menos a: 1) la inevitable p√©rdida de la hegemon√≠a del imperio estadounidense, tras la crisis econ√≥mico-financiera que est√° punto de estallar y de la cual se responsabiliza al Covid-19, cuando es un asunto interno; 2) la inevitable superioridad de China como cabeza de playa de la multipolaridad, que est√° al punto de suplir a los EE.UU. como potencia ‚Äúasertiva‚ÄĚ en la visi√≥n de Joe Biden, adem√°s acompa√Īado de Rusia, cada uno en su respectivo rol geopol√≠tico en el Nuevo Orden Multilateral en proceso de consolidaci√≥n.

Esto hará parecer caduco el análisis de Brzezinski, no obstante seguirá presente que el o los escenarios de guerra seguirán siendo en Eurasia, por el control global de los recursos del mundo. Y por la supervivencia de las potencias, así como del Nuevo Orden Multipolar, del cual los dos países del frente multilateral se encuentran precisamente en Eurasia.

 

De Brzezinski a Biden

En otras palabras, un Biden casado con el pasado de la guerra fría, tiene ante sí las mismas amenazas, los nuevos/viejos escenarios de la guerra, como se refleja en los conflictos geopolíticos en plena escalada atizados por la nueva administración.

Es el caso de la reacción inmediata del Pentágono y la OTAN, de cara a los conflictos siguientes:

Frentes de actualidad ‚ÄĒ¬Ņde guerra?‚ÄĒ son: 1) las amenazas de la OTAN y Occidente contra Rusia desde las fronteras de Ucrania, con movilizaciones y aires de confrontaci√≥n; 2) la rivalidad creciente con China, fuera de la ‚Äúguerra econ√≥mica‚ÄĚ de Trump, por la ‚Äúdefensa‚ÄĚ de Taiw√°n en el Pac√≠fico con movilidad de portaaviones; 3) las pretendidas negociaciones, m√°s que ‚Äúforzadas‚ÄĚ, con Ir√°n para el regreso al acuerdo nuclear abandonado por Trump; 4) la crispaci√≥n por el programa de armas y ensayos nucleares de Corea del Norte, con un Jap√≥n amenazado, y; 5) la constante amenaza a terceros pa√≠ses como Venezuela, por grupos de mercenarios financiados y armados que operan desde territorio colombiano a instancias de Washington.

Acaso con las posturas de Brzezinski, el gabinete Biden supone resolver la problem√°tica internacional, la misma que cuestiona la hegemon√≠a de EE.UU. En tanto el mundo se inclina por la multipolaridad con China y Rusia al frente de la misma. Por eso a Biden no le queda m√°s que revivir la ‚Äúguerra contra el terrorismo‚ÄĚ de Bush y Obama, pero eso ser√° a todas luces insuficiente, porque la lucha se focaliza en otros terrenos ya.

 

Guerra de Bush por el petróleo

Conocido ya que la guerra ‚Äúcontra el terror‚ÄĚ no fue por Al Qaeda y Bin Laden sino para apoderarse del petr√≥leo del Oriente Medio, de Irak, Kuwait y Siria. Por lo que la ‚Äúguerra contra el terrorismo‚ÄĚ puede convertirse en la peor apuesta para el gabinete y Biden. Primero contra los enemigos tradicionales, luego contra terceros pa√≠ses, de √Āfrica y de Am√©rica Latina.

Como estrategia lanzada en Oriente Medio a ra√≠z de los atentados del 11/S en 2001, la ‚Äúguerra contra el terror‚ÄĚ alcanz√≥ de Afganist√°n e Iraq a Libia, Siria, Yemen y L√≠bano. Por cierto, cabe la cuesti√≥n siguiente: ¬ŅEs posible para Biden recrear la ‚Äúguerra sin fin‚ÄĚ (cuyo fin es la destrucci√≥n misma de los Estados), al tiempo que dice estar dispuesto a retirar tropas de Afganist√°n?

Sin problema. Porque son acciones de falsa bandera. Se va de Afganist√°n, pero no hay solo soldados estadounidenses sino de otros pa√≠ses, o mercenarios para el control territorial. De ser aut√©ntico, ¬Ņpor qu√© Biden no emprende el retiro tambi√©n de pa√≠ses como Iraq y Siria, o de las 80 bases militares que tiene esparcidas por el mundo, incluso Guant√°namo?

No renunciar√° tan f√°cil a la protecci√≥n de sus ‚Äúintereses nacionales‚ÄĚ. Del 2001 a la fecha, se trata de los intereses estrat√©gicos para la seguridad nacional; de ah√≠ el control de las reservas petroleras de terceros. Desde el asesinato de Sadam Hussein, EE.UU. tiene en su poder los pozos petroleros iraqu√≠es.

