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Edición 240 | ||||
Escrito por ABRAHAM GARCÍA IBARRA | ||||
Viernes, 13 de Agosto de 2010 15:39 | ||||
PAPELES AL VIENTO
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Torcidos caminos del sistema político mexicano
La gran cuestión es si habrá elecciones en 2012
A veces, el hombre es para sus semejantes peor que la fieras.
Plauto, Bacon, Hobbes y Gracián
ABRAHAM GARCÍA IBARRA (Exclusivo para Voces del Periodista)
Al margen de sus credos políticos o doctrinarios, diversas, variadas y autorizadas voces mexicanas -desde sus cubículos de creación, recintos académicos o rincones periodísticos- se han alzado para denunciar la ligereza con la que el gobierno de
Por inconfesas pero sabidas y visibles vocaciones reaccionarias, las autoridades gubernamentales del PAN se han negado a aprovechar la oportunidad de dichas efemérides para hacer un ejercicio de construcción de México o del alma patria, fundada en la gran riqueza cultural que dio verdadera identidad al espíritu nacional, no fragmentarias y fragmentadas imágenes de pastiche como las que se difunden en medios audiovisuales, en las que los héroes son reducidos ora a una memoria helada, frívola y estéril; ora a grosera referencia para exaltar “el valor” de los nuevos combatientes en la guerra contra el narco.
Que, por sinrazones ideológicas más que obvias,
Gestas revolucionarias inconclusas; privan los mismos desafíos de origen
Hace unos días, en dos eventos separados -el saludo a alumnos de nuevo ingreso a
El rector Narro Robles, en su papel de docente, habló por los jóvenes, pero lo mismo pudo hacer por los niños, las mujeres, los ancianos y por aquellos mexicanos en su edad vital que, sin embargo, vegetan en el abandono público en virtud de la supeditación del desarrollo de México a modelos extralógicos que han avasallado la soberanía y exportan la riqueza nacional a las metrópolis donde residen las matrices desde donde patrocinan las nuevas formas de colonización y depredación.
Habla el rector como académico de la institución cuyo principio fundador y tutelar es el humanismo. Pero también hace unos días
Hasta las cúpulas empresariales rezongan del actual estado de cosas
También, los dirigentes sindicales huéspedes son congruentes con su condición de líderes de la clase trabajadora. Pero ¡hete ahí!, el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP); esto es, una institución de las cúpulas empresariales, acaba de demandar al gobierno de Felipe Calderón que atienda perentoriamente el problema de los bajos salarios. No basta, afirma, sólo con la generación de empleos; se requiere que éstos sean de calidad.
No se trata, pues, de exclamaciones aisladas o sectarias las que -en estricto rigor- se pronuncian por un cambio en el modelo de crecimiento económico; fin que, de todas maneras, no cristaliza: Es ya convicción generalizada -no simple percepción- que la contumacia en la continuidad de la política neoliberal no va a favorecer una salida pacífica al actual dilema nacional. Que dirigentes sindicales de todo el mundo aludan convenciones de
Y, en esa táctica evasiva y autocomplaciente, convergen los hombres del gobierno y dirigentes y legisladores de todos los partidos políticos, que prefieren enfangarse en la pugna por la sucesión presidencial, antes que preocuparse por generar condiciones para que el proceso tenga causa y cauce, antes de que
Todos los huevos en la canasta única de la sucesión
Y, si de sucesión presidencial es el tema que ocupa a los futurólogos de esta hora, no es cosa de regatear el abordaje de la cuestión, así sea sólo para recordar que -desde el inicio del movimiento armado de 1910 hasta 1928, en que el asesinato faccioso del presidente electo Álvaro Obregón derivó en la fundación del Partido Nacional Revolucionario (PNR-, se ha pretendido hacer de México un país de instituciones y de leyes; no más de caudillos. Vanamente.
