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Edición 295

BLOQUEO ENERGETICO

Y CRISIS TECNOLOGICA

Capitalismo mafioso
JORGE BEINSTEIN
(Segunda parte)


Otro fenómeno importante de la crisis económica global, es el del bloqueo energético. El capitalismo industrial pudo despegar hacia finales del siglo XVIII porque la Europa imperial agregó a la explotación colonial y a la desestructuración de su universo rural (que le proporcionó mano de obra abundante y barata) un proceso de emancipación productiva respecto de las limitadas y caras fuentes energéticas convencionales, como la corrientes de los ríos que permitían el funcionamiento de los molinos, la madera de los bosques y la energía animal.

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La solución fue el carbón mineral y en torno del mismo la ampliación sin precedentes de la explotación minera, su polo dinámico fue el capitalismo inglés.

La depredaci√≥n creciente de recursos naturales atraves√≥ a todos los modelos tecnol√≥gicos del capitalismo y, si consideramos a la totalidad del ciclo industrial (entre fines del siglo XVIII y la actualidad), podr√≠amos referirnos al sistema tecnol√≥gico de la civilizaci√≥n burguesa basado en la disociaci√≥n cultural del hombre y la ‚Äúnaturaleza‚ÄĚ, asumiendo a esta √ļltima como universo hostil, objeto de conquista y pillaje.

Al auge del carbón mineral del siglo XIX le sucedió el del petróleo en el siglo XX y hacia comienzos del siglo XXI ha sido agotada aproximadamente la mitad de la reserva original de ese recurso. Eso significa que ya nos encontramos en la zona calificada como cima o nivel máximo posible de extracción petrolera a partir de la cual se extiende un inevitable descenso extractivo. Desde mediados de la década pasada ha dejado de crecer la extracción de petróleo crudo.

Suponiendo la existencia de reemplazos energéticos viables a gran escala y a largo plazo cuando aceptamos las promesas tecnológicas del sistema (para un futuro incierto) y los introducimos en el mundo real con sus ritmos de reproducción económica concretos a mediano y corto plazo, nos encontramos ante un bloqueo energético insuperable. Si pensamos en lo que resta de la década actual comprobaremos que no aparecen reemplazos energéticos capaces de compensar la declinación petrolera.

Dicho de otra manera, el precio del petr√≥leo tiende a subir y la especulaci√≥n financiera en torno del producto lo empuja a√ļn m√°s hacia arriba. Adem√°s, alguna aventura militar occidental, como por ejemplo un ataque israel√≠-estadounidense contra Ir√°n y el consiguiente cierre del estrecho de Ormuz, llevar√≠a el precio a las nubes. Todo ello significa que los costos energ√©ticos de la econom√≠a se han convertido en una factor decisivo limitante de su expansi√≥n y en alg√ļn escenario turbulento causar√≠an una contracci√≥n catastr√≥fica de las actividades econ√≥micas a nivel global.

No se trata sólo del petróleo, sino de un amplio abanico de recursos mineros que se encuentran en la cima de su explotación, cerca de la misma o ya en la etapa de extracción declinante, afectando a la industria y a la agricultura. Por ejemplo, la declinación de la producción mundial de fosfatos, componente esencial para la producción de alimentos, desde hace algo más de dos décadas.

Pasamos entonces del tema del bloqueo energético a otro más vasto: El del bloqueo de los recursos mineros en general y de allí al del sistema tecnológico de la civilización burguesa que lo ha engendrado. En dicho sistema tenemos que incluir a sus materias primas básicas, sus procedimientos productivos y su respaldo técnico-científico, su dinámica y estilo de consumo civil y de guerra, etcétera; es decir, al capitalismo como civilización.

Asistimos ahora a la b√ļsqueda vertiginosa de ‚Äúreemplazos‚ÄĚ energ√©ticos, de diversos minerales, etc√©tera destinados a seguir alimentando una estructura social decadente, cuya din√°mica de reproducci√≥n nos dice que m√°s de la mitad de la humanidad ‚Äúest√° de m√°s‚ÄĚ y que en consecuencia la ‚Äúcivilizaci√≥n‚ÄĚ ha marcado un camino futuro habitado por una sucesi√≥n de mega genocidios.

Pero la decadencia nos lleva a pensar que todos esos ‚Äúrecursos necesarios‚ÄĚ para el sostenimiento de sociedades y √©lites parasitarias no son necesarios en otro tipo de civilizaci√≥n o por lo menos lo son en vol√ļmenes mucho m√°s reducidos. No est√°n de m√°s los pobres y excluidos del planeta. Est√° de m√°s el capitalismo con sus objetos de consumo lujoso, sus sistemas militares, su despilfarro obsceno.

