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Sucesión presidencial: Lucha entre epilépticos y paralíticos
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Edición 354

18 miniPorque es de nuestras m√°s sentidas y provocadoras motivaciones period√≠sticas, siempre volveremos a consulta a don Jos√© Ortega y Gasset, sobre todo en estas horas cr√≠ticas en las que la Rep√ļblica, sin liderazgos confiables (sin liderazgos a secas) parece encaminarse al precipicio.

Primera cita: Dice el fil√≥sofo espa√Īol, que las rupturas s√ļbitas de un modelo cultural establecido y respetado, exponen a las sociedades al retorno a la era del orangut√°n.

Segunda cita, sobre los m√©todos revolucionario y el de la continuidad. El m√©todo de la continuidad, dice Ortega y Gasset, es el √ļnico que puede evitar en la marcha de las cosas humanas, ese aspecto patol√≥gico que hace de la historia una lucha eterna y perenne entre los epil√©pticos y los paral√≠ticos.

Desde donde amigo vengo

El grotesco espectáculo que hoy mismo ofrece el grupo dominante en México, empezó a montarse hace poco más de tres décadas.

Los cambios s√ļbitos a los sistemas econ√≥mico y pol√≠tico -el cultural empezaba subsumirse en la producci√≥n extranjera-  que fracturaron al Estado mexicano en nombre de las supersticiones neoliberales, pusieron a la Naci√≥n en el umbral de la ingobernabilidad.

Las alternancias en el poder presidencial y sus correspondientes en los estados, pasaron de noche por la luminosa iniciativa de transición democrática, sobre la que algunos intelectuales orgánicos mexicanos hincaron los pilotes de su fase superior: La metapolítica, en la que la lucha de los contrarios sería encauzada por voluntades civilizatorias.

En ese aciago tránsito, se dejó al Estado mexicano sin defensas soberanas y la sociedad quedó atrapada en la estupefacción paralizante frente a la acechanza exterior.

Esa amenaza la encarna, hoy por hoy, el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cuyos estrategas hacen alarde de su conocimiento y dominio del lado flaco de la  democracia a la mexicana.

Si el grupo dominante actual tuviera afecto por la cultura, alguna noción hubiera adquirido sobre el modo de vida norteamericano y acaso lo que el mensaje que hoy le envía el Gran Leviatán imperial no lo hubiera tomado por sorpresa.

18 Zbisniew Brzezinki

La política de la sinrazón

1978: Sólo como una guía de exploración. Los estudiosos estadunidenses Seymour Martin Lipset y Earl Raab, en líneas de presentación de una de sus obras, descubrieron los continuos esfuerzos:

‚Äú‚Ķ de los viejos grupos in, especialmente los de ascendencia protestante blanca, por proteger sus valores y su posici√≥n como fuente de nuevos movimientos sociales: Casi en cada generaci√≥n, los grupos de ‚Äėviejos norteamericanos‚Äô, que se consideran a si mismos ‚Äėdesplazados‚Äô, relativamente degradados en su categor√≠a o en su poder por procesos debidos al cambio social, han tratado de invertir estos procesos mediante las actividades de movimientos moralistas o grupos de acci√≥n pol√≠tica‚ÄĚ.

Antes, Lipset había apuntado la idea de que, cuanto menos refinado y más inseguro en el aspecto económico sea un grupo, más probable será que sus miembros acepten la ideología o el programa político más simplista. (Política de la sinrazón).

Fue, dicho ahora, lo que puso en juego el hoy inquilino de la Casa Blanca en su campa√Īa electoral. Por eso est√° hoy en el Sal√≥n Oval.

No por casualidad, los autores citan al senador Joseph McCArthy. √Čste, en la d√©cada de los cincuenta desat√≥ la m√°s feroz cruzada terrorista, con la coartada de exterminar comunistas, a cierta categor√≠a de extranjeros y a los traidores a la gran Am√©rica.

En la obra citada, se incorporan resultados de una investigación de Cambridge Report en los que se revela que 40 por ciento de los consultados percibe la descomposición moral en los Estados Unidos.

En esa investigaci√≥n aparece una incitante cuesti√≥n: ‚ÄúEl verdadero modo de vida norteamericano est√° desapareciendo tan r√°pidamente que acaso debamos valernos de la fuerza para salvarlo‚ÄĚ.

18 Warren BuffetApoyaron el uso de la fuerza 58, 56 y 48 por ciento de los entrevistados con ingresos entre cuatro mil y diez mil d√≥lares; 43, 50 y 52 por ciento en edades entre los 46 o m√°s de 65 a√Īos; 59 y 57 por ciento con educaci√≥n primaria y secundaria, y 45 por ciento de religi√≥n protestante.

