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Edición 295

OBSERVATORIO 2012-2018

ABRAHAM GARC√ćA IBARRA

Observatorio1

DE COMO UN ESTADO SE SUICIDA

Holocausto al

Dios de la guerra

Hasta el √ļltimo minuto de su sexenio, Felipe del Sagrado Coraz√≥n de¬† Jes√ļs Calder√≥n Hinojosa quiso perpetuar la sospecha de que se cri√≥ en la bragueta de un soldado: 1) Encomend√≥ a su sucesor que se haga cargo de la custodia personal de los alcaldes de Michoac√°n, contra los que hace poco m√°s de tres a√Īos √©l desencaden√≥ una feroz cacer√≠a; 2) se neg√≥ a promulgar la Ley de V√≠ctimas aprobada por el Congreso de la Uni√≥n e interpuso controversia constitucional contra la misma; 2) Mont√≥ un descomunal operativo militar sobre la Ciudad de M√©xico, espec√≠ficamente el intimidante sitio al Palacio Legislativo de San L√°zaro; 3) Organiz√≥ un aquelarre de media noche en Palacio Nacional para -al margen de toda prescripci√≥n constitucional- entregar la comandancia de las Fuerzas Armadas y, 4) ‚ÄúSimb√≥licamente‚ÄĚ, inaugur√≥ un memorial a las v√≠ctimas del combate al ‚Äúcrimen organizado‚ÄĚ desparramadas durante su sexenio, ¬†en el Campo Marte, del Estado Mayor Presidencial. Simb√≥licamente, el memorial entra√Īa un holocausto al Dios de la guerra, encarnado por Marte.

México, estas ruinas que ves

Mes 1) Cuando cae un Estado -un gobierno o un partido-, sosten√≠an los cl√°sicos, no se requiere autopsia: Muri√≥ por suicidio. Es que ciertos l√≠deres pol√≠ticos -algunos por simple narcisismo-, ensimismados en su propio ego, no leen los signos de los tiempos que pone ante sus ojos la realidad. De los extremistas de izquierda -los sovi√©ticos-, sus detractores repet√≠an tercamente que su credo consist√≠a en esto: ‚ÄúSi la realidad no se adapta a mis designios, peor para la realidad‚ÄĚ. Ninguna diferencia hacen los pragm√°ticos de las derechas.

Fingiendo un papel reflexivo -cosa ins√≥lita en un temperamento tan poco cultivado en las artes pol√≠ticas- Vicente Fox atribuy√≥ la derrota del PRI en 2000, a que no supo vender sus logros de 70 a√Īos de supremac√≠a en el poder presidencial.

 

Congreso de An√°huac
Congreso de An√°huac

Pero tanto Fox, como Felipe Calder√≥n Hinojosa, al fin productos y mercanc√≠a de los medios electr√≥nicos,¬† se entregaron mansamente al supuesto poder de la mercadotecnia. Mandaron al cuarto de los trebejos in√ļtiles una herramienta imprescindible para el ejercicio de la autoridad constitucional: La comunicaci√≥n pol√≠tica en la que se fundan los arreglos en la lucha de los contrarios.

Fox, en el primer tercio de su sexenio, hizo un intento precario de comunicaci√≥n pol√≠tica cuando, en reuni√≥n con los dirigentes de todos los partidos y los jefes de los grupos parlamentarios,¬† suscribi√≥ el Acuerdo Pol√≠tico para el Desarrollo Nacional, que los sedicentes polit√≥logos nativos bautizaron con el original nombre del Pacto de la Moncloa mexicano, en alusi√≥n al que gui√≥ la transici√≥n democr√°tica en Espa√Īa despu√©s de la desaparici√≥n del s√°trapa Francisco Franco.

