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Ediciòn 285

Mineros, ecología, 15-M
CARLOS TAIBO
*

 

 

El rescate de Espa√Īa por la Uni√≥n Europea ha hecho que pase, injustificadamente, a segundo plano, la lucha de los mineros. Obligados estamos -parece- a rescatarla, y ello aunque resulte dif√≠cil evaluar cu√°l es la intensidad del debate que han suscitado, en los √ļltimos d√≠as, y en el mundo que resiste, las protestas correspondientes. En esas condiciones, y aunque uno corre el riesgo de otorgar relieve excesivo a lo que probablemente no lo tiene, no me queda m√°s remedio que apuntar una intuici√≥n: Algo hemos hecho mal todos cuando no parece que tengamos otra cosa que discrepancias sobre cuestiones de fondo.


Taibo1


Empezar√© diciendo lo que creo que es, en estas horas, lo principal: Sobran los motivos para apoyar, con todo lo que est√© a nuestro alcance, la protesta minera. ¬°Faltar√≠a m√°s! Si en todas partes intentamos hacer frente a agresiones y recortes, c√≥mo habr√≠a de faltar nuestro apoyo a quienes, en el mundo de la miner√≠a, denuncian los efectos de unas y otros. Se√Īalado eso, que repito es lo principal, no queda m√°s remedio que pronunciarse sobre algunas disputas que est√°n en la trastienda.

Estoy pensando ante todo, claro, en la que se pregunta por la actitud -no de ahora: de siempre- que la resistencia minera ha asumido en relación con una cuestión tan vital como es el respeto del medio natural y los derechos de las generaciones venideras. Tengo la impresión -la certeza, por mejor decirlo- de que las protestas de estas horas apuntan directamente al legítimo propósito de garantizar salarios y preservar puestos de trabajo. Pero, aunque no ignoro la delicadísima situación de muchas familias, echo de menos, inequívocamente, algo más.

Taibo2
Algunos compa√Īeros me dicen que, aun compartiendo mi preocupaci√≥n por el silencio que la dimensi√≥n ecol√≥gica de la crisis provoca en el movimiento minero, no es √©ste el momento para airear esas desavenencias. Puede que tengan raz√≥n. Pero me veo obligado a preguntar cu√°ndo llegar√°, entonces, ese momento. Llevamos treinta a√Īos con la misma trifulca.

Primero fueron las discrepancias que el futuro de la industria militar levant√≥ entre nuestros pacifistas y lo que hoy llamamos sindicatos mayoritarios; los primeros reclamaban el cierre de las f√°bricas correspondientes, en tanto los segundos exig√≠an, sin m√°s, que se preservasen los puestos de trabajo. Luego llegaron las disputas en lo que hace a una sangrante industria, la automovil√≠stica, descaradamente subvencionada por los sucesivos gobiernos espa√Īoles.

Ahora nos topamos con una discusi√≥n -creo yo que insorteable- sobre el porvenir de muchas de las industrias extractivas, lamentablemente lesivas para el medio natural y no menos lamentablemente vinculadas con un estilo de vida insostenible (el nuestro, claro, no el de los mineros). Cuando se me dice que la revuelta de hoy obedece al prop√≥sito de exigir que se cumpla lo que nuestros gobernantes dieron por bueno a√Īos atr√°s, quiero preguntarme si no es prudente discutir eso que unos y otros acataron.

Tambi√©n he o√≠do con frecuencia estos d√≠as que la responsabilidad en lo que se refiere a la sinraz√≥n de buena parte de la actividad extractiva no es de los trabajadores de √©sta, sino de las empresas o, m√°s a√ļn, del sistema. Me gusta poco el argumento. Si, como productores o como consumidores, acatamos las reglas del juego que impone ese sistema, somos al cabo corresponsables de la l√≥gica de √©ste. Y estamos renunciando a la tarea de transformar la realidad.