De la sobreproducción controlada

a la crisis general de sub producción

Es posible describir el trayecto de algo m√°s de cuatro d√©cadas que ha conducido a la situaci√≥n actual. Aproximadamente entre 1968 y 1973 nos encontramos ante un gran crisis de sobreproducci√≥n en los pa√≠ses centrales que, como ya he se√Īalado, no deriv√≥ en un derrumbe generalizado de empresas y una avalancha de desocupaci√≥n al el estilo ‚Äúcl√°sico‚ÄĚ, sino en una complejo proceso de control de la crisis que incluy√≥ instrumentos de intervenci√≥n p√ļblica destinados a sostener la demanda, la liberalizaci√≥n de los mercados financieros, esfuerzos tecnol√≥gicos y comerciales de las grandes empresas. Y tambi√©n integrando a la ex Uni√≥n Sovi√©tica como proveedora de gas y petr√≥leo y a China como proveedora de mano de obra industrial barata.

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Los cambios se produjeron gradualmente en respuesta a las sucesivas coyunturas, pero finalmente se convirtieron en un nuevo modelo de gestión del sistema llamado neoliberalismo girando en torno de tres orientaciones decisivas marcadas por el parasitismo: La financiarización de la economía, la militarización y el saqueo desenfrenado de recursos naturales.

El proceso de financiarización concentró capitales parasitando sobre la producción y el consumo, la incorporación de centenares de millones de obreros chinos y de otras zonas periféricas y el saqueo de recursos naturales permitió bajar costos, desacelerar la caída de los beneficios industriales.

El resultado visible al comenzar el siglo XXI es el ahogo financiero del sistema, la degradación ambiental y el comienzo de la declinación de la explotación de numerosos recursos naturales tanto renovables como no renovables (al ser quebrados sus ciclos de reproducción.)

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Finalmente, la crisis de sobreproducci√≥n controlada engendra una crisis prolongada de sub producci√≥n que est√° dando ahora sus primeros pasos. El sistema encuentra ‚Äúbarreras f√≠sicas‚ÄĚ para la reproducci√≥n ampliada de sus fuerzas productivas, los recursos naturales declinan. No se trata de ‚Äúfronteras ex√≥genas‚ÄĚ, de bloqueos causados por fuerzas sobrehumanas, sino de autobloqueos, de los efectos de la actividad productiva del capitalismo, prisionero de un sistema tecnol√≥gico muy din√°mico basado en la explotaci√≥n salvaje de la naturaleza y en la expansi√≥n acelerada de las masas proletarias del planeta (poblaciones miserables de la periferia, obreros pobres, campesinos sumergidos, marginales de todo tipo, etc√©tera.)

Asistimos entonces a la paradoja de industrias, como la automotriz, con altos niveles de capacidad productiva ociosa. Si por alguna magia de los mercados esas empresas llegan a encontrar demandas adicionales significativas se producirían saltos espectaculares en los precios de una amplia variedad de materias primas. Por ejemplo el petróleo, que anularían dichas demandas.

No estamos pasando del crecimiento al estancamiento. Est√© √ļltimo no es m√°s que el transito hacia la contracci√≥n, m√°s o menos r√°pida, m√°s o menos ca√≥tica del sistema, hacia la reproducci√≥n ampliada negativa de las fuerzas productivas al ritmo de la concentraci√≥n de capitales, la marginaci√≥n social y el agotamiento de los recursos naturales. No tiene porque ser un proceso de declinaci√≥n inexorable de la especie humana. Se trata de la decadencia de una civilizaci√≥n, de sus sistemas productivos y perfiles de consumo.

Capitalismo mafioso

De este proceso forma parte la mutaci√≥n del n√ļcleo dirigente del capitalismo mundial en un conglomerado de redes parasitarias mafiosas, una de cuyas caracter√≠sticas psicol√≥gicas es el acortamiento temporal de expectativas, cortoplacismo que lo conduce hacia una creciente crisis de percepci√≥n de la realidad. El negocio financiero, en tanto cultura hegem√≥nica del mundo empresario, el gigantismo tecnol√≥gico (especialmente su cap√≠tulo militar), la s√ļper concentraci√≥n econ√≥mica y otros factores convergentes impulsan esta desconexi√≥n psicol√≥gica liberando una amplia variedad de proyectos irracionales que sirven como apoyatura de pol√≠ticas econ√≥micas, sociales, comunicacionales, militares, etc√©tera (el cuerpo parasitario engorda y la mente racional del obeso se contrae).

