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Edición 222 | ||||
Escrito por Pino Páez | ||||
Jueves, 19 de Noviembre de 2009 12:24 | ||||
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El lema también está
COMBATIR POR LA TIERRA es batalla primigenia, los mismos muertos lo proclaman desde su libertaria resurrección en flor de manzanilla. Tierra y libertad es nombre y apellido, consigna que pesa más que cualquier palabra, mayúscula Revolución que no se estaciona en avenida. Tierra, terruño y terregal
La universidad Autónoma Chapingo posee rúbrica y divisa de compaginadas acentuaciones con el zapatismo: Explotar la tierra, no el hombre; tierra colectiva para fecundar, tierra tumultuaria en la recopilación y en el reparto, tierra donde el reflejo del labrador se extiende como sombra que se habrá de cosechar.
Terregal: estéril amontonamiento de olvidos, amnesia petrificada, estatua de humanidá que a goterones de luna sucia transpira cráter y erial... que ni como manojo empuñado al desgaire... servirá para tapar el sueño final de algún desconocido, de algún anónimo, de algún apócrifo que no tuvo tiempo de plantarse frente a la intimidad de su propio espejo. El mito derechista contra el gran Zapata
A Emiliano Zapata Salazar ya no se atreven los enlatados conservadores de hogaño, a dispararle la cartuchera de los epítetos. No le dicen más “Atila del Sur” ni le endilgan el clásico “Robavacas” adjetival con que a todo revolucionario encerraban en unas comillísimas de “Cuatrero”. Los de la diestra nada diestros, ahora lo almibaran de “abnegación”, lo enturronan de “inocencia”, casi-casi lo envían con Lacan y con Piaget, le preparan su silla con todo y paletita en algún kinder Montessori. Miliano, “explican” los nada derechos caballeros de la derecha, fue un hombre “bueno”... pero demasiado extemporáneo, quien debió haber nacido en los apogeos de la colonia ya que -amelcochados mitifican tales “educadores”- Tierra y libertad para Zapata significaba una gracia del otrora reino español, algo así como terregoso regalito dizque muy obsequioso concretaba el encomendero. Cine y Tecla de pantalla
Un elegantísimo cacomixtle de albo cogote, Isidoro Rodríguez, motejado “El Divino” por sus mágicas dotes de poner a laborar su manicurada uñísima... produjo un churroscope acerca de Zapata dirigido por Alfonso Arau, quien pretendía incluir escenas del libreto original, un “romance” entre Emiliano Zapata e Ignacio de El señor Arau, tal vez por disposiciones de la productora divinidá, no se atrevió a inventar tal “amorío”. Se conformaron con hacer del gran Zapata un cliente de chamanes, un ser mitificado cuya alma reposa en los palomares de Catemaco. El prejuicio antizapatista dañó incluso a demócratas y revolucionarios libres de comillas, a Rafael Pérez Taylor, por ejemplo, bardo y periodista que asistió a Pérez Taylor, al igual que el pedagogo Gregorio Torres Quintero en otro ámbito y lenguaje, atribuyó al zapatismo una ignorancia supina que atrofiaba la conducción revolucionaria. No se enteraron que a Miliano le gustaba la poesía, en especial Sinfonía de combate, de Santiago de Emiliano Zapata Salazar es uno de los mexicanos más estudiados en las universidades del mundo, Falsa bondá hacia la “inocencia”
Octavio Paz en El laberinto de la soledad sitúa a Miliano en una irreal “inocencia”, tras afirmar que “... el zapatismo fue una vuelta a la más antigua y permanente de nuestras tradiciones”. Redacta en ese ensayo una falsa bondá por la “inocencia” del revolucionario, arremete una y otra vez lo de tradicional, lo torna palabra clave en el análisis: El tradicionalismo de Zapata muestra la profunda conciencia histórica de este hombre, aislado en su pueblo y en su raza...” .
Alejandro Rosas, un biógrafo similar a José Manuel Villalpando convertido éste en una especie de historiador de cabecera de don Jelipe... lo mismo que don Octavio asienta, referente a Emiliano Zapata, que “A sus ojos la tierra era un símbolo milenario y místico...”. Así, para el señor Rosas, Tierra y libertad, más que una proclama, es fetiche adquirido en el mercado de Sonora.
Más que “desnudar” el “pensamiento” zapatista, el señor Rosas, a sí mismo, encuera su filiación con esta parrafadita que lo desviste en las profundidades de una radiografía, al teclear que Emiliano Zapata poseía “... la sugestión del vidente, la clara idea de la justicia que asiste a los eternamente despojados del derecho, a las irredentes víctimas de la civilización”. No sólo Paz y Rosas, también Fernando Benítez y John Womack, entre una vastedad, a Zapata le han untado la combinadita semántica de ignorancia e ingenuidad, lo redactan como la personificación ex post que hubiese sido dichoso de vivir bajo la canija majestá durante el virreinato. Lo que les resultaría muy complicado es el comentario de la democracia popular que por generaciones se practicó en Anenecuilco (donde nació Miliano) o la política económica industrial en los ingenios cañeros en Zacatepec, desde la zafra, la elaboración de alcohol y azúcar, costales y botellas, inventarios, libros contables, ventas, reinversiones, distribución de ingresos... ¡todo en una economía comunista!, ¡pese a estar cercado el zapatismo por Madero, Huerta y Carranza! Tierra y libertad, en efecto, no es cantaleta ni estribillo, que le pregunten a campesinos, obreros, autores... porque Zapata sigue entre el cañaveral y los trapiches... y en los completitos sembradíos de la memoria. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla More articles by this author
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