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Ediciòn 290

“NUEVO” CONGRESO DE LA UNION

¿Teología de la muerte?
ÁLVARO ARAGÓN AYALA

Olvidados 95 mil asesinados, viudas y huérfanos

 

ASESINATOS. DESAPARECIDOS. Miles de viudas y huérfanos. Dolor y lágrimas. Violencia: Es el retrato de la República tinta en sangre. El México rehén del miedo y de la soberbia presidencial. La Teología de la muerte estalló en genocidio calderonista: Los nuevos diputados y senadores parlotean en el limbo de la comodidad, la ignorancia y la complicidad, la construcción de los acuerdos del olvido.


Congreso de la Unión
Legisladores alcahuetes

Herido por la derrota electoral, con justificación o no, el diputado camaleonesco, Ricardo Monreal, anunció la promoción de un juicio político a efecto de que no queden impunes las fechorías del IFE y el Trife. ¿Y los muertos? ¿Y las víctimas del la apocalíptica guerra contra el narcotráfico?

La patria esta herida. Agraviada. El elogio al crimen masificado es un insulto a la razón. Calderón Hinojosa se va. Y se va con el “blindaje” del Congreso de la Unión: La máxima tribuna de la República quedó de hinojos. El protocolo del crimen para acabar con el crimen adquirió grotescos rostros curulecos. De posible parto de nuevo decreto mortal, similar al calderonista. La irresponsabilidad, la modorra y la necrofilia legislativa son lecturas de impunidad transexenal.

El coordinador del PAN en la Cámara de Diputados, Luis Alberto Villarreal García dijo que su partido siempre recordará a Felipe Calderón como un hombre “valiente” y de Estado.

En el ocaso del mes de octubre, el periódico francés Le Monde, en su artículo “México, la espiral de la barbarie”, calificó la violencia registrada en la nación como una “verdadera hecatombe” y el “conflicto más mortífero del planeta durante los últimos años”.

Concretizó: “Esta verdadera hecatombe constituye, por lejos, el conflicto más mortífero del planeta durante los últimos años. Tanto más porque las cifras oficiales que acaban de publicarse revelan de manera implacable la gangrena que ha ganado al país”.

Con base en los certificados de defunción emitidos por médicos legistas  inscritos en cuatro mil 732 oficinas del Registro Civil, así como en los reportes mensuales de mil 96 agencias del Ministerio Público, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía -Inegi- indicó que de 2007 a 2011 se perpetraron en México 95 mil 632 homicidios documentados. Registro de la barbarie del gobierno de Felipe Calderón Hinojosa.

Es espeluznante, también, el  reporte del presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Raúl Plasencia Villanueva: Son exorbitantes las ejecuciones extrajudiciales, las desapariciones forzadas, los cateos ilegales, las torturas, los tratos crueles y las revisiones indignas.

En Madrid, España, en el marco del Día Internacional de las Víctimas de las Desapariciones Forzadas, Amnistía Internacional (AI) denunció -de acuerdo a cifras de la ONU- que en México hay tres mil personas desaparecidas, sobre todo inmigrantes, la mayoría como consecuencia de la inseguridad pública y la violencia provocada por la lucha entre los cárteles de la droga.

El Congreso de la Unión y el presidente electo Enrique Peña Nieto habrían entonces de desfilar sobre el huesario y la sangre derramada, obligados a redefinir doctrinas en materia de combate al narco: O sepultan la Teología de la muerte importada por Calderón de Estados Unidos, o crean nuevas plataformas para rediseñar cómo, cuando y dónde Ejército Mexicano debe tener la encomienda de mantener el orden público en las calles de las zonas con alta presencia violenta del narcotráfico.

Es deber patriótico también desahogar los casos de asesinatos violentos, desapariciones, y las denuncias, la agenda de la ignominia, y encuadrar en la legalidad el desempeño de las funciones del ejército mexicano en los casos en que terminó por afectar a la sociedad civil, pero...

El decreto del exterminio

Con un Congreso de la Unión en el limbo, prostituido, a la mitad del foro de la depredación presupuestal, por obvia y pronta resolución, Felipe Calderón Hinojosa, incrustó, el 24 de enero del 2008, su Protocolo de la Muerte para darle “coherencia legal” a su Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, bajo su mística de la “recuperación de la fortaleza del Estado y la seguridad en la convivencia social mediante el combate frontal al narcotráfico y otras expresiones del crimen organizado” con el uso mortal de la fuerza del ejército, la marina y la fuerza aérea nacional.

La hipocresia como política de Estado
La hipocresia como política de Estado

Antes, el 12 de mayo del 2007, con otro decreto, el propio Felipe Calderón creó el Cuerpo Especial del Ejército y la Fuerza Aérea, denominado Cuerpo de Apoyo Federal que, según su decreto, se encuentra bajo las órdenes directas del presidente de la República y que depende técnica, operativa y administrativa de la Secretaría de la Defensa Nacional.

