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Edición 365

3T 

Terrorismo y sus franquicias

Walter Goobar

LOS ATENTADOS "LOW COST"y el resurgimiento de Al Qaeda, el terrorismo se convierte en una "guerra de marcas" forjada en los subsuelos de la geopolítica.

NINGUNO DE LOS CINCOargentinos naturales de Rosario que pedaleaban por Manhattan estaba preparado para morir. Tal vez, en algún momento se les pasó por la mente que se encontraban en la misma zona donde hace 16 años Al Qaeda había estrellado varios aviones comerciales contra las Torres Gemelas, pero nada más. Mientras surcaban a sus anchas las ciclovías de la Gran Manzana, ninguno de ellos siquiera intuyó que en ese preciso instante morirían atropellados por un uzbeco que se reivindicó como “un soldado del Estado Islámico”, en lo que ISIS denomina un atentado “low-cost” (de bajo costo).

         Como la gran mayoría de los mortales, los excompañeros de promoción del Politécnico no sabían mucho mas de ISIS o Al Qaeda que los actos demenciales que reflejan las noticias o series como Homeland, que cultivan el triunfo global del miedo, pero evitan retratar a ISIS y Al Qaeda como los mercenarios de ese Estado profundo e invisible que maneja a estas organizaciones terroristas como peones de las cloacas de la geopolítica. No es obra del azar que mientras el sueño del Califato sirio-iraquí de ISIS se desmorona como un castillo de naipes, Al Qaeda resucite de sus cenizas en una versión 2.0.

Desde el subsuelo

“Los mercenarios nunca mueren. Van al infierno a reagruparse”, reza un viejo refrán conocido entre los “soldados de fortuna”. La misma frase podría aplicarse hoy a esas dos franquicias de mercenarios reclutadas, adiestradas, financiadas y dirigidas por los servicios de inteligencia de EE.UU. a lo largo de las últimas cuatro décadas, según admitió la ex secretaria de Estado, Hillary Clinton.

         Ahora que el Estado Islámico ha fracasado en derrocar al presidente sirio Bashar al-Ásad y ha visto estallar en mil pedazos el sueño de crear un gran Califato en Medio Oriente, la fantasmagórica Al Qaeda –formada por un recluta de la CIA llamado Osama Bin Laden– reaparece en escena para captar a los derrotados y desmoralizados combatientes de ISIS que vuelven a sus países de origen. Incluso hay quienes sostienen que el relanzamiento de Al Qaeda –que incluye al hijo de Bin Laden– es parte de un plan de ese Estado profundo que gobierna las cloacas de la geopolítica, para convertir a la organización en una suerte de guardia pretoriana y fuerza de choque de Washington para desestabilizar a Rusia, China e Irán y para oficiar de gendarme de Occidente en el Medio Oriente. ¿Alguien podría explicar, sino, por qué tantos reconocidos líderes de Al Qaeda e ISIS viven apaciblemente en Londres? ¿Alguien podría explicar por qué nunca se montó una gran operación internacional para bloquear los flujos financieros de ambas franquicias que circulan sin problemas por los bancos occidentales?

“No es obra del azar que mientras el sueño del Califato sirio-iraquí de ISIS se desmorona como un castillo de naipes, Al Qaeda resucite de sus cenizas en una versión 2.0”

Pese a que ISIS lucró con el petróleo de contrabando que le vendía a las petroleras occidentales, es el momento de repliegue del grupo para permitir el reingreso a escena de Al Qaeda.

 Pero para reinsertarse en el mercado del terrorismo global Al Qaeda primero debe recuperar credibilidad y eso sólo se logra amenazando a EE.UU.

         El último mensaje de la máxima autoridad de Al Qaeda, Aymán al Zawahiri, refleja un cambio radical de la estrategia de la organización. Con las imágenes de fondo de las Torres Gemelas derrumbándose, Zawahiri sostiene que Al Qaeda debe volver al camino que inició Osama Bin Laden. Esto es: “Enfrentarse primero a la cabeza de la infidelidad global, al tiempo que se libra la Guerra Santa contra otros regímenes a su servicio, porque esta guerra es, al fin y al cabo, una única guerra”.

