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Edición 377

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Aeropuerto ecocida

Juan José Agustín Reyes Rodríguez

En estas semanas se ha intensificado el debate sobre la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM), en el lecho del Lago de Texcoco, atentando contra todo el ecosistema que constituye esta cuenca cerrada, llamada Cuenca de México y comúnmente Cuenca del Valle de México.

Antes de elaborar sobre este aeropuerto, quiero recordar los siguientes términos, que avalan de alguna manera el título de esta colaboración.

El término ECOCIDIO significa: “Destrucción extensa o la pérdida de ecosistemas de un territorio concreto, normalmente deliberada y masiva, bien por medios humanos u otras causas. Como consecuencia, la existencia de los habitantes de ese territorio se ve severamente amenaza” (Muy Interesante).

De acuerdo con Julio Santoyo, de la Universidad Michoacana, “Los ecocidas son genocidas”. ECOCIDA: “Quien propicia la muerte masiva y sistemática de los ecosistemas”. GENOCIDA: “Quien propicia la muerte masiva y sistemática de grupos humanos”.

Un vasto sistema lacustre

ESTA CUENCA,cuyo drenaje natural, hace algunos millones de año, vertía hacia el sur, se cerró con el levantamiento de la Sierra del Chichinautzin, en los límites de la Ciudad de México con Morelos, lo que ocasionó que se formara el sistema lacustre de la cuenca, conformando los lagos de Zumpango, al norte, Xaltocan, Texcoco, Chalco y Xochimilco al sur. Algunas de las referencias que se mencionan es que este sistema lacustre ocupaba una extensión de 200 mil hectáreas, que variaban conforme había épocas de mayor o menor precipitación pluvial.

El Lago de Texcoco, tenía una extensión de 100,000 hectáreas en su máxima extensión. Los habitantes que vivían en esta región tenían una cultura lacustre básicamente. Su comercio, transporte y comunicación era con embarcaciones de distintos calados siendo las artesas las más comunes para el transporte individual o de pequeños objetos y mercancías. Todavía a mediados del siglo XX, cuando había pesca de charales, cacería de patos, comercio de hortalizas nativas, captura de ahuautle y otros productos del lago y sus riberas, las artesas eran su transporte principal.

La gran Tenochtitlán al ir expandiendo su poder comenzó a ganarle terreno al lago, con las consecuencias que ello implicaba, que era el hundimiento de sus construcciones. Según algunas referencias descritas en el Museo del Templo Mayor, de la Ciudad de México, la sobre posición de las pirámides, además que cada tlatoani las quería para su mayor esplendor, también se debió a que se hundían y por eso había que subirlas a niveles más altos para evitar que se inundaran.

Con la llegada de los españoles, con una cultura de construcciones de piedra, más grandes y más pesadas, se fue eliminando esa cultura lacustre, que todavía existía hasta principio del siglo XX. Los palacios, catedral, templos y otras construcciones fueron prevaleciendo en la capital de la Nueva España, quitándole más espacio al lago y creciendo sobre el terreno fangoso, lo que provocaba el hundimiento de la ciudad y en consecuencia más inundaciones.

Aferrados a que la ciudad de México debería ser el centro del poder político, económico, cultural y comercial, ésta siguió creciendo sobre el fango y sufriendo de constantes inundaciones. Los “genios” de la época, lejos de aprender a convivir con el sistema lacustre como lo hacían los pueblos originarios, lo que hicieron fue comenzar a drenar el lago, desde el Siglo XVI.

Como un alud de nieve, la ciudad siguió creciendo y aún lo sigue haciendo, con inundaciones, hundimientos y las complicaciones sociales, económicas y ambientales que esto conlleva. En el siglo XIX, con Porfirio Díaz se continuó drenando el lago, siguiendo esa mala práctica en la época post revolucionaria y en la época moderna. ¡Todo por evitar las inundaciones de la capital del país!