¿Por qué dos decretos para desencadenar la guerra contra el narco? El decreto por sí solo no da, ni la motivación, ni la fundamentación jurídica para tal acción: El artículo 89, fracción I de la Constitución Política Mexicana, dice: “Las facultades y obligaciones del presidente son las siguientes: promulgar y ejecutar las leyes que expida el Congreso....”. El artículo sólo faculta al presidente de la República para la promulgación de las leyes, no para mandar al Ejército Mexicano a la guerra contra el narco.

El artículo 16 constitucional fija que “la autoridad sólo puede hacer lo que la ley lo autoriza” ¿Entonces?  El artículo 129 ordena: “En tiempo de paz, ninguna autoridad puede ejercer más funciones que las que tenga exacta conexión con la disciplina militar. Solamente habrá comandancias militares fijas y permanentes en los castillos, fortalezas y almacenes que dependan inmediatamente del Gobierno de la Unión: O en los campamentos, cuarteles o depósitos que, fuera de las poblaciones estableciera para la instalación de tropas”. Son los límites constitucionales que le impide a la autoridad militar tener injerencia en la vida civil.

El “elogio al crimen” de Carlos Marx

Desde la óptica mesiánica de exterminio, Felipe Calderón se propuso acabar con una fuente de ingresos de la nación: La narcoeconomía. Las “divisas verdes”. La delincuencia organizada con todo y los negocios que apuntala, y la estructura legal-administrativa-humana que paradójicamente ha gestado para su propio control/combate.

En el Elogio del crimen de Carlos Marx, incluido en “La teoría de la plusvalía” del IV tomo de El Capital, se narra la cruel realidad. El criminal, según Marx, no sólo produce crímenes; es él quien da origen al derecho penal y al profesor de derecho penal. Produce, por tanto, el inevitable tratado en el cual el profesor compendia sus clases para situarlas en el mercado como mercancía, dando como resultado un aumento de la riqueza nacional.

Más aún: El criminal genera todo el aparato policíaco y judicial: gendarmes, jueces, verdugos, jurados, etcétera, y otros múltiples oficios que constituyen otras tantas categorías de división social del trabajo, que estimulan diversas facultades del espíritu humano y crean simultáneamente nuevos deseos y nuevos medios de satisfacerlos. La tortura, por sí sola, ha engendrado ingeniosísimos inventos mecánicos cuya producción da empleo a un sinnúmero de honestos artífices.

“El criminal engendra una sensación que forma parte de lo moral y de lo trágico, y por lo tanto ofrece un servicio al agitar los sentimientos éticos y estéticos del público. No sólo produce tratados de derecho penal, códigos penales, y a sus correspondientes legisladores, sino también arte, literatura, hasta tragedias...”

¿Habría entonces Felipe Calderón visualizar que al término de su guerra narca que degeneró en genocidio una nación sin Procuradurías de Justicia, sin Ejército, sin policías, sin Ministerios Públicos, sin Derecho, sin novelas policiacas, sin periódicos con notas rojas, sin narcocorridos? ¿Imaginó o no que México adoptaría una nueva Biblia sin Caín y Abel? ¿Qué la República del Nopal se convertiría en una especie de Tierra Inmaculada?

El tráfico de armas y consumo de drogas

La guerra contra el narco de Felipe Calderón lleva impreso los sellos de lo absurdo: Ofrenda la vida de miles y miles de mexicanos, pese al apetito voraz de los estadounidenses por el consumo de mariguana, cocaína, heroína y otros narcóticos. El  hambre por las drogas no cesa en los Estados Unidos con las matanzas de compatriotas.

El diagnóstico más acertado estriba en que Felipe Calderón desató una ofensiva total contra las Organizaciones Traficantes de Drogas (OTDs) que dañan la narcoeconomía estadounidense saturando los mercados de consumo, y solapó el tráfico de armas a México para prohijar enfrentamientos y asesinatos entre bandas rivales del narco y justificar su guerra. El operativo estadounidense “Rápido y Furioso” es una prueba plena.

Al arrestar o asesinar, en el marco del operativo nacional “cárcel o muerte”, a principales figuras de un buen número de las OTDs, el gobierno desató luchas internas, obligándolos a crear “escuadrones de defensa”. Con el debilitamiento de algunas OTDs, los rivales han sido motivados a apoderarse de su territorio y rutas, aumentando el caos, violencia y muerte. La Iniciativa Mérida, que no es otra cosa que un operativo diseñado por el gobierno de los Estados Unidos, se ajustó y se ajusta a los apetitos militares del presidente Calderón.

Drogas ejercito

La violencia es el resultado de una acentuada debilidad del Estado mexicano y de su incapacidad para garantizar el orden y la seguridad pública. Antes el gobierno desarmaba a los grupos delictivos y no permitían el flujo indiscriminado de armamento hacia los cárteles: en este sexenio los capos, armados hasta con pertrechos militares, se suponen o presuponen amos y desafían a medio mundo, en respuesta a la acción militarizada.

Los registros confirman que las agresiones de los narcos se recrudecieron a principios del 2006 debido a la decisión política de dejar que los narcos se armaran y se mataran entre sí para justificar la intervención militar provocando que los capos comprendieron que no tenían porque ser subordinados del gobierno, de políticos y policías, diversificando sus negocios ilícitos.

