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Edición 274

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La mula no era arisca…

 

¿Ignora el presidente Calderón que Ernesto Cordero sería un candidato perdedor? ¿No ha ponderado el perjuicio que acarrea a su partido la imposición, así como el cierre de las puertas a pretensos con posibilidades reales de competencia?

 

Si esos cálculos se han hecho, entonces la apuesta presidencial corre por otra parte. Estaríamos ante la inminencia no de un “plan b”, al margen del proceso teóricamente democrático, sino del plan, a secas.

A la intención evidente (de Perogrullo) de permanecer en el poder, así sea delegándolo, si las circunstancias no dejaran lugar a otra cosa, de la facción que ahora lo detenta, se suma la búsqueda de seguridad de una clase empresarial privada que no quiere correr riesgos.

 

Que no llegue el PRI, ni cualquiera ¿distinto? a nosotros, dirán en Los Pinos, para seguir en el pandero; que no arribe la amorosa propuesta que, después ¿quién sabe? dirán los dueños del dinero.

 

El riesgo es real

Y sin afán de dramatizar o magnificar las cosas, lo que significaría un alejamiento de la relativa objetividad (siempre relativa, por cierto, en todos los casos) el riesgo de un desenlace autoritario y antidemocrático es real.

 

Casi al finalizar el año pasado, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) anuló los comicios en Morelia, Michoacán, fallo que es considerado, desde el PRI, “injusto, desproporcionado y sin bases jurídicas”.

 

Tal decisión, se advierte, y no sólo por los priístas (que difícilmente podrían arrojar una primera piedra en lo que al respeto de la legalidad se refiere) se ubica como un precedente de suyo pernicioso.

 

Según el senador Francisco Labastida Ochoa, con lo sucedido en Morelia “se sientan las bases para anular la elección presidencial de 2012”, considerando la “obsesión” de Felipe Calderón de mantener al PAN, su partido, en el poder.

 

No lo dijo Labastida, pero la obsesión puede ir más allá: el poder, a secas.

1

La terca realidad

En junio pasado escribimos que no es cosa de tomar partido, de simpatías o antipatías, adhesiones o rechazos, sino de evaluar la realidad con sus referentes a la vista. Flaco favor se haría el analista si se aleja de su función social y omite a sabiendas lo que está a la vista de todos.

 

Uno esperaría que desde el poder se procediera con la necesaria atingencia, sacrificando el interés de parte y privilegiando la razón de Estado, no de partidos o grupos.

 

Pero no hay elementos para decir que eso sucede. Al contrario, el hecho es que el gobierno de Felipe Calderón ha venido dando un uso faccioso a la “aplicación de justicia”, la misma que, por lo demás, no se mira por parte alguna del país.

 

Uso electorero de la “justicia”

Nos referimos entonces al “michoacanazo”, que pinta de cuerpo entero a un gobierno sin recato alguno para violentar la Constitución, utilizando al aparato de gobierno y luego rehuyendo toda responsabilidad.

 

Como se sabe, el 26 de mayo de 2009, la PFP y el ejército mexicano detuvieron a 11 presidentes municipales, 16 funcionarios y un juez en Michoacán. En los días siguientes la cifra de detenidos llegó a 35 servidores públicos.

 

Privados de su libertad sin respeto a los procedimientos de ley, en el curso de casi dos años todos fueron liberados “por falta de elementos”. Después, casi en su totalidad fueron reinstalados en los puestos que tenían al momento de ser detenidos, en una víspera electoral.

 

El miedo no anda en burro

En la percepción pública está la certeza del abuso cometido, la utilización del aparato de “justicia” con fines ajenos a su función designada y la impunidad gubernamental, sin asomo de duda.

 

Como sea, especulaciones aparte, lo cierto es que en el mundillo político las advertencias, directas e indirectas, de tales manotazos están presentes; por derivación, el temor, todavía más cuando los de enfrente no son blancas palomas.

