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Edición 370

p17370

EL GRAN NEGOCIO Y LA CULTURA DE LAS ARMAS EN ESTADOS UNIDOS

Economía política de las masacres

James Petras

 

CADA A√ĎO M√ĀS de 30.000 ciudadanos de Estados Unidos pierden la vida a causa de disparos. Cada mes, en patios escolares, discotecas, salas de concierto, centros de trabajo y lugares p√ļblicos, personas inocentes son exterminadas por asesinos que manejan potentes armas semiautom√°ticas compradas legalmente. La Asociaci√≥n Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas inglesas), una organizaci√≥n con tres millones de afiliados, apoya y promociona el acceso libre a armamento militar. La inmensa mayor√≠a de legisladores, presidentes y jueces de EE.UU. es partidaria de la posesi√≥n de esas mismas armas que causan las masacres.

 

¬ŅPor qu√© el sistema pol√≠tico estadounidense se lamenta de la frecuencia con que se producen atentados masivos y sin embargo respalda el proceso pol√≠tico que hace posibles las matanzas? El volumen, alcance y duraci√≥n de las masacre requiere que examinemos las caracter√≠sticas sist√©micas a gran escala y largo plazo de la econom√≠a pol√≠tica estadounidense.

 

Pol√≠tica b√©lica: Las masacres en el exterior como s√≠mbolo del ‚Äúhero√≠smo americano‚ÄĚ

 

El gobierno de EE.UU. ha participado en multitud guerras sangrientas en las que ha masacrado a millones de civiles ‚Äďincluyendo familias enteras en sus casas‚Äď que no supon√≠an ninguna amenaza para el pueblo estadounidense. Las guerras representan el triunfo de la destrucci√≥n y la muerte como modo de promover los programas pol√≠ticos de Estados Unidos. Se rinde honores a los criminales de guerra. Los conflictos pol√≠ticos y problemas sociales internos se resuelven destruyendo a adversarios inventados y a naciones enteras.

 

En una econom√≠a pol√≠tica en la que las masacres perpetradas en el extranjero son dirigidas por l√≠deres elegidos democr√°ticamente, ¬Ņqui√©n va a cuestionar el comportamiento de un ‚Äúvecino soci√≥pata‚ÄĚ que se limita a seguir el modo de actuar de su presidente? Este hecho no deber√≠a sorprender a nadie: las masacres al por mayor en el exterior promovidas por nuestros dirigentes se reproducen en las masacres al por menor en el interior desencadenadas por el ‚Äúchiflado local‚ÄĚ.

 

Los medios de comunicación: Hablan las armas, los asesinatos resuelven y los medios se enriquecen

 

Todos los d√≠as, a todas horas, en todos los medios de comunicaci√≥n, las armas y las matanzas dominan las mentes, los pensamientos y las fantas√≠as (o las pesadillas) de los espectadores, especialmente de los millones que absorben el ‚Äúmensaje‚ÄĚ. Las pel√≠culas, los programas de televisi√≥n y los videojuegos est√°n plagados de conflictos que se resuelven por las armas, matando v√≠ctimas, ya sean polic√≠as o civiles. Los problemas se resuelven mediante la violencia.

 

El mensaje de los medios de comunicaci√≥n es que las masacres logran victorias. Las guerras y los asesinatos se reproducen en multitud de escenarios: hogares, edificios p√ļblicos, escuelas, centros de trabajo, calles y plazas. Las guerras y las masacres son un elemento esencial de este sistema pol√≠tico y los medios de comunicaci√≥n aseguran que penetren en la mente de las masas y se normalicen.