Vale la recapitulación del proceso histórico, porque pareciera que al político mexicano, sean cuales fuesen sus colores e intereses, nada le han enseñado los años: Siempre vuelve a los mismos errores. Ya en pleno periodo de construcción de
De Vasconcelos, el propio Portes Gil escribió: “El caso de Vasconcelos es raro en nuestra historia. Sin duda, hasta el año de 1923, tuvo rasgos de genialidad, de indiscutible talento. Después, la amargura política lo llevó a los más lamentables fracasos y de hombre de gran capacidad y de sólida cultura, se ha convertido con el andar de los tiempos, en un escritor amargado que, para vivir, se ha visto en la indispensable necesidad de recurrir a los procedimientos más reprobables. Sus libros -saturados de profundo despecho- son, unos, la claudicación más penosa del antiguo y genial maestro y acusan la falta de escrúpulos de quien no respeta, siquiera, lo que cualquier hombre común sabe que está en el deber de respetar: el lazo conyugal y la fe jurada al amigo o a las amantes. Otros, como su Breve Historia de México, son de esos libros que causarán tan grave daño a las generaciones venideras, que no debía Vasconcelos haberlos escrito. porque con ellos, si bien es cierto que consiguió vivir algunos meses, ha producido tan grandes males a las juventudes de México, que algún día se arrepentirá -si no está arrepentido ya- de haberlos dado a la estampa”.
Vasconcelos, en efecto, no pudo asimilar su derrota electoral frente a Ortiz Rubio. Se puso a salto de mata y, en su escala por Sonora, dictó el Plan de Guaymas con el que pretendía sublevar a los mexicanos, fechado el 1 de diciembre de 1929. Sin embargo, pospuso su divulgación hasta después de haber huido del puerto sonorense hacia los Estados Unidos. Cerró su manifiesto Vasconcelos con estas líneas: “El Presidente electo se dirige ahora hacia el extranjero, pero volverá al país a hacerse cargo nuevamente del mandato tan pronto como haya un grupo de hombres libres armados, que estén en condiciones de hacerse respetar. Hágase circular y cúmplase”.
Portes Gil retoma el reproche que envió a prensas el escritor Rubén Salazar Mallén: “Los jóvenes de México, los jóvenes y adolescentes, pues éstos también contaban entre los más entusiastas, encontraron de pronto que su entusiasmo estaba hueco, repleto de nada, como las nueces vanas. Y el desaliento les ganó en ese juego de dados no sólo el corazón, sino el ser todo. A partir de ese día, una juventud quedó hecha pedazos. La traición del que habían elegido por jefe, y que no supo ser jefe, sino solamente recibir halagos, los dejó abandonados en la dura encrucijada. Por eso, en gran parte, se explica la corrupción de las generaciones frescas. Vasconcelos, con su falta de resolución, con su egolatría satisfecha en la campaña, se unió al callismo, tolerando su triunfo, para aniquilar moralmente a la juventud. No otro es el secreto que ha hecho de los hombres nuevos seres venales, faltos de denuedo, ajenos al espíritu de renunciación, egoístas, cobardes. El proceso de desintegración de la juventud que sucedió al triunfo, triunfo manchado, maldito, de Ortiz Rubio, dice la enorme culpa de Vasconcelos, que no supo afrontar el sacrificio, que no arrostró el dolor y el riesgo a que obligaba la confianza de la juventud, la esperanza de la juventud”.
La última campaña violenta en la historia de México
Ortiz Rubio ni siquiera mereció la exposición al riesgo del incipiente y polemizado nuevo sistema electoral mexicano. No fue capaz de terminar su periodo presidencial. A su dimisión se hizo cargo del Poder Ejecutivo el general Abelardo L. Rodríguez, quien lo entregaría pacíficamente, en 1934, al general Lázaro Cárdenas, autor de la ruptura histórica -que aún se considera un parteaguas en la definición del nuevo Estado mexicano- que puso fin al maximato encarnado por Calles.
No obstante, el relevo de Cárdenas, quien refundó el PNR con la denominación de Partido de
En esa sucesión, el nuevo factor en pugna fue el flamante Partido Acción Nacional (PAN). No fue accidental la contemporización de esta nueva formación política con la candidatura de Andrew Almazán, cuyo programa de campaña se sustentó en el rabioso ataque a la obra de Cárdenas, leitmotiv de la fundación del partido de las derechas. Algunos narradores tipifican la de 1939-1940 como “la última campaña presidencial violenta en México”. Lo escribieron cuando aún no se registraba la sucesión presidencial de 1988 que, colocados ya en la ruta de los gobiernos civilistas, no le pidió nada en encarnecimiento a la de 1940. Carlos Salinas de Gortari esgrimió maliciosamente el petate del muerto de una supuesta conjura del Frente Democrático Nacional para tomar las principales ciudades del país, a fin de poner al Ejército de su lado.