As√≠, por razones de seguridad nacional, Biden seguir√° desarrollando la ‚Äúguerra contra el terror‚ÄĚ por su inadaptabilidad a los nuevos tiempos, en el marco de la neoguerra fr√≠a lanzada en contra de los obligados enemigos del pasado: Rusia y China, ambos promotores de la multipolaridad hoy. Pero igual m√°s all√°, contra terceros pa√≠ses.

Los ‚Äúenemigos estrat√©gicos‚ÄĚ de EE.UU. fueron calificados como tales desde 2005 por la secretaria de Estado de Bush, Condoleezza Rice. Ah√≠ Rice meti√≥ en el ‚ÄúEje del mal‚ÄĚ a pa√≠ses como: Ir√°n, Corea del Norte, Bielorrusia, Myanmar, Zimbabue y Cuba. Luego se agregar√≠an Iraq, Libia, Siria, Cuba y Birmania. La tesis de Bush era: O ‚Äúest√°n con nosotros o con los terroristas‚ÄĚ, tras el 11/S.

La ofensiva ‚Äúantiterrorista‚ÄĚ ten√≠a otros objetivos. En Afganist√°n apoderarse de los sembrad√≠os de amapola, en Iraq apropiarse los yacimientos petroleros, como en Siria, adem√°s de la importancia geopol√≠tica para mantener desestabilizada la zona.

Tan es as√≠ que hay dudas: Bin Laden era en ‚Äúenemigo a vencer‚ÄĚ, porque Hussein jam√°s tuvo en su poder ‚Äúarmas de destrucci√≥n masiva‚ÄĚ, m√°s que el tubo de ensayo que ‚Äúpodr√≠a contener √Āntrax‚ÄĚ, presentado en el Consejo de Seguridad por el secretario de Estado de Bush, Colin Powell.

 

La crisis energética de trasfondo

La verdad por la cual se orquest√≥ el 11/S indica que a principios de 2001 la prioridad de Bush no era el ‚Äúterrorismo‚ÄĚ ni las ‚Äúarmas de destrucci√≥n masiva‚ÄĚ. Fue la crisis energ√©tica m√°s severas de la historia de los EE.UU. que entre los a√Īos 2000 y 2001, que golpe√≥ principalmente al estado de California, con incremento de precios de hasta un 800 por ciento.

La escasez de petr√≥leo y gas puso de manifiesto que EE.UU. ten√≠a un d√©ficit tal que lo hac√≠a vulnerable a la vista de los pa√≠ses productores-exportadores de la OPEP. Y ese era un riesgo para su ‚Äúseguridad nacional‚ÄĚ, en materias como el abasto, los altibajos de los precios, la extracci√≥n y venta en t√©rminos de los productores, etc√©tera. Tan solo ese a√Īo las importaciones aumentaron un 50 por ciento, ¬°del total del consumo en su historia!

Un impacto de ‚Äúla desintegraci√≥n vertical del sector el√©ctrico en California, junto con la crisis energ√©tica de 2000-2001‚Ķ que pusieron en duda los procesos de desintegraci√≥n y desregulaci√≥n de los mercados el√©ctricos llevados a cabo en diferentes pa√≠ses, sobre todo en los latinoamericanos‚Ķ (En: ‚ÄúLa crisis del sector el√©ctrico en California 2000‚Äď2001‚ÄĚ, https://cutt.ly/yvS8chb), de todo el periodo neoliberal que desat√≥ la globalizaci√≥n.

De ah√≠ que resolver el tema energ√©tico se convertir√≠a en el principal objetivo, seg√ļn lo admitiera el propio Bush. Los requerimientos de energ√≠a era clave para abastecer a los sectores de la econom√≠a real: el automotriz, aeron√°utica, construcci√≥n, petroqu√≠mica y agricultura. Resolver ese asunto era la gran tarea.

Para ello se nombr√≥ al vicepresidente Dick Cheney, para que desarrollara el plan de largo plazo. Cheney, distinguido Republicano, hab√≠a sido secretario de Defensa y presidente de Halliburton, y pidi√≥ asesor√≠a a la Enron. La soluci√≥n era urgente, como que la dependencia de las importaciones vulneraba la seguridad energ√©tica y nacional del EE.UU. Para eso estaba el Golfo P√©rsico. Y para ello el ‚Äúterrorismo de Estado‚ÄĚ funcional como instrumento. El saldo fue la orquestaci√≥n terrorista del 11/S, la operaci√≥n criminal de ‚Äúfalsa bandera‚ÄĚ.

¬ŅQu√© le espera al mundo, entonces, con esa suerte de retorno a los escenarios de neoguerra fr√≠a como ‚Äúguerra contra el terror‚ÄĚ en esta nueva etapa? A un EE.UU. capaz de morir en el intento. Con escenarios complejos y estrategias de guerra sofisticada. Como vemos siempre con la llamada ‚Äúguerra h√≠brida‚ÄĚ que opera mediante el ‚Äúgolpe blando‚ÄĚ, cuando de golpes de Estado contra gobiernos no afines se trata.