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La élite global dominante (imperialista) se va convirtiendo en un sujeto extremadamente peligroso empecinado en el empleo salvador de lo que considera su instrumento imbatible: El aparato militar (aunque experiencias concretas como en el pasado su derrota en Vietnam y actualmente el empantanamiento en Afganistán demuestran lo contrario.)

Tres enfoques convergentes

Es posible abordar la historia de la civilización burguesa, su gestación, ascenso y decadencia, desde tres visiones de largo plazo.

La primera de ellas enfoca una trayectoria de aproximadamente 500 a√Īos. Arranca a entre fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI europeo con la conquista de Am√©rica y el pillaje de sus riquezas generando un derrame de oro y plata sobre las sociedades imperiales europeas, impulsando su expansi√≥n econ√≥mica y transformaci√≥n burguesa.

 

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Una nueva guerra en Medio Oriente, lo menos deseado

 

Luego del primer atrac√≥n (siglo XVI), lleg√≥ el tiempo de la digesti√≥n y de la desestructuraci√≥n de los bloqueos precapitalistas y de la emergencia de embriones s√≥lidos del Estado y de la ciencia modernos y de n√ļcleos capitalistas emergentes, todo ello expresado como ‚Äúlarga crisis del siglo XVII‚ÄĚ.

Al comenzar el siglo XVIII esas sociedades ya estaban culturalmente preparadas para la gran aventura capitalista. Su despegue estuvo marcado por una crisis de mediana duración entre fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX pautada por la revolución industrial inglesa, la revolución francesa y las guerras napoleónicas. Fue atravesando todo el siglo XIX al ritmo de las expansiones coloniales y neocoloniales y las transformaciones industriales y políticas.

En torno de 1900, el capitalismo, con centro en occidente, hab√≠a establecido su sistema imperial a nivel planetario, hasta llegar a la primera guerra mundial que se√Īala el fin de la juventud del sistema y el inicio de una nueva crisis de mediana duraci√≥n entre 1914 y 1945, punto de inflexi√≥n entre la etapa juvenil ascendente y una era de turbulencias que empiezan a mostrar los l√≠mites hist√≥ricos de un sistema que dispone de recursos (financieros, tecnol√≥gicos, naturales, demogr√°ficos, militares) como para prolongar su existencia en medio de amenazas como la aparici√≥n de la Uni√≥n Sovi√©tica, luego la revoluci√≥n china, etc√©tera.

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Las avanzadas militares

Y despu√©s de una recomposici√≥n que trae la prosperidad a un capitalismo amputado, acosado (entre fines de 1940 y fines de los a√Īos 1960), el sistema ingresa en una crisis larga (que consigue atrapar a los grandes ensayos proto socialistas: La URSS y China) que se prolonga hasta el presente. Esta √ļltima etapa, que ya dura m√°s de cuatro d√©cadas, se caracteriza por el descenso gradual zigzageante y persistente de las tasas globales de crecimiento econ√≥mico sobredeterminado por la desaceleraci√≥n de las econom√≠as imperialistas (en primer lugar los Estados Unidos) y por el incremento de las m√°s diversas formas de parasitismo (principalmente el financiero.)

En esta etapa es posible distinguir un primer período entre 1968-1973 y 2007-2008 de desaceleración relativamente lenta, de pérdida gradual de dinamismo y un segundo período (en el que nos encontramos) de agotamiento del crecimiento, apuntado hacia la contracción general del sistema.

En s√≠ntesis: A partir del primer impulso colonial exitoso (en el siglo XVI, el anterior: las Cruzadas, hab√≠a fracasado), es posible hacer girar la historia de la civilizaci√≥n burguesa en torno de cuatro grandes crisis: La larga crisis del siglo XVII, vista como etapa preparatoria del gran salto; la crisis de mediana duraci√≥n de nacimiento del capitalismo industrial (fines del siglo XVIII- comienzos del siglo XIX). Una segunda crisis de mediana duraci√≥n (1914-1945), seguida por una prosperidad de aproximadamente un cuarto de siglo y, finalmente, una nueva crisis de larga duraci√≥n (que se inicia hacia fines de los a√Īos 1960), de decadencia del sistema, suave primero y acelerada desde fines de la primera d√©cada del siglo XXI.

