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Edicion 225

asimetras

 Ejército, Derechos 

Humanos  y Peligros

‚Äú(Felipe) Calder√≥n sac√≥ de los cuarteles a un monstruo: el Ej√©rcito‚Ä̬†
Enoé Uranga (PRD)
Secretario de la Comisión de Derechos Humanos
De la C√°mara de Diputados.

¬†I EL ASERTO DEL DIPUTADO Uranga¬† ant√≥jase descriptivo de¬† la ocurrencia m√°s grave ¬†registrada en el a√Īo feneciente. Ese monstruo ‚Äďuna hidra multic√©fala¬† que s√≥lo responde, por ahora, a un amo inestable y demencial, el se√Īor Calder√≥n-- est√° fuera de su cub√≠culo desde hace tres a√Īos.

Las actuaciones de la hidra han sido de violación sistémica de los derechos humanos y las garantías individuales de los mexicanos so pretexto de una guerra contra los cárteles del narcotráfico que Estados Unidos le subrogó y endosó al poder político panista del Estado mexicano.

El monstruo es inasible a cualesquier controles constitucionales. Ninguna de las tres vertientes ‚ÄďEjecutivo, Legislativo y Judicial-- del poder pol√≠tico del Estado y, si bien el se√Īor Calder√≥n es su jefe,¬† es obvio que aqu√©l tiene vida propia y cortarle la cabeza, si as√≠ lo desea, a su propio amo.

Este amo ‚Äďdon Felipe‚ÄĒ gobierna con ese monstruo, infiltrado ya por el enemigo al que combate en lo formal (los c√°rteles) y al que al parecer le va perdiendo confianza pues este Presidente de Facto utiliza cada vez m√°s a la otra fuerza armada, la naval, para operaciones en tierra.

Mas no s√≥lo eso. Gobernar con las fuerzas armadas y policiacas e incluso paramilitares es ilegal.¬† Por a√Īadidura, el se√Īor Calder√≥n no ha derogado el decreto del 25 de abril pasado por el cual le es posible allanar moradas y conculcar otras garant√≠as individuales y derechos humanos.

II¬† Pero lo espeluznante de haber soltado al monstruo armado, adem√°s de su corruptibilidad ante los c√°rteles, es el m√≥vil. ¬†√Čste es pol√≠tico, no militar; tampoco es sustitutivo de lo policiaco ‚Äďprocurar justicia‚ÄĒ sino el prevalecer en el poder y legitimar su presidencialado ileg√≠timo.

Otro aspecto dual del móvil político es el de intimidar a la población mediante la mera presencia de los convoyes y patrullas militares en las calles de casi todas las ciudades grandes de México y en todo el país.  Simultáneamente hay desapariciones forzadas de ciudadanos y torturas.

Docum√©ntanse, asimismo, otras manifestaciones de¬† las depredaciones cometidas por el monstruo: ¬†la intimidaci√≥n es tan antigua como la antig√ľedad misma. En t√©rminos modernos, es una guerra de baja intensidad contra la poblaci√≥n civil y disidentes y discrepantes organizados potenciales.

¬†¬† Una v√≠ctima hist√≥rica de ello es la poblaci√≥n ind√≠gena de M√©xico ‚Äďdel 12 al 15 por ciento del total de habitantes--, cual se observa con aviesa espectacularidad en Chiapas, Oaxaca y Veracruz.¬† Hasta la C√°mara de Diputados misma, alarmada, se apresta a revisar el asunto de los indios zapatistas.

¬†¬† Ello, indudablemente, ocurre en un contexto; √©ste es econ√≥mico.¬† Haber soltado al monstruo no se identifica s√≥lo como un af√°n justiciero, sino como un prop√≥sito estrat√©gico de preservar el statuo quo econ√≥mico, el neoliberal ‚Äďantimexicano--, de dependencia de M√©xico con respecto a EU.

III¬†¬†Por ello, al concluir el a√Īo, el sentir y el parecer de millones de mexicanos ant√≥jase ¬†influido por los hechos y sucedidos del per√≠odo que aun corre y, en particular, sus causales, discernidas √©stas con arreglo¬† a percepciones que mu√©stranse ¬†epicenas, es decir, comunes y generalizadas.

Cierto. Esas percepciones, si bien variopintas, se traducen en un pesimismo subyacente que en nuestra peculiar idiosincrasia ‚Äďdeterminada por la ignorancia y la superstici√≥n devenida del uso habilidoso de los medios de control social por el poder que es y est√°‚ÄĒy en falsas esperanzas.

Empero, no obstante esos imperativos idiosincr√°sicos aqu√≠ aludidos, los millones de mexicanos conscientes de la realidad econ√≥mica, pol√≠tica, social e incluso cultural y sus or√≠genes y vectores, saben, aparentemente,¬† que nuestra situaci√≥n ‚Äďla de M√©xico‚ÄĒ es de grandes peligros.

Los peligros son, desde luego, en lo individual¬† --¬Ņqu√© mexicano est√° realmente seguro?‚ÄĒ y colectivo, afectando ambos (las percepciones mismas del peligro y su actualidad concreta y fehaciente) a la psique social. Las fiestas navide√Īas son ocasi√≥n para el escapismo y la catarsis.