La realidad es que la economía del país gira o se sostiene en los ingresos no transparentados del petróleo, los impuestos hurtados por políticos, las divisas y el narcotráfico: las ganancias del narco alimentaron pueblos enteros, activaron economías en municipios serranos y detonaron prósperos negocios en los diferentes rubros de la actividad.

La acción del ejército y de las fuerzas estatales generó tanta o más  ruina en miles y miles de hogares mexicanos, que hoy, padres, hijos, familias enteras, sólo tienen el camino del empuñar un arma para subsistir o para defenderse de la banda delincuencial que penetró sus dominios o para responder a las persecuciones militares o policiacas.

Los mexicanos se matan unos a otros: ¿vale o no la pena entonces alimentar la guerra fratricida, mientras  los estadounidenses se revuelcan en sus miserias y agotan sus vidas devorando tranquilamente mariguana, cocaína, heroína y otras drogas?

Los pobres, reserva del narco

El libro del maestro Jesús José Guerrero Narcoeconomía, las raíces y lo que viene, refleja realidades completas. La obra encapsulada en Sinaloa,  sostiene tesis recogidas de experiencias y estudios sobre el narcotráfico. Guerrero ha sostenido en diferentes foros que la lucha armada no es la prioridad, debido a que provoca más problemas que soluciones. "La lucha del Ejército contra los narcotraficantes ha provocado una ola de violencia que modifica el tejido social de una manera grave, pero el narcotráfico también porque se convierte en una alternativa rentable para un montón de desocupados hambrientos que no tienen otra fuente de ingreso", ha dicho.

Ha repetido que los problemas de fondo son la miseria, la pobreza, las condiciones en que la nación se desenvuelve y no permiten que los ciudadanos tengan un empleo, el ingreso ni el acceso a lo básico, como la educación, una vivienda; toda esa miseria convierte a muchas personas en elementos disponibles para que los contraten los grupos de delincuentes.

Ciudad Juárez: el alivio en la religión
Ciudad Juárez: el alivio en la religión

Y tal parece que no hay remedio: El secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), José Ángel Gurría Treviño, aseguró que México es el país con los mayores índices de desigualdad, pobreza y concentración de la riqueza de las naciones que conforman al organismo internacional.

Resaltó que, pese México tiene uno de los programas de reducción de la pobreza más innovadores en el mundo -para efectos electorales, que conste-, “todavía cerca de la mitad de la población mexicana (más 50 millones de personas) vive en pobreza moderada o extrema”.

El profesor de la Facultad de Economía de la UNAM, Ciro Murayama, en el magistral artículo Ejército Delincuencial de Reserva -parafraseado a Carlos Marx- escribió que México debe reactivar su  crecimiento a tasas cercanas al siete por ciento anual para que haya opción productiva de inserción laboral de los jóvenes a actividades económicas legítimas. Es una tarea para esta década, la próxima será demasiado tarde”.

“En estos años en que México se encuentra convulsionado por la la violencia, la exclusión masiva y temprana de los jóvenes de la escuela y el empleo ha configurado un vasto ‘ejército delincuencial de reserva’”,  redactó. De muchachos dispuestos, pues, a empuñar un arma para sobrevivir o morir.

Congreso y la cultura de la desmemoria

Qué lectura envían a la sociedad mexicana los nuevos diputados y senadores?: Que son custodios de la Teología de la muerte. De la complicidad y la protección gubernamental. Que se mueven en la dinámica de una especie de “ruleta legislativa” que la apuesta al olvido masificado. Al extravío de la historia.

La nueva era legislativa ofrece la arista sacrosanta, mitificada por el voto popular. Enfila en la línea de determinar los hechos y personajes del Pasado y Nuevo Sexenio que deben ser perdonados y vestidos con el  fino atuendo de los Hombres Honorables de la Patria.

Del Congreso de la Unión entonces se emitiría el Decreto Divino que potencializaría y sacralizaría a los nuevos exponentes representativos de la identidad nacional, elevando a Semidiós Intocable al responsable del Genocidio.

Luis Alberto Villareal.
Luis Alberto Villareal.

Los legisladores de lo que se supone será el futuro Sexenio del Éxtasis, esgrimen como escudo su “analfabetismo legislativo” y la ignorancia de la Estrategia de la Seguridad Nacional, publicado por la Casa Blanca en septiembre de 2002, donde se hace pública la doctrina de la “guerra preventiva”: “Desde hace tiempo los Estados Unidos son favorables a una reacción anticipada cuando se trata de responder a una amenaza velando por la seguridad nacional… Para impedir o prevenir que tales actos sean perpetrados, los Estados Unidos se reservan la posibilidad de actuar anticipadamente”.

Protocolos de seguridad necrófilos. "Vamos a exportar la muerte y la violencia a los cuatro rincones del planeta para defender nuestra gran nación", dijo Gorge W. Bush: “La defensa de la gran nación justifica la extensión de la violencia y de la muerte por todo el mundo...”.

La Teología de la muerte bajo custodia del Congreso de la Unión

 



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