Sin embargo, Fox intuía sus desventajas intelectuales como dialogante político y, carente también de la eficacia de la comunicación social -de la que se decía que, como la Avenida de la Reforma, corre en dos sentidos-, dejó de lado dicho Acuerdo, después de todo mero acto efectista, y prefirió pertrecharse en su trinchera mediática. Pronto confesó su primer fracaso al apelar a la coacción propagandística sobre el Congreso de la Unión, del que le urgía el consenso para sus propuestas de reformas estructurales.

En alguna ocasi√≥n, gente de Los Pinos responsable del √°rea de An√°lisis e Imagen P√ļblica de la Presidencia de la Rep√ļblica, nos coment√≥ su preocupaci√≥n porque el jefe del Ejecutivo, de los resultados de las encuestas encargadas para medir la percepci√≥n de la gente sobre el actuar del debutante gobierno de la alternancia, s√≥lo se interesaba por el cap√≠tulo de la popularidad personal. Cuando lanz√≥ su programa radiof√≥nico Fox contigo, se hizo del dominio p√ļblico su exigencia hist√©rica: ¬°Quiero rating! ¬°Demen rating!

Las mismas personas nos informaron que, con frecuencia, sus asesores le recomendaban a Fox mesura en el lanzamiento a la publicidad de estad√≠sticas referidas a la cobertura poblacional de la pol√≠tica social; del programa Oportunidades, por ejemplo. Replicaba arrebatado: ¬°Dile al que dude de mis n√ļmeros que vaya a contarlos! Nunca tuvo disposici√≥n para salir de la c√°psula televisiva. Es Fox quien asest√≥ a los mexicanos su √Āguila mocha como tarjeta de presentaci√≥n pinolera.

Murió el pollo antes de salir del cascarón

Calderón, que a diferencia de Fox llegó con el equipaje de su formación partidista, aunque con grotesca presencia escénica, jamás demostró ni capacidad ni voluntad para debatir con los adversarios; ni siquiera con sus partidarios. También se enclaustró en su burbuja electrónica y su exposición al Sol la hizo aislado por los sitios que el Estado Mayor Presidencial tendía en cada escenario al que llevaba su presencia.

Observatorio3
Los Depredadores

Dentro de esa impenetrable burbuja digital -s√≠mil del vientre materno- Calder√≥n confundi√≥ el spot de √©xito, con el √©xito del spot. En ambas opciones fall√≥. Su arrogante praxis lo remiti√≥ a envolver su acci√≥n en el incesante slogan, obviamente vac√≠o de ideas, para rendirse al culto a la personalidad: ‚ÄúEl gobierno del Presidente de la Rep√ļblica‚ÄĚ excluy√≥ del m√©rito en la obra colectiva a millones de bur√≥cratas. Vivir Mejor fue el mensaje de batalla¬† a una sociedad que cada vez viv√≠a peor. Con pretensiones de infalibilidad, como todo tecn√≥crata, no fueron pocas las veces en que hizo alarde de insensibilidad, acusando de ignorancia a sus interlocutores.

Al cumplirse el plazo fatal del sistema m√©trico sexenal -operado bajo el mandato hist√≥rico de la No Reelecci√≥n- Calder√≥n se dijo preparado ‚Äúespiritualmente‚ÄĚ para asumir la soledad del no poder, pero su desolado subconsciente lo empuja a confesar su necesidad del poder. ‚ÄúAlgo muy humano‚ÄĚ, dice alejado del temple de estadista, mientras recorre en los bosques de Los Pinos ‚Äúla avenida de los Presidentes‚ÄĚ, oteando en lontananza el pedestal en que espera sea elevada su efigie.

Golpe de Estado incruento… al principio

‚ÄúNecesidad del poder‚ÄĚ, sostiene el michoacano, y la confirma su reconocimiento de la urgencia con la que, la noche del 30 de noviembre de 2006, sin pasar a√ļn por el protocolo constitucional de la protesta como jefe del Ejecutivo, decidi√≥ emplazar a Fox a que le entregara el mando de las Fuerzas Armadas para hacerse cargo del control de la seguridad en la Sesi√≥n de Congreso General en la que habr√≠a de recibir la banda presidencial y jurar la Carta fundamental. Es que, dijo Calder√≥n en sus horas postreras como Presidente, se sab√≠a que los perredistas hab√≠an ‚Äúintroducido explosivos‚ÄĚ al recinto parlamentario.