Es una grave realidad el desencanto por las democracias
Vendrían después las sucesiones a la sombra del Partido Revolucionario Institucional (PRI), a partir de 1946. Antes, amerita una acotación, no tan accesoria, el título de esta entrega. ¿Habrá elecciones en 2012? No se trata -lo decimos con sinceridad, no ajena a la alarma-, de una gratuita concesión al tremendismo barato. Los signos de los tiempos ofrecen una lectura en cuyo centro de gravedad aparece la crispación, ya no sólo de la clase política, sino de la sociedad en su conjunto en contra de los sedicentes liderazgos políticos.
En la evaluación de las democracias de América Latina realizada en los últimos diez años, incluso estudios auspiciados por
Ese tipo de escrutinios subraya que los ciudadanos están hartos de ser requeridos como votantes para, después de las elecciones, ser relegados al pozo del olvido. Esto es, que la representación delegada en las urnas no se compadece de los compromisos de campaña, que son los mismos siempre y siempre burlados una vez que se asume el poder. Ese incesante oleaje de desprecio al ser colectivo -el pueblo-, no puede durar eternamente. Lo sentencia puntualmente nuestra propia experiencia histórica. El problema es que ahora la devaluación de la política, atribuida a los partidos y a los poderes de
¿Qué papel se reservan para si las Fuerzas Armadas mexicanas?
La preocupación, en todo caso, radica en el papel que, también ya fatigadas y enervadas, quieran adjudicarse para 2012 las Fuerzas Armadas, obligadas a un protagonismo activo desde que fueron lanzadas a la guerra narca sin solución de continuidad. La recompensa a ese brutal desgaste, para algunos estamentos de la oficialidad media o altos mandos en retiro, no parece suficiente con la mejoría en los tabuladores de los haberes castrenses, mientras que los del poder civil se aplican a la acumulación galopante de fortunas mal habidas a costa del erario público, en una fétida atmósfera en la que, como lo escribió recientemente uno de nuestros colegas, los narcos se volvieron “políticos” y los políticos se vuelven narcos.
En otra época no lejana, algunos de nuestros generales en tesitura de rebeldía fueron regresados individualmente al redil con encargos públicos o contratos y concesiones que les hicieron olvidar sus arengas incendiarias. Por denunciarlo, Juan Rulfo casi está a punto de ser acusado de traidor a la patria. No es la situación actual, en que las Fuerzas Armadas en su conjunto comparten la repulsa de sectores de la sociedad civil, tope ello en que se pretenda convencer a la opinión pública de que algunas de esas manifestaciones son financiadas por los cárteles del crimen organizado.
Ese latente y real riesgo no escapa a la sensibilidad de enclaves que comparten el gobierno: Que el nuevo discurso desde lo alto se oriente a comprometer a todos los compatriotas en eso que ahora llaman seguridad democrática, habla por si solo de que los nervios del poder se están tensando en torno al reto de cómo salir del callejón sin salida en que ha sido arrinconado el combate a la delincuencia organizada, y hacerlo, además, sin dar por perdida la guerra.
En tanto se busca -y se encuentra- un argumento honorable para reaprehender, matizar y reorientar la realidad, los plazos para las elecciones generales de 2012 se acortan inexorablemente. Tanto que, con la excepción del Estado de México, el resto del calendario electoral de 2011 apenas si tibia el clima nacional. Sólo restan unos cuantos meses para que el Instituto Federal Electoral (IFE) dé por iniciados los preparativos del gran evento de 2012. En tiempos tan tormentosos como los que vive actualmente México, meses son segundos históricos. Agotarlos en la obcecación cerril, como dijo el clásico, no es un crimen: Es una imbecilidad. Y las idioteces se pagan caro. Llegará el momento fatal en que, como recomendaba el intelectual panista Carlos Castillo Peraza, los mexicanos entiendan que la gracia consiste no en cambiar de cadena, sino en dejar de ser perro. More articles by this author
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