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Edición 388

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El campo mexicano

tiene un atraso estructural que no permite competir con Estados Unidos y Canadá

Mauricio Laguna Berber

PESE AL RECIÉN APROBADO T-MEC, la visión de que los productos agrícolas mexicanos puedan ser una puerta de negocios con los países del norte y a nivel mundial está todavía está muy lejos de nosotros porque; aún se sigue avalando el pasado del subdesarrollo que no permite competitividad y bien común.

El sector agrario en México es un problema que dista mucho de tener soluciones ya que los productores del campo mexicano no pueden competir con los estadounidenses; es más, ni siquiera se puede hablar que exista similitud con la agroindustria del vecino país e incluso con Canadá, ya que el desarrollo interno es una diferencia totalmente abismal.

El todavía Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) suscrito por Estados Unidos, México y Canadá (considerando que hasta el momento el poder legislativo mexicano, es el primer congreso de los tres países el que ha modificado su criterio al aprobar el pasado 19 de junio el acuerdo comercial y económico de TLCAN a T-MEC), para nuestro país representa un desencuentro conceptual verdaderamente impresionante ya que, de entrada no tenemos como nación un desarrollo económico que nos permita hacer tratos de iguales en las diversas ramas productivas con las grandes potencias del mundo.

En el caso del apartado sobre agricultura del T-MEC, los norteamericanos retoman el tema como un acuerdo meramente comercial siendo de manera inversa para México un tratado de sentido político serio que implica una restructuración en las instituciones jurídicas y económicas; por tanto, un cambio total en materia productiva.

Desigualdad, buena para México

En entrevista con Voces, el doctor Luis Gómez Sánchez, coordinador del Centro de Estudios Teóricos y Multidisciplinarios en Ciencias Sociales (CETMECS), de la Universidad Nacional Autónoma de México,profesor con más de 35 años de actividad académica resalta el desigual convenio en materia económica de México con los grandes países de norte y sobre todo en materia agropecuaria, suscrito desde el año 1994.

Para el investigador la desigualdad del tratado en materia agrícola es totalmente desfavorable para nuestro país, ya que podemos encontrar dos economías como la canadiense y la norteamericana que sistemáticamente son diferentes a nivel agroindustrial; “mientras que en nuestro país se encuentra en una permanente reforma agraria que todavía no termina, que nadie sabe cómo terminara y que intenta contabilizar modelos individualistas y colectivistas de agricultura.

Asegura Gómez Sánchez, miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 1, que los estadounidenses integran la forma de producción agrícola en conglomerados que se integran en empresas agro industriales con una capacidad competitiva que no tienen los productores del campo en nuestro país, “además ellos manejan conceptos totalmente más flexibles sobre su nación sin entrar a una idea de soberanía ya que se manejan intereses concretos”.

Para el especialista en política internacional la forma de organización de la producción agrícola norteamericana se establece a través de diversos grupos de empresarios y productores agrícolas en grupos de trabajos mixtos, donde las decisiones surgen por medio de un Consejo de Asuntos Exteriores de tipo privado.

Añade al respecto que la producción agrícola de nuestro país está sin rumbo y sin forma de encontrar equilibrio con un sector productivo y competitivo o semi-industrial muy débil con una economía de subsistencia en algunos casos y en otros de una agro colectivización.

Advierte José Luis Orozco que en las zonas rurales de México encontramos un sistema de producción donde conviven formas de propiedad indígena de tipo colectivas, con estructuras de propiedad colonial, liberal y latifundistas, que inciden en una productividad agrícola absolutamente heterogénea.

Senado aprueba el T-MEC

El pasado 19 de junio, el Senado de la República aprobó con 114 votos a favor, 4 en contra y tres abstenciones el Protocolo por el que se sustituye el TLC por el T-MEC, así como los seis acuerdos paralelos a México y Estados Unidos.

Aunque todas las fracciones parlamentarias señalaron la continuidad con el principal socio comercial de nuestro país y pese a los augurios y discursos de buena voluntad sobre las relaciones México-EUA- Canadá en materia de comercio, inversión y desarrollo económico; además de ser socios comerciales del T-MEC para la igualdad de competencia y progreso mutuo, e aras de lograr la integración regional y geopolítica existe una marcada diferencia entre las economías que integran el tratado.