Por ubicaci√≥n ideol√≥gica, 44 por ciento de los conservadores; por localizaci√≥n domiciliaria 43 por ciento de los habitantes en zonas rurales y 49 por ciento de pobladores del sur, apoyan en uso de la fuerza en defensa ‚Äúdel modo de vida norteamericano‚ÄĚ.

Es evidente que, hacia 2016, aquellos gruesos segmentos no eran meras células durmiente. Eran tendencias que a lo largo de medio siglo, a pesar del cambio generacional, se fueron desarrollando y fortaleciendo. Trump les está dando las anheladas respuestas.

Por supuesto, los que piensan por Donald Trump, escriben sus discursos retomando los residuos doctrinales de El destino manifiesto.

Destrucción implacable de las economías latinoamericanas

Palpita a√ļn el cad√°ver de Nicolas John Spykim, holand√©s-estadunidense quien decret√≥ desde la Academia: ‚ÄúTodo lo que no sea forjar una Groosraumwirtshaft -espacio vital- que incorpore todo el continente en base a una econom√≠a planificada, con producci√≥n controlada y direcci√≥n centralizada del comercio internacional no podr√° sobrevivir (‚Ķ)

‚ÄúNinguno de los estados latinoamericanos se avendr√≠a a realizar de buen grado los cambios imprescindibles para crear esa econom√≠a regional. Solamente la conquista del hemisferio por los Estados Unidos y la implacable destrucci√≥n de las econom√≠as nacionales ahora existentes podr√≠a realizar la integraci√≥n necesaria‚ÄĚ.

Citamos a Spykman, porque entre sus pupilos sobrevivientes están Henry Kissinger y Zbisniew Brzezinki; aquél, conductor en su hora de la Política Exterior de los Estados Unidos; el segundo, genio de la Comisión Trilateral, que fue el huevo de la serpiente de la globalización comercial, ahora dinamitada por Trump.

Otro discípulo de Spykman, ya fallecido, John Foster Dulles, llegó a confesar: Los Estados Unidos no tiene amigos… tiene intereses. Más claro, ni el lodo.

El suicidio de las democracias

Siete a√Īos antes de que Lipset y Raab documentaran La pol√≠tica de la sinraz√≥n, el franc√©s Claude Julien, en un periodo director del parisino Le Monde, dio a la luz El suicidio de las democracias.

Se refiere este autor a las democracias occidentales y se enfoca a las de Europa Occidental y la de los Estados Unidos. Desde hace mucho tiempo, dice, los gobiernos prometen reformas m√°s o menos audaces que llevar√≠an a una sociedad ‚Äúnueva‚ÄĚ.

Frente al incumplimiento de esas promesas -condensadas en las aspiraciones de justicia, libertad, igualdad, fraternidad-, los ciudadanos de sienten impotentes. Su frustraci√≥n y desaliento, advierte, est√° cercano a la desesperaci√≥n, ‚Äúque puede desembocar en la rebeli√≥n‚ÄĚ.

En las dos orillas del Atlántico, observa Julien desde entonces, las zonas de miseria responden casi a las mismas definiciones: Individuos sin trabajo a los cuales la expansión económica no logra procurar un empleo; algunas categorías de asalariados sin calificación profesional, agricultores o comerciantes cuyas empresas ya no están adaptadas a las exigencias modernas; personas que no disfrutan de una pensión o garantías sociales suficientes, etcétera.

Pregunta el autor: ¬ŅEste sistema y este r√©gimen son democr√°ticos cuando toleran tan graves desigualdades entre tanta miseria y tanto lujo?

Aborda la situaci√≥n socioecon√≥mica en Gran Breta√Īa en 1960. Ya habla de siete y medio millones de pobres (14 por ciento de la poblaci√≥n), invisibles a los ojos del ‚Äúsistema‚ÄĚ.

Con Ken Coates y Richard Silburn, explica que, ‚Äúla causa m√°s importante de la pobreza no es la indolencia, ni la fecundidad, ni la enfermedad, ni siquiera el desempleo o cualquier clase de perversidad, sino simplemente los bajos salarios‚ÄĚ.

18 Claude JulienJulien acude a una cita de Thomas Morton que lo explica todo: ‚ÄúCuando hablamos de nosotros como del ‚Äėmundo libre‚Äô, hablamos ante todo de un mundo en el cual los negocios‚Äô son libres".

‚ÄúLa liberad de la persona viene despu√©s, porque para nosotros, la libertad depende del dinero (‚Ķ) En consecuencia,   la libertad esencial es ganar dinero (‚Ķ). Nuestra sociedad est√° ordenada para los negocios, y cada vez tenemos que escoger entre los derechos de la persona humana y el beneficio de la organizaci√≥n que obtiene ganancias‚Ķ las ganancias en primer lugar, las personas vienen despu√©s‚ÄĚ. Esa es la doctrina que importaron los tecn√≥cratas mexicanos: La sociedad de los Cresos.

