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EL juego de Biden frente a Rusia y China, ni G7 ni OTAN.
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Edición 418

 41812

 

EL JUEGO DE BIDEN FRENTE

A RUSIA Y CHINA, NI G7 NI OTAN

Salvador Gonz√°lez Brice√Īo

‚ÄúTodos estamos viviendo en Am√©rica‚ĶCoca Cola, a veces guerra‚ÄĚ: Amerika, Rammstein.

La remasterización de la política internacional de la Guerra Fría de Biden, el gran pretexto para retomar el negocio del armamentismo

Del ‚ÄúEstados Unidos primero‚ÄĚ de Trump, al ‚ÄúEstados Unidos de regreso‚ÄĚ de Joe Biden. Ni m√°s ni menos que el regreso del imperio ‚Äúglobal‚ÄĚ a los escenarios internacionales, luego de una elecci√≥n tan traum√°tica como fraudulenta y con mucho dinero de por medio.

  S√ć, DE LA POL√ćTICA de voltear hacia adentro, centr√°ndose en las necesidades propias de una econom√≠a nacional urgida de dinamismo, a la pol√≠tica del continuismo de las guerras imperiales propias de las ultimas administraciones, de Bush y Obama.

 

El negocio a la guerra, como la estrategia principal de la dominación imperial. Del proyecto Trump a la ofensiva de Biden. El choque entre poderes fue escenificado entre sendos partidos, el Republicano y el Demócrata, el ardid para expulsar a Trump del poder.

 

Todo porque al poder real del Deep State le conviene la guerra, y no la paz, bajo la bandera de la ‚Äúdemocracia‚ÄĚ y la ‚Äúlibertad‚ÄĚ; los dos principios fundacionales del Estado ‚Äúamericano‚ÄĚ que carecen de todo valor hoy. Y como Trump no quiso guerras, no era negocio. Por ello fue expulsado de la Casa Blanca, por las buenas.

 

El nuevo presidente Biden estrenó su política de brazos abiertos en su primera salida internacional a la reunión del G7 en Ginebra, lo que ocurrió la tercera semana de junio. Ahí volvió a la política de escarceos en materia político-hegemónica.

 

M√°s all√° de los intentos de Biden ‚ÄĒde buenos deseos que realidades‚ÄĒ, la expectativa de los miembros del G7 se centr√≥ en la cumbre Biden-Putin.

 

La reuni√≥n se llev√≥ los reflectores. Qu√© suceder√≠a entre ambos presidentes tras los ataques verbales, donde Biden llam√≥ ‚Äúasesino‚ÄĚ a Putin y √©ste le revir√≥ record√°ndole con los cr√≠menes de sus cuerpos polic√≠acos contra ciudadanos desarmados o manos en alto.

 Pol√≠tica fallida de Biden

 Pero mal, cuando intenta remasterizar los escenarios de la Guerra Fr√≠a; no obstante, con una de las variantes en su contra: que el intento de regresar a los escenarios del pasado enciende las alarmas en los pa√≠ses enemigos que busca poner en el blanco, como la vieja Uni√≥n Sovi√©tica, lo convierte tanto a EEUU como al propio Biden en predecible.

 

Y no ve, no sabe o no le interesa saberse predictivo, como tampoco quedar expuesto o claramente vulnerable. Con todo y eso lo debilite en los escenarios internacionales, ahora muy distintos al periodo de la Guerra Fría. Este asunto parece no importar siquiera a los asesores de seguridad nacional de Biden, o porque tampoco saben cómo dejar atrás el pasado y encarar lo nuevo.

 

El caso es que ahora, con esa pol√≠tica de neo-Guerra Fr√≠a, Biden mete a EE.UU. en la aplicaci√≥n de viejas pol√≠ticas ‚ÄĒy estrat√©gicas‚ÄĒ, para una serie de situaciones nuevas, el mundo nuevo donde EEUU ya es la potencia hegem√≥nica ni el poder unipolar.

 

Por no tener eso en cuenta o tratar de negar la realidad, es que EE.UU. ha perdido paulatinamente el control y con ello el surgimiento de la multipolaridad donde otros actores están encabezando el contrapeso. Lo que implica, claramente, que otros países disputan la hegemonía y/o el control unipolar.

 

Como si nadie viera o negara, internamente sobre todo porque el mundo lo tiene claro, que el imperio va en decadencia. Porque EE.UU. no es la potencia que tiene el control de mundo. Lo contrario.

 

Pero tanto Biden como el poder real, o el poder detrás del poder que es quien pone o quita presidentes, son quienes quieren repetir los escenarios de tensión entre su país y ahora Rusia, como en los viejos tiempos la URSS.

 

Con tama√Īas directrices lleg√≥ el presidente Biden a la reuni√≥n del G7. La oportunidad para un viejo pol√≠tico como el actual presidente, en dejar claro que la ofensiva imperial estadounidense es contra Rusia. Y tambi√©n contra China, solo que la Guerra Fr√≠a no le instruy√≥ en c√≥mo tratar con dos frentes al mismo tiempo.

 

Porque eso no sucedía en el pasado. Era solo la disputa EE.UU. vs. URSS. China no aparecía en los escenarios internacionales como un peligro; la disputa era entre ambos poderes. China era un país como cualquier otro, frágil y/o fácil de someter como el resto de los países orbitantes en cualquiera de ambos ejes, el capitalista y el socialista.