 

La economía

 

Las armas que se utilizan en las masacres son un negocio muy lucrativo. Los fabricantes, vendedores al por mayor, vendedores al por menor y clubs de armas as√≠ como las instituciones policiales y militares prosperan en este mercado libre del asesinato. Los dirigentes pol√≠ticos utilizan la econom√≠a que se mueve alrededor de las armas para financiar sus campa√Īas electorales. Los pol√≠ticos ven con buenos ojos las guerras, la industria armament√≠stica y las asociaciones pro-armas, con lo que perpet√ļan las condiciones para que se produzcan las masacres. Las grandes empresas est√°n protegidas de los asesinatos internos. ¬ŅPor qu√© iban a preocuparse los ejecutivos y las √©lites pol√≠ticas de las matanzas que se producen en las escuelas p√ļblicas si sus propios hijos est√°n a salvo en sus caros colegios privados? Al fin y al cabo, est√°n en juego los votos y los beneficios. Solo los ‚Äúfracasados‚ÄĚ env√≠an a sus hijos a peligrosas escuelas p√ļblicas. Los ‚Äútriunfadores‚ÄĚ tienen alternativas m√°s seguras‚Ķ

 

Soluciones

 

Para hacer frente a la epidemia de matanzas masivas es esencial efectuar cambios en la economía política.

 

1. Reemplazar las políticas de guerras imperiales por el fomento de la diplomacia, las negociaciones y la resolución pacífica de los conflictos.

 

2. Reemplazar la cultura de las armas presente en los medios de comunicaci√≥n por los valores culturales de la solidaridad en comunidades seguras y comprometidas con lo p√ļblico.

 

3. Reemplazar la obsesión de los civiles por poseer armas militares con una visión de la propia vida edificada en torno a un ambiente saludable compartido por vecinos comprometidos socialmente.

 

4. Prohibir o regular los clubs de armas y las milicias. Abolir la venta del armamento militar que se utiliza en estas carnicer√≠as. Las armas empleadas en tiro deportivo y en la caza son diferentes de las armas de guerra utilizadas para masacrar a docenas de ni√Īos api√Īados en sus aulas.

 

Planteamientos falsos y verdaderos sobre las masacres

 

El presidente Trump ha propuesto armar a los profesores para ‚Äúsolucionar‚ÄĚ las matanzas en la escuela. Se trata de una opci√≥n descabellada que solo agravar√≠a la proliferaci√≥n de armas, estimular√≠a nuevas carnicer√≠as, socavar√≠a el papel de los maestros como educadores y crear√≠a nuevos ‚Äúmodelos‚ÄĚ para potenciales futuros asesinos. La propuesta de Trump tambi√©n pone de manifiesto el profundo desprecio de su administraci√≥n por el papel que tienen la educaci√≥n p√ļblica y los educadores p√ļblicos en la construcci√≥n de una sociedad sana. Su propensi√≥n a culpar a las v√≠ctimas (‚Äúsi los maestros estuvieran armados‚Ķ‚ÄĚ) es una muestra del grotesco darwinismo social inherente a su ideolog√≠a y de su inter√©s por destruir por completo el sector p√ļblico. Los hijos de la √©lite y de los pol√≠ticos no tienen que asistir a clases de matem√°ticas o de franc√©s a cargo de profesores armados. Seg√ļn la l√≥gica de Trump y de la √©lite empresarial y pol√≠tica, los tiroteos en las aulas de las escuelas p√ļblicas simplemente subrayan la necesidad de disolver los Departamentos de Educaci√≥n de todos los niveles, as√≠ como los dem√°s servicios p√ļblicos de esta naci√≥n.

 

Los profesores deber√≠an poder concentrarse en educar a sus alumnos sobre c√≥mo ser ciudadanos productivos y competentes que valoran la comunidad y la cooperaci√≥n por encima de las armas y la guerra. Deber√≠an graduar estudiantes capaces de evaluar cr√≠ticamente el papel de los medios de comunicaci√≥n en la promoci√≥n de la violencia. Deber√≠an fomentar en sus alumnos habilidades c√≠vicas que les llevaran a movilizarse contra l√≠deres pol√≠ticos que han aceptado sobornos (‚Äúdonaciones‚ÄĚ) de sectas de la muerte como la Asociaci√≥n Nacional del Rifle.

