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Edición 383

 3833

Libros

de Texto Gratuitos

Akire Lincho

“Sea cual sea el costo de nuestras bibliotecas, el precio es bajo comparado con el de una nación ignorante”. Walter Cronkite

El 13 de febrero se cumplieron 60 años de la primera entrega de los libros de texto gratuitos en México con una ceremonia en la que se recordó al presidente Adolfo López Mateos y se canceló un timbre postal conmemorativo.

Como este es un proceso que a lo largo de seis décadas ya consideramos normal, pocas veces nos detenemos a reflexionar en la magnitud del esfuerzo que implica la producción de alrededor de 200 millones de libros anuales que se entregan a más de 25 millones de estudiantes de educación primaria y secundaria en todo el país, incluso en los pueblos más alejados dentro del territorio nacional.

La dimensión de este proceso es de tal magnitud que se requiere hacer algunas comparaciones para entenderla.

LA EMPRESA BRITÁNICA Pearson que es la casa editorial comercial más grande del planeta, produce libros de texto para 11 millones de estudiantes en todo el mundo; esto equivale a cubrir menos de la mitad del número de estudiantes que alcanza el programa nacional de libros de texto gratuitos; en los Estados Unidos se venden un total alrededor de 675 millones de libros al año, el libro de texto gratuito equivale al 30% de todos los libros que se venden en los Estados Unidos cada año, y aproximadamente, al consumo total de libros vendidos anualmente en el Reino Unido y Canadá juntos; la industria editorial española completa vende un total de alrededor de 400 millones de libros cada año, solamente el doble del número de libros de texto gratuitos que se producen y entregan en México a los estudiantes cada año.

Motivo de orgullo

SIN ENTRAR EN POLÉMICAS sobre los contenidos de los libros por ser un tema que exige especialización para emitir opinión, el aspecto más relevante relacionado con esto es que en México nos estamos encargando todos, a través de nuestras aportaciones al presupuesto del gobierno, de mantener vigente la empresa editorial de libros más grande del mundo y, al mismo tiempo, de que nuestros niños tengan acceso a la educación, cultura e información en todo el país. Esto es algo de lo que, los mexicanos, deberíamos de estar muy orgullosos.

Este esfuerzo de todos implica una inversión mayor a 2,600 millones de pesos que aportamos para este propósito cada año; si esto se concibe desde la óptica de las cantidades que hemos venido gastando en una constelación de programas y proyectos inútiles durante los últimos 40 años en beneficio de una minoría rapaz, no solo vale la pena, sino que es una cantidad bastante moderada.

Por ejemplo, estamos pagándoles casi el doble (5,000 millones de pesos anuales) a tres compañías de energía (incluido Grupo Carso de Carlos Slim) como “compensación” porque sus empresas no han podido terminar de construir siete gasoductos que deben alimentar a distintas plantas hidroeléctricas, sin que produzcan nada; así es, les pagamos anualmente esta cantidad por no hacer nada.

Con este dinero podríamos estar produciendo el doble de libros de texto gratuito, o el mismo número de libros con una mucho mejor calidad, o construir y acondicionar aulas bien equipadas para casi un millón de estudiantes en zonas rurales cada año, o podríamos invertirlo preparando mejor a los maestros; hay miles de mejores alternativas a las que se pueden destinar esos fondos que hoy se regalan a tres empresas. Y estos ejemplos de dispendio sobran.

“La austeridad es una de las grandes virtudes de un pueblo inteligente”. Solón

Si bien el esfuerzo y el resultado en la producción y distribución de todo este material didáctico es digno de reconocimiento, hay un aspecto sobre los libros de texto gratuito que nos obliga a la reflexión…

Material desechado

EL DESTINO DE LOS LIBROS una vez que han cumplido con su función en relación con un estudiante de cualquier grado al terminar el ciclo escolar de que se trate. Generalmente se conservan por un tiempo en alguna parte del hogar de la familia del estudiante y, lo más probable, es que después de un período indeterminado, acaben depositados en el bote de la basura o, en el mejor de los casos, en algún portal de Internet (como Mercado Libre) siendo ofrecidos al mercado entre 150 y 300 pesos por colección de 12 libros. Es posible que un buen número de los estudiantes o padres de los alumnos conserven algunos de ellos como recuerdo o como parte de una biblioteca familiar; sin embargo, es poco probable que estos libros sean consultados o releídos una vez que han cumplido con su cometido fundamental de cursar el ciclo escolar que corresponda.

De una u otra forma, en la práctica este período corto de vida útil de los libros de texto gratuito genera un enorme desperdicio año con año que podría evitarse, dando lugar a un círculo virtuoso en todos los aspectos implicados en su proceso de producción y distribución editorial.

En la nueva dinámica de transformación del país, y a pesar de que la inversión de 133 millones de dólares anuales es relativamente modesta para mantener a la empresa editorial más grande del mundo, produciendo y distribuyendo 200 millones de libros cada año, existen formas de optimizar este esfuerzo que permitan elevar la calidad de los libros de texto gratuito en cuanto a tipo de papel, impresión y encuadernación, e incluso ahorrar cantidades importantes de dinero para reorientar su inversión a mejorar otros rubros de la infraestructura educativa en el país.

