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Edicion 225

El capital mafioso
contra los pueblos

  RAÚL ZIBECHI*


ZibechiUNA DE LAS consecuencias de más largo alcance de la crisis económica en curso es la potenciación de las actividades mafiosas como modo principal de acumulación de capital y, por tanto, de la financiación de las enormes deudas de los estados. En rigor, no es novedad que los negocios sucios sean una de las principales fuentes de ganancias de las multinacionales y de los estados. Lo nuevo es que la crisis refuerza esa tendencia del capital desde que a comienzos de los 70 el sector financiero sustituyó a la producción como motor del sistema. 
 

Por supuesto, esto no sucede s√≥lo en momentos de crisis. Desde que el capital se volc√≥ al robo, la especulaci√≥n y el pillaje de la naturaleza, de los pueblos, de naciones enteras y de otros capitales, en lo que se ha dado en llamar acumulaci√≥n por desposesi√≥n, la diferencia entre dineros leg√≠timos o legales y los ileg√≠timos e ilegales se ha difuminado r√°pidamente. Los ejemplos abundan. El Grupo de Trabajo de Alta Mar (High Seas Task Force) denunci√≥ que en 2005 hab√≠a 800 barcos pesqueros que realizan pesca irregular en aguas de Somalia, pa√≠s que no puede controlar la depredaci√≥n de sus costas. Los pesqueros espa√Īoles capturan 200 mil toneladas anuales de at√ļn de modo ilegal en Somalia, aportando 40 por ciento del consumo dom√©stico.

Sin embargo, la Uni√≥n Europea regula cuidadosamente la pesca en sus aguas. Esta misma semana, luego de arduas negociaciones, se levant√≥ la veda de cuatro a√Īos y medio para la pesca de la anchoa en el mar Cant√°brico, admitiendo s√≥lo la captura de siete mil toneladas anuales, restringiendo severamente zonas de pesca con la amenaza de revisar los permisos. Toda Europa regula la pesca en sus aguas: la del bacalao estuvo prohibida durante 10 a√Īos en el Atl√°ntico norte.

Cuando el tsunami de 2004, aparecieron en costas de Somalia contenedores de basura t√≥xica que hab√≠an sido arrojados en secreto al mar. Europa, a trav√©s de la mafia italiana, se deshace de residuos t√≥xicos en aguas somal√≠es, se√Īala un informe de Ecologistas en Acci√≥n. En el viejo continente cada tonelada de residuos t√≥xicos que se procesa cuesta entre dos y tres mil euros, pero verterlos en Somalia vale apenas dos euros y medio.

Por no hablar de Barrick Gold, multinacional minera dedicada a la extracci√≥n de oro m√°s grande del mundo. Sus negocios en Sudam√©rica ya representan 47 por ciento de sus reservas probadas y probables. Diversos estudios sostienen que Adnan Khashoggi fue fundador de Barrick Gold y quien realiz√≥ la inversi√≥n mayoritaria junto con amigos que ‚Äúorganizaban el trueque de armas y drogas entre Ir√°n, Israel y Nicaragua, que condujo en 1986 al esc√°ndalo de Ir√°n y los contras‚ÄĚ. Khashoggi tiene estrechos v√≠nculos con Peter Munk, presidente de Barrick, y √©ste con George H. W. Bush. Barrick, junto con otras multinacionales mineras, fue responsable de la guerra de Zaire en 1997 que se sald√≥ con tres millones de muertos para apoderarse de las mayores reservas mundiales de coltan, mineral clave en el mundo de la electr√≥nica.

El Nobel Alternativo 2004, Ra√ļl Monenegro, presidente de la Fundaci√≥n para la Defensa del Ambiente, denunci√≥ las amenazas de muerte que reciben periodistas de la provincia de San Juan, Argentina, por decir la verdad sobre el impacto ambiental que provoca la minera canadiense Barrick Gold. Agreg√≥ que varios periodistas sufren censura previa o son desplazados de sus programas por abordar pluralmente los da√Īos ambientales que provoca la empresa minera. La multinacional impidi√≥ tambi√©n la presentaci√≥n en Canad√° de un libro que denuncia sus atrocidades en √Āfrica.

zibechi.jpgEsta semana la prensa brit√°nica inform√≥ que el director de la Oficina contra las Drogas y el Delito de Naciones Unidas, Antonio Mar√≠a Costa, asegur√≥ que el capital proveniente de la delincuencia organizada fue la √ļnica inversi√≥n de capital l√≠quido en el segundo semestre de 2008, que estuvo a disposici√≥n de los bancos al borde del colapso. Se trata de 352 mil millones de d√≥lares de las ganancias del negocio de las drogas que contribuyeron a salvar la situaci√≥n en plena crisis de liquidez del sistema financiero. El dinero de las drogas, dijo Costa, se convirti√≥ en un factor importante para muchos bancos, lo que permite pensar que el capital financiero es cada vez m√°s capital mafioso.

El tema tiene dos derivaciones para quienes queremos cambiar el mundo. La primera es constatar que el robo y destrucción del medio ambiente y de los pueblos es hoy la principal forma de acumulación de capital. Esto quiere decir que el expolio se intensificará porque es el camino más rápido para salir de la crisis. Cuando Estados Unidos y sus aliados hablan de combatir narcotráfico y terrorismo debe entenderse que se proponen destruir otros capitales, mafiosos o no, como forma de seguir concentrando riqueza. Y poder. Pero esa misma actitud los convierte en mafias institucionales toda vez que recurren a los mismos métodos.

La segunda cuestión tiene que ver con el tipo de régimen político adecuado para proteger y estimular el pillaje. Se trata de regímenes electorales que permiten la rotación de los equipos dirigentes, pero bloquean cambios estructurales. Se trata de democracias tuteladas por el poder blando de los medios masivos de comunicación que condicionan la agenda política, y por el poder duro del imperio, el capital financiero y las multinacionales. El Estado ha sido modelado y desbordado por el capital mafioso; no podrá ser la palanca principal de los cambios necesarios.

Se avecinan tiempos difíciles. El capital mafioso, hegemónico hoy en una América Latina que no sale -no puede o no quiere- del modelo extractivista (minería y monocultivos), necesita estados a su imagen y semejanza, lo que explica las razones por las que algunos aparatos estatales naufragan en la impotencia. Una agudización de un problema histórico que merece debates que orienten la acción colectiva.

de más largo alcance de la crisis económica en curso es la potenciación de las actividades mafiosas como modo principal de acumulación de capital y, por tanto, de la financiación de las enormes deudas de los estados. En rigor, no es novedad que los negocios sucios sean una de las principales fuentes de ganancias de las multinacionales y de los estados. Lo nuevo es que la crisis refuerza esa tendencia del capital desde que a comienzos de los 70 el sector financiero sustituyó a la producción como motor del sistema.

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