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Edición 234

Elecciones presidenciales

Hacia el fin del uribismo en Colombia

RA√öL ZIBECHI


Si la guerra sucia lanzada por la derecha colombiana no detiene la carrera hacia la presidencia del ex alcalde de Bogot√°, Antanas Mockus, lo m√°s probable es que el uribismo est√© llegando al fin de su ciclo. Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa del actual gobierno y candidato del presidente √Ālvaro Uribe, favorito indiscutido hasta hace un par de semanas, ha visto c√≥mo su candidatura se vio rebasada por la marea verde de los partidarios de Mockus.

 

alvaro-uribe-presidente-colmbia


La forma en que se produjo su vertiginoso ascenso muestra que un periodo de la política colombiana se está cerrando. Filósofo y matemático de ascendencia lituana, rector de la Universidad Nacional entre 1990 y 1993, Mockus fue dos veces alcalde de Bogotá, entre 1995 y 1998, cuando renunció para postularse a la presidencia, y luego entre 2001 y 2004. No forma parte de la tradicional y elitista clase política colombiana, aunque fue candidato a la vicepresidencia en 1998 en la fórmula con Noemí Sanín, quien militó en el Partido Conservador.

A principios de abril Mockus ten√≠a apenas 10 por ciento de las intenciones de voto. Un mes despu√©s rebasa 40 por ciento, dejando atr√°s a Santos, que sigue estancado en torno a 30 por ciento. En septiembre de 2009, tres ex alcaldes de Bogot√° se adhirieron al Partido Verde: Mockus; Luis Eduardo Garz√≥n, que se retir√≥ del izquierdista Polo Democr√°tico, y Enrique Pe√Īalosa, que proviene del Partido Liberal. El 14 de marzo el Partido Verde (constituido en octubre de 2009 a partir del Partido Verde Opci√≥n Centro, que nunca pas√≥ de fuerza pol√≠tica testimonial) realiz√≥ elecciones para definir el candidato presidencial. Gan√≥ Mockus, pero unas 900.000 personas participaron en la votaci√≥n, algo in√©dito que anticipaba la posterior marea verde.

 

JUAN MANUEL SANTOS


La anterior es apenas la historia formal. Porque la Colombia de abajo viene cambiando aceleradamente y mucho antes de que se modificara el escenario grande. En septiembre y octubre de 2008 confluyeron varias protestas y movilizaciones, rurales y urbanas, pero muy en particular la huelga de 10.000 cortadores de ca√Īa en Valle del Cauca con la Minga de los Pueblos lanzada por los ind√≠genas nasas del Cauca, que recorri√≥ parte del pa√≠s para arribar a Bogot√°, donde fue masivamente recibida por la poblaci√≥n (ver La otra Colombia, La Jornada, 24/10/08). Algo nuevo se est√° cocinando en el pa√≠s, dijo en ese momento el periodista y escritor Alfredo Molano, una de las voces m√°s cr√≠ticas y respetadas del pa√≠s. Fue algo as√≠ como un ¬°Ya basta! que abri√≥ fisuras en la cultura de la guerra.

Desde 2002, cuando Uribe fue elegido presidente, en momentos en que hab√≠an fracasado las negociaciones de paz con las FARC, la poblaci√≥n se enfrenta a las consecuencias m√°s nefastas de la pol√≠tica de seguridad democr√°tica aplicada bajo el paraguas del Plan Colombia. La pobreza sigue afectando a la mitad de la poblaci√≥n: el 46 por ciento de los colombianos son pobres y el 17 por ciento son indigentes. Cuatro de cada cinco asalariados ganan menos de dos salarios m√≠nimos, el 58 por ciento de los contratos son informales y el desempleo trepa hasta el 13 por ciento, seg√ļn un amplio informe del peri√≥dico Desde Abajo. El sistema de salud se ha colapsado por falta de financiaci√≥n y la educaci√≥n es p√©sima.

 

Antanas MOCKUS


Si la pol√≠tica social del uribismo se reduce al clientelismo, en gran medida porque el r√©gimen aument√≥ el gasto militar de 4,8 por ciento del PIB en 2002 a 5,6 por ciento en 2010, los beneficios de la seguridad son percibidos apenas por las elites y las clases medias altas. Para los ind√≠genas, por ejemplo, los ochos a√Īos de Uribe han sido catastr√≥ficos: 1.200 muertos, 176 desapariciones forzadas, 187 violaciones sexuales y torturas, 5.000 casos de amenazas y 84 ejecuciones extrajudiciales.

Apenas una muestra de lo que supuso el uribismo para los de abajo. A todo ello habría que sumar la corrupción generalizada, los escandalosos falsos positivos (asesinatos de civiles inocentes para hacerlos pasar por guerrilleros muertos, con anuencia del gobierno), el trato privilegiado dado a los grupos paramilitares que nunca se desmovilizaron, y la narcopolítica, la conexión entre narcos, paramilitares y el gobierno de Uribe. Ante semejante panorama, no puede sorprender que a los colombianos les preocupe más la pobreza y la corrupción que la lucha contra las FARC.

En este sentido, la candidatura de Mockus representa para la poblaci√≥n algo as√≠ como un respiro en lo que fue un decenio terrible de guerra, autoritarismo y temor. Habr√° que esperar al 30 de mayo, cuando se celebre la primera vuelta, y sobre todo al balotaje del 20 de junio, para comprobar si la guerra sucia consigue impedir el triunfo del candidato verde, ya que por lo menos en dos ocasiones anteriores el magnicidio frustr√≥ expectativas de cambio: en 1989 el liberal Luis Carlos Gal√°n muri√≥ en plena campa√Īa electoral; en 1948, el tambi√©n liberal Jorge Eli√©cer Gait√°n fue asesinado, lo que dio comienzo a una guerra inconclusa a√ļn. Ambos encarnaban los deseos de democracia del pueblo colombiano. D√≠as atr√°s la Comisi√≥n Nacional Electoral orden√≥ retirar las vallas publicitarias en las que se ve√≠a a Mockus con los pantalones bajados, rodeado de Rafael Correa, Hugo Ch√°vez y Antonio Cano, comandante de las FARC. En los pr√≥ximos d√≠as puede ser peor.

A favor de Mockus puede decirse que no pertenece a la oligarqu√≠a colombiana, como Santos y buena parte de los pol√≠ticos tradicionales. Sin embargo, bajo su gobierno se mantendr√° el Plan Colombia, las bases yanquis no se mover√°n, el neoliberalismo seguir√° gozando de buena salud y los militares continuar√°n manejando los hilos del pa√≠s. En cualquier caso, algo habr√° cambiado. El inquilino de la Casa de Nari√Īo ya no esgrimir√° el estilo patotero y autoritario, rayano en el desprecio, que caracteriza a Uribe. Puede disminuir la tensi√≥n con Venezuela y Ecuador, reducir la corrupci√≥n y ser menos sumiso con la Casa Blanca. Toda vez que Colombia es una pieza clave en la estrategia de Estados Unidos, los cambios desde arriba prometen ser apenas cosm√©ticos. Sin embargo, para muchos colombianos ser√≠a un respiro indispensable.



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