 

Para detener la violencia, los dinamizadores comunitarios pueden boicotear a las empresas que proporcionan apoyo político y material a quienes promueven la guerra, a las milicias y a los extremistas armados.

 

Sería necesario aprobar leyes nacionales para limitar las armas de fuego a parcelas y eventos bien definidos, como los clubs de tiro o la caza.

 

Los propietarios de armas deber√≠an obtener los permisos de uso seg√ļn estrictos criterios psicol√≥gicos y tener que renovar dichos permisos con frecuencia. El ej√©rcito deber√≠a informar a las autoridades civiles locales de cualquier conducta violenta y criminal de los soldados que dejen el ej√©rcito. No pueden liberar una ‚Äúbomba de relojer√≠a‚ÄĚ en medio de la poblaci√≥n a la que han jurado proteger as√≠ como as√≠. La enfermedad mental es un asunto de salud p√ļblica y deber√≠a incrementarse la partida presupuestaria destinada a financiar hospitales e instalaciones en las que identificar y tratar a los individuos que lo necesiten. Estos enfermos no deber√≠an entrar y salir de las c√°rceles o ser arrojados a las calles.

 

Los vendedores de armas y las exhibiciones de armas tendrían que estar regulados y obligados a seguir protocolos estrictos bajo amenaza de sanciones.

 

Los cazadores deber√≠an usar armas apropiadas para el tipo de caza que practican. Las armas semiautom√°ticas no son las indicadas para cazar ciervos, conejos o pavos. Pero se utilizan para cazar y para matar a seres humanos, incluyendo a ni√Īos desarmados en sus aulas.

 

Conclusión

 

Es posible poner en marcha cambios culturales, políticos y económicos, pero para ello es preciso que las luchas populares se mantengan en el tiempo. Mientras tanto, deberían implementarse reformas a corto plazo para regular y reducir la frecuencia y mortandad de las masacres locales.

 

Es preciso divulgar y rectificar el protocolo por el cual la polic√≠a acordona el per√≠metro de las matanzas, impidiendo que entren r√°pidamente los primeros equipos m√©dicos que acuden a estabilizar a los heridos al tiempo que se protege a s√≠ misma (un proceso que puede prolongarse durante una hora y provocar muertes innecesarias por p√©rdida de sangre). Mientras los equipos SWAT* se preparan y ‚Äúaseguran el per√≠metro‚ÄĚ, con una serie de maniobras coreografiadas para asegurar la ‚Äúprotecci√≥n de la fuerza‚ÄĚ, (un eufemismo que significa ‚Äúproteger a la polic√≠a‚ÄĚ), se desperdician los ‚Äúminutos de oro‚ÄĚ en que se podr√≠a estabilizar a las v√≠ctimas. Si los heridos recibieran r√°pidamente primeros auxilios y pudieran ser inmediatamente transferidos a los hospitales para someterse a cirug√≠a de emergencia y transfusiones de sangre, muchas de las v√≠ctimas se salvar√≠an. Es un esc√°ndalo la terrible tasa de mortalidad de estos tiroteos (el 100% en el caso de los ni√Īos y profesores de la Escuela Primaria de Sandy Hook**) especialmente si tomamos en cuenta lo poco que se reflexiona sobre ello posteriormente. Parece claro que los jueces y la polic√≠a locales y estatales ocultan informaci√≥n sobre el efecto que tiene impedir la entrada r√°pida de equipos m√©dicos de emergencia. Es imprescindible que se realice una investigaci√≥n independiente sobre el retraso deliberado de la polic√≠a en permitir la asistencia inmediata que salva vidas.