Inundación paulatina

¿Pero por qué, a pesar de los innumerables trabajos y recursos que se han empleado para evitar las inundaciones, la capital y su zona metropolitana se siguen inundando? La respuesta es tan simple como compleja. El crecimiento poblacional significa una mayor demanda de agua que se extrae principalmente de los acuíferos del Valle de México, lo que implica que el subsuelo, que tiene características especiales, va perdiendo agua y por el peso de las construcciones se hunde.

El abastecimiento de agua para la capital del país y para parte de la zona metropolitana (11 municipios del estado de México) se obtiene de tres fuentes principales: 72 % de 670 pozos en el acuífero del Valle de México; 26% del sistema Lerma y del Sistema Cutzamala (solamente este suministra 13 m3/seg equivalente a 485 millones de metros cúbicos anualmente) y 2% de ríos. Arroyos y manantiales (Museo Universitario de Ciencias y Artes UNAM, 2018).

Adosado a lo anterior la ciudad se ha venido hundiendo de manera dispareja, por las características muy especiales del subsuelo del lago de Texcoco, que propiamente no es un suelo sino un “HIDROGEL” compuesto con 20% de arcillas de sílice amorfo y el 80% de agua con altas concentraciones de sodio, cloro, bromo y otros elementos y compuestos químicos. Este hidrogel es como una esponja que está saturada de agua. El agua no se comprime, por ello mientras esa esponja esté hidratada no hay hundimientos de las capas superficiales.

El agua que se usa y malgasta en la Ciudad de México y que sale para el drenaje, así como la que llega de los ríos de la cuenca y el agua de lluvia, está siendo drenada actualmente por el Gran Canal del Desagüe, el Túnel Emisor Poniente y el Túnel Emisor Central, con una capacidad de 40 a 44 m3/seg (metros cúbicos por segundo. Es el equivalente a drenar 40 tinacos de 1,000 litros cada segundo.

Se está construyendo el Túnel Emisor Oriente que, pagado con presupuesto federal, cuyo costo original hace una década era de poco más de 11,000 millones de pesos y que en la actualidad, como todas las obras públicas rebasa los 23,000 millones de pesos, faltando aun por terminar. Tiene una longitud de 62 kilómetros, siete metros de diámetro y con capacidad de drenar de 150 hasta máximo 180 m3/seg o sea casi cinco veces más que los otros emisores. Lo cual desecará la capa de depósitos lacustres con mayor intensidad, aunque el resto del fondo seguirá siendo hidrogel.

Pero el asunto no para ahí. La CONAGUA, a través de una de las tantas empresas de Carlos Slim, derribó 24 kilómetros de ahuehuetes milenarios, ahuejotes y otra vegetación de bordos y riparia, en el río Tula el cual va a pavimentar para “incrementar la capacidad de desalojo de las aguas residuales y pluviales del Valle de México y disminuir los riesgos de inundación de la población asentada en esa zona”, de acuerdo a Manifestación de Impacto Ambiental que presentó la CONAGUA y que autorizó la SEMARNAT.

¿Y cuál es el problema por construir el NAIM en el lecho del lago de Texcoco?

Casi todos los “expertos y técnicos”, Colegio de Ingenieros Civiles, Unión de Asociaciones de Ingenieros, el Colegio de Pilotos, la Cámara del Transporte Aéreo, así como las cúpulas empresariales, CCE, CANACINTRA, CANACO, CONCAMIN y otras que han justificado la construcción de este aeropuerto en ese lugar argumentando que después de 20 años de estudios “TECNICOS” han determinado que es el mejor sitio para un nuevo aeropuerto. Argumentan que los aeropuertos se planean desde el aire, lo cual es cierto, pero no mencionan que los aviones no se quedan en el aire, sino que tienen que bajar a tierra.

Estos falsos argumentos o argumentos a medias y manipulados, no describen la película completa. El problema fundamental en el polígono del NAIM es el HIDROGEL que describimos y por más portaviones que pretendan construir, con esas plataformas diseñadas para estas condiciones, se seguirá hundiendo y con mayor evidencia que la Ciudad de México. La roca sólida se encuentra a más de 100 metros de profundidad, habiendo pozos de exploración de 2,000 y hasta más de 3,000 metros de profundidad.

