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Edición 407

 40710

APUNTE

DE CAL Y DE ARENA

Jorge Guillermo Cano

NO ES COSA de apoyar o no esto o aquello, ni de fanatismos o adhesiones incondicionales, de un lado y del otro; sea por factores que es muy difícil erradicar, que tienen que ver con dinámicas incluso históricas, con los vicios y desviaciones del sistema, particularmente agudizados en gobiernos anteriores, el hecho irrebatible es que la corrupción en México permanece prácticamente igual que antes.

Lo que tenemos es un fuerte discurso en contra de la corrupción y la enunciación de una voluntad expresa para combatirla, pero hasta ahora solamente es una cuestión declarativa. El fondo, y muchas de sus formas, permanecen inalterables. Ni caso en negarlo.

No se ha reducido la corrupción y la voluntad de erradicarla, sobre todo desde la máxima jefatura nacional, no ha dado los resultados que, con frecuencia, se enarbolan como si realidad fuera.

El costo de la corrupción

Es necesario ponderar en su correcta dimensi√≥n lo que, con base en indicadores confiables, afirma el Instituto Nacional de Estad√≠stica y Geograf√≠a (Inegi): datos del a√Īo pasado (en una tendencia que permanece) muestran que no hay ‚Äúuna menor incidencia de esta pr√°ctica (la corrupci√≥n) ni una reducci√≥n de los costos para los ciudadanos derivados de ella‚ÄĚ.

Durante el a√Īo pasado, se calcula que ‚Äúel costo por la corrupci√≥n para los ciudadanos que acudieron a realizar alg√ļn tr√°mite o solicitar un servicio en una oficina p√ļblica fue de 12 mil 770 millones de pesos, 64.1 por ciento m√°s que en 2017‚ÄĚ, revela el Inegi.

Ese costo, por ciudadano, asciende, en 2019, a tres mil 822 pesos, 56 por ciento m√°s que en 2017.

Si se integran otros indicadores, aparte del sector p√ļblico, el costo para cada mexicano es mucho m√°s alto y se podr√≠a triplicar.

Con la mano del gato

Hace unas semanas, Manuel Bartlett fue enf√°tico: se trata de que ‚Äúse terminen la simulaci√≥n y el fraude que cometen las empresas privadas dedicadas a generar la llamada energ√≠a limpia‚ÄĚ.

El director de la CFE afirm√≥ que ‚Äúesas compa√Ī√≠as no s√≥lo se benefician al no pagar el transporte de la luz ni el respaldo en sus constantes fallos en el suministro, lo que les ahorra miles de millones de pesos al tener un servicio itinerante, sino que adem√°s han incurrido en un il√≠cito al presentar como socias a otras corporaciones, que en realidad son sus clientes‚ÄĚ.

As√≠ las cosas, la CFE present√≥ la exigencia, ante la Comisi√≥n Reguladora de Energ√≠a (CRE), de que se termine con lo que fue calificado como ‚Äúun robo‚ÄĚ cometido ‚Äúpor las grandes empresas del pa√≠s como Grupo Salinas, Oxxo, Walmart, Soriana, Pe√Īoles, Cin√©polis y Kimberly Clark, entre muchas otras‚ÄĚ.

Esas empresas ‚Äúpagan precios muy bajos por la electricidad que consumen, ya que simulan ser socias de Iberdrola, de Enel Energ√≠a, American Ligth and Power y otras dedicadas a la generaci√≥n el√©ctrica, lo que les permite utilizar gratuitamente la red el√©ctrica, como lo hacen las propias trasnacionales, que tienen plantas e√≥licas y fotovoltaicas‚ÄĚ.

Parar tropelías

A√ļn m√°s, Bartlett afirm√≥ que las empresas privadas dedicadas a generar energ√≠a e√≥lica y fotovoltaica ‚Äútampoco desembolsan ni un centavo en el respaldo que les proporciona la CFE‚ÄĚ, se establecieron ‚Äúdonde se les dio la gana, sin planeaci√≥n alguna, y por eso, cuando no hay viento ni energ√≠a solar, dejan de generar el fluido‚ÄĚ.

La red se puede modernizar, agreg√≥, ‚Äúpero no gratis. El que venga a hacer negocio aqu√≠ tiene que pagar lo que cuesta la transmisi√≥n, la distribuci√≥n y el respaldo, no tenemos por qu√© seguir subsidi√°ndolos‚ÄĚ.