 

Pr√°cticamente todos los tiroteos producidos en escuelas que han terminado en masacres los cometen individuos a quienes la polic√≠a o la comunidad conocen por su comportamiento imprevisible y maltrato familiar. El hecho de que la polic√≠a local o la familia conocieran que estos individuos dementes y homicidas ten√≠an acceso a armamento militar y no actuaran, a pesar de las quejas recibidas al respecto, exige que una investigaci√≥n independiente a escala estatal y federal. Es preciso reforzar las leyes o estatutos relacionados con la hospitalizaci√≥n o detenci√≥n preventivas de estos individuos inestables y violentos. Es preciso nombrar una comisi√≥n nacional que investigue la situaci√≥n de los tratamientos de salud mental en Estados Unidos y los recursos destinados para ello. En vez de pedir a los profesores que vayan armados, hay que mantener instituciones cualificadas de salud mental. No basta con encerrar a los enfermos mentales en c√°rceles locales por peque√Īas faltas y luego volver a ponerlos en la calle sin ofrecerles ninguna asistencia.

 

Es preciso apoyar la ense√Īanza p√ļblica y a sus profesores. Hay que terminar con d√©cadas de pol√≠ticas que debilitan servicios p√ļblicos como la educaci√≥n, y potencian la ‚Äúlibertad de elecci√≥n de escuela‚ÄĚ, ‚ÄĒun eufemismo para decir ense√Īanza privada‚ÄĒ convirtiendo la educaci√≥n en un privilegio para ricos en vez de un derecho de los ciudadanos. En lugar de un √ļnico profesor (preferiblemente armado, seg√ļn el presidente Trump y la NRA) para dar clase a cuarenta alumnos, cada aula deber√≠a contar con tres profesores competentes que trabajaran en equipo para asegurar el progreso de los estudiantes en las diversas asignaturas necesarias para llegar a ser en un futuro ciudadanos libres y productivos. Es un esc√°ndalo que el Departamento de Educaci√≥n y la Secretaria de Educaci√≥n hayan mantenido silencio y permanecido ausentes tras las frecuentes masacres de estudiantes. Pero tampoco resulta extra√Īo si consideramos las prioridades de sus altos cargos, procedentes de la √©lite y, en el caso de la secretaria actual Betsy DeVos, de la clase de los multimillonarios. Nunca han puesto un pie en una escuela p√ļblica. Sus hijos reciben ‚Äúeducaci√≥n en casa‚ÄĚ con tutores privados o asisten a elitistas academias privadas. Sus programas contrarios a la ense√Īanza p√ļblica reflejan su hostilidad ideol√≥gica hacia el propio concepto de bienestar social. Las palabras de Trump culpando a los profesores por no ir armados en el aula muestran claramente su desd√©n por la ense√Īanza p√ļblica y por las familias de clase trabajadora y media que conf√≠an sus hijos a la educaci√≥n p√ļblica en todo el pa√≠s.

 

Estos sucesos tienen lugar en el espacio p√ļblico, un espacio a disposici√≥n de todos los ciudadanos que deber√≠a ser seguro. La escuela p√ļblica ha sido uno de los cimientos en los que se basaba la creaci√≥n de una ciudadan√≠a libre y productiva. No es casualidad que las masacres de j√≥venes tengan lugar exclusivamente en escuelas p√ļblica. Los valiosos hijos de la √©lite est√°n a salvo en sus hogares-fortaleza y en escuelas privadas superselectas, atendidas por profesores altamente cualificados, que pueden dedicarse a ense√Īar sin preocuparse por si alguien esconde un arma o por la aparici√≥n repentina de un pistolero. Sus hijos tienen el futuro garantizado.

 

Pero la situaci√≥n de los hijos de clase media y trabajadora es mucho m√°s incierta. El acceso a la educaci√≥n de calidad ha dejado de ser un derecho y un deber para los ciudadanos. En el mejor de los casos, los j√≥venes pueden ‚Äúacceder a pr√©stamos para la educaci√≥n‚ÄĚ con tipos de inter√©s usurarios que les encadenan a d√©cadas de servidumbre por deudas, mientras los estudiantes de clase alta tienen libertad para seguir una carrera y desarrollar su talento. Mientras contin√ļen deterior√°ndose las perspectivas de futuro de los j√≥venes, con el traspaso masivo de riqueza nacional a las √©lites, estas masacres, los suicidios y las muertes por sobredosis no parar√°n de aumentar. Todo esto ocurre en un contexto sociopol√≠tico: las decisiones deliberadas tomadas desde arriba generan horror y caos en la base.