 

La disputa geopolítica

 Bueno, pues el solo hecho de que Biden quiera el retorno de los escenarios de la Guerra Fr√≠a, en esa suerte de neoguerra fr√≠a, y trabaje para ello con el apoyo de su gabinete, los organismos locales e internacionales, las agencias de inteligencia y la diplomacia ‚ÄĒentre otros instrumentos de presi√≥n‚ÄĒ, ya coloca a EE.UU. fuera de lugar y por lo mismo en el centro de las disputas geopol√≠ticas.

 Primeramente, porque tanto Rusia (que ya no es la URSS) como China a estas alturas del siglo XXI ya son potencias con capacidad de rivalizar con EE.UU. ‚ÄĒya no es el poder omnipotente de la Guerra Fr√≠a‚ÄĒ, en los terrenos de cada cual: Rusia en la geopol√≠tica y China en geoeconom√≠a.

 Es por eso que Biden se equivoca, al revivir los escenarios de Guerra Fr√≠a. Carece de sustento. Bueno, hasta por el solo hecho de que hoy se trata de dos potencias y no una; adem√°s con sus planes cada cual y su ej√©rcito o armamento para disuadir cualquier acoso. Y EE.UU. lo sabe, Biden pone o√≠dos sordos, o no ve ni quiere.

 En seguida, porque no son pa√≠ses aislados, ni entre s√≠ ni con el resto del mundo. Rusia y China han suscrito acuerdos tanto en temas econ√≥micos como militares. Y como potencias en auge, encabezan ya la multipolaridad sin cesar, avanzando tanto en sus propios terrenos como para contraponerse a EE.UU.

 Tienen que lidiar, por supuesto, con el acoso convertido en amenazas reales por parte de EEUU y sus ‚Äúaliados occidentales‚ÄĚ. Como el acoso a Rusia desde las fronteras europeas y las sanciones econ√≥micas constantes a China, inauguradas por Trump, por cierto.

 Luego entonces, porque la log√≠stica estadounidense, a√ļn con el apoyo de la OTAN ‚ÄĒese monstruo militar que m√°s pronto que tarde terminar√° en chatarra, precisamente porque es fruto de la Guerra Fr√≠a y ya cubri√≥ los fines a que dio lugar desde 1949 a la fecha‚ÄĒ, que pasa por obligar a los ‚Äúsocios‚ÄĚ hacer aportaciones millonarias para sostenerla, no lograr√° sus metas.

 Ni lo har√°. Por eso hemos dicho que Bien se encamina al fracaso. No obstante, la OTAN genera amenazas y provoca movilizaciones y ensayos militares en la frontera enredando a Europa en contra de Rusia. Donde solo gana, claro est√°, las respuestas de las fuerzas militares rusas.

Adem√°s, porque hablando de las guerras ocurren dos escenarios: ni las guerras son ahora al viejo estilo ‚ÄĒlas dos guerras mundiales fueron ya, dejaron grandes lecciones, pero son asuntos del pasado‚ÄĒ, ni EE.UU. podr√≠a con dos frentes de guerra, contra Rusia y China. Por lo mismo, ambos pa√≠ses avanzan en alianzas en varios terrenos.

 Por lo mismo son cabezas de playa de la multipolaridad. No la multipolaridad estilo ‚Äúoccidental‚ÄĚ donde EE.UU. se considera a s√≠ mismo como el principal promotor, cuanto porque se trata de una multipolaridad incluyente a la cual otros pa√≠ses se est√°n incorporando.

 Y no precisamente para derrocar al imperio, puesto que el imperio estadounidense caer√° por sus propios fueros, como para generar justamente un mundo m√°s incluyente, aut√©nticamente democr√°tico y libre, con un orden internacional donde la sana convivencia entre pa√≠ses se respete.

 

El país con pies de barro

 Por eso avanza la multipolaridad, provocada tanto por Rusia como por China y otros pa√≠ses ‚Äúaliados‚ÄĚ. Y opciones como la Nueva Ruta de la Seda que generar√° inversiones por todos lados, como en Eurasia y √Āfrica, un potencial bajo directrices chinas que nadie podr√° parar. Proyectos como este de infraestructura que no tiene ni puede apoyar EE.UU.

 Ni la ‚Äúinfluencia‚ÄĚ rusa, porque Biden no podr√° detener el abastecimiento de energ√≠a rusa a Europa, EE.UU. no compite con eso, aun robando petr√≥leo iraqu√≠ o sirio.

 En otras palabras, EEUU no podr√° contener la multipolaridad porque a estas alturas los equilibrios de la Guerra Fr√≠a est√°n rotos, as√≠ como las reglas de la guerra, pese a que el potencial nuclear siga siendo el disuasivo principal. Aparte los l√≠deres del mundo saben que ning√ļn ataque nuclear se quedar√≠a sin respuesta a estas alturas, como Jap√≥n al final de la Segunda Guerra Mundial.

 Con eso en contra, as√≠ como la OTAN no puede competir con el armamento supers√≥nico ruso, tampoco EE.UU. podr√° enfrentarse militarmente a China, menos en un terreno tan lejano, mar o suelo. Lleva las de perder. De ah√≠ los escarceos, por eso estira la liga hasta donde d√©. Biden ya entr√≥ a ese juego, tan fatal como in√ļtil, solo porque la industria de la guerra quiere negocios calientes.

 Qu√© decir de los otros escenarios de la guerra, los de quinta generaci√≥n. Esa carrera casi vale asegurar que EE.UU. la tiene perdida. Esos s√≠ que son los escenarios modernos. Pero sumido en el pasado, el de la Guerra Fr√≠a, el imperio estadounidense muestra ya los pies de barro. La ca√≠da no tardar√° en llegar. Como todo lo que tiene principio y fin. Como todo imperio.

 



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