La ingeniería del proyecto del NAIM modificó su procedimiento de cimentación, al encontrar condiciones más graves de lo que tenían programado.

Se están haciendo excavaciones de 20 metros de profundidad por 75 de ancho por 5 km de largo para cada pista, pretendiendo que eso les permitirá estabilizar sus plataformas para aterrizar los aviones y que, una vez exprimida esa capa de suelo, el hundimiento será muy poco y a largo plazo. En su torre de control pilotearon más de 20 metros.

Si a lo anterior le agregamos que, en el Caracol, se producía la sosa caustica, que tomaba como uno de los insumos principales para esa sustancia altamente corrosiva y que se encuentra en todo el lago.

Contaminación

De las excavaciones que hacen en el aeropuerto sacan lodos tóxicos los cuales están depositando, de manera ilegal en socavones de minas en el municipio de Texcoco, lo cual tendrá un impacto contaminante del acuífero de Texcoco, que abarca total o parcialmente ocho municipios.

El tezontle, el basalto, arena y grava que están utilizando en las pistas y en las construcciones centrales del aeropuerto, se obtiene literalmente de la desaparición, de cerros y de más de 160 minas en los municipios de Texcoco, Tepetlaoxtoc, Acolman, Tezoyuca, Temascalapa, San Martín de las Pirámides, San Juan Teotihuacán, Otumba, Axapusco, Chicoloapan, Ixtapaluca, Chalco, Tlalmanalco y Amecameca, por señalar los más afectados.

Desecación del lago de Texcoco

Se ha señalado reiteradamente que no se está desecando el lago de Texcoco, lo cual es una falacia, porque al pretender desalojar más de 150 metros cúbicos por segundo, lo que ocasionará que efectivamente si se deseque el lago; obviamente que están desecando el lago. Adicionalmente el lago artificial Nabor Carrillo, con una superficie de 1,000 hectáreas lo están drenando para cambiarle su función como refugio de aves migratorias y residentes para convertirlo en vaso regulador.

Colectores marginales

Otra de las obras asociadas al NAIM es el proyecto de Colectores Marginales que opera la CONAGUA. Consiste en captar las aguas residuales de los pueblos que se encuentran en la región donde atraviesan los 9 ríos que nacen en la montaña Tlaloc y desembocan en el lago de Texcoco. Están destruyendo la vegetación de los bordos para hacer zanjas y enterrar la tubería que conducirá las aguas residuales a plantas de tratamiento, obviamente como proyecto público-privado, se llevarán a las plantas de tratamiento concentradoras en la zona federal, presuntamente al lago Nabor Carrillo y otros lagos reguladores que harán (¿). Sin embargo, al haber oposición de algunos pobladores, por ejemplo, de la Trinidad, en Texcoco, la empresa contratada por CONAGUA, Alfer, según dijeron los trabajadores, se metieron al cauce del río para meter la tubería “encofrada” para los colectores marginales y así disponer de agua limpia que correrá por el río.

Obviamente que estos trabajos le quitarán su función hidrológica-forestal a los ríos y al lago de Texcoco.

Devastación en la cuenca

Se están devastando bosques y áreas reforestadas. Con el uso de explosivos para romper el basalto, están desapareciendo manantiales. Están afectando fauna y flora endémica, como el ajolote que aún existe en la lagunita de San Telmo, en Tepetlaoxtoc. Lo que en los años 70´s era un orgullo para los pueblos eran sus áreas reforestadas, denominada Barrera Forestal Oriente, que ahora son socavones de minas. Hay un uso indiscriminado de explosivos y la presencia de huachicoleros, que son los que surten de combustible a gran número de las góndolas o tráilers que trabajan para el NAIM.

LA AEROTRÓPOLIS.

Como podemos concluir el Nuevo Aeropuerto Internacional de México que está en construcción en el Lago de Texcoco es un gran negocio inmobiliario y Ecocida, cuyos beneficios serán privados y los costos serán públicos.

Por eso:

# NO AL AEROPUERTO ECOCIDA

# NO A LOS NEGOCIOS INMOBILIARIOS

# YO PREFIERO EL LAGO



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