Durante los posicionamientos de diversos grupos parlamentarios en particular Verde Ecologista, Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo se destaca que la imposición de aranceles se pretende hacer sin medidas cautelares como sucedió recientemente con el jitomate mexicano y la falta de oportunidades de exportación de brócoli, lechuga acelga y limón entre los productos agrícolas más conocidos.

De hecho, la LXIV legislatura aprobó en su segundo periodo extraordinario del segundo receso del primer de sesiones el cambio a los acuerdos previos entre EUA y México firmados el 30 de noviembre de 2018.

En particular los acuerdos parlamentarios de aprobar el T-MEC son en materia de trabajadores, basándose en la reforma laboral, más apoyo a los Pymes, protección al Medio Ambiente, Planificación de comercio inversión y negocios; pero sobre el campo y su posible despegue al desarrollo nada se dijo como parte de los acuerdos. Considerando que el 70 por ciento de la economía mexicana depende del comercio exterior, tecnología, capital e insumos.

Aranceles tocan fibras sensibles

Durante la primera semana de junio el titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Víctor Manuel Villalobos Arámbula, indicó en conferencia de prensa que, con la imposición de aranceles a México, en el sector agropecuario las pérdidas serían de mil 410 millones de dólares, es decir, aproximadamente 3.8 millones de dólares diarios, que impactarían a ambos países, en particular a los consumidores.

Comentó que, en 2018, el intercambio comercial en el sector fue de cuatro mil 750 millones de dólares, donde México provee de manera fundamental.

Enfatizó que México y Estados Unidos tienen un mercado integrado en materia comercial, pues dos terceras partes de las compañías se encuentran en ambos territorios, y esto se ha fortalecido desde la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en 1994.

Reiteró que la imposición de aranceles, en un inicio de 5 por ciento, que empezó a ejecutar el presidente Donald Trump desde el 10 de junio, afecta la relación y toca a consumidores, cadenas de valor y al empleo.

El campo es pa´ los pobres

Los múltiples problemas en el campo mexicano están dando, desde hace algunos decenios, muchas señales de alerta. La naturaleza de esta problemática es tanto política como económica y social. Su dimensión política y social se advierte en el hecho de que ahí viven 26 millones de mexicanos, de los cuales más del 80 por ciento es pobre, y 16 millones más viven en pobreza extrema; en 33 por ciento de los hogares, los jefes de familia son analfabetas y los jóvenes prefieren emigrar a las ciudades o caer en la delincuencia organizada.

Económicamente, el panorama es desolador y expresa la perversidad del subdesarrollo: de las unidades de producción rural 72 por ciento es trabajada por campesinos, indígenas y pequeños productores con superficies menores a cinco hectáreas y producen para el autoconsumo; 22 por ciento lo es por pequeños productores con superficies de cuatro a 20 hectáreas, produciendo para el autoconsumo y algo para el mercado local; sólo 6 por ciento de los productores son empresarios que canalizan sus mercancías al mercado nacional e internacional.

En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, a la que México pertenece, el promedio del PIB agropecuario es de 32 por ciento del PIB total. Si se lograra en nuestro país hacer que el sector agropecuario, por lo menos representara 10 por ciento del PIB nacional, se habrá realizado un gran avance. De lo contrario únicamente se habrán sembrado palabras.

Sector agropecuario excluido

Para la profesora e investigadora de FLACSO sede México Alicia Puyana y para el profesor del Colegio de México José Romero, el TLCAN fue el primer acuerdo de integración regional en someter al sector agropecuario al proceso de desgravación arancelaria cuando los esquemas de integración económica buscaban ganancias en productividad para el sector manufacturero.

Argumentan que el sector agropecuario fue excluido o amparado por políticas especiales, como la Política Agropecuaria Comunitaria. En el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés), la Ronda Uruguay fue la primera en programar negociaciones en el sector agropecuario, y los conflictos que se manifestaron en este tema hicieron peligrar la firma de acuerdos (Finger, 1993).

Esta historia se repitió en las negociaciones de Doha, y resonará en las del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) mientras los Estados Unidos no acepten reducir sus subsidios y abrir sus mercados a las exportaciones de América Latina.

De acuerdo con los profesores Puyana y Romero la importancia de estudiar los efectos del TLCAN sobre la agricultura mexicana se deriva de numerosos aspectos. Los más relevantes, en nuestra opinión, son la menor productividad de la agricultura mexicana, el peso de la economía campesina y la intensidad de la pobreza rural en la economía nacional.

