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Edición 325 | ||||
Escrito por Héctor Chavarría | ||||
Viernes, 10 de Octubre de 2014 21:58 | ||||
La casi total carencia de educación popular, la pobreza, el analfabetismo entre otras causas, son el campo de cultivo ideal para el fanatismo religioso, la brutalidad y el crimen. Esta es la realidad cultural del mundo musulmán. Apenas unas cuantas estadísticas para entender mejor este mundo y su fanatismo.
“Las leyes tienden a ser transitorias a la larga… El acto creativo limitado por normas es algo que no existe.” Frank Herbert.
Esta es un porcentaje mínimo de la por sí pobre tasa de alfabetización masculina. La desigualdad es muy notable excepto en Kuwait, Qatar y Bahréin, países en los que la mayoría de la población son inmigrantes que han sido educados en sus países de origen. En todo el mundo islámico, alrededor del 50% de las mujeres nativas son analfabetas.
El mundo islámico tiene el menor número de graduados universitarios per cápita en el mundo entero. Los países musulmanes tienen el menor número de publicaciones científicas de cualquier país en el mundo (aproximadamente cero en realidad), lo cual es una muestra de su paupérrima preparación científica y técnica, esto es así porque la religión prohíbe al pueblo la educación científica y prácticamente cualquiera que no sea religiosa, pues esta demuestra las contradicciones de su libro “sagrado”. Libertad (?) de prensa Hay libertad de prensa limitada pero generalmente ninguna en los países musulmanes. Arabia Saudita comparte los últimos puestos con Irán, Libia, Corea del Norte y otros regímenes actualmente dictatoriales o que lo fueron recientemente. La mayoría de los países bajo la égida musulmana se encuentran en la última sección de la lista. La libertad de expresión es prácticamente inexistente, toda la información proviene de los clérigos y los “consejos” son en forma de fatwas las cuales son emitidas por los propios representantes del clero.
Defensa e industria aeroespacial bajo la omnipresente sharia (la ley religiosa islámica), se limita a la adquisición de armamento y eventualmente a la copia de lo que otros han hecho... no parece existir alguna aportación musulmana propia a las técnicas de armamento moderno, después de la cimitarra. Los países musulmanes “pacíficos” han comprado gran cantidad de armamentos y aviones militares, principalmente de fabricación soviética o ahora rusa, así como aviones civiles y equipos para sus aerolíneas comerciales, de diferentes países industrializados. No existe ninguna innovación o desarrollo tecnológico conocido como original del mundo musulmán en ese campo.
Se basa en el petróleo principalmente… Los Estados árabes usan el petróleo no sólo como fuente de energía, sino también para ejercitar presión política sobre el mundo occidental. Pero sus reservas no son eternas y muchos se preguntan qué ocurrirá con ellos en el momento en que estos depósitos naturales de hidrocarburos no renovables se agoten. Algunos piensan que a menos que se vuelquen a la posibilidad del turismo —como algunos ya lo han hecho—, estos pueblos podrían volver a dedicarse a la crianza de cabras.
En países como Arabia Saudita no existe en absoluto libertad de conciencia ni tolerancia religiosa, ni siquiera para los trabajadores extranjeros o turistas. La conversión de un musulmán a otra religión (apostasía según la sharia) es castigada prácticamente sin excepción con la pena de muerte. En otros países islámicos, existe una muy limitada tolerancia religiosa para comunidades históricas (coptos, asirios, armenios, etc.), pero esta suele darse mediante el pago de un “impuesto” monetario que sólo puede ser considerado como descarada extorsión… En general, la tolerancia religiosa limitada es sólo para extranjeros y turistas (en los pocos países que tienen infraestructura turística), no para los ciudadanos.
La discriminación de género contra la mujer y la violencia doméstica son una característica general en todo el mundo musulmán, incluso en los países socialmente más desarrollados como Jordania. A pesar de la existencia técnica de algunos derechos legales, en realidad éstos se aplican raras veces y tienen mucho menos fuerza que la presión social, que impide a las mujeres de ejercitar algunos de los pocos derechos garantizados por ley. Violaciones inaceptables de las menores como la infibulación y la clítoridectomía, mutilación sexual femenina, todavía son ampliamente practicadas en varios países seguidores del islam aunque estas prácticas no estén consignadas en su libro sagrado y, aun cuando en algunos de ellos, tales mutilaciones son formalmente ilegales.
Calidad de vida Existe una gran disparidad social entre los países bajo la sharia, la riqueza está concentrada en pocas familias petroleras, pero la masa de población es generalmente pobre. Los países árabes son prevalentemente emisores de emigrantes, excepto los ricos estados del Golfo, en los que la mayor parte de la inmigración está relacionada con las compañías petroleras. El uso de Internet en el mundo árabe está sujeto a una férrea censura. Los servidores no permiten la libre navegación en la red y ésta está supervisada por los censores de la autoridad religiosa que en la realidad es la autoridad para todo. Y como dijo Frank Herbert: “Es horrible pensar como tanta gente cree que no puede aprender, y cómo más gente aún, cree que el aprender es difícil”.
Una breve visita a Dune Frank Herbert y el islam
La novela se desarrolla en un futuro lejano sobre un planeta árido; Arrakis o “Dune”, (dunas) muy importante por proporcionar Melange de la Especia (melange significa “mezcla y esencia” en alemán y holandés), eje fundamental del Imperio Galáctico pues posibilita al gremio de los navegantes a viajar por la galaxia. En este escenario, un adolescente perteneciente a una de las castas de la nobleza, Paul Atreides, está destinado a convertirse en el mesíashttp://es.wikipedia.org/wiki/Mes%C3%ADas, profeta, dictador y finalmente mártir del pueblo del desierto, los Fremen. La cinta basada en la novela fue dirigida por David Lynch y filmada en México, con vistas espectaculares del mítico Gran Desierto de Altar, en Sonora. Obra monumental Dune fue una sutil introducción al mundo islámico beduino y es casi una certeza el que influyó en las mentes de los jóvenes que la leyeron en aquellos años del siglo pasado, no hay que olvidar que eran los 60, descontento juvenil, el movimiento hippie, la guerra en Vietnam, con la crisis petrolera en puerta… Los Fremen, en este contexto, como poseedores de la Melange —metáfora del petróleo—, a la cual pueden destruir y con ello hacer colapsar al imperio del despiadado gobernante Saddam IV —otra metáfora esta con los EE.UU y Occidente—, tienen bastantes cosas en común con los islamistas y los países petroleros que los financian, pero como el propio Herbert especificó: “Una buena causa no hace que la guerra sea justa”. More articles by this author
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