El desaliento puede desembocar en la rebeli√≥n, advirti√≥ el autor de El suicidio de las democracias. Medio siglo despu√©s, ¬Ņno se expres√≥ en Reino Unido esa rebeli√≥n en el Brexit votado en 2016?

Los entresijos del monstruo

Puesta la vista en los Estados Unidos, Julien empieza por citar al autorizado economista norteamericano John K. Galbraith, quien considera como degradadas a las personas que viven por debajo del m√≠nimo aceptable. Degradado, replica el franc√©s, ‚Äúel esp√≠ritu democr√°tico que pretende como suyo la sociedad‚ÄĚ.

El problema de la pobreza en los Estados Unidos, recuerda Julien, no es ciertamente nuevo. Sin remontarnos muy lejos en el pasado, hace cuarenta a√Īos Franklin D. Roosevelt atra√≠a la atenci√≥n sobre un tercio de la poblaci√≥n ‚Äúmal vestido, mal alimentado, mal alojado‚ÄĚ.

Para 1962, Michael Harrington, citado por nuestro autor, descubre que en los Estados Unidos, de entre 165 millones de blancos, 30 millones viven en pobreza; entre ellos muchos jóvenes y campesinos…

Guerra de clases: ‚ÄúNosotros la vamos ganando‚ÄĚ

2017: En la reciente campa√Īa electoral de los Estados Unidos, el centro de gravedad del discurso fue ocupado por un espectro aritm√©tico: 99 versus 1 por ciento. La ecuaci√≥n de la distribuci√≥n de la riqueza: 99 por ciento en manos de los econ√≥micamente poderosos; el 1 para ‚Äúel resto‚ÄĚ de la poblaci√≥n.

Hace pocos a√Īos, el magnate Warren Buffet proclam√≥: Si, hay una guerra de clases en los Estados Unidos‚Ķ y nosotros la vamos ganando.

En resumen, lo que Julien nos informa es c√≥mo estaba, desde entonces, el desarrollo humano y democr√°tico en Gran Breta√Īa y los Estados Unidos.

En Londres, en 2016 cay√≥ el primer ministro David Cameron.  En la Casa Blanca ya est√° el magnate Ronald Trump con sus expectoraciones con tufo fascista.

La democracia sin adjetivos

En los a√Īos 70, auge de las dictaduras latinoamericanas, los militares de Brasil decretaron ‚Äúlas fronteras ideol√≥gicas‚ÄĚ, lindes de la pretendida restauraci√≥n del Imperio portugu√©s.

No obstante esa pretensi√≥n, alg√ļn portavoz de la dictadura brasile√Īa, en condici√≥n de lacayo, siguiendo la l√≠nea dictada por el citado Spykman, defendi√≥ la anexi√≥n de Brasil al ‚Äú√°rea de influencia‚ÄĚ estadunidense. Los golpistas legislativos brasile√Īos est√°n de regreso a esa l√≠nea.

Tambi√©n, para simular apertura, uno aquellos primates brasile√Īos ofreci√≥ una Democracia sin adjetivos.

Con ese título, un intelectual mexicano presentó un ensayo sobre lo que debería hacerse en México para reparar los agravios que el régimen había infligido secularmente a los mexicanos.

Propuso como modelos de democracia a armar en México, el de Inglaterra; la que fue democrática antes de ser rica; y el de los Estados Unidos, que nacieron predestinados para la democracia.

Todavía resuena el eco: Prosperidad y felicidad para todos

Los tecn√≥cratas neoliberales mexicanos, y algunos de sus clones ignaros, se lo creyeron. Entre los segundos, uno, que proclam√≥ ser titular del ‚Äúprimer gobierno democr√°tico en la historia de M√©xico‚ÄĚ,  propuso sin embargo que el suyo ser√≠a uno de los empresarios, por los empresarios y para los empresarios.

Todav√≠a, en 2016, el discurso gubernamental se regodeaba con las reformas ‚Äútransformadoras‚ÄĚ que dar√≠an  a los mexicanos harta prosperidad y felicidad. Casi, la saciedad igualitaria.

Entre la sart√©n y el fuego; entre las amenazas imperiales y la ingobernabilidad interna, el paisaje de 2018, de sucesi√≥n presidencial, se anuncia, en su s√≠ndrome patol√≥gico, como la lucha entre los  epil√©pticos y los paral√≠ticos. Mal presagio. Es cuanto.

 

  

   



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