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Ediciòn 284

ECONOMÍA Y POLÍTICA
MIGUEL
ÁNGEL FERRER


No se ve
por ninguna parte


No descubro el hilo negro si digo que la escuela, los periódicos, las revistas y los libros forman, en un sentido o en otro, la conciencia social, el pensamiento de una sociedad cualquiera. Por eso los gobiernos y las élites del poder ponen tanto empeño en diseñar y mediatizar los contenidos de esos cuatro vehículos de información, conocimiento, comunicación y desarrollo intelectual.


Ferrer

 

En la educación escolar, ese papel lo cumplen los programas oficiales, que constituyen la única verdad enseñable. Con libros, periódicos y revistas no  ocurre lo mismo. Cada libro, periódico y revista marchan por su propio camino a la hora de informar, comunicar y educar.

En el caso de los libros, una biografía de Hernán Cortés puede ser favorable, positiva y hasta encomiosa, en tanto que otra puede ser acerbamente crítica del criminal extremeño. Con periódicos y revistas pasa algo semejante. Un mismo hecho o un mismo personaje pueden ser presentados de diversas maneras: positivas, negativas, favorables, desfavorables, elogiosas o críticas. Pero, en un sentido o en otro, todos esos medios influyen en la sociedad y forman la conciencia social. O, quizá mejor dicho, las diversas conciencias sociales que se crean y se expresan en las sociedades modernas.

Apenas ayer, hace sólo unos cuantos años, ha hecho su aparición un nuevo medio de educación, comunicación e información: el internet y sus complementos: las redes sociales. Estos ultramodernos medios no sustituyen a los cuatro históricamente anteriores ya citados, ni, desde luego, a la radio y a la televisión. Pero tienen una enorme ventaja sobre éstos y aquéllos: son en verdad instantáneos y ubicuos. Y son, al mismo tiempo, emisores y receptores de conocimientos e informaciones. Son, además, absolutamente democráticos, pues están al alcance de cualquier persona. No tienen, adicionalmente, un dueño, sino millones y millones de propietarios. Y, en el colmo de las bondades, no cabe en ellos la censura.

Internet y las redes sociales son una nueva forma, creciente y abarcadora, de la formación de la conciencia social. O, de nuevo, de las diversas conciencias sociales. Y esto acontece en todo el mundo.

Esta nueva forma de educación, comunicación e información no es, aunque así parezca a primera vista, patrimonio de los jóvenes. Tiene, es cierto, su gran nicho en la juventud. Pero sólo es cosa de tiempo, y de muy poco tiempo, para que pase a ser un instrumento de uso general y hasta universal.

Internet y las redes sociales pueden incurrir (e incurren) en excesos. Pero igual pasa con los otros medios. Y el saldo final es lo que cuenta. Y aquí viene lo más importante.

Históricamente (y también ahora), el acto de gobernar incluía la necesaria fabricación de un cierto consenso social. Un determinado acuerdo con la situación política prevaleciente. Esa era (y es) la misión fundamental de los medios. Pero, según se está viendo, a partir de ahora será imposible para los gobiernos no considerar la importancia e influencia de las redes sociales en la formación del consenso socio-político.

Esto no significa, por supuesto, que las redes sociales sean capaces de tumbar a un gobierno o impedir una imposición. Ninguno de los medios tiene esa capacidad. Ni juntos ni separados. Pero hay suficiente evidencia histórica para sostener que sin consenso social, el acto de gobernar es inestable, precario y, finalmente, imposible.

Felipe Calderón no contó con ese consenso y ya vimos cuántas desgracias hemos padecido. Hay quienes dicen que Enrique Peña Nieto cuenta con ese imprescindible consentimiento, pero éste no se ve por ninguna parte. Y sin él, gobernar es una fuente de desgracias para la sociedad y una tarea de Sísifo para el gobernante.

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx



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