Calder√≥n despeja con ese su testimonio una burlesca versi√≥n que alguno de sus cercanos difundi√≥ horas despu√©s de aquella media noche: El supuesto de que Fox, renuente a reconocer su inexorable destino como ex, se aferraba a su permanencia en Los Pinos, al grado de que la banda presidencial fue manoseada con tal nerviosismo por un joven edec√°n militar, que el pliego tricolor anduvo por los suelos. Algo de esto se vio, pero en la p√ļblica y tumultuaria jornada en el Palacio de San L√°zaro, a cuyo sal√≥n de plenos fue introducido por militares, no por legisladores, al trav√©s un t√ļnel secreto.

La par√°bola del partido de f√ļtbol

En el confesionario televisivo, Felipe Calder√≥n dej√≥ otra perla que pone en tela de juicio su raciocinio nublado por la contumacia. Trat√≥ de explicar la inestabilidad en el interior del gabinete presidencial -del que tres secretarios terminaron muertos y otro v√≠ctima de trombosis cerebral-, personific√°ndose como entrenador deportivo y haciendo la par√°bola de un partido de‚Ķ f√ļtbol. Quitar y poner secretarios de Estado encargados de despacho, fue para √©l un simple juego caprichoso, hecho m√°s a la frivolidad autoritaria que a la necesidad del servicio p√ļblico: ¬°Aqu√≠ nom√°s mis chicharrones truenan!

Observatorio4
La Rep√ļblica como cancha futbolera

En fin: Se silenci√≥ el trueno, pero los efectos del rayo han dejado una estela mortal. Quien lleg√≥ blasonando de manos limpias, se fue con ellas ensangrentadas. Sobre su futuro, se habl√≥ de que se incorporar√≠a al profesorado de la Universidad de Texas, pero estudiantes de esta instituci√≥n lo repudiaron, imput√°ndole responsabilidad en el asesinato de miles de ni√Īos en la guerra narca.

Finalmente, la Presidencia de la Rep√ļblica boletin√≥ la informaci√≥n de que Calder√≥n hab√≠a aceptado una invitaci√≥n de la Universidad de Harvard para incorporarse a tareas acad√©micas. En realidad, va como becario del Programa Angelopoulos de L√≠deres Globales, de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, instituido por la griega Gianna Angelopoulos en el marco de la Iniciativa Global Clinton.

El decano de la Escuela Kennedy (de la que el michoacano ostenta diploma en Administraci√≥n), David Ellwood, dijo que el presidente mexicano ‚Äúes un ejemplo vivo de servidor p√ļblico din√°mico y comprometido, que confront√≥ los mayores desaf√≠os de M√©xico‚ÄĚ. Es m√°s o menos el tono que docentes de Harvard emplearon para saludar el arribo de Carlos Salinas de Gortari -con maestr√≠a y doctorado por ese plantel- a la presidencia. Despu√©s de terminado su sexenio, el √≥rgano informativo de la sociedad de ex alumnos de Harvard public√≥ que Salinas de Gortari era el egresado m√°s detestable de la instituci√≥n.

Bajo el síndrome de Eróstrato

Puestos en la tesitura del beneficio de la duda, no se sabe si el ciclo neoliberal mexicano se interrumpe, o al menos se atempera después de tres décadas de depredación humana. La tecnoburocracia nos ha recordado con frecuencia el síndrome de Erostrato, aquel pastor de Efeso que, ansioso de ver su nombre en las marquesinas, pegó fuego al Templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Es, aquella conducta demencial, una forma de compensaci√≥n propia los irracionales: Celebridad fincada sobre la destrucci√≥n de lo existente, sin parar mientes en su belleza o eficacia, aventurando una s√ļbita sustituci√≥n experimental sin demostraci√≥n previa del beneficio de lo nuevo. Cambiar por cambiar, sin respeto a la cultura y a la civilizaci√≥n, construidas a lo largo de miles de generaciones, advert√≠a don Jos√© Ortega y Gasset, es retrotraer a la humanidad a la edad del orangut√°n.