 

Existe un sustrato de clase en las pesadillas que atenazan a los padres, profesores y estudiantes de clase media y trabajadora de todo el pa√≠s. Seguridad, educaci√≥n de calidad y sanidad de calidad son, cada vez m√°s, dominio exclusivo de la √©lite. Las pol√≠ticas dirigidas por esta, que se iniciaron en el reinado del presidente Ronald Reagan, han orquestado la disoluci√≥n de las instituciones p√ļblicas de salud mental y el alta masiva de individuos inestables y vulnerables, al tiempo que violentos, en comunidades que no est√°n preparadas para ello. Quienes sufren las consecuencias de dichas pol√≠ticas no significan nada para la √©lite, aunque asistan a sus funerales para hacerse la foto. Las pol√≠ticas dirigidas por las √©lites de los presidentes Bill Clinton, George Bush hijo, Barack Obama y Donald Trump no han dejado de promover el desmantelamiento del sector p√ļblico y la privatizaci√≥n de la riqueza y de las instituciones de la naci√≥n.

 

La tremenda reducci√≥n de impuestos provocada por la ley fiscal de Donald Trump representa una ganancia inesperada de m√°s de un bill√≥n de d√≥lares para la clase inversora (la √©lite financiera) a costa de las instituciones p√ļblicas y la red de seguridad que dan servicio a las clases media y trabajadora. La mayor incidencia de asesinatos en masa, as√≠ como el lugar donde se producen y la identidad de las v√≠ctimas, no son fruto del azar: est√°n definidas por la clase y son reflejo de la p√©rdida de poder ciudadano. Los ganadores de esta lucha de clases derraman l√°grimas de cocodrilo para la foto mientras en privado ridiculizan a las familias de las v√≠ctimas por confiar en las instituciones p√ļblicas.

 

Las decisiones tomadas desde arriba que han producido esta epidemia de masacres en las escuelas p√ļblicas, as√≠ como otras epidemias paralelas de suicidios y sobredosis entre las clases media y trabajadora, han beneficiado enormemente a la √©lite. Los multimillonarios y los donantes de ambos partidos pol√≠ticos no tienen motivo alguno para dar marcha atr√°s y poner en marcha reformas o programas destinados a recuperar los derechos de los ciudadanos y el espacio p√ļblico. Solo los amigos, familias y vecinos de las v√≠ctimas de clase media y baja, a quienes en privado se considera ‚Äúfracasados que deciden enviar a sus hijos a instituciones p√ļblicas‚ÄĚ, pueden unirse para cambiar todo esto y recuperar la justicia social y econ√≥mica que rinda homenaje a los muertos inocentes y ofrezca un futuro digno y justo para sus hijos. No se trata de armar a los profesores o de envolver a los alumnos peque√Īos en ‚Äúmantas a prueba de balas‚ÄĚ, mientras la √©lite nos culpa de nuestro sufrimiento desde la seguridad de sus mansiones. Comprender el sustrato de clase de esta crisis nos ayudar√° a levantar los cimientos de las soluciones reales.

 

Notas:

 

* SWAT, unidades de élite de la policía, especializadas en operativos de alto riesgo y dotadas de equipos muy sofisticados.

 

**Tiroteo masivo en la escuela de Sandy Hook, Connecticut, en diciembre de 2012, que produjo 26 muertos (20 de ellos, ni√Īos de 6 y 7 a√Īos). Fue el m√°s mort√≠fero de los habidos en escuelas primarias o secundarias en la historia del pa√≠s.

 



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