Para lograr lo anterior no se requiere de una gran creatividad ni de cerebros brillantes que diseñen programas sofisticados de reingeniería financiera. Solamente es necesario observar lo que se hacía en países desarrollados, antes de que existiera Internet, para que sus estudiantes tuvieran acceso gratuito a los libros de texto que se utilizan en las escuelas públicas.

POR EJEMPLO, EN EL REINO UNIDO, las escuelas son las que reciben los libros de texto que se van a utilizar; éstas entregan en préstamo los libros a los alumnos a cambio de un recibo firmado por cada alumno por el libro durante el ciclo escolar. Una vez que termina el ciclo los alumnos devuelven los libros a la escuela y, en caso de que un libro sea maltratado o no sea devuelto, el alumno debe cubrir su costo de reposición a la escuela. No se utilizan cuadernos de trabajo impresos con ejercicios prediseñados; el diseño de los ejercicios es responsabilidad del maestro.

Junto con los libros, el alumno recibe un cuaderno media carta de 50 hojas por cada materia para escribir sus apuntes, el cual conservará después del término del ciclo escolar y, en caso necesario, puede solicitar otro durante el ciclo escolar. Los libros devueltos por los alumnos sirven para que sigan estudiando alumnos de los ciclos escolares subsecuentes.

Aplicando este mecanismo, en México podríamos producir una sola vez los 200 millones de libros, con mejor calidad de la que tienen los libros actuales; anualmente solo se tendrían que imprimir los ejemplares necesarios para reposición y solamente se harían tirajes completos cuando se incorporen cambios en los contenidos de los libros, ahorrándonos alrededor de 13,000 millones de pesos en los próximos cinco años.

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Nelson Mandela.

La reforma laboral disfrazada de “Reforma Educativa” inició en 2013; a partir de entonces y hasta el 2017 supuestamente se “invirtieron” 47,500 millones de pesos para mejorar los edificios de las escuelas. Si esto fuera cierto, cada una de las 150 mil escuelas que fueron reportadas en el censo realizado por el gobierno federal en 2013 debería haber recibido un promedio de 316.7 millones de pesos para la restauración, mejoramiento y/o equipamiento. Con esa cantidad de dinero deberíamos contar con 150 mil escuelas equiparables a las mejores escuelas del primer mundo.

Sin embargo, hoy, en cifras aproximadas, tenemos 38,000 escuelas (1/5 parte del total) sin agua potable; en más de 40,000 no hay baños o electricidad y, prácticamente 90 mil (60% de las escuelas), operan en condiciones graves de rezago en infraestructura.

¿Dónde quedó el dinero?

SERÍA MUY interesante contar con un reporte de la SEP en el que se nos explique con precisión en qué se invirtió todo este dinero, porque queda claro que el estado en que se encuentra un gran número de escuelas no refleja que cada una de ellas haya recibido, en promedio, una inversión de 316.7 millones de pesos, cantidad supuestamente destinada para estos fines entre 2013 y 2017.

Los resultados que sí podría presumir la “Reforma Educativa” neoliberal iniciada en 2013 son los de una erogación de casi 50 mil millones de pesos para que México continúe ocupando el último lugar en la evaluación educativa de la OCDE. (1)

En este año de 2019 el gobierno federal ha incluido 1,756.3 millones de pesos como monto destinado al Gasto de Inversión para la Educación Pública, independientemente de los casi 281 mil millones que le destina al gasto corriente de este rubro. Esto representaría una inversión promedio de 11.7 millones de pesos para cada una de las 150 mil escuelas existentes en el país, o de casi 20 millones de pesos para cada una de las 90 mil escuelas que se encuentran en condiciones graves de rezago de infraestructura educativa. (2)

El mecanismo que arriba se menciona en relación con el ahorro potencial derivado de una transformación en el esquema de producción y distribución de los libros de texto gratuito, liberaría, por lo menos, otros 2,000 millones de pesos anuales que podrían destinarse al mejoramiento de los edificios de las escuelas, lo que daría como resultado poder invertir casi 42 millones de pesos, en lugar de solo 20 millones, en cada una de las 90 mil escuelas que tienen rezago grave de infraestructura. Esto no sólo significaría en incremento de más de 100% anual en los fondos que pueden destinarse como Gasto de Infraestructura para las escuelas, sino que puede hacerse sin demeritar en absoluto el propósito o la eficacia que pudiera tener la producción y distribución actual de los libros de texto gratuitos en todo el país.

A lo mejor el balance de este ejercicio nos cambia el orgullo de tener la editorial que más libros produce y distribuye anualmente en el mundo, por el hecho de contar con escuelas dignas y bien acondicionadas, donde los alumnos puedan asimilar mejor lo que incluyen esos libros en sus contenidos.

Como dijo el expresidente argentino Domingo Faustino Sarmiento, “Las escuelas son la base de la civilización” y yendo a una profundidad mayor en la reflexión de la escritora gallega Concepción Arenal, “Abrid escuelas y se cerrarán cárceles”.

Fuentes:

  1. SHCP (2018) Analíticos del Presupuesto de Egresos de la Federación.


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