M√©xico vive la era del troglodita ilustrado. El cuerpo doctrinario sustanciado en las Constituciones de M√©xico desde el Congreso de Anahuac (que en 1813 recogi√≥ Los sentimientos de la Naci√≥n, del patricio Morelos), los principios equilibrantes de la econom√≠a mixta, las garant√≠as individuales y los derechos sociales, la red de instituciones p√ļblicas responsables de una pol√≠tica no s√≥lo remunerativa, sino redistributiva; los imperativos de soberan√≠a de toda Patria independiente, hasta el instinto de supervivencia personal; todo eso, que alguna vez se aspir√≥ como Estado Social de Derecho, ha sido erosionado y aniquilado sistem√°tica y perversamente por una casta de mandarines que se han sentido predestinados por la Providencia del conocimiento sin sabidur√≠a, fascinados por una deshumanizada mentalidad gerencial, sin m√°s prop√≥sito que el lucro a toda costa y a todo costo.

La política de la sinrazón

Es La pol√≠tica de la sinraz√≥n de la que nos han hablado los soci√≥logos Seymour Martin Lipset y Earl Raab. Es la consecuencia de haber deso√≠do la juiciosa prevenci√≥n de Huarte de San Juan cuando, en su Examen de Ingenios para las Ciencias, escrib√≠a: No hay cosa m√°s perjudicial para la Rep√ļblica que un necio con opini√≥n de sabio, mayormente si tiene alg√ļn mando y gobierno‚Ķ

De una fallida vocación administrativista aplicada a rajatabla a nuestra comunidad nacional, sigue la identificación del tecnoburócrata mexicano como el hombre económico puro. De éste habla Gerhard von Schulze-Gaevernitz en su estudio de la economía inglesa, y lo retrata así: Es el hombre que trabaja por el lucro y no para disfrutar del beneficio de su trabajo. Para un tipo tal, la felicidad consiste en atesorar dinero, en la acumulación de riquezas. En lugar de coleccionar estampillas o monedas antiguas, colecciona billetes de mil dólares.

Observatorio5
El hombre económico puro

En la cita que de ese autor hace Roberto Michel en su Introducci√≥n a la Sociolog√≠a Pol√≠tica la descripci√≥n resulta a√ļn m√°s elocuente:

“En verdad, muchos encuentran en la ocupación remunerativa la satisfacción que habían esperado. Por lo contrario, para muchos otros Cresos, el dinero, que empieza siendo un esclavo encadenado y obediente, se transforma en amo absoluto, que los explota y los abruma. En ese caso, el trabajo realizado para obtener riquezas, en lugar de brindar felicidad se convierte en manía, una idea fija, una obsesión, una pesadilla que demanda imperiosamente el sacrificio de todo lo valioso, inclusive la tranquilidad de espíritu y el amor sexual.

La vida de dichos hombres resulta forzada tan morbosamente por un hierro financiero que la atenci√≥n de sus asuntos los absorbe del todo. No hay tiempo para las aventuras amorosas, ni siquiera entre solteros; sin embargo, como han permanecido asexuados por el delirio del dinero, as√≠ contin√ļan despu√©s del matrimonio, prefiriendo el dinero a las mujeres, y si alcanzan a acumular fortuna, obligan a sus esposas a llevar una vida de ocioso abandono, con su compa√Īero inseparable, el coqueteo. Las esposas, mantenidas a distancia por maridos que han envejecido en tareas turbulentas y s√≥rdidas, son arrojadas en brazos del primer lechuguino que sabe c√≥mo seducirlas y enga√Īarlas.