El comercio terrorista

Este mensaje choca frontalmente con la estrategia anterior. En 2015, Abu Muhamad al Julani, líder de la filial de Al Qaeda en Siria (Al Nusra), declaró públicamente que Zawahiri había ordenado a su grupo no atacar a EE.UU. y centrarse en combatir al régimen de Ásad. “Hemos recibido órdenes claras de no utilizar Siria como plataforma de ataque contra EE.UU. o Europa, para no sabotear la verdadera misión contra el régimen”.

         Tanto Al Qaeda como ISIS tenían como misión principal enfrentar a chiitas con sunitas, para lo que asesinaron a muchos más musulmanes que occidentales apuntando a la fractura de Siria e Irak en, por lo menos, seis estados ingobernables, como ocurrió con Libia.

         Como si se tratara de una guerra comercial entre McDonalds y Burger King, el cambio de estrategia de Zawahiri para devolver a la marca Al Qaeda al primer plano de la industria del terrorismo global, llega en un momento en el que la franquicia rival –ISIS– está profundamente debilitada y sus desilusionados combatientes en retirada.

“Para reinsertarse en el mercado del terrorismo global Al Qaeda primero debe recuperar credibilidad y eso sólo se logra amenazando a EE.UU.”

Al Qaeda supo, desde el principio, que la llamada Primavera Árabe era un reto convertido en oportunidad. Los problemas entre terroristas yihadistas empezaron en 2013, cuando los líderes de las ramas de Al Qaeda en Siria y en Irak entraron en conflicto. El líder de la rama iraquí, el propio Abu Bakr al Bagdadi, quería tomar el control de la filial siria, Al Nusra, y establecer un califato que actuase en ambos territorios. Abu Muhamad al Julani, líder del grupo en Siria, lo rechazó. Zawahiri intentó intervenir, pero Bagdadi fundó ISIS y declaró la guerra contra Al Qaeda.

         En su reciente mensaje, el líder de Al Qaeda anima a seguir combatiendo contra ISIS, no porque lo dicten “EE.UU. y sus agentes”, sino por convicción propia.

Viejas nuevas estrategias

En el verano de 2016, durante el periodo en que Zawahiri pidió no atacar a Estados Unidos, Al Qaeda ensayó un acto de prestidigitación y mediante un cambio de nombre fingió desaparecer de Siria. Era una estrategia ordenada por el ilusionista Aymán al Zawahiri.

         Mientras ISIS apostó por el control territorial y la construcción de un califato, Al Qaeda siempre rechazó esa estrategia. Por eso muchos interpretan el último discurso de Zawahiri como un mensaje también para quienes reivindican esa estrategia de poder. “Hoy nos volvemos a encontrar con aquellos que no quieren enfrentarse a la realidad y que buscan repetir el mismo experimento fallido, creyendo que llegarán al poder –ya sea en Cairo o en Damasco– embaucando a Estados Unidos, a quien no se puede engañar como ellos desean”.

         Zawahiri, que en 2016 dijo que la unidad de los muyahidines era un asunto de “vida o muerte” y que las afiliaciones no deberían ser “un obstáculo”, ahora insiste a los combatientes en que se enfrenten a Estados Unidos y que cumplan con el juramento de Al Qaeda. Y rechaza todas las razones esgrimidas por algunos grupos para no hacerlo.

         Con su mensaje, Zawahiri pretende, además de volver a situarse en el centro de la escena internacional, fortalecer sus filas con viejos y nuevos yihadistas.

         Con la pérdida de territorio, ISIS se va a volcar a acciones terroristas como las que se han producido en el último año en Europa y la semana pasada en Nueva York, pero lo que no se puede descartar es que pueda ser reemplazado por un grupo que tenga una ideología más radical y fanática que el actual Estado Islámico. En los días álgidos de Al Qaeda quién hubiera pensado algo más extremista que Al Qaeda… y luego llegó el Estado Islámico.

         De los ataques de “bajo costo” con autos o camiones, ISIS podría pasar a una táctica más sofisticada y mortífera contra la que todavía no hay defensas: un ataque terrorista con drones –aviones no tripulados– cargados con explosivos o armas químicas, es un escenario que obsesiona a los servicios de inteligencia occidentales. Los mismos servicios que le proveyeron a ISIS esos drones para atacar a las tropas gubernamentales en Siria.



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