La cr√≠tica, y la denuncia, es contundente: ‚Äúno es un mercado el√©ctrico, es un atraco, una jauja para los inversionistas que se han apoderado de los grandes consumidores, de forma il√≠cita, a base de tropel√≠as‚ÄĚ.

Por ejemplo, denunci√≥ Bartlett, ‚Äúes indignante que Iberdrola simule ser socia de las 18 mil tiendas de la cadena Oxxo, que mantienen prendida la luz d√≠a y noche, cuando son realmente sus clientes. Lo mismo sucede con Walmart o con Kimberly Clark, la empresa de Claudio X. Gonz√°lez‚ÄĚ.

Así las cosas, lo que procede es documentar sin sombra de duda lo que viene sucediendo y poner orden. Esperemos que se haga.

En la otra cancha

Mientras esa intención es del todo recuperable, no es posible ignorar que la CFE tiene que revisar lo que viene sucediendo con sus tarifas, las formas arcaicas en que procesa sus cobros, los cortes en el servicio, la mala atención y la burocratización excesiva.

Son cuestiones que también deben ser corregidas, atendiendo la realidad en lugar de justificar acríticamente lo injustificable, como lo hacen algunos y algunas diputados que carecen de objetividad, ausentes de la sensibilidad que sus representaciones exigen. Vamos a ver.

El infumable burocratismo

La modernidad, ya se sabe, es ante todo una actitud mental. Se pueden tener mil artefactos y adelantos tecnológicos, pero si la mentalidad sigue siendo retrógrada, de nada sirven.

Es lo que sucede con la burocracia en pr√°cticamente todos los espacios p√ļblicos, incluyendo instituciones y organismos donde, se supone, hay mayor apertura y preparaci√≥n para el trato civilizado.

El s√≠ndrome de la antesala afecta a muchos ciudadanos que se ven obligados a acudir a las oficinas de funcionarios que, para empezar, con o sin pandemia, rara vez est√°n en sus espacios para cumplir con la obligaci√≥n de atender al p√ļblico que paga sus muy altos salarios.

Lo com√ļn es que esos funcionarios p√ļblicos anden, en casi todo momento, a la cola de sus jefes, haciendo de porristas y perdiendo miserablemente el tiempo que debieran dedicar a atender los asuntos propios de su funci√≥n.

La culpa es compartida: de la punta de lambiscones que se montan en el cabuz de lo que sea y de sus jefes, que requieren del aplauso f√°cil, de la alabanza inane.

Deber√≠a prohibirse esa pr√°ctica y obligarlos a la atenci√≥n ciudadana, como lo mandata la Constituci√≥n General de la Rep√ļblica. Acabar con ese cortesanismo rampl√≥n que raya en la vulgaridad y es un atentado a la civilidad.

En el tintero

-En efecto, La Haine (El Odio, película francesa dirigida por Mathieu Kassovitz, estrenada en 1995) sigue vigente, sin asomo de duda. No solo en Francia, el resto de Europa y Estados Unidos, sino en todo el mundo. Ilustra la inhumanidad que no se resuelve, que no se va y parece no tener remedio. Lo estamos viendo a diario en todas partes.

         -Quien haya estado en el llamado "primer mundo" (que deja de serlo en cuanto lo ves de cerca) sabe que el racismo est√° ah√≠, no se va. Lo mismo en Estados Unidos que en Europa, incluso en Asia. Tambi√©n en Latinoamericana, de los que se sienten superiores a los dem√°s.

         -Los cobros atrabiliarios de la CFE, los cortes del servicio si no se cubre la tarifa fraudulenta. La misma historia de siempre con el gobierno de antes y ahora. ¬ŅAmparos? De nada han servido, que no le hagan al loco esos diputados.

-Caos, confusión, información sesgada o falsa, un sistema de salud a todas luces ineficiente, plagado de carencias y con los mismos vicios de siempre, configuran una problemática que rebasa al coronavirus.

         -‚ÄúRespira y cuenta hasta diez‚ÄĚ reza el slogan simpl√≥n del gobierno federal con el que, pensaron los ocurrentes, se puede ‚Äúreducir‚ÄĚ la violencia intrafamiliar, agudizada por el mal planeado confinamiento.

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