Se debe considerar el peso de EUA en la producción y exportación mundial de granos básicos y políticas de desarrollo rural aplicadas, lo cual distorsiona los precios internacionales y aleja el mercado internacional de productos agropecuarios del ideal de mercado libre y perfectamente competitivo, fundamento de las estrategias de negociación del capítulo agropecuario del TLCAN, añaden los investigadores.

Negocio, no subsistencia

Para el doctor en Ciencia Política, Valeriano Ramírez, Premio Universidad Nacional en Ciencias Sociales, reconocido como uno de los investigadores más prolíficos en México y precursor en la UNAM de las áreas de Historia Intelectual y Política de los Estados Unidos, afirma como al ir marcando las grandes diferencias del campo mexicano y norteamericano desde la perspectiva histórica la agricultura de EUA, es un sector que desde 1840 se conoce como agro negocio.

Asegura Ramírez que a partir de ese momento se desarrollan lugares de concentración, procesamiento e industrialización de granos, como el Centro Rockefeler en la ciudad de Chicago, que durante 1870 desaparecieron materialmente a los pequeños productores del campo quienes con el desarrollo industrial van emigrando a las grandes ciudades.

Ilustra su dicho el investigador al señalar como esta forma de producción desarrolla otras formas de concentración de la tierra que van paralelas al sistema de ferrocarriles que conecta la economía al fijar tarifas y regular al mismo tiempo los bancos y diversas instituciones que se encuentran paralelas a ese capitalismo agrario norteamericano que devendrá en una crisis de los pequeños granjeros en 1880 al 89, los cuales pierden de manera paulatina sus tierras.

Pese a todo hay campo

En una investigación realizada en 2018 por el profesor Eduardo Morales del Tecnológico de Monterrey, con datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), en el 2018 México ocupó el onceavo lugar en producción de alimentos a nivel mundial. Este puesto es resultado de tres principales elementos: la tecnología, los recursos naturales y los recursos humanos.

Los hábitos de consumo de hortalizas de Estados Unidos han impulsado la producción en agricultura protegida para incrementar la calidad de exportación de nuestro país. Estos sistemas han integrado dispositivos tecnológicos que permiten monitorear factores como temperatura, humedad y concentración de gases, y también regular las condiciones ambientales para optimizar el desarrollo de los cultivos. Ahora esta tecnología se complementa con la automatización de prácticas relacionadas con el manejo de plagas y la cosecha.

A la tecnología se suma la diversidad ecológica del país. Dentro de un millón,964,375 km 2 de superficie donde se distribuyen relieves montañosos y climas que generan ambientes favorables para la obtención de frutos y semillas a un bajo costo. En este sentido, el crecimiento poblacional representa un reto para la producción de alimento, pues los recursos naturales disminuyen y es necesario aumentar la eficiencia de producción. Es decir, la sustentabilidad debe considerarse un compromiso profesional de los involucrados en el sector agropecuario y no solo como una tendencia.

El incremento en la producción de alimentos tiene un impacto directo en la empleabilidad. En México el sector agropecuario contribuye con la generación del 10 por ciento de los empleos del país. Estos empleos se asocian con la producción a gran escala, pero también con aquellos emprendedores que obtienen la materia prima del campo y la transforman para ofrecerla directamente al consumidor, reduciendo los intermediarios e incrementando la utilidad.

No hay legislación gringa

Por otra parte, el doctor en sociología y profesor universitario Roberto Bermúdez Sánchez, especialista en el sistema político estadounidense y el agro en México, asegura como en Norteamérica no existe ningún tipo de legislación agraria; el criterio de este sector se rige en base a los grandes grupos corporativos que controlan el campo.

Detalla que en EUA los subsidios al campo son otorgados por los grandes corporativos con una serie de facilidades, incluso se dan diversas medidas internas de protección por el gobierno estadounidense, como los precios de la luz al sector agrícola con el objetivo de hacer un bien económico, haciendo reformas, créditos rurales con bajas tasas de interés entre lo más destacado.

Para el analista en temas rurales; en EUA la reconversión de la sociedad agrícola e industrial sobre la base de las innovaciones tecnológicas se da a diferencia de México donde no tenemos perspectiva de un desarrollo tecnológico y financiero que defienda esto, “por eso siento que en el campo mexicano de no tener una idea global de cambio puede llegar a convertirse en uno de los problemas más agudos de los próximos años.



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