 

Ahora que, guión aparte, si de aplicar justicia y castigar corruptos se tratara, en serio, muy probablemente no habría quién, de la kakistocracia política que padecemos, de todos colores, cerrara la puerta.

 

Un panorama ominoso

El hecho inconcuso es que, filiaciones aparte (para quienes las tengan) el clima que se está generando en el país, sin ser radicalmente nuevo, es sumamente perturbador.

 

En el tobogán de la sucesión presidencial, el gobierno panista manda el mensaje de que no parará en mientes para impedir que sus adversarios políticos lleguen al poder.

 

Si esa lógica prevalece, como hemos advertido, las urnas pasan a segundo o tercer plano.

 

Y, en efecto, ya no puede ser coincidencia que, cuando se acercan elecciones donde el partido en el poder (PAN) ve escasas posibilidades de triunfo en las urnas, se recurra al expediente, literalmente, de la PGR y sucedáneos.

 

Así las cosas, ante un panorama nacional que, sin ánimo de magnificaciones pesimistas, se torna ominoso y presagia males mayores, la oficialidad se pierde en declaraciones vacías y las cúpulas partidarias no parecen tener más divisa que la previsión de sus posicionamientos en el mediano plazo.

 

Si las cosas siguen como van, no habrá lugar para le retórica amorosa.

 

Sistema inoperante

Por otra parte, hemos descrito al llamado “sistema” de justicia, federal y estatales, como una red de complicidades de la que forman parte agentes del ministerio público, jueces, magistrados, actuarios y abogados (aunque haya algunas, poquísimas, excepciones que no pueden alterar el contexto).

 

La “impartición de justicia” es un eufemismo insostenible, una figuración perversa; la realidad resulta dramática y coloca en el cinismo pleno al discurso oficial que pretende bondades en espacios donde lo único que hay son abusos, violaciones a las garantías y corrupción.

 

No es posible que los gobernantes lo ignoren. En cambio, actúan en la práctica como cómplices y solapadores, cuando no parte activa de la otra delincuencia que no se castiga.

 

Y ahí está una de las causas centrales de la descomposición social, del profundo deterioro institucional que padecemos, de las desviaciones que se lamentan y frente a las cuales no se colocan más que paliativos y se aplican medidas cosméticas que en nada resultan a la postre, como no sea la verdadera vocación de la oficialidad: los negocios.

 

Mientras ello no se atienda, ninguna “guerra” o campaña resultará efectiva. Ni siquiera creíble.

 

Tamborazos

-El PAN le cierra las puertas a Manuel Clouhtier por la sencilla razón de que a los dueños de ese partido no les interesa tanto el triunfo electoral sino la permanencia en el poder, así sea relativo.

-El tiempo pasa, casi cinco meses ya, y del cobarde asesinato del periodista Humberto Millán Salazar, en el Sinaloa de la tranquilidad declarada, nada de nada, ningún “avance” en investigaciones prometidas.

-El 25 de agosto del año que pasó, el gobernador Mario López casi juró que en su gobierno no pasaría lo que en otros y que se investigaría el caso prometiendo raudos resultados. Todo ha quedado en retórica barata.

-En su momento hubo voces, incluso de periodistas, que se opusieron a que la investigación se sacara del estado. Las consecuencias de dejarla en manos de sospechosos están a la vista.

-Nuevo año, esperanzas viejas que buscan acomodo en los buenos deseos, o los deseos, como sean; nuevo ciclo y los andares que atan y limitan el paso, pero también lo apresuran en la conciencia del tiempo que se agota; año nuevo, feliz que sea (siquiera un tanto así) para todos.

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Comentarios (1)Add Comment
0
Juan M. A.
enero 31, 2012
189.174.243.32
Votos: +0
Siguen "michoacanazos"

Puntería la suya, en compañía de la lógica. Permanecer en el poder, como sea, y usar al Estado para sus fines es la consigna del calderoniato.
Siguen los "michoacanazos", de Tamaulipas para adelante.
Saludos.

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