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Edición 308 | ||
Escrito por Mouris Salloum George | ||
Martes, 20 de Agosto de 2013 12:45 | ||
Jirones de un emblema
EN PLENA EXPLOSIÓN del escándalo generado por el ex empleado de Días después, el experto alemán en tecnologías cibernéticas Karsten Gerloff dictó una conferencia en la que hizo este retrato hablado: “Facebook define quienes somos, Amazon establece lo que queremos, y Google determina lo que pensamos”. Podríamos
describir el impacto de las revelaciones de Snowden como El día en que los ciudadanos del
mundo supieron que habían perdido su privacidad, y aun su intimidad.
Todo quehacer humano -incluso las relaciones sentimentales- ha estado bajo el
férreo control de los servicios de espionaje comandados por Barack Obama,
responsable último de ¿Es posible dividir el objeto empresarial de una corporación -en este caso Nuevas Tecnologías Amazon- de los fines de su asociado y ejecutivo central -para el caso Jeff Bezos? Es como tratar de colocar en canastas separadas las fabulosas ganancias de Microfost, de la condición de su creador, William Bill Henry Gates, como el hombre más rico del mundo. Pues bien, con motivo del reciente anuncio de compra del casi legendario The Washington Post por Jeff Bezos, se creyó necesario precisar que Amazon no tuvo injerencia en la transacción financiera que se tasó en una ganga de 250 millones de dólares. A aclaración no pedida, confesión de parte, reza la máxima, así se subraye que la operación fue hecha a título personal por el comprador, a quien se le reconoce una fortuna propia de 28 mil millones de dólares. La cuestión va más allá de la simple percepción de que la enajenación del Washington Post “constituye una de las señales más claras sobre cómo está cambiando el poder dentro de los grandes medios de comunicación en los Estados Unidos”. En
relación con los casos de Wikileaks, el soldado Manning y
Snowden, el profesor de periodismo de The Washington Post, gestionado administrativa y editorialmente por cuatro generaciones de la familia Graham, fue considerado justamente por la sociedad estadunidense como institución emblemática del periodismo norteamericano. Baste recordar -paradoja a propósito de espionaje-, que dos entonces jóvenes reporteros de dicho rotativo, Bob Woodward y Carl Bernstein, en la década de los 70s., pusieron a balcón el llamado Escándalo del Watergate, que costó la presidencia de los Estados Unidos al republicano Richard Nixon, quien tripuló el espionaje al Partido Demócrata. El
cierre de la operación sobre The
Washington Post se sellará, dicen sus actores, a finales de 2013. Acaso
se salve financieramente a una familia. Lo que no es tan seguro, es que se
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