Un segundo enfoque restringido a un poco m√°s de 200 a√Īos, arranca con la revoluci√≥n industrial inglesa, la Revoluci√≥n Francesa, la independencia de Estados Unidos, las guerras napole√≥nicas y otros acontecimientos que se√Īalan el inicio del capitalismo industrial consolid√°ndose en una larga etapa juvenil del sistema, abarcando la mayor parte del siglo XIX. Las turbulencias son cortas, las crisis de sobreproducci√≥n, siguiendo el modelo desarrollado por Marx, son ‚Äúcrisis de crecimiento‚ÄĚ del sistema que van acumulando heridas, deformaciones, problemas que terminan por provocar el gran desastre de 1914. Karl Polanyi se refiere al rol de la c√ļpula financiera europea en el mantenimiento de equilibrios econ√≥micos y pol√≠ticos. En esa √©lite est√° la base de la futura hipertrofia financiera de finales del siglo XX.

Luego de la etapa juvenil se desarrolla un período de madurez signado por guerras, fuertes depresiones y una prosperidad de mediana duración (1945-1970).

Con la crisis de los a√Īos 1970, el fin del patr√≥n d√≥lar-oro, la derrota norteamericana en Vietnam, la estanflaci√≥n y los dos shocks petroleros, etc√©tera, el capitalismo entra en su vejez, que deriva en senilidad. El concepto de ‚Äúcapitalismo senil‚ÄĚ fue introducido por Roger Dangeville hacia finales de los a√Īos 1970, se√Īalando que desde ese momento el sistema deven√≠a senil se desagregaba, perd√≠a el rumbo. En realidad la senilidad del sistema se hace evidente tres d√©cadas despu√©s, a partir de la estampida financiero-energ√©tico-alimentaria de 2008, cuando se acelera el descenso del crecimiento hasta acercarnos ahora a crecimientos iguales a cero o negativos en la zona central del capitalismo y cuando el motor financiero se ha estancado apuntando a la ca√≠da.

Un tercer enfoque de desagregaci√≥n del superciclo en ‚Äúciclos parciales‚ÄĚ permite detallar fen√≥menos decisivos de la historia del sistema. Es necesario limitar los aspectos de autonom√≠a de esos ‚Äúciclos‚ÄĚ, haci√©ndolos interactuar entre si y refiri√©ndolos siempre a la totalidad sist√©mica.

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El crep√ļsculo del sistema arranca con las turbulencias de 2007-2008. la multiplicidad de ‚Äúcrisis‚ÄĚ que estallaron (financiera, productiva, alimentaria, energ√©tica) convergieron con otras como la ambiental o la del Complejo Industrial-Militar del Imperio empantanado en las guerras asi√°ticas.

El cáncer financiero irrumpió triunfal entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX y obtuvo el control absoluto del sistema siete u ocho décadas después, pero su desarrollo había comenzado mucho tiempo (varios siglos) antes, financiando estados imperiales donde se expandían las burocracias civiles y militares al ritmo de las aventuras coloniales-comerciales y luego también a negocios industriales cada vez más concentrados.

La hegemon√≠a de la ideolog√≠a del progreso y del discurso productivista sirvi√≥ para ocultar el fen√≥meno, instal√≥ la idea de que el capitalismo a la inversa de las civilizaciones anteriores no acumulaba parasitismo, sino fuerzas productivas que al expandirse creaban problemas de adaptaci√≥n superables al interior del sistema mundial, resueltos a trav√©s de procesos de ‚Äúdestrucci√≥n-creadora‚ÄĚ.

Por su parte el militarismo moderno hunde sus ra√≠ces m√°s fuertes en el siglo XIX occidental, desde las guerras napole√≥nicas, llegando a la guerra franco-prusiana hasta irrumpir en la Primera Guerra Mundial como ‚ÄúComplejo Militar-Industrial‚ÄĚ (aunque es posible encontrar antecedentes importantes en Occidente en las primeras industrias de armamentos de tipo moderno aproximadamente a partir del siglo XVI). Fue percibido en un comienzo como un instrumento privilegiado de las estrategias imperialistas y m√°s adelante como reactivador econ√≥mico del capitalismo. S√≥lo se ve√≠an ciertos aspectos del problema, pero se ignoraba o subestimaba su profunda naturaleza parasitaria, el hecho de que detr√°s del monstruo militar al servicio de la reproducci√≥n del sistema se ocultaba un monstruo mucho m√°s poderoso: El del consumo improductivo, causante de d√©ficits p√ļblicos que no incentivan la expansi√≥n sino el estancamiento o la contracci√≥n de la econom√≠a. (Continuar√°.)



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