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Morelia: Hermosa lección de nacionalismo
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Ediciòn 287

Morelia:
Hermosa lecci
ón de nacionalismo
JORGE SANTA CRUZ
(Exclusivo para Voces del Periodista)

 

SON LAS 20:30 HORAS. La timidez de la noche contrasta con el bullicio provocado por cientos de jóvenes congregados sobre la avenida Madero, frente a la magnífica Catedral de Morelia.


Morelia1

 

LAS PORRAS Y LAS RISAS de los preparatorianos y universitarios llaman la atención de los despreocupados turistas que caminan debajo de los Portales, o que, de plano, disfrutan de la comida regional, o de una bebida refrescante.

Es sábado 21 de julio. La tradición marca que al concluir el crepúsculo se enciende, paulatinamente, el alumbrado del majestuoso templo principal, de la antigua Valladolid.

Pero el programa de este día es diferente. Cuatro pantallas luminosas dan fe del cambio de planes. El espectáculo será diferente. Y comenzará en punto de las 9 de la noche.

A las ocho y media, con puntualidad novohispana, el proyector genera una primera señal. Es un mismo conteo que se replica en las cuatro pantallas que están sujetas a la histórica reja frontal de Catedral. La expectación crece. Cientos de gargantas se unen: “!Cinco!”, “¡cuatro!”, “¡tres!”, “¡dos!”, “¡uno!”. El fin del conteo marca el inicio de dos videos turísticos sobre la ciudad de Morelia. El grito de “¡Ahhhhh!” da paso a las imágenes multicolores. La expectación continúa frente al coloso más representativo de la capital michoacana.

Entre video y video los jóvenes disfrutan de la música. Los organizadores portan con prestancia y honor sencillas camisetas negras con la efigie del Generalísimo José María Morelos y Pavón. Bailan. Unos mejor que otros; cantan, mejor ellas, que ellos; saltan, todos con igual frenesí. Son muchachos morelianos que sienten a su ciudad en lo más profundo del alma.

Son las 20:55 horas. Las pantallas se quedan sin imagen. Los chavos siguen su fiesta: “¡Dame una eme!”, “¡dame una ‘u’!”, “¡dame una zeta!”, “¡dame una ‘q’!”, “¡dame una ‘u’!”, “¡dame una ‘i’!”, “¡dame una zeta!”.

¿Qué dice?

¡Múzquiz!

¿Qué dice?

¡Múzquiz!, ¡Múzquiz!, ¡Múzquiz!

Ya para entonces, los turistas relacionan la energía de la juventud moreliana con las oportunidades de emprender toda suerte de negocios en Morelia; las estadísticas sobre educación contrastan con los chavos alegres que estudian en la capital del estado; los videos turísticos avalan la majestuosidad de uno de los centros históricos más hermosos de la República mexicana.

El reloj de  catedral marca, por fin, las 21:00 horas, las nueve de la noche. La explosión de música ahoga el ansiado “Ahhhh” y las primeras luces resaltan los sólidos muros del emblemático templo católico moreliano, inaugurado en 1744.

Música y luz se coordinan para resaltar los atributos de la sede catedralicia. ¡Cuánta historia! La antigua Valladolid es la cuna ideológica de nuestra gesta de Independencia. A tres cuadras está el antiguo Colegio de San Nicolás, del que fue rector don Miguel Hidalgo y Costilla. Cuatro o cinco cuadras atrás, la casa donde nació Morelos.

Morelia da fe de la grandeza de estos hombres. Y de todos aquellos misioneros que, como don Vasco de Quiroga, forjaron una sólida cultura.

La Catedral se va iluminando de manera paulatina, como paulatina fue la obra de unidad llevada a cabo por la Iglesia Católica en Morelia y en Michoacán y en todo México.

Allí está la multitud para dar testimonio de identidad. Se reconoce la obra evangelizadora.

Se reconoce la lucha de Independencia. Se reconoce la herencia cultural.

Y el turista reflexiona: sólo recuperando ese espíritu de respeto a Dios, se podrá respetar al prójimo. Sólo con apostolados como el de Don Vasco, se restituirá la dignidad a los indígenas. Sólo con una doctrina que denuncia la riqueza y enseña la caridad, sólo así nuestro México saldrá adelante.

El espectáculo dura media hora, cuando mucho. La catedral de Morelia recibe todas las luces. Y, en señal de gratitud, regala cientos de imágenes como hay cientos de pares de ojos que la contemplan. Los juegos pirotécnicos dan el último toque de alegría a tan singular noche moreliana. Los crisantemos de fuego tratan de ser retenidos en las almas de cada uno de los asistentes.

La fiesta termina. Los jóvenes y los turistas se alejan, poco a poco. Los organizadores comentan las incidencias del evento. Las cruces que presiden las dos imponentes columnas barrocas dan fe de un día más en la historia de Morelia.

Todo se lleva a cabo con absoluto orden. Por espacio de 60 minutos, los asistentes se olvidan de la guerra contra el narcotráfico, de los secuestros, del desempleo, de la pobreza educativa. Por 60 minutos, toda la gente congregada en torno a la Catedral se sintió identificada con Morelia, y con los valores más sublimes de Religión y Patria.

¡Qué bella lección! Lección que debería ser repetida en todas las plazas del país. México pide, nos pide, que recuperemos nuestra identidad.

¡Gracias, Morelia, por tan magnífica clase de amor a la Patria y a la Nación!



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