Es la narcoeconom√≠a, se√Īores

¬ŅEn qu√© ha desembocado el experimento neoliberal en M√©xico? Los sedicentes ‚Äúl√≠deres de opini√≥n‚ÄĚ que se divierten con el drama mexicano, gustan de sentarse frente a los reflectores de la televisi√≥n -expositora del populismo de derechas de f√ļtbol y far√°ndula- para recrearse en sus nuevos hallazgos: La narcocultura, el narcocorrido, la narcoliteratura, etc√©tera. Es la narcoeconom√≠a , se√Īores. Es la econom√≠a criminal implantada desde el gobierno tecnocr√°tico. Es la que atrae nada m√°s, pero nada menos, hasta el Wall Street Journal, que reproduce alegremente cartas de capos mexicanos de denuncian al gobierno de Felipe Calder√≥n como usufructuario de la renta narca.

Nada ha surgido de la ciencia infusa. La modesta y en un tiempo discreta empresa gomera o mariguanera, aupada por sacerdotes cat√≥licos rurales y oficiales medios del Ej√©rcito, no creci√≥ por generaci√≥n espont√°nea. Fue cient√≠ficamente transformada en c√°rtel desde los despachos de la banca comercial y de desarrollo, y desde los salones de las c√ļpulas empresariales. De los viejos morrales y costales de ixtle, los d√≥lares, cada vez m√°s abundantes y codiciados, han pasado por la ingenier√≠a financiera para ser blanqueados por el Banco de M√©xico, por las casas de cambio y el intocable mercado burs√°til; por los desarrollos tur√≠sticos y los para√≠sos de tentaci√≥n que son las nuevas grandes plazas comerciales, para convertirse en soporte ya insustituible de la econom√≠a ‚Äúnacional‚ÄĚ globalizada. Todo, para El buen fin.

Economía criminal implantada desde el gobierno, sí, porque éste se encargó de crear el caldo de cultivo de la desesperación sin elección para millones de mexicanos que cayeron en los brazos de los delincuentes de cuello percudido y de cuello blanco al ser saqueados en los cracks de la Bolsa de Valores, en la banca paralela, en las incesantes devaluaciones del peso, en los maquinados errores de diciembre, enero, febrero, marzo… en el despojo de sus fondos de retiro y hasta de los saldos de las cuentas pensionarias de los jubilados; en la indexación automática de las rentas inquilinarias al aumento de los salarios mínimos, etcétera.

Millones de hogares ¬†mexicanos v√≠ctimas de los Tratados de Libre Comercio, de los anatocismos y las contrarreformas agraria y laboral -√©sta, de facto primero, ahora sancionada por el Poder Legislativo. Contrarreforma agraria, que en sus √ļltimas horas en Los Pinos quiso Calder√≥n llevar hasta las √ļltimas consecuencias expoliadoras, proponiendo la expropiaci√≥n del ejido. Gobierno, s√≠, como la malicia popular lo identifica, transformado en Robin Hood al rev√©s.

La democracia como quimera huidiza

Cerramos por hoy con un regreso a Roberto Michels: “Las corrientes democráticas de la historia se parecen a ola sucesivas. Siempre rompen en la misma costa. Siempre se renuevan. Este permanente espectáculo alienta y deprime a la vez

‚ÄúCuando las democracias han alcanzado cierto grado de desarrollo, experimentan una transformaci√≥n gradual y adoptan el esp√≠ritu aristocr√°tico y en muchos casos las formas aristocr√°ticas, contra las cuales hab√≠an luchado con tanta fiereza. Surgen entonces nuevos acusadores para denunciar a los traidores. Despu√©s de una era de gloriosos combates y de un poder sin gloria, acaban por fusionarse con la vieja clase dominante. Despu√©s de lo cual, otra vez y a su turno, son atacados por oponentes recientes que invocan el nombre de la democracia. Es probable que este juego cruel contin√ļe eternamente‚ÄĚ.

 



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