Cuando alg√ļn colega, de buen tono, ha sugerido que entre los ecologistas no faltan las gentes que, obsesionadas con el medio natural, han olvidado lo que significa la lucha social de siempre, no me queda m√°s remedio que darle la raz√≥n. Para a continuaci√≥n preguntarme, eso s√≠, cu√°ntos son los trabajadores que, a m√°s de mantener viva esa lucha social, muestran conciencia plena y consecuente en lo que respecta a nuestros deberes con el planeta y con las generaciones venideras. Todos somos parte del sistema que padecemos, y no ser√≠a saludable que olvidemos que nuestra conducta no siempre est√° a la altura de las circunstancias.

Otra cara de la discusi√≥n de estos d√≠as la ofrece una colisi√≥n, sospecho que un tanto artificial, entre el 15-M y los mineros. En alg√ļn caso intuyo que nace de un malentendido. No le dar√© mayor relieve a las frases proferidas por algunos mineros que, ante la polic√≠a, consideraron conveniente afirmar que no eran como esos pacifistas del 15-M. Y no se lo dar√© porque no lo tiene, aun cuando me parece que lo suyo es recordar que lo que los periodistas llaman indignados no son moco de pavo. No est√° de m√°s que recuerde al respecto lo que con mucho tino nos dice Raimundo Viejo: ‚ÄúEstudiantes e indignados, contrariamente a esa flipada de los mineros que rula por la red, no s√≥lo consiguieron echar a los mossos de pla√ßa catalunya; lo hicieron, adem√°s, sin necesidad de cohetes, dinamita, capuchas, ni toda la parafernalia: Puro aikido de la multitud‚ÄĚ.

Me preocupa más la actitud de quienes, las más de las veces desde fuera -ni son mineros ni son quincemayistas-, han procurado airear eventuales diferencias entre unos y otros. Estas gentes, claramente sobrepasadas por lo que el 15-M ha acabado por suponer, parecen decididas ahora a recuperar el terreno perdido y escudarse detrás de los mineros. Por fin la clase obrera habría reaparecido para dejar a cada cual en su sitio y, de forma más precisa, para revelar bien a las claras la condición de un movimiento, el del 15 de mayo, en el que faltan la conciencia de eso, de clase, y la voluntad de transformación revolucionaria.

¬°Caramba! Bien puedo imaginarme la reacci√≥n de un indignado que lo est√© de verdad: sean cuales sean las carencias del 15-M -le preguntar√° al avispado zorrocotroco de turno-, ¬Ņdesde qu√© p√ļlpitos hablar√°n estas gentes que ahora me ocupan? ¬ŅSer√° que los mineros, leg√≠timamente entregados a la tarea de defender empleos y salarios, est√°n a punto de tomar el Palacio de Invierno? ¬ŅLo har√°n con ellos las direcciones, entumecidas, de CCOO y UGT, luego de aceptar, durante decenios, lo inaceptable? ¬ŅEscucharemos por fin que reaparecen las palabras alienaci√≥n y explotaci√≥n en el lenguaje sindical al uso?

Taibo3

¬ŅNos llegar√° alg√ļn mensaje que invite a concluir que el objetivo de acabar con el capitalismo empieza a recobrar peso? ¬ŅTendremos conocimiento de alguna iniciativa en la que la palabra autogesti√≥n revele bien a las claras la perspectiva de superar el mundo del trabajo asalariado y la mercanc√≠a? En fin, ¬Ņrecibiremos noticias de que la conciencia de los l√≠mites medioambientales y de recursos del planeta invita a poner sobre la mesa otros valores y otras actitudes?

No conviene que nos enga√Īemos. La protesta minera es un interesant√≠simo ejemplo de que algo empieza a explotar entre nuestros trabajadores. Y el 15-M refleja bien a las claras que una parte de la gente ha empezado a percatarse de lo que tenemos entre manos. Hagamos lo que est√© a nuestro alcance para acercar posiciones. Y consigamos al respecto, en particular, dos cosas. Por un lado, que el 15-M rompa definitivamente con los espasmos meramente ciudadanistas que siguen operando en su interior. Y por el otro que cada vez sean m√°s los trabajadores que se sumen a la tarea de una resistencia frente al capitalismo que incorpore los valores de la autogesti√≥n, la lucha antipatriarcal, la contestaci√≥n antiproductivista y el internacionalismo solidario. Tarea no nos va a faltar.

*Rebelión



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