Ya sabemos que para estos asuntos se pintan solos los organismos de la ‚Äúseguridad nacional‚ÄĚ estadounidense, encabezados por el Departamento de Estado, la CIA, las embajadas estadounidenses, entre otros ‚Äúguardianes‚ÄĚ de la democracia que pregona, pero no con el ejemplo.

Ante eso, es claro que poco importa la seguridad nacional de terceros. Porque el ‚Äúderecho internacional‚ÄĚ y las instituciones creadas ex profeso, fueron hechas para resguardar los intereses del imperio, para ‚Äúlegitimarlos‚ÄĚ sin juzgar a los promotores de los golpes de Estado, de las invasiones a pa√≠ses por o el robo de recursos naturales, como el hurto ahora del petr√≥leo en Oriente Medio.

A esto responde la pol√≠tica poco clara de Biden, como no est√° plasmada en su "estrat√©gica provisional de seguridad nacional‚ÄĚ, atenta solo atender asuntos generales como la pandemia global, la recesi√≥n econ√≥mica, la crisis de justicia racial y una emergencia clim√°tica cada vez m√°s profunda. Siempre sin decir c√≥mo lo lograr√°. Porque su administraci√≥n no lo sabe o lo est√° ocultando deliberadamente.

Claro que para Biden es clave mantener el statu quo de los billonarios, tenerlos contentos con acciones como: revitalizar la democracia, vivir conforme a los ideales y valores estadounidenses; defender sus valores en el extranjero, incluso mediante la unión de las democracias del mundo para combatir las amenazas a sociedades libres.

Más a estas alturas eso es como el American way of live, que está a punto de caerse en pedazos porque ya no responde a los fines para los que fue creado. Biden y un gabinete no da luz, no la refleja en sus planes, por lo cual se encamina al fracaso. Un motivo más para el hundimiento del imperio estadounidense en la era postpandémica que se inauguró el 2020.

 

Carteles de la droga mexicanos, en la mira

El terrorismo funciona perfecto para desestabilizar países y regiones enteras, porque así lo quiere el Departamento de Estado de EE.UU. Y el narcotráfico también, al ser usado para derrocar gobiernos y destruir sociedades completas. Eso encubre a su vez negocios ilícitos billonarios. Claro que entre una y otra actividad hay diferencias, pero no falta más de alguno que los quiera equiparar.

El 15 de abril pasado el gobernador de Texas, Gregg Abbott, solicit√≥ al presidente Biden que designe ‚Äúorganizaciones terroristas‚ÄĚ a los carteles mexicanos. Un d√≠a antes la administraci√≥n Biden anunci√≥ sanciones contra un dirigente del Cartel Jalisco Nueva Generaci√≥n (CJNG). La misiva se hizo extensiva a la vicepresidenta Kamala Harris, a quien el presidente Biden encarg√≥ atender el tema migratorio del sur.

El gobernador Abbott no ignora que el problema no es solo de México ni se inició acá, o que el negocio se maneja desde su propio país, como ocurre con la venta de armas en el sur de Texas sin control alguno. Qué decir de las ganancias que van a parar al sistema financiero estadounidense, o cuando se incautan las cuentas de los narcos mexicanos detenidos.

El tema no es nuevo, pero s√≠ peligroso. Porque la categorizaci√≥n de ‚Äúorganizaciones terroristas‚ÄĚ meter√≠a a M√©xico en situaci√≥n semejante a Venezuela ‚ÄĒrepudiable, claro est√°‚ÄĒ, como se hace contra Maduro desde el gobierno de Obama a la fecha, que permanentemente es acosado con fines desestabilizadores, para derrocarlo y ‚Äúadministrar‚ÄĚ las reservas energ√©ticas venezolanas.

Ese es el inter√©s principal de EE.UU. contra Venezuela, ¬Ņpero tambi√©n de M√©xico? Otra vez bajo el pretexto de su ‚Äúseguridad energ√©tica‚ÄĚ y nacional. Porque ambos gobiernos apuntan a conquistar su soberan√≠a energ√©tica, para no depender de las importaciones de gas, gasolinas y otros combust√≥leos de ning√ļn pa√≠s.

Pero con todo derecho, salvo los candados legales establecidos en los acuerdos comerciales suscritos, como ‚ÄúAm√©rica del Norte‚ÄĚ, donde se encuentra Canad√° tambi√©n. Pero ni as√≠ se justifica la amenaza del gobernador texano.

Mucho menos cuando la frontera nos alcanz√≥ geogr√°ficamente, y no al rev√©s. Por lo mismo, hay calidad moral suficiente en M√©xico para repudiar el ‚Äúterror‚ÄĚ bajo cualquier pretexto o argumento de ‚Äúfalsa bandera‚ÄĚ. Como en toda Latinoam√©rica. Que no ven la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el propio. Ya luego hablamos.

 

21 de abril 2021.

*) Director de geopolítica.com, editor de Voces del Periodista.

 

 



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