¬†¬† Catarsis y escapismos individuales y, ergo, societales.¬† Pero esas conductas¬† ‚Äďque son predecibles y normales en toda sociedad humana--¬† confirman, por su intensidad y frecuencia mismas, la presencia insoslayable de una conciencia de los peligros que se ciernen sobre nosotros.


 

El problema de fondo

FAUSTO FERN√ĀNDEZ PONTE¬†

“La cosa está clara: para salir del hoyo tenemos que cambiar el modelo económico.
¬ŅPor qu√© los pol√≠ticos no lo quieren hacer? Porque no les conviene; as√≠ de simple‚ÄĚ.
Jes√ļs V√°zquez Segura

 

I  Para abundar en el tema traído a colación por el caro leyente Vázquez Segura en el epígrafe de hoy, cabría consignar aquí una conversación tenida en un ambiente sociable en septiembre con varios ex diputados cuya gestión había concluido días antes.

Esos ex diputados son miembros del PRI, PAN y PRD, cuyo denominador com√ļn es su condici√≥n de ex legisladores y amigos cercanos de √©ste escribidor. En un momento de la charla se les plante√≥ el asunto de cambiar el modelo econ√≥mico.

Los cuatro ex legisladores coincidieron que el problema real, de fondo, y el más preocupante es el económico: crecimiento acelerado -y, por ello, dramático- del desempleo y la pobreza, la inflación y, desde luego, la ignorancia o baja escolaridad.

No todos, empero, reconocieron que el problema económico es un peligro enorme para el Estado mexicano o para algunos de sus elementos constitutivos -el pueblo, el poder político, el territorio y la soberanía.

Sólo uno, el perredista, aceptó que el Estado (1) ha perdido soberanía, que (2) no tiene control de parte del territorio nacional, que (3) existen indicios de una descomposición del poder político y que (4) ello está contagiando al pueblo.

 

II  Más el punto central de convergencia y coincidencias fue el reconocimiento de que el problema económico es el verdadero y mayor y más importante que aqueja a México, siguiéndole, en segundo lugar,  el de la inseguridad  y la  incertidumbre social.

Ese reconocimiento por parte de √©stos ex miembros de la LX Legislatura tuvo, como dir√≠ase proverbialmente, sus ‚Äúasegunes‚ÄĚ:¬† no¬† estuvieron de acuerdo acerca de las causas¬† del problema econ√≥mico.¬† Reconoc√≠an los terribles efectos, pero no las causas.

La conversación amigable, en un entorno sociable, se convirtió en un debate acerca de percepciones de los orígenes de los problemas, en particular el económico, el cual, a nuestro ver, se vincula dialécticamente a las demás preocupaciones y desafíos.

¬†-¬ŅPor qu√© ninguno de ustedes present√≥ una iniciativa de punto de acuerdo o de ley de¬† reforma constitucional para modificar la actual forma de organizaci√≥n econ√≥mica¬† o crear una nueva, distinta a la prevaleciente? - se les pregunt√≥.

En ese contexto de confianza, los ex legisladores hablaban bajo la premisa de que a toro pasado no les compromet√≠a decir sus veros sentires y pareceres, pero obvio¬† es que no quer√≠an que √©ste escribidor los identificara si perge√Īaba algo acerca de ellos.

El ex diputado panista,¬† conservador pero con inquietudes digamos que podr√≠an llevarlo a empat√≠a con ciertas posiciones pol√≠ticas de vanguardia,¬† afirm√≥: ‚Äú¬°Ni pensarlo! ¬°Para mi partido eso es anatema, blasfemia! Ser√≠a traici√≥n a Felipe Calder√≥n‚ÄĚ.

 

III¬† El ex legislador pri√≠sta, orgulloso v√°stago de un pol√≠tico ‚Äúprofesional‚ÄĚ y muy rico de la vieja guardia -fue incluso gobernador de un Estado- y vena ‚Äúrevolucionaria‚ÄĚ, dijo: ‚ÄúMi jefe de bancada no lo aceptar√≠a;¬† me castigar√≠a s√≥lo por consult√°rselo‚ÄĚ.

El perredista, por su parte, narró que al iniciarse esa Legislatura, se le acercó al jefe de su bancada, y le consultó acerca de presentar una iniciativa de ley de reforma a la Constitución para modificar el actual modelo económico.  Respuesta: no es el momento.

Ese ex diputado perredista dijo que al siguiente a√Īo volvi√≥ a consultarle a su jefe de bancada, quien le respondi√≥ que no era conveniente.¬† ¬ŅUn punto de acuerdo?, pregunt√≥le al l√≠der de su fracci√≥n parlamentaria. Respuesta: ni siquiera eso.

Al tercer y √ļltimo a√Īo de la Legislatura, el perredista volvi√≥ a consultarle a su l√≠der. Respuesta: ya no hay tiempo. ¬†√Čste ex diputado guard√≥ para s√≠ su sentir acerca del m√≥vil del l√≠der, pero admiti√≥ que √©ste tendr√≠a alg√ļn tipo de consigna de ‚Äúno patear el pesebre‚ÄĚ.

Esto nos lleva a una conclusi√≥n lapidaria:¬† los pol√≠ticos saben cu√°l es el problema, pero por motivos no ideol√≥gicos, sino pol√≠ticos y de conveniencia personal no act√ļan para resolverlo. Moraleja: quit√©mosle nuestra representaci√≥n. De grado o por fuerza.

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